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Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Arqueólogo Del Umbral El Gemelo Perdido Crónicas Del Eclipse — Libro I

Status: En proceso
Genre:Fantasía épica / Mundo mágico / Reencuentro
Popularitas:152
Nilai: 5
nombre de autor: Benito Leal

Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?

NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 7 - El Eco del Sello

La oscuridad al otro lado de la puerta no era ausencia de luz.

Era algo que la luz evitaba.

Luciano acercó una mano al umbral. La piel se le enfrió antes de cruzarlo y el residuo de la quemadura comenzó a latir bajo la manga.

—¿Cómo se llama este atributo? —preguntó.

Edran reactivó la lámina traductora con un toque. El significado regresó acompañado por una punzada detrás de los ojos.

—Nokthar. Oscuridad.

—Y según usted no debería responderme.

—No debes pedirle que lo haga.

Edran retiró de su cinturón un hilo gris y lo anudó alrededor de la muñeca de Luciano. El otro extremo quedó sujeto a una argolla exterior.

—No es una cuerda de rescate. Solo indicará si tu cuerpo continúa dentro.

—Qué reconfortante.

—Si escuchas una voz conocida, no la sigas. Si ves una salida, no la atravieses. Si la Oscuridad te ofrece aquello que perdiste, recuerda que solo conoce la forma de tu ausencia.

Luciano miró la cámara.

—¿Y qué debo hacer?

—Llegar al otro lado sin formar un vínculo.

—¿Hay otro lado?

—Eso tendrás que decidirlo tú.

Edran le entregó la lámina traductora y cerró los dedos de Luciano sobre ella.

—No pronuncies ninguna palabra que aparezca en tu mente.

Luciano cruzó.

El refugio desapareció tras el primer paso. No hubo puerta, hilo ni anciano. Bajo sus botas surgió una superficie negra que reflejaba un cielo sin estrellas. Caminó despacio, usando el ritmo de su respiración como única medida.

Uno.

Dos.

Al tercer paso oyó la voz de Elena.

—Luciano, vuelve a casa.

Se detuvo.

La voz provenía de su izquierda, acompañada por el sonido de platos y el aroma imposible del café. Una puerta apareció en medio de la oscuridad. Al otro lado estaba la cocina de los Grignani, iluminada por la mañana. Paolo reparaba una radio. Sofía revisaba fotografías junto a la ventana.

Ninguno parecía sorprendido de verlo.

—Te estábamos esperando —dijo Paolo.

Luciano dio medio paso hacia ellos.

Entonces vio la mano de su padre.

Paolo siempre sujetaba las herramientas con la izquierda después de una antigua lesión. La figura frente a él sostenía el destornillador con la derecha.

—Casi —dijo Luciano.

La cocina se apagó.

Algo se movió bajo la superficie reflectante.

Luciano continuó. La Oscuridad no volvió a imitar voces. Le entregó sensaciones: la certeza de que Bellini había muerto cuando la cámara se cerró; la imagen de Elena recibiendo una llamada; Sofía buscando durante años a un hermano convertido en expediente. No podía comprobar ninguna, y precisamente por eso resultaban más difíciles de rechazar.

La culpa no necesitaba pruebas para parecer verdadera.

Una palabra apareció en su mente.

Nhaleth.

No conocía su significado. La lámina traductora se calentó en su puño, intentando interpretarla. Contener. Ocultar. Preservar algo dentro de una profundidad segura.

Si la pronunciaba, quizá podría guardar el dolor donde no lo alcanzara.

Luciano apretó los dientes.

—No necesito otro idioma para reprimir emociones. Tuve educación universitaria.

La palabra insistió.

El hilo gris reapareció alrededor de su muñeca, pero ahora se extendía en seis direcciones. Cada extremo llevaba hacia una versión distinta de sí mismo: Luciano cubierto de piedra, disuelto en agua, envuelto por raíces, consumido por fuego, arrastrado por viento o sacudido por rayos.

Las reacciones de la cámara anterior habían dejado puertas abiertas dentro de él. Nokthar no necesitaba dominarlo; le bastaba con ocultar cuál de aquellas emociones era realmente suya.

Luciano cerró los ojos.

Pensó en la libreta guardada contra su pecho. En sus dibujos, cada estrato existía por relación con los demás. Una capa aislada podía parecer cualquier cosa. El contexto le daba sentido.

Apoyó una rodilla y tocó el suelo.

La superficie reflejaba, pero no devolvía temperatura ni textura. No era un camino. Era una imagen que pretendía sustituirlo.

Luciano sacó el envoltorio de papel donde había guardado la última esquirla del arma materna. El fragmento no emitió luz. Sin embargo, al colocarlo sobre el reflejo, este produjo ondas.

—Tú sí perteneces aquí —murmuró.

Las ondas señalaron una dirección que no coincidía con ninguna de las seis figuras.

Luciano avanzó siguiendo la deformación, no lo que veía. Las voces regresaron. Elena le pidió que se detuviera. Bellini gritó desde Cava Rossa. Una mujer desconocida pronunció un sonido que le provocó un dolor antiguo en el pecho.

No respondió.

La Oscuridad se cerró sobre su brazo.

El frío atravesó la piel y encontró los vacíos que había dejado el arma al consumirlo. Durante un instante, Luciano sintió lo fácil que sería permitirle quedarse allí: Nokthar podía llenar cada ausencia con silencio, impedir que el miedo escapara y convertir la incertidumbre en una habitación sin puertas.

Pero contener no era sanar.

Luciano retiró el brazo antes de que la mancha alcanzara el hombro.

El movimiento le arrancó un grito. La superficie se quebró y una línea gris apareció varios pasos adelante.

El otro lado.

Corrió.

La Oscuridad tiró de sus sombras, de las seis resonancias incompletas y de la palabra que seguía esperando dentro de su mente. Luciano no utilizó ninguna. Saltó sobre la línea gris y chocó contra un suelo de piedra.

Edran cortó el hilo de su muñeca.

La cámara volvió a ser una habitación circular de pocos metros. Luciano estaba tumbado junto a la pared contraria, respirando como si hubiera atravesado kilómetros. Una mancha negra le cubría el antebrazo, pero empezó a retroceder al quedar fuera de Nokthar.

—No formaste un Nexo —dijo Edran.

—Su decepción resulta conmovedora.

—¿Pronunciaste algo?

—Solo comentarios defensivos.

Edran tomó la esquirla envuelta en papel. Por primera vez, su control se agrietó.

—¿Esto sobrevivió al arma?

—El resto se convirtió en polvo. Pensé que un fragmento era mejor que ninguna evidencia.

Edran lo llevó hasta la cámara de las seis estaciones. Colocó la esquirla junto al cristal blanco de Elyra y activó un círculo de inscripciones alrededor de ambos.

—La reliquia no reaccionó a tu presencia —explicó—. Quizá porque buscaba poder, no procedencia.

El cristal continuó inerte.

Edran dejó caer sobre él una partícula del residuo oscuro.

Una línea blanca apareció en su interior.

No fue una llama ni una descarga. Se parecía a una firma trazada desde muy lejos. La esquirla respondió con ocho pulsaciones débiles y la reliquia proyectó sobre la mesa el contorno de una mujer empuñando el arma.

Luciano reconoció el cabello blanco de sus recuerdos fragmentados.

—¿Quién es?

Edran cerró el puño y la imagen desapareció.

—Una respuesta que todavía podría matarte.

—Empiezo a notar una tendencia en sus explicaciones.

Edran observó la línea blanca dentro del cristal. La firma de Elyra estaba allí, pero ninguna Luz había nacido de Luciano. No podía abrir, revelar ni sanar. Solo cargaba una herencia dormida y el Eco de un sacrificio.

—Creo que eres la persona que he buscado —dijo finalmente—. Creer no es lo mismo que demostrarlo.

Luciano sostuvo su mirada.

—Entonces enséñeme lo suficiente para mantenerme vivo mientras decide.

Antes de que Edran respondiera, el sello de comunicación se partió sobre su antebrazo.

Los fragmentos cayeron al suelo sin emitir una sola pulsación.

Edran los contempló. Su rostro perdió la dureza de un examinador y adquirió algo más pesado.

—¿Qué significa? —preguntó Luciano.

—Que las pruebas terminaron.

Edran guardó la reliquia de Elyra y recogió su arma.

—Aethra ha caído.

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Milaidys Santana
Un inicio lleno de acción y drama... espero leer más /Ok/
Wilken Blanco
Interesante inicio, rápido y lleno de acción e intriga. Espero leer que más tienes para escribir.
Benito Leal: Muchas gracias por leer, espero que en los próximos capítulos puedas disfrutar de toda la magia que tiene este mundo
total 1 replies
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