Scarlett Harrington lleva tres años casada con Ethan Collins. Durante todo ese tiempo creyó tener el matrimonio perfecto, construyendo un hogar junto al hombre que amaba y en quien confiaba plenamente.
Sin embargo, todo cambia el día que regresa antes de lo previsto de un viaje de negocios para sorprender a su esposo. La sorpresa termina siendo para ella cuando encuentra a Ethan en la cama con su propia mejor amiga. En un solo instante, el amor, la confianza y los sueños que había construido se hacen pedazos.
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Capitulo 23
Esa noche, Scarlett se quedó mirando el techo de su habitación durante horas, con la mente llena de imágenes que no lograba apartar: la risa de Ethan cuando todo parecía perfecto, la mano que le extendía para ayudarla a cruzar la calle, la promesa que le hizo bajo las estrellas… y al mismo tiempo, la imagen de la traición, las mentiras, el dolor que le había partido el alma en dos.
Bajó al salón cuando ya todos dormían, encontrando a Alessandro leyendo junto a la chimenea, con una luz tenue que iluminaba su rostro sereno. Al verla entrar, no preguntó qué le pasaba, solo le indicó con un gesto la butaca vacía a su lado.
—¿No puedes dormir? —preguntó con voz baja, sin prisa.
Scarlett se sentó, abrazándose a sí misma.
—No dejo de pensar… —admitió con la voz temblorosa—. ¿Y si solo fue un error? ¿Y si realmente ha cambiado y yo no le doy la oportunidad de demostrarlo? ¿Y si me arrepiento de haber cerrado la puerta tan rápido?
Alessandro cerró el libro despacio, sin apresurarse a responder.
—¿Y si le das esa oportunidad y vuelves a encontrarte con las mismas mentiras? ¿Y si esta vez el daño es más profundo, porque ya sabes lo que es capaz de hacer?
—Pero fueron tres años —susurró ella con nostalgia—. Tanta vida compartida… no puede haberse vuelto todo mentira.
—No todo fue mentira —reconoció él con ternura—. Hubo risas, hubo cariño, hubo momentos verdaderos. Pero la verdad no está solo en lo bueno que hubo, sino en lo que fue capaz de hacerte después. El amor no se mide por los años que dura, sino por la forma en que te trata cada día.
—Tengo miedo —confesó ella, con lágrimas que le rodaron por las mejillas—. Tengo miedo de que sea la decisión equivocada. Tengo miedo de que si me quedo aquí contigo, solo sea porque te necesito, no porque te quiera. Y tengo miedo de que si vuelvo con él, solo sea por no perder lo que creí tener.
—Tienes derecho a tener miedo —dijo él suavemente, acercándose un poco sin tocarla—. Y tienes derecho a dudar. Pero no confundas la nostalgia con el amor. La nostalgia extraña los recuerdos; el amor quiere estar seguro, en paz, sin miedo a que te rompan el corazón de nuevo. No te apures. No te obligues a decidir nada hoy. Yo estaré aquí mañana, y pasado, y cuando tú estés lista. Y si decides volver con él, te desearé lo mejor. Pero no te engañes: el miedo a perder el pasado no debe ser más fuerte que el derecho a tener un futuro tranquilo.
Scarlett se quedó en silencio, comprendiendo que su duda no era si Ethan merecía perdón, sino si ella merecía volver a pasar por lo mismo. Y por primera vez, supo que la respuesta no dependía de lo que él le pidiera, sino de lo que ella estuviera dispuesta a aceptar de sí misma.
Scarlett se pasó las manos por el rostro, intentando apartar la confusión que le nublaba la mente.
—¿Y si soy demasiado dura? —preguntó con un hilo de voz—. ¿Y si todo el mundo comete errores y yo no le doy la oportunidad de redimirse?
Alessandro la miró con una ternura que nunca rayaba en debilidad.
—Ser dura contigo misma no es ser justa con él. Dar una segunda oportunidad no significa olvidar lo que pasó, significa estar segura de que no volverá a ocurrir. ¿Te sientes segura con él ahora? ¿Crees que podrías volver a confiar en él sin dudar cada vez que salga, cada vez que reciba un mensaje, cada vez que te mire a los ojos?
Scarlett bajó la mirada, y la respuesta le salió sola, sincera y dolorosa:
—No. Sé que no. Sé que cada vez que le vea, veré también lo que hizo. Sé que viviría esperando que vuelva a fallarme. Y eso… eso no es vivir. Es solo esperar a que me vuelvan a herir.
—Entonces ya tienes la respuesta —dijo él con suavidad—. No es que no le perdones. Es que te estás eligiendo a ti. Y eso no es crueldad, es amor propio.
—Pero duele —reconoció ella sollozando bajito—. Duele dejar ir tres años de mi vida. Duele aceptar que todo fue una mentira a medias.
—El dolor de irse pasa —le aseguró él—. El dolor de quedarse y ser traicionada de nuevo no se cura nunca. Tómate el tiempo que necesites para asimilarlo, pero no confundas el miedo al cambio con el amor que ya no existe.
Scarlett sintió que una gran parte de la niebla que la envolvía se disipaba. No era duda por Ethan, era miedo a perder lo que ella creía que era su vida. Y ahora entendía que esa vida ya no existía.