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Pandora: El Viaje Al Fin Del Mundo

Pandora: El Viaje Al Fin Del Mundo

Status: Terminada
Genre:Fantasía épica / Aventura / Piratas / Completas
Popularitas:34
Nilai: 5
nombre de autor: Powder34

Una corona es hurtada por el Capitán Adam, un Fey Pirata. Con la ayuda de Jena, una joven arcángel, encarnación de la oscuridad.

Ese mismo robo regresa años más tarde con las consecuencias, para empujar a Eva, una Reina Elfo, a buscar una de las coronas del fin del mundo con ayuda de Jena, Len, uno de los cinco héroes elementales; Vin Ryder, una diosa de la Guerra; y Adam, el caótico Capitán de Pandora.

¿Eva podrá conseguir la corona? ¿La tripulación del barco Pandora podrá sobrevivir al viaje al fin del mundo?

NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo #22: Hada de Agua y Viento

Nuestras pequeñas compañeras salieron disparadas hacia el Edén. Nos dejaron en el barco con la mirada perdida en la isla y con algunos recuerdos del pasado intentando volver a nuestras vidas.

—No lo entiendo. Sigo sin entenderlo. ¿Por qué odian tanto a sus padres? Digo… mi padre es el mejor hombre que he conocido. ¿Por qué el suyo no lo es? —nos interrumpió Len, recargándose en la orilla.

—Es complicado —le respondimos al héroe con una herida similar al otro—.

—Mm… Leny, Leny —comenzó Adam, dándole palmadas en la cabeza a nuestro valiente héroe—. No todos los padres son dignos del título que tienen.

—Es una ruleta —suspiramos el capitán y yo, llegando a la misma conclusión—.

—Entonces, mis sobrinos tuvieron una buena ruleta, ¿no? Digo, ustedes… Eva espera a una niña y tú, Capitán, un niño con Lily.

Los dos nos quedamos callados viendo a nuestros respectivos padres. El mío estaba con la tripulación haciendo el idiota con una batalla de baile con Moy. El de Adam estaba en esa isla, y ver ese barco lo regresó a esa época en la que existió un niño inocente en él.

—¡Hey! Chico. Huir y ver las estrellas no te van a salvar —le gritó un joven, vestido con ropa holgada y con un llamativo brazo de metal que sobresalía de su ropa—.

—Char… Charlie —gruñó el pequeño Fey que estaba en lo alto de una de las velas del barco—. ¡Lo arruiné! ¡¡Arruiné todo!! ¡¡Si no hubiera robado esa tonta manzana de la diosa!! ¡¡Papá no hubiera…!! —le gritó, abrazándose más a sí mismo—. No sirvo para esto. Mamá se equivocó, no soy como él.

—Solo baja de ahí, ¿quieres? Hazlo al menos por tu hermano favorito, Adán.

—Ya no importa. Ya no… ella… Hell y papá ya tomaron la decisión de echarme —se quejó un pequeño Adam, bajando de la vela con ayuda de una cuerda—. Él va a desecharme como lo hizo cuando era bebé. Me dejará con mamá y se irá, de nuevo.

—Oye. ¿Crees que lo necesitas? —se agachó para agarrar sus hombros—. Hey, solo mírame y mira lo que hiciste —continuó, agarrando su barbilla—. Robaste una manzana de Edén tú solo. Puede que causaras un caos y la casi destrucción del barco, pero… no necesitas a nuestro padre ni a este barco.

—Yo… yo solo quiero… —impotente, se mordió el labio para detenerse y volteó al suelo con los ojos llorosos—.

—Ya lo tienes, me tienes a mí —le dijo, limpiando una de sus lágrimas con su manga—. Dejemos esto para luego, ¿sí? Y limpiemos este mugrero para que tu madre esté orgullosa cuando te vea —le dijo, dándole palmadas en la cabeza—.

Ese día finalizó con ambos hermanos limpiando el barco. El más chico de los dos hacía todo lo posible para seguir los pasos de su hermano mayor y así no arruinar el suelo de madera del barco con el trapeador.

—No son hermosas. Las estrellas, sabes, algún día quisiera volar tan alto para volverme una de ellas —confesó su hermano, extendiendo su mano hacia el cielo—.

—Uhm, sí, son…

El Capitán volvió al presente al escuchar la voz de uno de sus tripulantes que estaba a su lado con una botella de tequila.

—¡¡Capitán!! ¡Mire lo que encontré! Es una botella de tequila antigua. Escuché que estas saben mil veces mejor que las modernas —le dijo Caín al capitán—.

—Dámela —gruñó, arrebatándole la botella a su tripulante—. Y trae un vaso, en recompensa por traerla.

—S-sí, Capitán.

Mientras ese borracho estaba disfrutando de su segundo vicio, nuestras amigas habían llegado al barco de Barbanegra. Su barco era una inmensa nave de madera, con velas blancas y una inmensa sirena con el rostro de una hermosa diosa de la corte celestial, en la proa.

Las Náttúruöfl se ocultaron tan rápido como pudieron en una de las velas al llegar. Dentro del barco había unos cuantos tripulantes vagando y vigilando que ningún listo se acercara para hurtar sus tesoros.

A causa de mi condición y de nuestra conexión por el arma elemental, Levy, a diferencia de su hermana menor, no era capaz de volar, por lo que era cargada por Gorgon.

—¿Cómo vamos a robar la bolsa? Hay demasiados —murmuró Gorgon con la voz llorosa—.

—Gorgon, mira —con su manita le apuntó a las olas del puerto que estaban intentando llevarse el barco de regreso al mar—. Es agua y está muy cerca de ellos. Yo intentaría usar el viento para golpearlos, pero el embarazo de mi portadora me impide controlar mi elemento del todo.

—S-sí. Puedo usar el agua, pero eso me dejará ocupada y no podré llevarte a la bolsa.

—Yo puedo llegar sola. Puede que no vuele, pero soy muy hábil caminando.

Las dos, entendiendo su plan para robar la bolsa, asintieron. Levy bajó de la vela por una de las cuerdas con una facilidad que parecía acostumbrada. Gorgon subió lo más alto posible para extender sus manos hacia el agua de la playa.

Con tranquilidad, la Náttúruöfl del agua alzó sus manos poco a poco, haciendo que el agua se uniera para crear múltiples torbellinos que crecían con cada segundo.

—¿Qué mierda? —escupió un tripulante en cuanto vio las trompas de agua en cada lado del barco—.

Ese hombre estaba a nada de pronunciar una palabra cuando fue golpeado por uno de los torbellinos. Como si fueran tentáculos de una temible bestia de agua, cada uno de los tripulantes fue alcanzado por las trompas, dejándolos inmovilizados en cuestión de segundos.

La cacería de los torbellinos, como era de esperar, fue aprovechada por mi Náttúruöfl, quien se movió por todo el barco con sus pequeñas piernas, evitando a los hombres asustados que corrían o disparaban al agua horrorizados. Ella llegó en una pieza al camerino del capitán, encontrando no solo una curiosa colección de tesoros, sino que también pudo ver una reliquia Volundr: un rifle de madera con dibujos tallados de un rayo en el mango.

—Hermana —jadeó Levy al ver la reliquia del rayo frente a ella—. Mm… —con pasos firmes se acercó al rifle, apoyando sus manos en el mango para hacerlo flotar con una nube tan blanca como la nieve—. Ven con nosotros, ¿sí? —susurró la Náttúruöfl del viento con la respiración agitada por usar gran parte de su fuerza en esa nube—.

En el fondo de la habitación estaba también la bolsa de Eolo: una bolsa con una cuerda dorada y tan radiante como el mismo Sol. Sin perder más tiempo, la pequeña cargó la bolsa con ambas manos para subirla encima de la nube junto a la reliquia Volundr.

—Okey. Ahora solo queda regresar viva. Eso es fácil —se dijo a sí misma, bajando del mueble de Barbanegra con saltos precisos—.

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