no estaba buscando amor cuando descargó una app de citas.
Solo quería escapar de la vida asfixiante que tenía en Londres.
Sin trabajo y desesperada por irse de casa de sus padres, acepta la extraña propuesta de , un hombre frío, reservado y marcado por un divorcio escandaloso.
Él le ofrece ayudarla.
A cambio, solo debe acompañarlo a Emiratos Árabes Unidos.
Sin sentimientos.
Sin preguntas.
Sin involucrarse demasiado.
Pero entre el lujo, los silencios y la distancia que Nael impone entre ambos, Liora descubre que algunas personas esconden más dolor del que dejan ver.
Y que enamorarse de alguien como Nael Al-Hadid nunca fue parte del plan.
NovelToon tiene autorización de N. Garzón para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 12
Nael
Lo que aquellas mujeres habían dicho sobre Liora seguía molestándome.
Mucho más de lo que debería.
Porque Liora no era interesada.
No era superficial.
Y definitivamente no era una mujer buscando lujo.
De hecho, parecía sentirse incómoda cada vez que alguien gastaba dinero en ella.
Y eso la hacía diferente a casi todas las personas que había conocido en los últimos años.
El día de la boda finalmente había llegado.
La ceremonia se realizaría en una propiedad privada frente al mar en Jumeirah Bay Island, una zona exclusiva frecuentada principalmente por familias emiratíes adineradas y empresarios locales.
Desde temprano toda la propiedad estaba llena de movimiento.
Flores blancas, luces doradas, perfume de oud, música árabe suave.
Mi familia había organizado una celebración elegante pero profundamente tradicional.
Yo terminaba de acomodar los últimos detalles cuando escuché pasos detrás de mí.
Giré ligeramente.
Y por un instante olvidé completamente lo que estaba haciendo.
Liora llevaba un vestido color champaña bordado completamente a mano con delicados detalles dorados. Las mangas largas transparentes tenían pequeños cristales que brillaban discretamente con la luz y el velo ligero caía suavemente detrás de ella.
Se veía… hermosa.
No de una forma llamativa o exagerada.
Sino elegante.
Luminosa.
Ella acomodó nerviosamente una parte de la tela.
—¿Es demasiado?
Negué lentamente.
—No.
Mi voz salió más baja de lo normal.
—Te ves preciosa.
Vi cómo sus mejillas se sonrojaban ligeramente.
Y por alguna razón eso me hizo sonreír.
Nos dirigimos juntos hacia el automóvil mientras el sol comenzaba a caer sobre Dubái.
Durante el trayecto, Liora observaba las luces de la ciudad con fascinación.
—¿Cómo se desarrolla exactamente una boda aquí?
Apoyé una mano sobre el descansabrazos mientras respondía.
—Depende de la familia y del nivel de tradición que quieran mantener. Algunas ceremonias son completamente separadas entre hombres y mujeres, otras son más modernas.
Ella escuchaba atentamente.
—¿Y la de Karim?
—Primero se firma el contrato matrimonial religioso, el nikah. Después viene la celebración familiar. Hay música, cenas, reuniones privadas y normalmente varios días de eventos.
—Eso suena muy lindo… y simbólico.
Asentí ligeramente.
—Lo es.
Guardó silencio unos segundos antes de hablar otra vez.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
La miré brevemente.
—Claro.
Ella dudó un momento.
—Cuando estuviste casado con Evelyn…
Esperé en silencio.
—¿Ustedes se casaron en Inglaterra?
—Sí.
—¿Por qué allá?
—Porque su familia estaba allí y mi madre también quería una ceremonia más occidental.
Liora asintió lentamente.
—Una prima tuya dijo que aquí los divorcios son rápidos.
Solté una pequeña risa.
—Lo son.
Ella levantó una ceja curiosa.
—¿Qué tan rápidos?
—En Emiratos, si ambas partes están de acuerdo y no hay disputas importantes, puede resolverse en semanas.
Ella abrió un poco los ojos.
—Eso es muchísimo más rápido que en Inglaterra.
—Definitivamente.
Luego me miró con una curiosidad tranquila.
—¿Te volverías a casar?
La pregunta me tomó desprevenido.
La observé unos segundos antes de responder honestamente.
—No.
Ella soltó una pequeña risa.
—¿Tan malo es?
Negué lentamente.
—No es que sea malo… simplemente no me interesa volver a pasar por eso.
Liora observó por la ventana unos segundos antes de murmurar:
—Entiendo.
Y aunque cambiamos el tema después de eso…
la conversación permaneció conmigo el resto del camino.
Al llegar al evento, noté inmediatamente la presencia de algunos medios de comunicación autorizados por la familia.
Las cámaras siempre me incomodaban.
Las luces, las preguntas, la sensación constante de invasión.
Tomé suavemente a Liora por la espalda para guiarla lejos de una de las entradas principales.
—Entraremos por aquí.
Ella miró alrededor.
—¿Evitas a la prensa?
—Siempre que puedo.
Uno de mis hermanos nos vio acercarnos y sonrió divertido.
Youssef acomodó ligeramente el cuello de su kandura antes de hablar.
—Tú siempre los evades.
—No me gusta sentir que invaden mi privacidad.
Youssef soltó una risa.
—Y eso que aquí deben pedir permiso para muchas cosas.
Asentí.
—Y lo agradezco.
Liora permanecía cerca de mí observando todo cuidadosamente.
Noté que algunas cámaras intentaban enfocarla también.
Eso me molestó inmediatamente.
Sin pensarlo demasiado, me moví ligeramente frente a ella para bloquear parte de los flashes.
Ella levantó la mirada sorprendida.
—Gracias.
—No tienes que agradecer eso.
La ceremonia comenzó poco después del Isha.
Todo estaba iluminado elegantemente frente al mar.
Los hombres más cercanos a Karim participaron primero en la firma del nikah, mientras las mujeres celebraban en otro salón decorado con flores y lámparas doradas.
Liora parecía fascinada con cada detalle.
—Todo esto es precioso —susurró mientras observábamos una parte de la celebración familiar.
—Mi madre dice que las bodas deben sentirse como esperanza.
Ella sonrió suavemente.
—Tu madre parece muy sabia.
—Lo es.
Durante la cena, varias personas se acercaron a saludarme y conversar sobre negocios, inversiones y la boda.
Pero aun así seguía pendiente de Liora constantemente.
Notaba cuando alguien la hacía sentir incómoda. Cuando necesitaba un descanso. Cuando estaba cansada.
Y comenzaba a hacerlo de forma natural.
En un momento de la noche ella intentó acomodarse sola una parte complicada del velo que llevaba.
La observé unos segundos antes de acercarme.
—Permíteme.
Ella se quedó quieta mientras acomodaba cuidadosamente la tela sobre su hombro.
Mis dedos rozaron apenas su piel.
Y por alguna razón…
eso me afectó más de lo esperado.
Liora levantó lentamente la mirada hacia mí.
Demasiado cerca.
Demasiado tranquila.
—Gracias —susurró.
Asentí suavemente, alejándome antes de olvidar la prudencia que siempre había tenido.
Pero durante el resto de la noche…
cada vez que nuestras miradas se encontraban entre toda la gente…
sentía algo peligroso comenzando a cambiar dentro de mí.