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Se Lo Dejo A Su Amante

Se Lo Dejo A Su Amante

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Venganza / Divorcio
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Creyó vivir un cuento de hadas hasta que descubrió la traición: su esposo compartía su vida, su tiempo y su dinero con otra mujer. En lugar de luchar por un amor muerto, decidió renunciar a todo… menos a sí misma.

Pero pronto descubrirán que recibir lo que otros abandonan, trae consecuencias terribles. Ella se libera, se transforma y triunfa; ellos caen en la trampa que ellos mismos construyeron. ¿Quién saldrá ganando al final?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 8: Grietas que se hacen abismos

La tensión ya no cabía entre las paredes de la casa; se respiraba en cada rincón, se sentía en cada paso, en cada silencio que se alargaba demasiado. Emiliano había cambiado por completo: ya no se molestaba ni en disimular su mal humor, sus ausencias eran cada vez más largas y sus explicaciones más vagas y agresivas. Cada vez que hablaba, lo hacía con impaciencia, como si Yaneth fuera un estorbo que le impedía vivir la vida que creía merecer. Sin embargo, jamás se le ocurría imaginar que esa misma mujer a la que trataba como insignificante tenía en sus manos todo lo necesario para derrumbar su mundo entero.

Una mañana, apenas él salió hacia la oficina, Yaneth tomó su teléfono móvil —ese aparato que siempre llevaba pegado a la mano, que guardaba con llave en su maletín cuando estaba en casa, que jamás dejaba al alcance de ella— y recordó algo que había notado durante semanas: su código de desbloqueo era la fecha de su propio cumpleaños, el mismo que usaba desde que se casaron, convencido de que ella nunca se atrevería a tocarlo, ni mucho menos a revisarlo.

—Tú mismo me lo diste —susurró mientras sus dedos tecleaban los números con seguridad y firmeza—. Tú mismo creíste que yo siempre sería la misma, que nunca cambiaría, que nunca despertaría. Pues hoy vas a ver cuán equivocado estuviste.

La pantalla se iluminó. Su corazón dio un vuelco, pero no de miedo, sino de la certeza fría y clara de que estaba a punto de encontrar la prueba definitiva. Revisó con calma, con orden, sin dejar nada al azar: mensajes, llamadas, correos, fotografías… y lo que encontró superó todo lo que había imaginado.

Allí estaba todo: conversaciones enteras, largas y detalladas, donde Emiliano le prometía a Clarisa el divorcio, la casa, los negocios, el estatus… todo lo que pertenecía también a Yaneth. Le hablaba mal de ella, la llamaba aburrida, fría, una carga necesaria pero sin valor, decía que su matrimonio era solo un trámite, que pronto quedaría atrás para empezar una vida nueva junto a ella. Había fotos de ellos juntos en lugares que él había dicho que visitaba solo por trabajo, recibos de regalos caros, reservas en hoteles, planes futuros donde Yaneth ni siquiera existía.

Y lo peor de todo: descubrió que había sacado dinero de cuentas compartidas, que había hecho movimientos ocultos, que estaba preparando documentos para intentar quedarse con bienes que ella había ayudado a pagar y construir durante años. No era solo una traición sentimental: era también una traición legal, económica, calculada desde hacía mucho tiempo.

—¿Así que así es como eres realmente? —murmuró ella, leyendo una y otra vez aquellas palabras que le destrozaban el corazón pero que al mismo tiempo le daban la razón definitiva—. No solo me engañaste con otra… también planeaste despojarme de todo lo que es mío, de todo lo que construimos juntos con mi esfuerzo también. Me trataste como un objeto, como un escalón para subir más alto… pero olvidaste algo muy importante: que yo también aprendí a subir contigo, y ahora sé cómo bajar contigo también.

Tomó captura de cada imagen, de cada mensaje, guardó todo en su propio teléfono, en copias de seguridad, en carpetas seguras, asegurándose de que nada pudiera borrarse ni perderse. Cuando terminó, dejó el aparato exactamente en el mismo lugar donde lo había encontrado, sin mover nada, sin dejar rastro de que había sido revisado. Nadie sabría que ella ya tenía la verdad completa en su poder.

Esa tarde, Marisol llegó a su casa y al ver la expresión serena pero decidida de su amiga, supo que algo fundamental había cambiado. Yaneth le mostró todo lo que había conseguido: las pruebas, los documentos, los mensajes, las fotos… y mientras Marisol las leía, su rostro se endurecía más y más.

—¡Es increíble! —exclamó con rabia contenida—. No solo es un mentiroso, Yaneth… es un estafador. Ha estado planeando dejarte sin nada mientras tú te desvivías por él. Y Clarisa… ella cree que se lleva el premio mayor, cuando en realidad lo que él le ofrece es basura. ¿Te das cuenta? Él quiere quedarse con todo, ganar a los dos lados, y cuando ya no le sirvas… tirarte a la basura como si nunca hubieras existido.

—Lo sé —respondió Yaneth con voz tranquila, sin rastro de llanto—. Por eso no puedo cometer el error de reaccionar con ira. Si lo hago ahora, él se defenderá, manipulará la situación, dirá que yo estoy loca, que invento cosas… y podría dañarme más. Tengo que esperar al momento justo, cuando tenga todo listo, cuando tenga a alguien de confianza que me represente legalmente, cuando no deje ninguna puerta abierta para que él se escape.

—Tienes razón —admitió Marisol, tomándole las manos con fuerza—. Conozco a una abogada excelente, seria, discreta y muy capaz en estos casos. Se especializa en derecho familiar y en defensa de mujeres que han sido engañadas y perjudicadas en sus matrimonios. Ella te dirá exactamente qué hacer, cómo proceder, qué pasos dar para protegerte. ¿Quieres que te consiga la cita cuanto antes?

—Sí, por favor —asintió Yaneth con firmeza—. Necesito que todo sea legal, sólido, irrefutable. No quiero que él tenga ninguna oportunidad de salirse con la suya. Y tampoco quiero pelear por lo que ya no tiene valor para mí. Solo quiero lo que es justo… y quiero que reciban exactamente lo que se merecen.

Esa misma noche, Emiliano llegó tarde, con el semblante cansado y alterado, como si hubiera estado discutiendo horas enteras. Cerró la puerta de un golpe, lanzó su maletín al suelo y se sentó en el sofá sin siquiera mirar hacia donde estaba Yaneth. Ella lo observó desde el pasillo, viendo cómo se frotaba la frente con nerviosismo, cómo respiraba con dificultad, cómo sus manos temblaban levemente mientras buscaba su teléfono para revisarlo una y otra vez.

—Clarisa lo está presionando más que nunca —pensó Yaneth con claridad absoluta—. Ya no le da tregua. Le exige respuestas, fechas, compromisos… y él no sabe cómo cumplir nada de lo que prometió. Ahora está atrapado entre dos frentes: ella que no cede, y yo que sigo ahí, tranquila, esperando, sin sospechar nada según él cree. Se está ahogando en su propia mentira, y no tiene a nadie a quien culpar sino a sí mismo.

Se acercó a él despacio, con esa calma que ya era su mejor arma, y le ofreció un vaso de agua, manteniendo la mirada baja, sumisa, tal como él esperaba siempre.

—¿Todo bien? —preguntó con dulzura fingida—. Pareces muy agotado.

Él tomó el vaso de un manotazo, bebió de golpe y la miró con esos ojos oscuros y duros que ya no le ocultaban nada.

—No te metas en lo que no te incumbe —le espetó con rudeza—. Tú solo preocúpate por mantener esta casa limpia y ordenada, como siempre has hecho. Lo demás es asunto mío. Yo sé lo que hago.

—Claro que sí —respondió ella con suavidad, sin levantar la voz ni un ápice—. Tú eres el que manda, tú eres el que decide. Yo solo estoy aquí, esperando tus órdenes.

Esas palabras parecieron calmarlo un instante, confirmándole una vez más que su esposa seguía siendo la mujer inocente y sin voz que siempre había conocido. Ni siquiera sospechaba que detrás de esa sumisión aparente se escondía la mujer que tenía su destino entero en sus manos.

—Así debe ser —murmuró él, recostándose en el respaldo del sofá y cerrando los ojos—. Así siempre ha sido y así seguirá siendo. No intentes cambiar nada, porque no te va a salir bien.

Yaneth se alejó despacio hacia la cocina, dejándolo allí, creyéndose el dueño de todo. Pero mientras se alejaba, una sonrisa leve y fría apareció en sus labios.

Crees que nada cambia, Emiliano… pero todo cambió hace mucho tiempo. Ahora solo falta que tú mismo te des cuenta de ello. Y cuando lo hagas, ya será demasiado tarde para arrepentirse.

Ya tenía todo lo necesario: las pruebas, la verdad, el apoyo… y la decisión tomada al cien por ciento. Solo faltaba esperar el momento exacto para decir la frase que daría vuelta a todo: Se lo dejo a su amante. Y cuando esas palabras salieran de su boca, no serían una derrota, sino el fin de una mentira y el comienzo de una vida que por fin le pertenecería solo a ella.

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Eliana Angulo
excelente capítulo @🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆ 👏👏
Eliana Angulo
no te quedes callada Yaneth dile más a ese perro😡
Eliana Angulo
se hace el loco este hombre ..... todo lo que le está pasando, se lo busco el
Eliana Angulo
pero que reclama este hombre... si el fue que quiso vivir dos vida y fue el le pintó un vida a la amante que no podía darle
Eliana Angulo
🤣🤣🤣 mija le pintaron pajaritos en el aire🤣🤣
Eliana Angulo
Yaneth eres la mejor... así deberíamos ser las mujeres..no pelear por hombres, que las amantes solas se estrellen con la realidad 🤣🤣
Eliana Angulo
más de ladrón bufon... sinceramente que de los hombres se puede esperar cualquier cosa... ahora ella le sale a deber😡
Eliana Angulo
así se habla Yaneth 👏👏👏
Eliana Angulo
una mujer valiente, yo desde que me hubiera enterado que tiene otra le reclamaría así sea que me llamara loca
Flickr Mary Soly
Livertad dice pero sigue siambulando por ahi
Flickr Mary Soly
Y que hace hay ella por que no se va
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: Porque primero necesita reunir todas las pruebas, aclarar todo lo oculto
total 1 replies
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