🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
NovelToon tiene autorización de Crismeldy Vásquez P para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 17: Una noche sin dormir
La primera noche de los cuatrillizos en la mansión Valcárcel comenzó de forma tranquila.
Demasiado tranquila.
Después de semanas en el hospital, finalmente Mateo, Gabriel, Sofía y Valentina dormían en sus propias cunas.
Lucía permanecía sentada en una mecedora observándolos.
Todavía le costaba creer que estuvieran allí.
Tan cerca.
Tan seguros.
Tan hermosos.
Cada vez que miraba sus pequeños rostros sentía que el corazón se llenaba de amor.
Y también de miedo.
Porque ahora dependían completamente de ella.
—Deberías descansar un poco.
Dijo Adrián desde la puerta.
Lucía sonrió.
—No puedo.
—Llevas horas mirándolos.
—Lo sé.
Pero después de todo lo que pasó...
todavía siento que voy a despertar y descubrir que fue un sueño.
Adrián se acercó.
Observó a los bebés.
Y comprendió perfectamente lo que sentía.
Aquellos cuatro pequeños habían cambiado la vida de todos.
Especialmente la de ellos.
A las once de la noche todo seguía tranquilo.
A las doce también.
Pero a la una de la madrugada comenzó el caos.
Valentina fue la primera.
Un pequeño llanto salió de su cuna.
Lucía se levantó inmediatamente.
—Ya voy, princesa.
Susurró.
La cargó en brazos.
La alimentó.
Y después de varios minutos logró que volviera a dormir.
—Listo.
Problema resuelto.
Dijo satisfecha.
Pero apenas terminó de acostarla...
Gabriel comenzó a llorar.
Lucía soltó un suspiro.
—Está bien.
Uno por uno.
Tomó a Gabriel en brazos.
Lo calmó.
Lo alimentó.
Y finalmente consiguió que se durmiera.
Pero cuando estaba regresando a la cama...
Mateo decidió unirse al concierto.
—No puede ser.
Murmuró.
Adrián intentó contener una sonrisa.
—Parece que se organizaron.
—No tiene gracia.
Respondió Lucía.
Aunque terminó riendo.
Dos horas después.
Los cuatro bebés estaban despiertos.
Los cuatro lloraban.
Y los dos adultos estaban completamente agotados.
—¿Siempre será así?
Preguntó Adrián.
Lucía soltó una carcajada.
—Bienvenido a la maternidad.
El empresario más poderoso del país parecía completamente derrotado.
Tenía una mancha de leche en la camisa.
El cabello despeinado.
Y unas enormes ojeras.
Si algún socio suyo lo viera en ese momento, jamás lo reconocería.
A las tres de la mañana apareció Isabella.
Con una manta sobre los hombros.
Y cara de sueño.
—¿Qué está pasando aquí?
Preguntó.
—La revolución de los bebés.
Respondió Adrián.
Isabella observó la habitación.
Y comenzó a reír.
—Dios mío.
Parecen zombies.
—Gracias por tu apoyo.
Respondió Lucía.
Pero la verdadera sorpresa llegó media hora después.
Victoria apareció.
Y detrás de ella venía Alejandro.
Y detrás de Alejandro...
Ricardo.
Todos despertados por el ruido.
Todos medio dormidos.
Todos preocupados.
La habitación se llenó de familiares.
Y también de llantos.
—Déjenme cargar a uno.
Dijo Ricardo.
—Papá.
No creo que sea buena idea.
Respondió Alejandro.
—Tengo ochenta años.
No cien.
Protestó el anciano.
Todos terminaron riendo.
Incluso los bebés parecieron tranquilizarse por un momento.
Lo que siguió fue una escena inolvidable.
Victoria meciendo a Sofía.
Alejandro intentando dormir a Gabriel.
Ricardo cargando orgullosamente a Mateo.
Isabella entreteniendo a Valentina.
Y Adrián observando el desastre con expresión resignada.
—¿Sabes algo?
Le dijo a Lucía.
—¿Qué?
—Jamás imaginé que mi vida terminaría así.
Lucía sonrió.
—¿Arrepentido?
Adrián observó a los cuatro bebés.
Después la observó a ella.
Y negó lentamente.
—Ni un poco.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Lucía latiera más rápido.
Mucho más rápido.
Finalmente, cerca de las cinco de la mañana, los cuatrillizos volvieron a quedarse dormidos.
La habitación quedó en silencio.
Un silencio maravilloso.
Todos parecían agotados.
—Sobrevivimos.
Declaró Isabella.
—Por poco.
Añadió Alejandro.
Ricardo soltó una carcajada.
—Y esto apenas comienza.
Cuando todos salieron de la habitación, Lucía se acercó a las cunas.
Observó a sus hijos dormir.
Y sintió una felicidad inmensa.
Sí.
Estaba cansada.
Sí.
La noche había sido un desastre.
Pero no la cambiaría por nada del mundo.
Porque por primera vez tenía todo lo que siempre había soñado.
Una familia.
Un hogar.
Y cuatro pequeños milagros durmiendo bajo el mismo techo.
Sin embargo, mientras todos descansaban, una carta acababa de llegar a la mansión.
Una carta dirigida a Adrián.
Y lo que contenía podría cambiar el futuro de toda la familia.