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18
Capítulo 18
Un beso... y un escándalo imperial
El beso duró apenas unos segundos.
Pero para Selene...
Pareció una eternidad.
Cuando Astaroth se separó lentamente, ambos permanecieron inmóviles, mirándose en silencio.
La princesa fue la primera en reaccionar.
Se llevó una mano a los labios, completamente sonrojada.
—Tú...
Astaroth sonrió con esa arrogancia encantadora que tanto la desesperaba.
—¿Yo?
—¡Me besaste!
—Sí.
—¡Sin preguntarme!
Él inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Te arrepientes?
Selene abrió la boca para responder...
Pero ninguna palabra salió de ella.
Porque, muy en el fondo...
La respuesta era no.
Astaroth soltó una pequeña risa.
—Ese silencio vale más que mil respuestas.
Selene, avergonzada, le dio un ligero golpe en el brazo.
—¡No te rías!
—¿Ves? Ya volviste a pegarme. Todo está en orden.
Ella terminó riéndose sin poder evitarlo.
Era la primera carcajada sincera que Astaroth le escuchaba.
Y por un instante se quedó contemplándola.
—Deberías reír más seguido...
Eres hermosa cuando lo haces.
Selene sintió que el corazón le daba un vuelco.
—No digas esas cosas...
—¿Por qué?
—Porque me pones nerviosa.
Astaroth abrió los ojos con sorpresa.
—¿La princesa Selene acaba de admitir que la pongo nerviosa?
Ella se dio cuenta de lo que había dicho.
—Olvida eso.
—Imposible. Lo recordaré hasta que sea un anciano.
—¡Ejem!
Ambos se giraron de golpe.
Cedric estaba de pie, apoyado en su bastón.
Con los brazos cruzados.
Y una sonrisa divertida.
Detrás de él estaban el emperador del Imperio Solar, el emperador demonio... y Lilith.
Habían visto absolutamente todo.
Selene sintió que quería desaparecer.
—Padre...
El emperador Solar carraspeó para ocultar una sonrisa.
—Parece que llegamos en mal momento.
El emperador demonio soltó una sonora carcajada.
—¡Sabía que estos dos terminarían así!
Astaroth saludó con total naturalidad.
—Buenos días.
Cedric negó con la cabeza.
—¿Siempre haces todo tan rápido?
—Cuando estoy seguro de algo, sí.
Selene quería esconderse detrás de un árbol.
Lilith observó a ambos durante unos segundos.
Luego caminó lentamente hasta quedar frente a Selene.
El ambiente se tensó.
Astaroth dio un paso al frente por instinto.
Lilith levantó una mano.
Todos pensaron que iba a abofetear a la princesa.
Pero ocurrió lo contrario.
Le acomodó suavemente un mechón de cabello.
—Cuídalo.
Selene parpadeó, sorprendida.
—¿Qué...?
Lilith sonrió con una mezcla de tristeza y madurez.
—Durante años creí que lo amaba.
Pero entendí demasiado tarde que amar también significa saber retirarse.
Miró a Astaroth.
—Jamás te había visto mirar a alguien como la miras a ella.
Astaroth guardó silencio.
Lilith respiró profundamente.
—Así que prometo dejar de interponerme entre ustedes.
Selene inclinó ligeramente la cabeza.
—Gracias.
Lilith sonrió por última vez.
—Solo tengo una condición.
Astaroth arqueó una ceja.
—¿Cuál?
—Si algún día haces llorar a esta mujer...
Seré yo quien te persiga por todo el continente.
Astaroth levantó ambas manos.
—Anotado.
Cedric soltó una carcajada.
—Creo que ya somos dos.
—Tres —corrigió el emperador Solar.
—Cuatro —añadió el emperador demonio.
Todos comenzaron a reír.
Incluso Selene.
Aquella noche...
Los jardines del palacio estaban iluminados por cientos de faroles.
Astaroth y Selene caminaban juntos, ahora sin necesidad de fingir.
Él tomó su mano con cuidado.
Esta vez...
Ella no la soltó.
—¿En qué piensas? —preguntó él.
Selene lo miró de reojo.
—En que hace unos días quería atravesarte con mi espada.
Astaroth sonrió.
—Y ahora...
Ella entrelazó sus dedos con los de él.
—Ahora creo que me costaría imaginar un día sin escucharte hablar.
Él llevó una mano al pecho.
—Eso ha sido lo más romántico que has dicho en toda tu vida.
—No te acostumbres.
—Demasiado tarde.
Se detuvieron frente al lago.
La luna se reflejaba sobre el agua.
Astaroth se inclinó y besó con suavidad la frente de Selene.
—Prometo algo.
Ella levantó la vista.
—¿Qué cosa?
—Que la próxima vez que alguien intente hacerte daño...
No llegará ni a desenvainar su espada.
Selene sonrió con dulzura.
—Y yo prometo que, cuando seas un anciano insoportable...
Seguiré discutiendo contigo todos los días.
Astaroth rio.
—Ese es el futuro más bonito que alguien me ha prometido.
Sin saberlo, ninguno de los dos notó que, escondido entre las ramas de un árbol, un cuervo de plumaje completamente negro los observaba fijamente.
En una de sus patas llevaba un pequeño cilindro de metal.
El ave emprendió el vuelo hacia el norte.
Muy lejos del Palacio Solar.
Hacia un imperio desconocido.
Alguien acababa de recibir una noticia que cambiaría el destino de ambos enamorados:
"La alianza ha sobrevivido... y los herederos se han enamorado."
Y en un lejano trono, una figura envuelta en sombras sonrió.
—Entonces... es hora de que entren en escena los verdaderos enemigos.
Continuará...
muchas gracias, bendiciones...