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El Volumen Del Silencio

El Volumen Del Silencio

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Autosuperación / Completas
Popularitas:664
Nilai: 5
nombre de autor: Skay P.

✅️🦋Bruno Koch es un brillante sonidista que trabaja en las sombras del backstage, atrapado en un doloroso dilema: lleva años enamorado en secreto de Nash Wright, un exitoso cantante pop. Bruno ha sido el testigo silencioso de cómo una relación destructiva y los excesos arrastran a Nash hacia el abismo, ocultando sus sentimientos. Tras un colapso público en el escenario, Nash toca fondo y es diagnosticado con trastorno afectivo bipolar. Junto a Harper, una ruda y leal compañera técnica, Bruno se convierte en la red de seguridad de Nash mientras este inicia su camino hacia la rehabilitación.🦋✅️

NovelToon tiene autorización de Skay P. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Ayúdenme

El departamento de Nash se había transformado en un búnker de sombras. Tras el desastre del estadio, el cantante se había atrincherado en su penthouse, cortando el teléfono y negándose a abrirle la puerta a los abogados de la discográfica, que enviaban cartas de demanda todos los días. Las persianas bajas bloqueaban por completo la luz del sol del mediodía. Lo único que iluminaba la sala de estar era el reflejo azulado y parpadeante del televisor encendido con el volumen en silencio, donde los canales de noticias de la tarde repetían, una y otra vez, el video de su colapso en el escenario.

Nash estaba sentado en el centro del gran sillón de cuero. Tenía el cabello rubio ceniza apelmazado y vestía un buzo gris viejo cubierto de manchas. Su mirada estaba completamente vacía, fija en la pantalla donde se leía el titular: "¿El fin de una estrella? Nash Wright y su caída en la locura". En la mesa de vidrio frente a él, descansaba una botella de whisky vacía y varios blísteres de pastillas desparramados como restos de una batalla perdida. Su cuerpo experimentaba los primeros síntomas de la abstinencia: un temblor constante en las manos y escalofríos que lo obligaban a abrazarse a sí mismo.

De repente, el sonido del cerrojo de la puerta principal rompió el silencio fúnebre del departamento. Nash no se movió. Sabía perfectamente quiénes eran los únicos que conservaban una copia de su llave.

Bruno Koch entró primero, cargando una mochila al hombro. Detrás de él venía Harper Burke, con su habitual gorra hacia atrás, los brazos cruzados y una expresión de absoluta determinación en el rostro. Ninguno de los dos traía equipos de audio esta vez. No venían a trabajar.

Bruno caminó directo hacia las ventanas y, con un movimiento firme, abrió las cortinas pesadas de par en par. La luz brillante del sol del mediodía inundó la sala, obligando a Nash a cubrirse los ojos con el brazo, emitiendo un quejido de molestia.

—¡Cierra eso! ¡Cierra las malditas cortinas! —bramó Nash con una voz ronca y pastosa, irritado por la claridad que desnudaba la suciedad del lugar.

—No vamos a cerrar nada. Se acabó el encierro —sentenció Bruno, dándose la vuelta para mirarlo de frente. Sus ojos, habitualmente pacíficos, reflejaban una seriedad inquebrantable.

Harper avanzó hacia la mesa de vidrio. Con un gesto rápido, agarró la botella vacía y las cajas de medicamentos y las arrojó dentro de una bolsa de residuos que traía consigo. El ruido del vidrio chocando contra el plástico resonó con fuerza en las paredes vacías.

—¿Qué carajo hacen en mi casa? ¡Váyanse! ¡Déjenme en paz! —gritó Nash, intentando ponerse de pie, pero sus piernas flacas y debilitadas le fallaron, obligándolo a dejarse caer otra vez en el sillón.

—No nos vamos a ir —dijo Harper, plantándose frente a él con las manos en los bolsillos de sus pantalones cargo—. Puedes gritarnos todo lo que quieras, puedes mandarnos a la mierda si te hace sentir mejor, pero hoy no nos movemos de aquí hasta que nos escuches. Tu discográfica te soltó la mano, tus abogados están viendo cómo salvarse ellos solos y tú estás aquí sentado esperando que el cuerpo te aguante otra dosis. Esto se termina hoy.

Nash soltó una risa seca, amarga, y desvió la mirada hacia el suelo de madera.

—¿A qué vinieron entonces? ¿A darme un discurso sobre la vida? ¿A decirme que todo va a estar bien? Miren la televisión, idiotas. Mi carrera está muerta. Grace me odia. No tengo nada por qué salir de este sillón —escupió el cantante, con los dientes apretados para ocultar el temblor de su mandíbula.

Bruno sintió que la punzada habitual de dolor le atravesaba el pecho al escuchar el nombre de Grace, pero esta vez no dejó que la lástima lo debilitara. Sabía que si cedía ahora, Nash no pasaría de esa semana. Se acercó lentamente y se arrodilló frente a él, quedando a la misma altura de sus ojos, exactamente como lo había hecho en el baño la noche del rescate.

—A nosotros no nos importa tu carrera musical —dijo Bruno con una voz suave pero cargada de una intensidad que hizo que el cantante lo mirara—. No estamos aquí por el artista que llena estadios. Estamos aquí por ti. Por el chico que conozco desde los diecinueve años. El que compartía un paquete de galletas conmigo en el asiento trasero de mi auto destartalado. Ese hombre se está muriendo en este sillón y no voy a permitir que suceda.

—¡Es mi vida! ¡Si quiero destruirme, es mi maldito problema! —exclamó Nash, con lágrimas de pura frustración y rabia empezando a brotar de sus ojos rojos.

—¡No, no es solo tu problema! —intervino Harper, y por primera vez, su voz ruda se quebró un poco, mostrando la profunda angustia que llevaba guardada—. ¿Tienes idea de lo que fue para nosotros sacarte de esa bañera congelada? ¿Tienes idea de lo que sintió Bruno al pensar que tu corazón ya no latía? Nos rompiste el alma, Nash. Nos duele verte así porque te amamos, maldita sea. Eres nuestro amigo, nuestro hermano. No eres un producto. No te vamos a dejar morir solo para complacer tu orgullo herido.

Las palabras de Harper cayeron como bloques de piedra en la habitación. Nash se quedó completamente mudo. Miró a Harper y luego regresó la vista hacia Bruno. Vio que los ojos del sonidista estaban empañados, fijos en él con una mezcla de desesperación y un amor tan puro que resultaba abrumador. La coraza de arrogancia y furia de Nash empezó a agrietarse ante la verdad brutal de sus únicos amigos.

Bruno estiró la mano y, con delicadeza, tomó los dedos temblorosos de Nash entre las suyas. Estaban fríos, húmedos por el sudor de la abstinencia.

—Tienes un problema grave con las adicciones —le dijo Bruno, hablándole con una honestidad desprovista de juzgamiento—. No puedes controlar lo que tomas, ni puedes controlar la tristeza que tienes adentro. Ya no puedes solo. Necesitas ayuda profesional. Necesitas internarte en una clínica donde te limpien el cuerpo y te ayuden a sanar la mente.

Al escuchar la palabra "internarte", el pánico regresó a los ojos de Nash. Intentó soltarse del agarre de Bruno, pero el sonidista sostuvo sus manos con firmeza, transmitiéndole toda la seguridad que le quedaba.

—No... a una clínica no —suplicó Nash, y su voz ya no tenía rastro de furia; ahora sonaba como la de un niño asustado—. Si entro ahí, los periodistas se van a enterar. Van a decir que estoy loco. Se van a burlar de mí. Grace va a ver que de verdad soy el monstruo inestable que ella decía.

—¿Y qué importa lo que diga el resto del mundo? —le cuestionó Harper, sentándose en el borde de la mesa de vidrio, más cerca de él—. Que digan lo que quieran. La prensa se olvidará de esto en un mes, pero si te quedas aquí, vas a terminar en un ataúd. ¿Eso es lo que quieres que Grace vea? ¿Quieres darle la razón destruyéndote?

Nash negó con la cabeza, cubriéndose el rostro con las manos unidas. El temblor de su cuerpo se intensificó y comenzó a llorar de una manera silenciosa, desgarradora. Las defensas químicas que lo mantenían anestesiado se habían evaporado por completo, dejándolo frente a la cruda realidad de su propia ruina.

Bruno se estiró un poco más y lo rodeó con sus brazos. Lo estrechó contra su pecho con una fuerza contenedora, fraternal para el mundo, pero que para Bruno representaba el sostén de su propia existencia. Nash no se resistió; apoyó la frente en el hombro de Bruno, aferrándose a su campera de jean con los dedos entumecidos, buscando desesperadamente un cable a tierra en medio de la tormenta mental que lo estaba devorando.

—Tengo miedo, Bruno... tengo mucho miedo —confesó Nash entre sollozos, con el cuerpo sacudido por los escalofríos—. Siento que si dejo de tomar esas porquerías, me voy a desaparecer. Ya no sé quién soy sin la música, ni quién soy sin ella. Siento que mi cabeza va a estallar.

—No te vas a desaparecer, amigo —le susurró Bruno al oído, tragándose las lágrimas y acariciándole la espalda con ternura—. Aquí estamos nosotros para recordarte quién eres. Harper y yo vamos a estar en cada paso del camino. No te vamos a soltar la mano ni un solo segundo. Pero tienes que dar el primer paso. Tienes que aceptar la ayuda.

Harper se acercó y colocó su mano firme sobre los hombros de ambos, sellando un pacto silencioso de lealtad absoluta. El silencio que se instaló en el living ya no era el silencio denso de la muerte, sino el de una tregua necesaria.

Tras varios minutos de llanto, Nash se apartó lentamente. Se limpió las lágrimas con la manga del buzo arrugado y miró a sus dos rescatistas. Su rostro demacrado mostraba una rendición absoluta, pero también un destello sutil, casi imperceptible, de alivio. El peso de sostener la mentira del "estoy bien" finalmente se había caído de sus hombros.

—Está bien... —susurró Nash, con la voz apenas audible—. Voy a ir. Hagan lo que tengan que hacer. Ayúdenme, por favor.

Bruno sintió que un aire nuevo entraba por fin a sus propios pulmones. Miró a Harper, quien asintió con la cabeza antes de sacar su teléfono para comunicarse con el centro de rehabilitación especializado que ya habían investigado previamente.

Mientras Harper coordinaba el ingreso médico para esa misma tarde, Bruno ayudó a Nash a levantarse para guiarlo hacia el baño para que se diera una ducha tibia y se cambiara de ropa. Al ver caminar a su amigo con paso débil pero decidido hacia la habitación, Bruno supo que la producción para reconstruir la vida de Nash acababa de comenzar. Sentía el corazón adolorido por ver la fragilidad de su amor secreto, pero por primera vez en meses, no sentía impotencia; sentía que el fondo del pozo había quedado atrás y que, peldaño a peldaño, iban a salir de allí juntos.

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Andrea Gonzalez
parece una muy buena historia!😍😍😍
Skay P.: ¡Claro que sí, bebé! Revisa este perfil para más historias interesantes ✨️🙌😘
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☆Nanu☆
no se va a rendir tan fácilmente esa arpía. seguro vuelve!!! Será que habrá amor más que de hermanos entre Bruno y Nash ?🫨
Skay P.: Uuuuh😶‍🌫️ eso lo sabrás muy pronto 😘
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☆Nanu☆
la balanza se equilibra 💪
Skay P.: Sipi😘
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☆Nanu☆
creciendo a la distancia 🥹
Skay P.: Si bebé 🧚😘
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☆Nanu☆
es lindo ser visto después de olvidarse de un mismo💜💜
Skay P.: Asombroso 🤩
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☆Nanu☆
desgarradora esta historia, porque ambos personajes sufren, caen , se levantan y se recrean ...unilateral, crudo, íntimamente sufrido.🥹😔💪👏
☆Nanu☆: y vaya que sueltan!!! espero se aferren con el mismo ímpetu 🥹💜
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☆Nanu☆
momentos decisivos 😬. Habrá manera ...??
Skay P.: Uuuh amor, en unas horas se sube dos capítulos; hoy toca hacer turno y no alcanzan las horas 😵‍💫🌟
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☆Nanu☆
durisimo!!!!
☆Nanu☆
de a poco cicatrizan las heridas... sutil y constante, me gusta 🥰
Skay P.: Claro que sí, bebé 🧡
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☆Nanu☆
wow... cuanto dolor... 😔
☆Nanu☆: totalmente !! como las olas, te tragan y luego te devuelven a la orilla con ímpetu. espero Bruno tenga una oportunidad de ser visto y Nash se de una oportunidad para ver realmente!!!
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☆Nanu☆
si, Bruno salvalo!!!💪🥰.
caer y tocar fondo también te muestra que podes levantarte (siempre y cuando quieras, aunque sea en un rincón de tu corazón) y después los que te apoyan y acompañas son vitales!!!
Skay P.: Claro que sí, amor🫰😘
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☆Nanu☆
santa catalina!!! a cuantos realmente les pasará lo que a Nash? ... cuanto sufrimiento...
Skay P.: Es la realidad de muchos artistas. Y esta historia en especial, es por lo que sucede con DPR Ian.
Lo amamos, pero sobretodo, queremos verlo en paz...🌠🫣
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☆Nanu☆
wow, cuanto dolor ... espero las cosas mejoren, aunque de que va a ser leeeento 🤓👉👈
sería mucho pedir más capítulos?? 😅 🥰
Skay P.: No es mucho pedir, amor. Subiremos dos capítulos en un instante 🫣😘🫰
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☆Nanu☆
Viene bárbara y estoy en el tercer capitulo recién!!! 💜👏💐
Diferente, pero completamente realista y repleta de amor!!
☆Nanu☆
noooo, se fue todo a la bosta.... /Panic//Gosh/
☆Nanu☆: 😅 jajajaja, es el poroto del guiso???
me encantan todas sus historias!!! les sigo leyendo💪🥰
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