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Me Enamoré del Hermano Equivocado

Me Enamoré del Hermano Equivocado

Status: Terminada
Genre:Romance / Pérdida de memoria / Amor platónico / Completas
Popularitas:10.9k
Nilai: 5
nombre de autor: maria

Valentina despierta sin recuerdos después de una caída. Lo único que tiene para entender su pasado es un diario lleno de pistas sobre el hombre que la cuidó desde niña.
Todos creen que ese hombre es Nico Montero, el chico que creció a su lado y que durante años pareció destinado a quedarse con ella. Pero Nico ya está cansado de cuidarla. Ahora ama a otra mujer y decide dejar a Valentina en manos de su hermano mayor, Sebastián.
Sebastián es serio, frío y demasiado protector. Valentina empieza a creer que las páginas de su diario hablan de él… y sin darse cuenta, se enamora del hombre equivocado.
O quizá del único correcto.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7

Capítulo 7

La mujer de rojo

Isabella Castellanos Ruiz no hacía preguntas de inmediato.

Primero dejaba que la otra persona hablara.

Nico, con dos cervezas encima y el celular boca abajo sobre la barra, era fácil de leer. No porque estuviera borracho, sino porque estaba cansado de callarse.

—Valentina —repitió Isabella, como si ordenara el nombre en su cabeza—. ¿Valentina Solís?

Nico la miró.

—¿La conoces?

—La he visto en eventos familiares de los Montero. Una chica callada, ¿no?

—No es callada.

La respuesta salió demasiado rápido.

Isabella levantó las cejas apenas.

—Entonces la conoces bien.

Nico tomó el celular y lo guardó en el bolsillo.

—Crecimos juntos.

—¿Y ahora vive en La Hacienda con Sebastián?

—Está recuperándose.

—¿De qué?

Nico dudó. Ese segundo fue suficiente.

Isabella apoyó el codo sobre la barra.

—Nicolás, si es algo familiar, no tienes que decirme.

La frase sonó discreta. También sonó preparada.

Nico soltó aire.

—Se cayó por las escaleras en mi cumpleaños. Perdió memoria. Parte de la memoria.

—Qué terrible.

Isabella no cambió el tono. Sacó el celular, miró un mensaje y lo bloqueó de nuevo.

—¿Y Sebastián la está cuidando personalmente?

—Sí.

—Con razón no respondió la llamada de mi equipo esta semana.

Nico la miró mejor.

—¿Trabajas con él?

—Mi familia tiene negocios con Grupo Montero. Nada que deba preocuparte.

Nico se rio una vez.

—Todo lo que toca mi hermano preocupa a alguien.

Isabella sonrió.

—Eso sí es verdad.

No preguntó más. Pagó su agua mineral, se levantó y dejó una tarjeta sobre la barra.

—Cuídate, Nicolás. Y no bebas demasiado si no quieres terminar contando cosas importantes a desconocidas.

—No eres desconocida.

—Peor. Soy de la misma mesa de negocios.

Salió de Bar Azul sin mirar atrás.

En el auto, Isabella llamó a su asistente antes de abrocharse el cinturón.

—Necesito un informe sobre Valentina Solís Mendoza. Universidad, familia, situación médica si se puede conseguir legalmente, y cualquier vínculo con los Montero.

Escuchó la respuesta.

—No mañana. Hoy.

Colgó y miró hacia la puerta del bar. Nico seguía adentro.

—Una chica sin memoria viviendo con Sebastián —dijo, sin sonreír—. Interesante.

El jueves por la mañana, Valentina volvió por primera vez a la Universidad del Valle.

Sebastián no quería que fuera.

—Solo voy a recoger libros —dijo ella en el recibidor, con una mochila ligera y la libreta de dibujo adentro.

—Daniel puede ir.

—Daniel no sabe cuáles son mis libros.

—Lucía puede mandarle fotos.

—Sebastián.

Él se quedó quieto al oír su nombre sin "hermano mayor".

Valentina ajustó la correa de la mochila.

—Necesito ver algo mío fuera de La Hacienda. Si me mareo, vuelvo. Lo prometo.

Sebastián miró a Nana Carmen, que sostenía una bolsa con agua, galletas y medicamentos.

—Dos horas —dijo él.

—Tres.

—Dos.

—Dos y media.

Sebastián sacó el celular.

—Me compartes ubicación todo el tiempo.

Valentina intentó no sonreír.

—Eso es un sí.

Lucía la esperaba en la entrada principal de la universidad. Al verla bajar del auto, corrió a abrazarla, pero se detuvo a medio camino.

—¿Puedo?

Valentina abrió los brazos.

—Si no me partes la cabeza otra vez, sí.

Lucía la abrazó con cuidado.

—Qué chistosa saliste con amnesia.

—Siempre fui chistosa, seguro.

—No tanto.

Caminaron despacio por el campus. Lucía le señaló la cafetería, el edificio de diseño, la biblioteca y una banca donde, según ella, Valentina había llorado por un examen de estadística.

—¿Yo lloré por estadística?

—Veinte minutos. Luego compraste papas y dijiste que ya habías superado la crisis.

Valentina sonrió, pero al pasar por un corredor techado se detuvo.

Había una pared con carteles viejos de actividades estudiantiles. Junto a esa pared, el piso tenía una mancha clara donde el sol caía por la mañana.

Valentina tocó la correa de su mochila.

—Aquí siento raro.

Lucía dejó de caminar.

—¿Raro cómo?

—Como si hubiera pasado muchas veces por aquí. Contenta. No sé.

Lucía miró el corredor.

Nico solía esperarla ahí.

—Venías mucho —dijo al fin—. Este edificio tiene tus clases de diseño.

Valentina aceptó la explicación, pero no siguió de inmediato. Sacó la libreta y miró la foto borrosa de El Malecón.

—Luchi, ¿Nico y Sebastián compartían ropa?

Lucía se tensó.

—A veces. Cuando eran más chicos. ¿Por?

—Por nada.

Lucía miró la esquina de la fotografía antes de que Valentina la guardara.

—Vale...

—No me digas cosas con esa cara. Me asusto.

—Entonces no hagas preguntas de detective si no quieres respuestas raras.

Valentina aceptó cambiar de tema. Sacó el diario verde de la mochila, envuelto en una bufanda.

—Encontré otra misión.

Lucía cerró los ojos.

—Me da miedo esa libreta.

—Ir a la casa del terror con hermano mayor y abrazarlo.

—No.

—Sí.

—Vale, no puedes organizar una cita en una casa del terror con un hombre que cree que debe cuidarte como si fueras de cristal.

—Precisamente. Si se asusta, me abraza. Si yo me asusto, lo abrazo. Funciona por ambos lados.

Lucía la miró durante tres segundos.

—Eso no es lógica.

—Es estrategia.

—Es una mala idea.

—Pero vas a ayudarme.

Lucía abrió la boca para negarse. Luego recordó a Nico en el pasillo diciendo "será mejor que junto a mí" y apretó la libreta contra el pecho.

—Voy a ayudarte a que no hagas una tontería enorme. No es lo mismo.

Valentina ya estaba desbloqueando el celular.

—Le voy a escribir.

—¿Ahora?

—Si lo pienso mucho, me da pena.

Escribió: "¿Quieres ir conmigo a Parque Aventura este sábado? Hay una casa del terror."

El mensaje quedó enviado.

Sebastián tardó cuatro minutos en responder.

"Voy a ver."

Valentina levantó el celular como si hubiera ganado un premio.

—Eso es un sí.

—Eso es un "voy a ver".

—En idioma Sebastián, sí.

Lucía no pudo evitar reír.

Al salir de la universidad, Lucía la acompañó hasta el auto que Sebastián había enviado. Valentina subió primero, con la mochila sobre las piernas.

—Me escribes cuando llegues —dijo Lucía.

—Sí, mamá.

—No me provoques.

El auto arrancó.

Lucía se quedó en la acera hasta que dobló la esquina.

Del otro lado de la calle, un coche negro tenía la ventana trasera baja.

Isabella sostuvo el celular en vertical y tomó una foto de Valentina antes de que el auto desapareciera.

Luego llamó a su asistente.

—Ya tengo imagen. Averíguame todo sobre una chica llamada Valentina Solís Mendoza. Y revisa si Nicolás Montero aparece en sus redes antiguas.

Escuchó unos segundos.

—Sí. Sebastián también.

Isabella bajó la ventana por completo y miró la entrada de la universidad.

—Sobre todo Sebastián.

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Glen
Parecía bueno pero a mitad ya te parece q no va a ningún lugar y después con un final raro, no me gusto
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Glen
Ocosadora la niña, con razón nico huyó 😂😂😂😂😂😂
Marisa Rodriguez de Cuello
es muy densa la trama y simple. también se pueden leer repeticiones del relato que confunden la lectura
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