Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 21
Alexei
Sentado en mi silla de ruedas frente al escritorio, contemplaba una fotografía reciente que nos habíamos tomado con Emilia en la terraza. Su sonrisa radiante y la serenidad que había vuelto a sus ojos tras saber que su madre Maribel recuperaría la movilidad por completo eran mi mayor victoria. Saber que ambas madres progresaban a pasos agigantados bajo nuestro cuidado me transmitía un alivio que jamás creí volver a experimentar
Estaba sumido en mis pensamientos contemplando la foto, cuando unos pequeños golpes en la puerta interrumpieron mí tranquilidad
— Adelante — dije, acomodando la foto sobre la mesa
Ismael cruzó la puerta. Traía una carpeta bajo el brazo y una expresión sombría que borró de golpe la tranquilidad de mi rostro. El abogado avanzó con pasos pausados y cerró la puerta con llave a sus espaldas, un gesto que de inmediato me puso en máxima alerta
— Buenos días, Alexei — saludó en tono bajo, sentándose en el sillón frente al escritorio — Perdona que interrumpa la calma de estos días, pero lo que acabo de recibir no podía esperar ni un minuto más
Sentí una punzada de tensión en la espalda
— Dime qué ocurre, Ismael — exigí, apoyando los codos sobre el escritorio — ¿Tiene que ver con la búsqueda de Bruno o con las propiedades embargadas?
— No exactamente — respondió el abogado, abriendo la carpeta y sacando varios folios junto con informes periciales recientes — Se trata de tu accidente. El choque automovilístico de hace dos años que destruyó la columna y te dejó en esta silla de ruedas
Un escalofrío gélido me recorrió el cuerpo. Recordar aquella noche lluviosa, el fallo repentino de los frenos en la curva de la carretera y el impacto brutal contra el muro de contención siempre dejaba un sabor amargo en mi boca. Hasta hoy, los peritajes oficiales habían determinado que se trató de un trágico accidente provocado por el aquaplaning y la fatiga mecánica
— ¿Qué pasa con el accidente? — pregunté, y mi voz bajó un octavo, volviéndose densa y gélida
— Hace tres días, cuando la policía federal intervino las oficinas clandestinas de Bruno tras su huida — explicó Ismael, señalando un documento con el sello de la fiscalía — los peritos informáticos lograron desencriptar un disco duro oculto en su caja fuerte. Entre las listas de pagos a terceros y contratos falsos, hallaron una serie de transferencias realizadas semanas antes de tu accidente
Ismael deslizó el informe hacia mi lado del escritorio
— La fiscalía reabrió la investigación del vehículo con los mejores ingenieros forenses del país — continuó Ismael en un murmullo cargado de gravedad — Alexei... los frenos de tu automóvil no fallaron por desgaste ni por el mal tiempo. Alguien cortó los conductos del sistema hidráulico de forma quirúrgica y saboteó la dirección asistida para que el coche no respondiera al tomar la curva a alta velocidad
El aire pareció escaparse por completo de la habitación. Me quedé inmóvil, mirando fijamente las fotografías del chasis destrozado que Ismael acababa de desplegar. El pulso me retumbaba en los oídos como un martillo automático
— No fue un accidente... — la frase salió de mis labios como un murmullo lleno de furia contenida
— No — sentenció Ismael — Fue un intento de asesinato fríamente calculado. Y el registro de transferencias confirma que Bruno le pagó una suma desorbitada al mecánico jefe de tu garaje para que manipulara el vehículo esa misma tarde. Bruno no quería desestabilizarte, quería matarte hace dos años para quedarse con la presidencia absoluta del grupo Von Krahn y todo el patrimonio familiar
Una rabia ciega, ardiente y feroz comenzó a quemarme las entrañas. La imagen de mi hermano cobró un matiz todavía más repugnante. Bruno no solo había intentado matar a nuestra madre, dos años atrás ya había manchado sus manos intentando quitarme la vida a mí, condenándome a vivir lisiado en una silla de ruedas al no conseguir su objetivo final. Todo el dolor, las noches de insomnio, la humillación de sentirme inútil y las cicatrices que me dejaron postrado habían sido obra de su codicia enfermiza
Apreté los puños con tanta fuerza sobre el apoyabrazos de la silla que sentí los músculos de mis brazos tensarse hasta el límite
— Ese miserable me arruinó la vida... — dije con los dientes apretados, sintiendo cómo los ojos se me llenaban de un fuego peligroso — Planeó mi muerte, me dejó postrado y luego fue por mi madre
— La justicia ya sumó el delito de tentativa de homicidio calificado a la orden de captura internacional — añadió Ismael — Bruno ya no es solo un prófugo corporativo, es un criminal perseguido en todo el mundo
— No me importa dónde se esconda, Ismael — respondí con una frialdad implacable — Haré que pague por cada segundo que pasé atado a esta silla
Ismael guardó silencio unos instantes, observando la marea de emociones que cruzaba mi rostro, y luego extrajo una última hoja de la carpeta
— Hay algo más que debes saber, Alexei — dijo el abogado en tono sereno — Junto con el peritaje del accidente, la fiscalía solicitó una revisión completa de tu expediente médico a la eminencia internacional en neurocirugía, el doctor Hoffmann. El especialista revisó las resonancias magnéticas de tu columna hechas tras el choque y las comparó con tus análisis actuales
— ¿Y qué dice ese informe? — pregunté, tratando de contener el temblor de mis manos
— El doctor Hoffmann señala que el diagnóstico inicial que te dieron tras el accidente estuvo influenciado por el equipo médico que contrataba la empresa en ese entonces... equipo que, como ya sabemos, respondía a los intereses de Bruno — explicó Ismael — El médico sostiene que la lesión en tu médula no es una sección completa e irreversible como te hicieron creer. Hay una severa compresión por inflamación crónica y tejido cicatrizal, pero las vías nerviosas principales siguen intactas
Me quedé helado. Mi corazón dio un vuelco violento contra mis costillas
— ¿Qué estás tratando de decirme, Ismael? — articulé, sin atreverme a albergar una vana esperanza
— Que el doctor Hoffmann cree firmemente que hay posibilidades de que vuelvas a caminar — afirmó Ismael con rotundidad — Sugiere que te sometas de inmediato a una serie de estudios neurográficos de alta definición y a una evaluación presencial en su clínica privada. Con una cirugía de descompresión microscópica y el tratamiento adecuado, podrías recuperar el control de tus piernas
La noticia resonó en mi mente como un trueno en medio de la noche. Durante dos años me había resignado a la idea de no volver a ponerme de pie, aceptando la silla de ruedas como una condena perpetua. Saber que esa invalidez había sido perpetuada por los engaños de la gente de Bruno y que existía una oportunidad real de volver a caminar me llenó el pecho de un impacto emocional tan inmenso que me costó volver a tomar aire
En ese momento, la puerta del estudio sonó como si alguien quisiera entrar y al estar con llave solo se sentía el picaporte moverse
— Alex, ¿Que sucede? Ábreme — era Emilia del otro lado de la puerta
Rápidamente le pedí a Ismael que le abriera la puerta. Traía una bandeja con un café humeante y una sonrisa radiante que se congeló al instante al ver las expresiones graves de Ismael y la mía
— Alexei... Ismael... ¿ocurre algo malo? — preguntó Emilia con voz preocupada, dejando rápidamente la bandeja sobre la mesa auxiliar y acercándose a mi lado.
Miré a la mujer que había transformado mi existencia, la mujer que me había enseñado a amar y que había salvado a mi madre con su perspicacia. Tomé su mano entre las mías y la atraje hacia mí con una devoción absoluta.
— No es nada malo, mi vida — dije con la voz quebrada por la emoción — Al contrario. Ismael acaba de traerme dos noticias que lo cambian todo
Emilia se arrodilló junto a mi silla, mirándome con sus hermosos ojos llenos de inquietud y ternura
— Cuéntame, por favor — suplicó en un tono bajo y dulce
Le expliqué punto por punto los descubrimientos de la fiscalía. Le conté la verdad detrás del accidente que me había dejado lisiado, la trampa de Bruno para matarme hace dos años y, finalmente, el diagnóstico revolucionario del doctor Hoffmann sobre la posibilidad real de recuperar la movilidad en mis piernas
A medida que hablaba, las lágrimas comenzaron a rodar en silencio por las mejillas de Emilia. Se llevó una mano a la boca para sofocar un sollozo, mezclando la indignación por la maldad de Bruno con una alegría desbordante al escuchar el pronóstico de los cirujanos
— ¡Oh, Alexei! — exclamó Emilia entre lágrimas, abrazándose fuertemente a mi cuello — ¡Sabía que ese diagnóstico inicial no podía ser la última palabra! ¡Vas a volver a caminar, mi amor!
— Aún debemos hacer los estudios de alta definición con el doctor Hoffmann — dije, hundiendo el rostro en su cabello suave y respirando su aroma — Pero he tomado la decisión de someterme a todas las evaluaciones que sean necesarias. Voy a luchar por esto. Quiero ponerme de pie por mí, por mi madre y, sobre todo, para poder caminar a tu lado por el resto de nuestras vidas
— Estaré contigo en cada paso, en cada estudio y en cada consulta — me prometió Emilia con una determinación feroz, besando mi rostro una y otra vez con pasión desmedida — Nada ni nadie volverá a hacerte daño
Ismael sonrió con discreción al ver la escena y recogió sus folios
— Programaré la cita para los estudios especializados con el doctor Hoffmann para dentro de diez días, Alexei — anunció el abogado, dirigiéndose a la salida — Eso les dará el tiempo perfecto para hacer ese viaje a la casa de campo que tenían planeado. Necesitan despejar la mente y descansar antes de iniciar el proceso médico
— Gracias por todo, Ismael — respondí con firmeza — Nos vemos a nuestro regreso
Cuando quedamos a solas en el despacho, el ambiente se sintió infinitamente más puro. La verdad sobre el pasado por fin había salido a la luz y el futuro se abría ante nosotros lleno de una luz radiante
Me acerqué a Emilia, tomé su rostro entre mis manos y la besé con una devoción apasionada y profunda, un beso que sellaba el fin de nuestras pesadillas y el comienzo de nuestra verdadera sanación
— Prepara las maletas, mi vida — le dije contra los labios, sonriendo con una felicidad que no me cabía en el pecho — Nos vamos a la casa de campo hoy mismo. Vamos a disfrutar de nuestro amor, a celebrar la vida y a prepararnos para todo lo bueno que viene
— Vámonos ya, mi amor — respondió Emilia en un susurro ardiente, mirándome con el alma en los ojos — Te amo con todo mi corazón
— Te amo, Emilia — sentencié — Más de lo que las palabras pueden expresar.
Tomados de la mano, dejamos atrás el estudio para ultimar los detalles de nuestro viaje, listos para vivir unos días de absoluta entrega e intimidad antes de emprender la batalla definitiva por mi recuperación.