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Las Veredas Del Alma

Las Veredas Del Alma

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance / Amor eterno
Popularitas:166
Nilai: 5
nombre de autor: marig

Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.

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Capítulo 12: La sombra en el aula

Después de la Fiesta de la Otoñada, las cosas en 1° "A" parecieron encauzarse en una calma aparente, una especie de tregua silenciosa que trajo un respiro al aula. Bruno y Camila ya no tenían que ocultar que se llevaban bien, ni andar midiendo cada mirada o cada palabra por miedo a los comentarios del resto. Caminaban juntos por los pasillos con una complicidad que crecía día a día. Por su parte, Milena adoptó un perfil sumiso y ultra compañero, un cambio tan rotundo que descolocó a más de uno, pero que terminó por mimetizarse con la rutina escolar. Se sentaba con ellos en los recreos compartiendo el banco largo, les cebaba mates dulces para matizar las horas libres y se desvivía por ayudar a Camila en las tareas de la delegación estudiantil, cargando afiches y fotocopias sin que nadie se lo pidiera. Cada vez que podía, repetía a cada rato, con los ojos brillosos y la voz suave, lo infinitamente agradecida que estaba por la "segunda oportunidad" que le habían dado después de tantos roces.

Camila, con su carisma natural y ese corazón enorme que siempre tendía a justificar a todo el mundo, se tragó el anzuelo por completo. Sentía un orgullo íntimo, casi maternal; sentía que, gracias a su paciencia, había salvado a su amiga de la infancia de quedarse sola y resentida. Bruno, aunque era mucho más desconfiado por naturaleza y tenía un instinto más afilado para detectar las falsedades, no quería armar bardo donde ya había paz. Estaba cansado de las discusiones y, sobre todo, no quería contradecir a Camila ni opacar la felicidad que ella sentía, así que dejó pasar las cosas, convenciéndose de que quizás la gente de verdad podía cambiar.

Sin embargo, detrás de esa mirada mansa, servicial y casi invisible, Milena estaba más activa y peligrosa que nunca. La procesión de su odio iba por dentro, intacta y más concentrada. Cada tarde, al regresar del colegio, se encerraba en su casa. En la profunda oscuridad de su habitación, que tenía una ventana alta con vista directa hacia la inmensidad gris de las bardas, guardaba bajo llave un cuaderno de tapas duras. Allí, con una caligrafía pulcra y meticulosa, anotaba cada movimiento, cada horario, cada debilidad y cada interacción de la pareja. Una noche, con la luz de una pequeña lámpara veladora, escribió con el pulso firme:

"Se creen que ganaron porque los abracé llorando en el patio. Pobres idiotas, son tan predecibles. Camila se cree la salvadora del mundo, la santa patrona de las causas perdidas; esa superioridad moral me da asco. Thiago le sigue arrastrando el ala sutilmente en las reuniones de delegados, la busca con cualquier excusa de las actas estudiantiles y ella, tan ingenua, ni se da cuenta del juego. Bruno es un bruto que solo sabe mirar con cara de perro y marcar territorio, pero no tiene cerebro para competir. Tengo que encontrar la forma de que Bruno vea a Camila con Thiago en una situación comprometedora, donde las lágrimas y las explicaciones de Camila no le sirvan para defenderse. El orgullo de Bruno va a hacer el resto del trabajo por mí."

El invierno entró con todo en Neuquén a mediados de junio, trayendo esas heladas feroces que congelaban las calles de tierra del barrio, transformando los charcos en espejos de escarcha dura y obligando a los chicos a encerrarse en el aula, pegados al radiador ruidoso que apenas entibiaba el ambiente. Las ventanas del Comercial se llenaban de vapor y el olor a camperas húmedas y café de buffet inundaba los pasillos. Con el frío implacable, llegaron también las semanas de mesas de examen y las entregas de las notas del primer trimestre, un período de nervios donde las risas habituales del curso disminuyeron notablemente.

Un viernes por la tarde, justo en la última hora, el profesor de Matemática entregó las evaluaciones trimestrales. El aula era un murmullo de quejas y festejos contenidos. Camila, como siempre, sacó una nota excelente, un nueve dibujado con tinta azul que reflejaba sus horas de estudio ordenado. Pero cuando el profesor nombró a Bruno, el ambiente pareció densificarse. El chico del fondo se levantó lentamente, arrastrando las zapatillas, y caminó hacia el escritorio con la cabeza gacha, evitando la mirada de sus compañeros. Tenía un dos en rojo brillante en la parte superior de la hoja. Se había llevado la materia directamente a diciembre, un golpe durísimo para su orgullo que lo dejó mudo el resto de la clase.

Apenas tocó el timbre de salida y el aula se convirtió en un caos de mochilas y abrigos, Camila se acercó a su banco, genuinamente preocupada por la expresión sombría de su novio.

—Ey, Brunito... no te bajonees por esto —le dijo en voz baja, buscando sus ojos—. El trimestre recién empieza y hay tiempo de recuperarlo. Si querés, en las vacaciones de invierno nos juntamos todas las tardes en casa y yo te ayudo a repasar los teoremas desde cero. Matemática la sacamos adelante juntos, cabeza de termo. ¿Dale? No te voy a dejar solo en esta.

Bruno la miró y un alivio tremendo, casi infantil, ablandó la dureza de sus ojos oscuros. Le estiró la mano por debajo del banco, apretándole los dedos con fuerza, sintiendo que ella era su único cable a tierra en medio de la frustración.

—Gracias, Cami. De verdad, sos de fierro —murmuró con la voz un poco tomada.

Milena, que estaba guardando la cartuchera dos bancos más adelante con movimientos deliberadamente lentos, escuchó cada palabra de la propuesta. Su cerebro, entrenado en la malicia, procesó la información a la velocidad de la luz, conectando cabos y armando una estructura nueva. Clases particulares diarias, ellos dos solos, encerrados durante las vacaciones de invierno, con un Bruno frustrado, de mal humor y presionado por el peso del estudio, y una Camila sobrecargada. El escenario era perfecto para sembrar la discordia.

"Es perfecto", pensó Milena para sus adentros, sintiendo una corriente de adrenalina pura y helada recorrerle el cuerpo desde la nuca hasta los pies. Era la oportunidad que había estado esperando durante meses. Se dio la vuelta despacio, acomodándose el pelo tras la oreja, dibujó en su rostro su mejor sonrisa de amiga buena y se acercó al banco de Bruno con paso liviano.

—Che, de verdad, Brunito, si querés yo te paso mis carpetas del año pasado que tienen todos los mismos ejercicios resueltos paso a paso por temas —ofreció con una voz extremadamente dulce, casi angelical—. Sé que el profesor repite los mismos modelos de examen, así que te va a venir bárbaro para practicar los casos de factoreo. Quiero ayudarlos en lo que pueda, en serio, guarden las carpetas y usen las mías.

—Dale, Mile, de una, nos re sirve para ganar tiempo —aceptó Camila, entusiasmada por el gesto y dándole una palmada afectuosa en el brazo, reafirmando su teoría de que Milena era ahora una aliada incondicional. Bruno solo asintió con la cabeza, agradecido a medias, enfocado en su propio dilema.

Milena los saludó con un ademán ligero, se colgó la mochila y salió caminando sola por la vereda del Comercial. El viento helado que bajaba de la barda soplaba con violencia en la esquina, levantando polvo y dándole de lleno en la cara, pero ella ni lo sentía; tenía el cuerpo completamente caliente por la emoción del triunfo anticipado. El plan para sacar a Camila del medio finalmente tenía un escenario ideal, una trampa perfecta que se armaría en el living de los apuntes, y esta vez no iba a fallar porque iba a atacar desde adentro, usando la misma confianza ciega que ellos, en su infinita estupidez, le habían devuelto.

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