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ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

ESTE DIOS TE HARÁ LLORAR SANGRE

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Héroes / Venganza / Completas
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: EspirituCreativo

Pólux es un dios inmortal del Olimpo. Cástor, su hermano gemelo, es mortal y vive entre humanos. Desde que fueron separados, solo tienen un pacto: una vez al mes deben encontrarse bajo el árbol que ambos consideran sagrado.

Pero un día, Cástor no aparece.

Pólux siente que el vínculo que los une está herido y desciende a la Tierra. Lo encuentra inconsciente en un hospital, víctima de años de humillaciones, abusos y una conspiración que casi le cuesta la vida.

Entonces toma su lugar en la academia humana.

Nadie sospecha que el estudiante que regresó no es Cástor.

Es Pólux.

Y mientras descubre quién destruyó a su hermano, los culpables aprenderán demasiado tarde que meterse con un mortal es una cosa…

metérsete con el hermano de un dios es otra.

Porque Cástor podía perdonarlos.

Pólux no.

NovelToon tiene autorización de EspirituCreativo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL PACTO Y EL SILENCIO

Al cruzar la puerta, el silencio los envolvió. La casa seguía oliendo a pan y a calidez, pero ya no era la misma. Se sentaron en la mesa de la cocina, frente a frente, y Pólux permaneció un largo instante con la mirada perdida en el vacío, como si estuviera viendo algo que estaba muy lejos, más allá de las paredes, más allá del cielo.

—Nuestra historia empezó antes de que tú lo conocieras —empezó a decir, con voz baja, pausada, como si cada palabra pesara mil años—. Nacimos juntos. Él era mortal, yo divino. El destino nos separó desde el primer aliento. No podíamos vivir juntos. No podíamos ser iguales. Pero hicimos un pacto sagrado: un día al mes, solo uno, nos encontraríamos en la cima de la montaña más alta, lejos de oídos y ojos humanos, y hablaríamos, reiríamos, seríamos simplemente hermanos. Ese día era lo único que sostenía a ambos. Para él, era la esperanza. Para mí, era el equilibrio. Él era mi ancla. Mientras él viviera, yo no podría destruir este mundo. Mi furia tenía un límite, y ese límite era él.

Hizo una pausa, y sus manos se cerraron con fuerza sobre la mesa.

—El día que debía encontrarnos… no vino. Esperé horas. Esperé hasta que el sol se ocultó y la luna salió. Él no apareció. Rompió su promesa. Y eso… eso no era propio de él. Mi hermano jamás habría faltado a nuestra cita sin una razón de vida o muerte. Bajé a la tierra. Seguí su rastro durante días, hasta que lo encontré en el hospital, inconsciente, golpeado, con el cuerpo roto por la caída desde la azotea de su casa. Sus padres… su hermano… lo empujaron. Lo arrojaron al vacío como si no valiera nada. Y ahora… —su voz se quebró, y por primera vez, el dios de la destrucción sonó frágil— ahora su cuerpo vive, pero su espíritu está atrapado en un sueño profundo del que no despierta. No puedo sacarlo de ahí. No puedo traerlo de vuelta. Así que hice lo único que podía hacer: tomé su lugar. Bajé a la tierra con su rostro, con su voz, para averiguar qué pasó, para proteger lo que él amaba… y para vengarlo.

Marcela escuchaba cada palabra con el corazón encogido, sin apartar la mirada de él, con lágrimas que caían silenciosas por sus mejillas. No interrumpió. No dudó. Cuando él terminó, hubo un silencio largo, profundo, lleno de dolor y de comprensión.

—Él siempre te esperaba —susurró ella al fin—. Cada mes, el día de vuestro encuentro, se levantaba antes del amanecer, se ponía su ropa más limpia, y me decía: «Hoy viene mi hermano. Hoy voy a verlo.» Nunca me dijo dónde ni cómo, pero siempre… siempre brillaba cuando hablaba de ti.

Pólux levantó la vista, y en sus ojos dorados brilló algo que parecía lágrimas, aunque un dios no debería llorar.

—Tú fuiste la única que lo cuidó cuando yo no podía —dijo con voz suave—. Gracias, Marcela. Gracias por amarlo cuando nadie más lo hizo.

—No tenía por qué darme las gracias —respondió ella, acercándose un poco más—. Él era mi amigo. Y si tú eres su hermano… entonces tú también eres familia. Y la familia no se abandona.

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