⚠️🔞🔥La historia sigue a Tae-jun y Min-hyuk, los dos máximos herederos de las corporaciones tecnológicas más grandes del país, quienes están atrapados en una feroz disputa comercial por el control del mercado. Sin embargo, al encontrarse frente a frente, la rivalidad profesional se deforma de inmediato bajo el peso de una atracción animal asfixiante. Desafiando las leyes tradicionales del sistema, donde los Alfas dominantes deben buscar compañeros sumisos, estos dos predadores deciden romper las reglas de su sociedad para entregarse en secreto a un adictivo juego de poder y versatilidad dentro de un refugio clandestino. Entre marcas prohibidas, espionaje familiar y sacrificios corporativos, ambos deberán unirse para defender su nido de las bajas pasiones que intentan destruirlos.🔥🔞⚠️
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Celos
Las semanas transcurrieron como un desfile de días grises y noches clandestinas. En la superficie, la Torre Kim y el Grupo Min seguían avanzando con firmeza hacia la fusión comercial más grande del año. Las juntas de negocios continuaban siendo un espectáculo de profesionalismo frío; Tae-jun y Min-hyuk se sentaban uno frente al otro, discutiendo contratos, presupuestos y estrategias con una seriedad implacable. Nadie en las oficinas sospechaba que, debajo de las mesas, los roces involuntarios de sus zapatos y el intercambio de feromonas discretas seguían siendo el único motor que los mantenía cuerdos.
Durante varios fines de semana más, el departamento funcionó como un nido perfecto. Los encuentros se volvieron más exigentes, más íntimos y adictivos. Aprendieron a turnarse el control con una fluidez que enloquecía sus instintos. Un sábado por la noche, Tae-jun tomaba al Alfa robusto sobre el sillón de cuero con una posesividad salvaje; al fin de semana siguiente, Min-hyuk lo acorralaba contra los ventanales de cristal para penetrarlo con una fuerza destructiva que borraba cualquier rastro cordura. Las vendas en las muñecas de Tae-jun y las marcas en el cuello de Min-hyuk, se convirtieron en un secreto habitual, heridas de guerra que ocultaban celosamente bajo sus camisas de mangas largas.
Sin embargo, fuera de su burbuja de sábanas oscuras, la trampa se cerraba despacio.
Jun-seo, el hermano menor de Min-hyuk, no era un tonto. Sabía que tres fotografías borrosas tomadas bajo la lluvia en un estacionamiento subterráneo no eran suficientes para destruir a un Alfa dominante del calibre de su hermano. Los abogados de la empresa o el mismísimo consejo de administración podrían inventar cualquier excusa para justificar una reunión secreta entre los herederos en un departamento privado. Jun-seo necesitaba algo concreto: una prueba irrefutable, una imagen clara de sus rostros, un video de sus cuerpos entrelazados o un registro de audio donde se escuchara hasta la entrega de sus feromonas.
Para lograrlo, Jun-seo ordenó a su guardaespaldas Chang que cambiara la estrategia. Ya no lo seguirían en auto; en su lugar, Chang logró sobornar a uno de los técnicos de mantenimiento del edificio residencial. Aprovechando una tarde en la que el departamento estaba vacío, el técnico ingresó con la excusa de revisar las tuberías del aire acondicionado e instaló dos micrófonos ocultos de alta sensibilidad: uno detrás del espejo del baño principal y otro debajo de la estructura de la cama. Jun-seo se sentó en su oficina durante días, escuchando el silencio del departamento a través de una aplicación en su teléfono, esperando pacientemente el próximo fin de semana para capturar el sonido de la deshonra de su hermano.
El golpe destructivo al refugio de los amantes llegó un jueves por la mañana en la Torre Kim.
Tae-jun acababa de terminar una llamada con sus directores cuando la puerta de su oficina se abrió sin previo aviso. Su padre, Kim Sung-won, el implacable presidente del clan Kim, entró al lugar. Sung-won era un Alfa de la vieja escuela, un hombre de cabello canoso, mirada fría y un aroma a ceniza de cigarro tan amargo que siempre dejaba un rastro de incomodidad a su paso.
—Tae-jun, deja lo que estás haciendo —ordenó Sung-won con una voz autoritaria. Se detuvo frente al escritorio, apoyando sus manos pesadas sobre la madera—. He cerrado el trato con la familia Lee.
Tae-jun sintió que un frío conocido le recorría la columna vertebral, pero mantuvo su rostro de rey intocable, entrelazando sus dedos largos sobre la mesa.
—¿De qué trato hablas, padre?
—No te hagas el desentendido. Hablo de tu futuro —siseó Sung-won, clavando sus ojos grises en su hijo—. Este sábado por la noche se llevará a cabo una cena formal en nuestra residencia principal. Ahí conocerás formalmente a tu futuro Omega, el joven Lee Jihyun. Es el heredero menor de la cadena de distribución más grande del país. Su linaje es perfecto, su aroma a lirios es sumamente puro y su sumisión está garantizada. El compromiso se firmará esa misma noche y la boda se celebrará antes de que termine el invierno.
La mención del nombre de ese Omega desconocido encendió una chispa de rabia pura y salvaje en los ojos felinos de Tae-jun. El tabaco dulce de sus feromonas se volvió denso, amargo y agresivo, golpeando las paredes de la oficina. Sus manos se cerraron en puños bajo el escritorio, las uñas clavándose en las palmas con tanta fuerza que casi brotó sangre. Pensar en tener que sentarse a la mesa con un Omega extraño, sonreír por compromiso y, peor aún, dejar que el mundo pensara que pertenecería a alguien que no fuera Min-hyuk, le revolvía el estómago de una forma insoportable.
—No voy a asistir a esa cena, padre —dijo Tae-jun con una voz sibilante, cargada de un veneno que hizo que el aire de la habitación se volviera pesado—. Ya te he dicho que no me interesan los matrimonios arreglados. No necesito un Omega para manejar esta empresa.
Sung-won soltó una risa seca, un sonido rudo que denotaba desprecio. Se inclinó hacia adelante, invadiendo el espacio de su hijo.
—No te estoy pidiendo permiso, Tae-jun. Eres un Alfa de la Torre Kim y tu única obligación con este apellido es perpetuar el linaje con un Omega de alta alcurnia. No me importa lo que quieras o lo que te interese. El sábado a las ocho de la noche estarás sentado en ese comedor, vestido con tu mejor traje, y vas a recibir a Jihyun como tu prometido. Si te atreves a faltar o a humillar a la familia Lee, te quitaré la presidencia de la fusión y te enviaré a una sucursal en el extranjero antes del amanecer. ¿Quedó claro?
Sung-won se dio la vuelta y salió de la oficina, azotando la puerta a su paso.
Tae-jun se quedó solo, temblando de rabia. Con un movimiento brusco de su brazo, arrojó la carpeta y el vaso de cristal que estaban sobre su escritorio, haciéndolos añicos contra la pared. El olor a cereza negra quemada inundó la habitación. Estaba furioso, asfixiado por las cadenas de su propia casta. En lo único que podía pensar en ese momento, en lo único que su cuerpo y su mente gritaban por tener, era a su amante. Necesitaba el aroma a tormenta de Min-hyuk para apagar el fuego de su ira.
El viernes por la tarde, la noticia del compromiso oficial de la Torre Kim comenzó a filtrarse entre los altos ejecutivos del Grupo Min como un chisme de pasillo. Min-hyuk estaba en su oficina revisando los últimos detalles cuando su hermano Jun-seo entró al lugar con una sonrisa de suficiencia que encendió todas sus alarmas.
—Vaya, hermano, parece que tu gran rival comercial finalmente sentará cabeza —soltó Jun-seo, sentándose en el sillón de piel frente al escritorio de Min-hyuk—. Me acaban de confirmar que este sábado el viejo Kim Sung-won presentará formalmente al Omega Lee Jihyun como el prometido de Tae-jun. Dicen que el trato está cerrado y que la boda es inminente. Qué desperdicio de Alfa, ¿no crees? Casarse con un Omega tan joven solo por negocios.
Min-hyuk sintió que el corazón le daba un salto violento en el pecho. Sus ojos oscuros se clavaron en su hermano menor, fijos y peligrosos. El aroma a cedro amargo de sus feromonas estalló en la oficina de manera instintiva, volviéndose tan denso y territorial que Jun-seo tuvo que enderezar la espalda, intimidado por la repentina agresividad de su hermano mayor.
—No me interesan la vida privada de los Kim, Jun-seo —respondió Min-hyuk con una voz tosca, que apenas lograba disimular los celos salvajes que le estaban destrozando las entrañas—. Sal de mi oficina. Tengo trabajo que terminar.
—Solo pensé que te interesaría saber que el rey de la Torre Kim pronto tendrá dueño —burló Jun-seo antes de levantarse y salir, tocando discretamente el teléfono en su bolsillo donde la aplicación de grabación ya estaba lista.
Cuando se quedó solo, Min-hyuk se levantó de su silla y caminó hacia el ventanal, apretando la mandíbula con una fuerza que le hizo doler los dientes. Los celos territoriales de un Alfa dominante eran una enfermedad destructiva. Pensar en Tae-jun, en su cuerpo estilizado, en sus labios carnosos y en ese aroma adictivo a cereza negra siendo tocado por un Omega sumiso llamado Jihyun, lo estaba volviendo loco de remate. Quería romper el escritorio a golpes. Quería ir a la Torre Kim, tomar a Tae-jun por el cuello delante de su padre y reclamarlo ante todos para que nadie se atreviera a ponerle una mano encima.
Intentó disimular su agitación respirando despacio, pero el olor a ozono de su propia tormenta eléctrica delataba su desesperación. Agarró su teléfono celular con fuerza, con los dedos temblando por la furia, y vio que tenía un mensaje nuevo.
Era de Tae-jun.
"El sábado a las diez de la noche. En el departamento. No me importa lo que pase afuera, Alfa. Necesito verte. No me faltes."
Min-hyuk leyó el mensaje y una mezcla de alivio caliente y posesividad asfixiante le recorrió las venas. Sabía que la cena de Tae-jun con el Omega era a las ocho; el hecho de que Tae-jun estuviera citándolo a las diez significaba que planeaba escapar de su propia familia solo para ir a refugiarse en sus brazos.
Min-hyuk tecleó la respuesta de inmediato, con una promesa tan candente como los días anteriores.
"Allí estaré, pantera. Escápate de esa cena familiar. Si ese Omega intenta acercarse a tu cuello, juro que le arranco las manos. El sábado voy a borrar el olor de cualquiera que te haya mirado."
El pacto para el sábado estaba sellado una vez más en la oscuridad. Ninguno de los dos Alfas dominantes estaba dispuesto a ceder ante el destino impuesto por sus familias. Estaban listos para romper las reglas, para huir de los Omegas y de los contratos matrimoniales con tal de devorarse una noche más sobre las sábanas de su nido privado. Sin embargo, mientras preparaban sus escapes en secreto, los micrófonos ocultos en el departamento encendidos, listos para registrar cada gemido, cada palabra de amor prohibido y cada ráfaga de sus feromonas en la noche que cambiaría sus vidas para siempre.
respecto a la nueva novela, espero novedades de sonde leerla pronto, apoyo toda su escritura y le sigo a donde vaya!!!💜💋
se viene lo bueno, no puedo esperar!!!😈😈😈
Vamos Min, no solo eres fuerza bruta, haz que tu mente vuele, demuestra de que estas hecho. Tae tiene que saberlo también juntos podrían idear la forma de salir de este terreno lodos 💪