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BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

BAJO LA CLAUSULA DE TU AMOR

Status: Terminada
Genre:Romance / Completas
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Rocío Vega, empresaria de moda de 24 años, arrastra la culpa de llevar seis años distanciada de su hermana. Cuando esta fallece trágicamente dejando huérfanos a Lucas (5 años) y Mía (3 años), el mundo de Rocío da un vuelco total.
En la notaría se encuentra con Mario Alva, el atractivo y frío CEO de una corporación de cruceros de lujo. Para su sorpresa, el testamento incluye una cláusula ineludible: para mantener la custodia de los niños y evitar que vayan a un orfanato, deben convivir juntos bajo el mismo techo.
El choque entre la empresaria que regala sueños y el magnate de alta mar es inmediato. Pero entre crisis médicas nocturnas e inspectores judiciales, las defensas caen. La paciencia de Mario empezará a sanar los traumas del pasado de Rocío, encendiendo un deseo irrefrenable.
Sin embargo, una sombra acecha: la muerte de sus hermanos no fue un accidente y alguien en la naviera los vigila. ¿Podrán salvar a los niños y descubrir que la cláusula más estricta era la del amor?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 10. CONFESIONES EN LA PENUMBRA

POV MARIO

La casa unifamiliar por fin guardaba silencio. Lucas y Mía dormían en la planta intermedia, ajenos por completo al terremoto emocional que había sacudido nuestro sábado. En el salón de la planta baja, la única iluminación provenía de un par de velas que Rocío había encendido sobre la mesa de centro y del sutil resplandor de la luna que se colaba por los ventanales.

Traje dos tazas de té de la cocina y me senté en el sofá gris, guardando una distancia prudencial. Rocío estaba encogida en el extremo opuesto, abrazando sus rodillas contra el pecho. Llevaba un jersey oversize de lana que la hacía lucir pequeña, desprotegida, muy lejos de la imagen de la exitosa empresaria que regenta cadenas de moda virtuales. Tenía la mirada fija en el parpadeo de la llama de la vela, perdida en un lugar oscuro de su memoria.

—Gracias por lo de esta tarde —murmuró con la voz rota, sin mirarme—. Por llamarte mi prometido. Por ponerte delante. Nadie había hecho algo así por mí en mucho tiempo.

—No tienes que agradecerlo, Rocío —respondí con suavidad, dejando su taza sobre la mesa—. Te prometí que seríamos un equipo. Pero ese tipo... te dejó temblando. Sé que acordamos no meternos en nuestras vidas privadas, pero después de ver tu reacción en el centro comercial, necesito saber a qué nos enfrentamos. ¿Quién es él?

Rocío exhaló un suspiro trémulo. Cerró los ojos con fuerza y una lágrima solitaria se le escapó, rodando por su mejilla pálida. Cuando volvió a abrirlos, la culpa y el dolor acumulados durante siete años inundaban sus pupilas.

—Se llama Iván —comenzó, y su voz tembló al pronunciar el nombre—. Es... el chico del que me enamoré cuando tenía diecisiete años. El detonante de la peor discusión que tuve con mi hermana y con Víctor. La noche en que todo se destruyó para siempre.

Dejé mi taza a un lado y me incliné hacia delante, prestándole toda mi atención. El silencio de la sala se volvió sepulcral, roto solo por el susurro de sus palabras.

—Aquella noche que le conté al abogado... la noche de la gran pelea... yo quería ir a una fiesta con mis amigos porque sabía que Iván estaría allí —continuó Rocío, apretando los dedos contra sus piernas—. Mi hermana y Víctor se plantaron en la puerta. No me dejaban ir, me lo prohibieron rotundamente. Discutimos a gritos. Ahora, con el paso de los años, entiendo que ellos debieron notar cómo era Iván. Los adultos huelen el peligro mucho antes que una adolescente cegada. Pero yo era una rebelde enamorada, una estúpida que creía sabérselas todas, y no lo pensé. No medí las consecuencias.

Rocío tragó saliva con dificultad, como si revivir la escena le quemara la garganta. El dolor en su rostro era tan real que me dio un vuelco el corazón.

—Esperé a que la casa se quedara a oscuras y a que ellos se durmieran —confesó en un hilo de voz—. Me escapé esa noche sin que ellos se dieran cuenta. Salté por la ventana de mi habitación, cuidando de no hacer ruido al caer sobre el césped del jardín. Iván me estaba esperando a dos manzanas de la casa con su coche. Recuerdo que me subí al asiento del copiloto sintiéndome la chica más valiente del mundo por haber desafiado las normas familiares. Qué ironía.

Se detuvo un momento. Tuvo que tomar aire profundamente para contener el sollozo que amenazaba con romperle el pecho. No la presioné; dejé que marcara su propio ritmo.

—No fuimos a ninguna fiesta —prosiguió, con la mirada perdida en la penumbra del salón—. Iván condujo directo hacia las afueras, hasta que nos adentramos en un parque oscuro, apartado de todo el mundo. Allí... aparcó el coche. Las cosas cambiaron muy rápido. Intentó avanzar, y cuando me di cuenta de sus intenciones, me asusté. Le dije que no, que quería volver a casa, que no estaba lista. Pero él... él se propaso. A pesar de que yo no quería, a pesar de mis súplicas y de mis lágrimas, no me escuchó. Me arrebató mi primera vez de una manera agresiva, fría y despiadada en el asiento trasero de ese coche, mientras yo solo podía mirar la oscuridad a través del cristal, deseando desaparecer.

Apreté los puños con tanta fuerza que mis uñas se clavaron en las palmas. Una oleada de furia asesina me recorrió las venas al imaginar el sufrimiento de esa chica de diecisiete años desamparada en mitad de la noche. Quise levantarme y buscar a ese miserable, pero me contuve; Rocío me necesitaba ahí, escuchándola.

—Cuando terminó, me dejó cerca de casa sin decir una sola palabra —terminó Rocío, las lágrimas fluyendo libremente por su rostro—. Caminé el trayecto que faltaba sintiéndome sucia, rota y humillada por completo. Volví a entrar por la ventana y me encerré en el baño a llorar. Me sentía la persona más miserable del planeta. No podía hablar con mi hermana o con Víctor. No podía ir a decirles que tenían razón, que les había desobedecido y que me habían destrozado por mi propia culpa. Tenía demasiado miedo de ver la decepción en sus rostros. Así que tomé una decisión: me guardé mi dolor en lo más profundo, dejé a mi grupo de amigos para no volver a cruzarme con Iván y me concentré obsesivamente en trabajar de sol a sol para poder irme de esa casa en cuanto cumpliera los dieciocho años.

Rocío se tapó el rostro con las manos, los hombros sacudiéndose por el llanto contenido.

—Nunca fui capaz de contarles la verdad —sollozó—. Me marché de su lado construyendo esa fachada de hermana fría y distante porque no quería defraudarles, porque me avergonzaba de lo que me había pasado. Y al final... al final fue todo peor. Mi silencio me alejó de Elena, me impidió estar con ella cuando se hundió en la depresión, me impidió conocer a mis sobrinos. Todo por culpa de ese secreto.

No me lo pensé dos veces. Me deslicé por el sofá hasta quedar justo al lado de ella. Rompiendo cualquier barrera o distancia que hubiéramos pactado, estiré mis brazos y la rodeé con fuerza, pegando su cuerpo tembloroso contra mi pecho. Rocío no se resistió; escondió el rostro en mi hombro y se desahogó por completo, llorando por la adolescente herida, por la hermana ausente y por el trauma que la había perseguido durante siete años.

—Escúchame bien, Rocío —le dije al oído, manteniendo la voz firme mientras le acariciaba el cabello con suavidad—. Tú no tuviste la culpa de nada. El único culpable fue ese monstruo. Fuiste una víctima, y tu hermana y Víctor no habrían sentido decepción; habrían sentido rabia contra él y ganas de protegerte. Pero el pasado ya no se puede cambiar. Lo que sí te aseguro es que ya no estás sola en este barco. Ese miserable no va a volver a tocarte ni a intimidarte mientras yo respire. Mañana buscaremos una orden de alejamiento o lo que haga falta, pero de esta miseria salimos juntos. Te lo prometo.

Rocío se aferró a mi camisa con sus dedos temblorosos, buscando el ancla que tanto le había faltado en su vida. En mitad de esa penumbra, compartiendo un dolor que no nos correspondía pero que nos unía de forma indestructible, la distancia entre el CEO frío y la empresaria rebelde se disolvió para siempre. Éramos reales, éramos humanos y estábamos listos para protegernos mutuamente.

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Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
Cliente anónimo
Muy linda la historia de amor de Mario y Rocio y su resilencia, además de la protección a sus sobrinos
Carolina Molnár
Excelente historia...
Helizahira Cohen
Excelente novela 👍 muy buena, creo que no la han leído pero fue Excelente
Helizahira Cohen
Esta muy buena, interesante
Helizahira Cohen
se equivoco al irse y abandonar todo pero era una chica que no sabía nada y la hermana una adolescente que asumió el rol de mamá, no supieron manejarlo y se perdieron los mejores años de sus vidas
Helizahira Cohen
Empezó muy bien
EM
muy linda
Zulema Neme
Pobres Niños perder.a sus Padres y Enfrentar a su tía que no visito por tantos años a s Madre Enferma 🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏🙏. Dios los Consuele Angelitos ❤️❤️❤️
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