Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 5
El automóvil de los Carrasco atravesó lentamente el portón principal de la residencia Belmonte.
La imponente casa estaba completamente iluminada y, desde la entrada, podían verse las luces cálidas del jardín donde tantas reuniones familiares habían celebrado años atrás.
Eliana observó el lugar por la ventana.
Nada parecía haber cambiado.
Solo ellos.
—¿Lista? —preguntó Xavier mientras apagaba el motor.
Ella respiró hondo.
—Lista.
Constanza le dedicó una sonrisa tranquilizadora antes de bajar del vehículo.
No habían dado ni tres pasos cuando la puerta principal se abrió.
—¡Llegaron! —exclamó Marcela con una enorme sonrisa.
Las dos amigas se abrazaron con el cariño de quienes llevaban décadas compartiendo alegrías y dificultades.
—Te extrañé muchísimo.
—Y yo a ti.
Tobías salió detrás de su esposa.
—Xavier, viejo amigo.
Los dos hombres se estrecharon la mano antes de darse un fuerte abrazo.
—Hace demasiado que no coincidíamos.
—El trabajo no nos deja vivir.
Mientras conversaban, dos jóvenes salieron prácticamente corriendo de la casa.
—¡Eliana!
Fabiana y Fernanda llegaron al mismo tiempo y la envolvieron en un abrazo que casi la hizo perder el equilibrio.
—¡Nos hiciste muchísima falta!
—¡Seis años! ¡Seis años sin verte!
Eliana comenzó a reír.
—¡Respiren! Me van a romper las costillas.
Fabiana fue la primera en separarse.
—Mírate.
Fernanda negó con la cabeza.
—Estás preciosa.
—Ustedes también.
Las gemelas se miraron entre sí.
—¿A que sí?
Las tres soltaron una carcajada.
—No puedo creer que ya hayas terminado la maestría —comentó Fernanda.
—Ni yo.
—¿Y ahora trabajarás con Mario y Ander?
—Así parece.
Fabiana dio pequeños aplausos.
—¡Qué emoción!
—Espero que nos veamos seguido.
Eliana sonrió.
Las había extrañado más de lo que imaginaba.
—¿Y ustedes? ¿Cómo les va?
Fabiana respondió primero.
—Papá ya nos está preparando para dirigir la empresa algún día.
Fernanda asintió.
—Por ahora trabajamos con él. Estamos aprendiendo cada área del negocio.
—Dice que primero debemos equivocarnos siendo empleadas antes de convertirnos en jefas —añadió Fabiana divertida.
Tobías escuchó el comentario y sonrió.
—Alguien tiene que enseñarles disciplina.
—Papá exagera.
—Papá tiene razón.
Las gemelas rodaron los ojos al mismo tiempo, provocando las risas de todos.
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La mesa estaba elegantemente preparada cuando todos tomaron asiento.
Apenas comenzaron a servir los primeros platos, las preguntas no tardaron en llegar.
—Cuéntanos todo —dijo Fabiana con entusiasmo—. Seis años dan para muchas historias.
Fernanda asintió.
—¿Cómo fue vivir sola en el extranjero?
Eliana sonrió.
—Al principio fue difícil, pero con el tiempo aprendí a adaptarme.
—¿Y la universidad? —preguntó Marcela.
—Muy exigente, pero valió la pena. Conocí personas de muchos países y aprendí mucho más de lo que imaginaba.
—Siempre supimos que te iría bien —comentó Tobías con orgullo.
Xavier sonrió.
—Desde pequeña, cuando se proponía algo, no había manera de hacerla cambiar de idea.
—Eso sigue igual —añadió Constanza entre risas.
Fabiana apoyó los codos sobre la mesa.
—Ahora viene la pregunta importante.
Eliana arqueó una ceja.
—Me estás preocupando.
—¿Tuviste novio durante esos seis años?
Eliana casi se atragantó con el agua.
Todos soltaron una carcajada.
—Fabiana... —la reprendió Marcela.
—¿Qué? Solo tengo curiosidad.
Fernanda sonrió.
—Yo también.
Eliana negó con la cabeza.
—No.
—¿Ninguno? —preguntó Fabiana.
—Ninguno.
—No te creo.
—Es verdad.
—¿Ni siquiera un casi novio?
—Tampoco.
Tobías intervino divertido.
—Eso sí que me sorprende.
—A mí también —admitió Marcela.
Fabiana negó con la cabeza.
—Con lo bonita que eres...
Eliana sonrió con cierta timidez.
—Simplemente nunca conocí a alguien que despertara ese interés.
Constanza bajó discretamente la mirada hacia su plato.
Aquella respuesta le hizo recordar la conversación que había tenido con su hija aquella misma mañana.
Decidió no decir nada.
—Pues eso cambiará pronto —afirmó Fabiana convencida.
—¿Y por qué tendría que cambiar? —preguntó Eliana divertida.
—Porque ahora trabajarás en una empresa llena de hombres exitosos.
Fernanda soltó una risa.
—Fabiana ya quiere hacer de celestina.
—Solo digo que nunca se sabe.
Las risas volvieron a llenar el comedor.
La conversación continuó entre recuerdos de la infancia, anécdotas de los años universitarios de Eliana y los planes que tenía para esta nueva etapa.
Entre bromas y preguntas, el tiempo pasó sin que ninguno se diera cuenta.
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En otro lugar...
Nicolás ya dormía profundamente en su cuna.
Italia acomodó con cuidado la manta sobre el pequeño y acarició su diminuta mejilla.
—Buenas noches, amor.
Mario, de pie a su lado, sonrió con ternura al ver a su hijo dormir tan tranquilo.
Tomó la mano de su esposa y, sin decir una palabra, ambos salieron de la habitación cerrando la puerta con suavidad.
Al entrar en su dormitorio, Italia dejó escapar un suspiro cansado.
—Ser padres también agota.
—Mucho.
Mario se acercó por detrás y rodeó su cintura con los brazos.
Apoyó el mentón sobre su hombro.
—Pero no cambiaría esta vida por nada.
Ella entrelazó sus dedos con los de él.
—Yo tampoco.
Durante unos segundos permanecieron en silencio, disfrutando simplemente de la cercanía.
Mario depositó un beso en su cuello.
Italia sonrió.
—¿Eso significa que ya terminaste de pensar en balances, clientes y reuniones?
—Hace rato.
—Menos mal.
Él giró suavemente a su esposa hasta tenerla frente a frente.
—Ahora solo estoy pensando en ti.
Italia levantó una ceja con una sonrisa divertida.
—Qué conveniente.
—Siempre ha sido así.
Mario apartó con delicadeza un mechón de cabello de su rostro y acarició su mejilla con el dorso de la mano.
—Gracias.
Ella frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué me das las gracias?
—Por hacer de este lugar un hogar.
Los ojos de Italia se suavizaron.
—No lo hice sola.
—Pero eres el corazón de esta casa.
Ella se puso de puntillas para besar sus labios con dulzura.
Un beso lento, tranquilo, lleno de la confianza que solo nace después de años compartiendo la vida.
Cuando se separaron apenas unos centímetros, Italia apoyó la frente contra la de él.
—Te amo, Mario.
—Y yo a ti... mucho más de lo que puedo decir con palabras.
Él volvió a besarla, esta vez con un poco más de intensidad.
Sus manos descansaron con delicadeza sobre la cintura de Italia mientras ella rodeaba su cuello con los brazos.
Las sonrisas aparecieron entre beso y beso.
—¿Sabes qué me gusta de nosotros? —preguntó ella en voz baja.
—¿Qué?
—Que incluso después de años sigues mirándome como el primer día.
Mario soltó una pequeña risa.
—Porque para mí sigues siendo la mujer más hermosa del mundo.
—Eres un exagerado.
—Jamás cuando se trata de ti.
Italia volvió a besarlo, dejando que el momento hablara por ellos.
Sin prisas.
Sin necesidad de palabras.
Solo dos personas que habían encontrado en el otro el lugar donde siempre querían volver.
Las luces de la habitación quedaron apagadas poco después, mientras la noche envolvía la casa con la misma calma que reinaba en su matrimonio: un amor construido sobre la confianza, el respeto y una pasión que seguía tan viva como el día en que comenzó.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓