Fabián Black está a seis semanas de perder su herencia, el control del imperio hotelero familiar y cualquier posibilidad de seguir viviendo como siempre. Encontrar una esposa debería ser fácil. Sin embargo, una tras otra, todas las candidatas desaparecen antes de llegar al altar.
Rebeca Martínez tiene problemas mucho más urgentes. Entre dos trabajos agotadores, una sobrina en cuidados neonatales y una economía que se sostiene con pura voluntad, el amor ocupa el último lugar de su lista de prioridades.
Cuando un encuentro inesperado los lleva a aceptar un matrimonio por conveniencia, ambos creen tener las reglas claras.
Hasta que, durante la negociación, Rebeca le advierte:
--Si vamos a dormir juntos, hay algo que debes saber. Yo duermo con Babydoll y eso no es negociable
Durante unos segundos, Fabián creyó que aquel acuerdo sería mucho más interesante... Qué equivocado estaba.
Porque el verdadero desafío no era casarse... era sobrevivir al caos...
NovelToon tiene autorización de SilvinaTracy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
FRÍO DESTINO
NARRADOR
Fabián fue al baño a darse una ducha con agua hirviendo. Salió de allí rojo y ni así había podido dejar de sentir frío.
Cuando recordaba que el destino paradisíaco al que esperaba ir se había convertido en un lugar varios grados bajo cero quería morir y volvía a temblar.
Rebeca se metió a la cama después de cepillarse los dientes. Él la notó tan relajada que sintió aún más frustración.
--¿Fuiste a nadar en la ducha? Pareces bronceado-- Se burló
--Tuve que bañarme con agua demasiado caliente para quitarme el frío-- Él se metió a la cama con brusquedad
--Pobrecito. Recuerda que no debes enfermarte porque en pocos días comenzarás a trabajar-- Aquello consiguió que temblara más
--Debí escoger una esposa muda
Él se puso de lado mirándola y luego le dio la espalda. Odiaba ese pijama. Le recordaba al insecto sobre ruedas.
Rebeca abrazó la almohada y se durmió dándole la espalda. Estaba exhausta. Había sido un día demasiado largo y sabía que no tenía que preocuparse de que su esposo quisiera noche de bodas porque era gay.
Fabián podía ser un malcriado, extremadamente exagerado, pero no querría tocarla. Eso era maravilloso. Ella no quería tener sexo en lo que le restara de vida, a menos que conociera un buen hombre que la convenciera de repetir una experiencia que no siempre le resultaba satisfactoria, o al menos medianamente aceptable.
Cuando despertó, ella fue a ducharse. Se sintió tentada por usar la tina y pensó que un baño de espuma sería beneficioso y aún más relajante para lo que le deparaba su vida como una mujer casada.
Ella se desnudó y entró a la tina. Cuando la espuma la cubrió completamente, la puerta del baño fue abierta y su relajación se fue al infierno.
--¡¿No sabes tocar la puerta?!-- Le gritó aunque odiaba hacer eso y más aún por la mañana
--Tengo que orinar-- Le dijo mirándola, intentando ver algo de piel, pero fue inútil
--Espera a que termine
--Si no quieres mirar entonces cierra los ojos-- Ella no creyó que lo hiciera. No podría ser tan descarado y sinvergüenza
Rápidamente, se dio cuenta de que él no conocía la vergüenza y cerró los ojos con fuerza. Definitivamente, no tendría paz por un año completo.
--Si me convierto en viuda te aseguro que será legítima defensa-- Dijo enfadada
Cuando escuchó la puerta del baño cerrarse se atrevió a abrir los ojos.
¿Por qué su esposo no podía ser alguien medianamente normal o al menos más simple de tratar?
Cuando salió de la tina se dio cuenta de que no había llevado sus productos de aseo y maldijo. Tuvo que salir del baño usando una bata.
--¿No sabes bañarte? Tienes espuma-- Fabián tocó su mejilla manteniendo la distancia. Se estaba burlando de ella
--Olvidé algunas cosas-- Dijo ignorándolo, concentrando su atención en la maleta
--Te hubiese llevado lo que necesitaras
--Ni hablar. Si se te ocurría usar nuevamente el baño quedaría viuda-- Hizo una mueca de asco
Fabián concentró toda su atención en la bata, principalmente en el discreto escote que se mostraba allí. Eso era algo que deseaba ver, aunque conociendo mínimamente a su esposa estaba casi seguro de que no ocurriría en aquel frío destino.
Rebeca volvió al baño y esta vez cerró la puerta con seguro para evitar que su esposo desvergonzado tuviera la brillante idea de entrar.
Cuando salió del baño salió completamente vestida. Estaba usando un pantalón que marcaba desde sus tobillos hasta su trasero. Estaba acostumbrada a las prendas que no enseñaran tanto por una cuestión de comodidad.
Fabián volvió a pensar en el babydoll que la vería usar pocos días más tarde y se sentía verdaderamente ansioso por regresar a la mansión. Para ese momento estaba más que convencido de que su esposa tenía una figura que quería descubrir.
Su mayor preocupación era que aquella lencería no fuera de color verde insecto. Comenzó a pensar en que colores le favorecerían a Rebeca. Tal vez el rojo le quedaría especialmente bien con su cabello suelto y alborotado, dándole una apariencia aún más salvaje y sexy.
--¿No crees que nuestro matrimonio pueda ser interesante?-- Él preguntó acostado sobre la cama, con los brazos cruzados detrás de su cabeza mientras la veía de espaldas peinarse
--Fabián nuestro matrimonio puede llegar a ser muchas cosas, pero ¿Interesante? No creo que sea la palabra adecuada
--¿Y cuál es para ti?-- Preguntó con la clara intención de sonar lo suficientemente insinuante
--Tal vez tortura-- Él quiso gritar de frustración
¿Por qué antes su voz seductora hacía que las mujeres se le tiraran encima, pero con Rebeca no surtían efecto? Estaba seguro de que ella podría tirarle un peine, un adorno, incluso una silla, pero no su cuerpo desnudo sobre el suyo.
"-Tal vez sea algún efecto secundario de mi pobreza temporal. Tiene que ser eso-"
Fabián estaba casi seguro de que haber vivido en la indigencia había afectado su confianza. Tal vez por eso Rebeca era inmune a su infalible seducción.
--¿Qué haremos hoy?-- Le preguntó ella mirándolo a través del espejo
--Lo que quieras-- Él volvió a intentar utilizar su encanto
--Deberías abrigarte entonces. Me gustaría aprender a esquiar...
--Yo pensaba en algo que nos hiciera entrar en calor
--Por eso mismo. Conoceremos el lugar y haremos algo divertido
Fabián maldijo internamente y se levantó de la cama con máxima frustración. Debería buscar ropa de abrigo en su maleta, aunque conociendo a Arthur no le extrañaría acabar vestido de verde. Era increíble como ese hombre podía fastidiarlo incluso a miles de kilómetros de distancia.
Él, como todo hombre acostumbrado a las mayores comodidades llamó a la recepción. Lo atendió un hombre con mayor educación y respeto. Eso lo hizo sentir recuperado porque alguien si reconocía lo valioso e importante que era.
--Mi esposa y yo deseamos esquiar. Necesitamos todo lo necesario para esa actividad-- Rebeca volvió a mirarlo
Ella no tenía idea de que en un hotel podrían proporcionar comodidades semejantes, pero comprendió por qué Fabián era tan malcriado. Siempre lo habían atendido como a una princesa.
Menos de treinta minutos después de la llamada, dos cajas fueron llevadas a la habitación. Una de ellas decía "Rebeca Black". Ella rodó los ojos.
--¿Por qué en la tuya no dice Fabián Martinez? Sería justo
--Mejor empieza a cambiarte antes de que me arrepienta-- Gruñó frustrado
--Ay no...-- Rebeca comenzó a reírse al ver su traje de esquí. Podría verse desde una estación espacial
La historia está muy bonita pero ya siento que se va tornando monótona 🤭
😂🤣😂🤣 pelear porque la primera sonrisa de Jade fue para Fabian fue demasiados celos de Rebeca que sobrina lo prefiriera cada vez que le hace una payasada.