Dinámica entre un Duque con doble personalidad (Alistair y Vane), el sanador dulce pero fuerte que lo cautiva
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El Altar del Bosque de Hielo
Días después de aquella noche inolvidable en la biblioteca, un fenómeno extraño comenzó a manifestarse en las fronteras de Cima Blanca. Un resplandor de magia antigua emanaba desde las profundidades del Bosque de Hielo, un lugar sagrado donde yacían las tumbas de los primeros Reyes del Norte.
Marek y Lady Evelyn acudieron al Salón del Trono con mapas y artefactos que reaccionaban a la energía.
—No es una amenaza enemiga —explicó Marek, mostrando una piedra rúnica que brillaba con una luz verdosa similar a la aura de Julian—. Es el Corazón de la Sangre Ancestral. La presencia de Julian y la sanación que ha ejercido sobre el Duque han despertado la magia dormida del bosque. Exige un ritual de consagración.
Julian miró al Duque. Alistair y Vane, compartiendo la conciencia, sintieron el llamado en sus venas.
—Iremos juntos —declaró el Duque.
Esa misma tarde, acompañados por Evelyn y Marek, la pareja se adentró en el bosque ancestral. Los árboles de escarcha brillaban como si estuvieran hechos de cristal, y el suelo de nieve crujía bajo sus pasos. Llegaron a un claro donde se erigía un altar de piedra negra rodeado por estatuas de dragones talladas en hielo eterno.
En el centro del altar, una gema rúnica flotaba en el aire, emitiendo pulsaciones de energía que hacían vibrar el pecho de Julian.
—Para reclamar la bendición ancestral y estabilizar la magia de sangre del reino para siempre, el consorte debe ofrecer una gota de su flujo vital voluntariamente —explicó Evelyn con seriedad—. Pero la prueba requiere que confíes ciegamente en el Duque mientras el poder antiguo fluye.
Julian avanzó hacia el altar sin dudarlo un segundo. El Gran Duque se posicionó a su lado. La faceta de Alistair tomó la mano de Julian con infinita ternura, mientras la faceta de Vane colocaba su otra mano sobre la espada, listo para destruir cualquier amenaza que pudiera poner en peligro a su amor.
Julian sacó una pequeña daga ritual de plata y se hizo un leve corte en la Palma de la mano. Dejó caer una gota de sangre sobre la gema flotante.
Al instante, una ráfaga de luz dorada y verde brotó del altar, envolviendo a Julian en un capullo de energía pura. La magia del bosque intentó probar su mente, proyectando ilusiones del pasado: el miedo a la corte, el temor al envenenamiento y la incertidumbre de amar a un hombre con dos caras.
Sin embargo, dentro de la visión, Julian vio aparecer a Alistair extendiéndole una flor de nieve y a Vane abriéndole paso con su espada entre las sombras.
—Acepto a ambos... con toda mi alma —pronunció Julian en voz alta dentro de la luz.
La gema stallo en un resplandor dorado sanador que se expandió por todo el bosque de hielo, purificando cualquier residuo de magia oscura en el reino. La cicatriz en el pecho del Duque brilló una última vez antes de transformarse en una marca rúnica dorada de protección perfecta.
El vínculo entre Julian y el Duque se había vuelto indestructible.
es mentira