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El Eco De Tu Nombre

El Eco De Tu Nombre

Status: Terminada
Genre:Sci-Fi / Romance / BL / Completas
Popularitas:1k
Nilai: 5
nombre de autor: jaritzy mendoza

Despertó sin recuerdos, pero con un nombre guardado en el corazón

En el año 2149, las personas pueden vender sus recuerdos para pagar deudas o cambiar su pasado. Kael, un joven de 22 años, despierta sin recordar los últimos tres años de su vida, salvo un nombre que no logra sacar de su cabeza: "Eiden".
Cuando descubre que él mismo vendió esos recuerdos, inicia una búsqueda para saber qué ocurrió. En el camino conoce a Eiden, el jefe de una organización clandestina que trafica recuerdos humanos.
Lo extraño es que Eiden parece odiarlo... pero al mismo tiempo es incapaz de dejarlo ir.
Mientras ambos descubren la verdad, salen a la luz secretos sobre un proyecto ilegal capaz de modificar emociones y crear recuerdos falsos. Lo que ninguno esperaba era descubrir que, antes de perder la memoria, habían hecho una promesa imposible de romper.
"Aunque olvides mi rostro... volverás a elegirme."

NovelToon tiene autorización de jaritzy mendoza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2: El hombre que no debía recordar

La ciudad nunca dormía.

En el año 2149, las luces artificiales habían reemplazado a las estrellas. Los enormes edificios atravesaban las nubes y miles de pantallas holográficas flotaban entre las calles anunciando productos, noticias y nuevas tecnologías.

Pero para Kael Orion, todo aquello parecía pertenecer a un mundo al que nunca había conocido.

Desde la ventana de la habitación del hospital observaba la ciudad en silencio.

Personas caminando. Vehículos flotando entre los edificios. Drones patrullando el cielo.

Todo era extraño.

Todo parecía nuevo.

Y aun así, una parte de él sentía que ya había visto ese lugar antes.

—¿Por qué siento que estoy buscando algo que ya perdí? —susurró.

Desde que había despertado, esa pregunta no dejaba de perseguirlo.

El doctor había explicado que la pérdida de memoria podía provocar confusión, ansiedad e incluso una sensación de desconexión con la propia identidad.

Pero lo que sentía Kael era diferente.

No era solamente olvidar nombres o momentos.

Era como si alguien hubiera tomado una parte de su vida y la hubiera arrancado cuidadosamente, dejando solo pequeños fragmentos imposibles de entender.

Tres días.

Ese era todo lo que tenía.

Tres días desde que había aparecido inconsciente en un callejón del Distrito Trece.

Sin familia. Sin registros recientes. Sin pasado.

El médico había intentado tranquilizarlo, pero Kael podía notar algo.

Todos ocultaban información.

Y eso lo inquietaba más que la pérdida de memoria.

La puerta de la habitación se abrió.

Una mujer con uniforme médico entró sosteniendo una tableta digital.

—Kael Orion, tenemos nuevos resultados de tus análisis.

Él se giró hacia ella.

—¿Encontraron algo?

La mujer dudó antes de responder.

Ese pequeño gesto no pasó desapercibido para Kael.

—Tus datos personales son extraños.

Frunció el ceño.

—¿Extraños cómo?

Ella deslizó la pantalla y mostró varios archivos.

—Tu identificación existe, pero hay partes eliminadas.

Kael observó los datos.

Su nombre. Su edad. Su fecha de nacimiento.

Todo parecía correcto.

Excepto por un detalle.

—Aquí dice que estuve registrado como fallecido.

La mujer guardó silencio.

Kael sintió que su corazón se detenía por un instante.

—¿Fallecido?

Ella asintió lentamente.

—Hace tres años.

El silencio llenó la habitación.

Kael miró nuevamente la pantalla.

Su propio nombre aparecía acompañado de una fecha de muerte.

Pero él estaba vivo.

—Entonces... ¿quién soy realmente?

La enfermera no respondió.

Porque ninguno de ellos tenía esa respuesta.

En una sala oscura ubicada en una zona restringida de la ciudad, Eiden Voss observaba las mismas imágenes que había visto durante horas.

Kael despertando.

Kael caminando.

Kael mirando su reflejo sin reconocerlo.

Cada movimiento era una herida.

—Tres años... —murmuró.

Sus dedos se cerraron lentamente.

Tres años desde la última vez que había escuchado su voz.

Tres años desde aquella noche bajo la lluvia.

Tres años desde que tuvo que tomar la decisión más cruel de su vida.

La puerta detrás de él se abrió.

Un hombre joven entró con expresión seria.

—Señor Voss.

Eiden no apartó la mirada de la pantalla.

—Habla.

—El extractor de recuerdos funcionó. Pero hay algo inesperado.

Eiden finalmente se giró.

—¿Qué ocurrió?

El hombre colocó varios archivos holográficos frente a él.

—La memoria de Kael no fue completamente eliminada.

Los ojos azules de Eiden cambiaron ligeramente.

—Explícate.

—Alguien bloqueó los recuerdos. No los destruyó.

Un silencio pesado cayó sobre la habitación.

Eso significaba que Kael todavía podía recuperar todo.

Incluyendo la verdad.

—¿Quién más sabe esto? —preguntó Eiden.

—Nadie.

Eiden observó nuevamente la imagen de Kael.

Por primera vez en tres años, una pequeña esperanza apareció en su mirada.

Pero desapareció rápidamente.

Porque también sabía el peligro.

Si Kael recuperaba sus recuerdos demasiado pronto...

Podría morir.

Esa misma noche, Kael no pudo dormir.

Había algo dentro de él que no lo dejaba descansar.

Una sensación.

Una presencia.

Como si alguien estuviera esperando que recordara.

Se levantó de la cama y caminó hacia la pequeña mesa donde habían dejado sus pertenencias.

Una identificación antigua. Un reloj detenido. Y una fotografía dañada.

Kael tomó la fotografía.

Estaba rota por la mitad.

Solo aparecía él.

Y una parte de otra persona a su lado.

Alguien con cabello blanco.

Su respiración se detuvo.

Una imagen apareció en su mente.

Una sonrisa.

Unos ojos azules mirándolo con tristeza.

"Kael..."

El dolor atravesó su cabeza.

Soltó la fotografía y cayó de rodillas.

—¿Quién eres...?

La respuesta llegó como un susurro perdido en su memoria.

"Eiden."

Kael abrió los ojos.

Ese nombre.

Por alguna razón...

Ese nombre dolía.

En ese momento, todas las luces del hospital se apagaron.

La alarma comenzó a sonar.

Bip.

Bip.

Bip.

La puerta de su habitación se abrió lentamente.

Pero no era un médico.

Era un hombre de cabello blanco y ojos azules.

Kael lo miró confundido.

El extraño permaneció inmóvil al verlo.

Como si estuviera frente a un fantasma.

Como si hubiera esperado ese momento durante años.

—Kael...

Su voz tembló ligeramente.

El corazón de Kael comenzó a latir con fuerza.

No sabía quién era ese hombre.

No sabía por qué su presencia le provocaba dolor.

Pero una parte de él...

Una parte que su mente había olvidado...

parecía reconocerlo.

Eiden dio un paso hacia él.

Pero se detuvo.

Porque por primera vez en tres años tuvo miedo.

Miedo de que Kael lo mirara como a un desconocido.

Y eso fue exactamente lo que ocurrió.

—¿Quién eres?

La pregunta atravesó a Eiden más que cualquier herida.

Después de tanto tiempo...

Kael finalmente estaba frente a él.

Pero ya no era suyo.

Continuará...

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