Todo comenzó cuando una joven se enamoró de un muchacho con un pasado lleno de errores. Él era conocido por meterse en problemas y vivir al margen de la ley, pero ella decidió creer que podía cambiar. Poco a poco, su amor logró transformar su manera de ver la vida, aunque el destino los puso a prueba cuando él terminó en la cárcel. Mientras él cumplía su condena, ella decidió esperarlo. Su amiga no dejaba de advertirle: «Mija deje ese hombre, usted está sufriendo demasiado». Pero, a pesar de las dudas y los obstáculos, y relaciónes íntimas aquel amor demostró ser más fuerte que cualquier distancia.
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Capítulo 16 : La mejor noticia
Había pasado un mes desde aquella pelea con Cris. Un mes desde que descubrí que muchas de las cosas que me había contado no eran ciertas y desde que escuché de su propia boca una parte de su pasado que todavía me costaba procesar.
Las cosas entre nosotros habían cambiado bastante.
Aunque habíamos hablado y yo había decidido perdonarlo, dentro de mí todavía había muchas preguntas. A veces pensaba en todo lo que había pasado y me quedaba mirando el celular, sin saber si escribirle o esperar a que él lo hiciera.
Pero durante las últimas semanas había empezado a sentirme diferente.
Al principio pensé que era cansancio por los estudios. Me levantaba sin muchas ganas, me costaba concentrarme en las clases y había días en los que sentía que solamente quería llegar a mi casa y acostarme.
Después comenzaron las náuseas.
—Ay, no, ve —murmuré una mañana mientras me levantaba rápidamente.
Sentí el estómago revuelto y tuve que sentarme un momento.
También comenzaron los mareos. Algunas veces, cuando me levantaba rápido, sentía que todo daba vueltas durante unos segundos.
Mi mamá incluso llegó a preguntarme:
—Hija, ¿qué te pasa? Te veo como apagada últimamente.
—Nada, mamá. Creo que estoy cansada por el colegio.
—Pues pilas con eso, mija. Si seguís sintiéndote así, vamos al médico.
—Sí, mamá.
Yo intentaba restarle importancia, pero había algo que cada vez me preocupaba más.
Mi periodo no llegaba.
Al principio pensé que simplemente se había retrasado. Esperé unos días. Después esperé más.
Pero seguía sin llegar.
Una noche estaba acostada mirando el techo cuando empecé a hacer cuentas en mi cabeza.
—No puede ser...
Me senté en la cama y sentí que el corazón me latía más rápido.
No quería pensar en esa posibilidad, pero los síntomas estaban ahí: náuseas, mareos, cansancio y el retraso.
Al día siguiente decidí ir al hospital.
No quería seguir imaginando cosas. Necesitaba saber qué estaba pasando.
Cuando llegué, esperé mi turno y expliqué lo que había estado sintiendo. Me hicieron las evaluaciones correspondientes y luego me pidieron que esperara.
Esos minutos se me hicieron eternos.
Yo miraba mis manos y trataba de mantener la calma.
Finalmente, una profesional de salud entró y habló conmigo.
—Leidy, ya tenemos el resultado.
La miré nerviosa.
—¿Y qué tengo?
La respuesta me dejó completamente quieta.
—El resultado confirma que estás embarazada.
Sentí que el mundo se me quedaba en silencio.
—¿Embarazada?
—Sí.
No supe qué responder.
Me quedé mirando hacia el piso mientras intentaba asimilar aquellas palabras.
Iba a tener un bebé.
La primera persona que pensé fue mi mamá.
Después pensé en Cris.
Mi Cris.
Me acordé de nuestras conversaciones, de aquella tarde en la que hablamos de su pasado, de la promesa que me había hecho y de todo lo que habíamos vivido durante esos meses.
Pero también recordé nuestras dificultades.
Recordé las mentiras, la discusión y todo lo que todavía no estaba completamente resuelto.
Salí del hospital caminando despacio. Afuera, Cali seguía igual: carros pasando, personas caminando, vendedores hablando y el ruido de la ciudad por todas partes.
Pero para mí todo se sentía diferente.
Me senté un momento y respiré profundo.
—¿Y ahora qué hago, pues? —susurré.
Tenía demasiadas preguntas y ninguna respuesta.
Miré mi celular.
El nombre de Cristian estaba ahí.
Podía escribirle.
Podía llamarlo.
Podía decirle inmediatamente lo que acababa de descubrir.
Pero no lo hice.
Todavía no.
Guardé nuevamente el celular.
Necesitaba pensar. Necesitaba hablar primero con alguien de confianza y entender lo que estaba sintiendo antes de tomar cualquier decisión.
Una cosa sí tenía clara: mi vida acababa de cambiar completamente.
Y aunque todavía no sabía cómo iba a enfrentar todo aquello, sabía que ya no podía seguir fingiendo que nada estaba pasando.
Me levanté y comencé a caminar hacia mi casa.
Por ahora, Cristian no sabía nada.
Y yo todavía no estaba preparada para decírselo.