una ciudad controlada por dos grandes mafiosos que se odian pero en el camino encontrarán enemigos en común será que los haran unirse?
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cuenta regresiva
Las alarmas inundaron toda la Torre Navarro.
Las luces rojas parpadeaban sin descanso mientras una voz automática resonaba por los altavoces.
—Protocolo de destrucción activado. Diez minutos para la detonación.
El mensaje se repetía una y otra vez.
En la sala de servidores nadie habló durante varios segundos.
Todos observaban la enorme pantalla donde la cuenta regresiva avanzaba implacablemente.
09:54
09:53
09:52
Gabriel Torres sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho.
No podía creer lo que estaba viendo.
Esteban Navarro había decidido destruir su propia organización antes que permitir que cayera en manos ajenas.
Y con ella destruiría a todos los que estaban dentro de la torre.
Antonio Romano fue el primero en reaccionar.
—¿Estás loco?
Esteban sonrió.
—Probablemente.
—Morirás tú también.
—Si es necesario.
Víctor Moretti observó la pantalla.
Por primera vez desde que lo conocían, parecía realmente sorprendido.
—Vas a matar a tus propios hombres.
—Los hombres son reemplazables.
La respuesta provocó murmullos de indignación incluso entre algunos guardias de La Sombra Negra.
Muchos de ellos acababan de comprender que para Esteban no eran más que herramientas.
Nada más.
Sofía lo observó con tristeza.
—Ya no queda nada del hombre que conocí.
Esteban no respondió.
Simplemente siguió mirando la cuenta regresiva.
09:15
09:14
09:13
Gabriel volvió rápidamente hacia el servidor.
La transferencia seguía avanzando.
94%
Necesitaba terminar.
Aquellos archivos eran la única esperanza de destruir a La Sombra Negra para siempre.
—Tenemos que detener la cuenta regresiva —dijo.
—No se puede —respondió Esteban.
—Tiene que haber una forma.
—La hay.
Todos lo miraron.
—Pero solo yo conozco el código.
Antonio dio un paso adelante.
—Entonces lo dirás.
Esteban soltó una carcajada.
—No.
A cincuenta pisos de distancia, el caos comenzaba a extenderse.
Los hombres de Antonio y Víctor seguían enfrentándose a los guardias de La Sombra Negra.
Pero ahora había un nuevo problema.
La noticia de la autodestrucción se estaba propagando.
Muchos intentaban huir.
Otros ni siquiera sabían qué estaba ocurriendo.
Las comunicaciones internas eran un desastre.
Los ascensores comenzaban a bloquearse automáticamente.
Las puertas de emergencia se cerraban.
La torre se estaba convirtiendo en una trampa gigante.
En la sala de servidores, Gabriel tomó una decisión.
—Sofía.
—¿Sí?
—¿Existe alguna manera de acceder al sistema central?
Ella pensó durante unos segundos.
—Quizás.
—¿Quizás?
—Mi padre tiene una sala privada de control en el último piso.
Esteban la miró.
—No llegarán.
—Eso lo veremos.
La cuenta regresiva seguía avanzando.
08:27
08:26
08:25
Antonio observó a Víctor.
Durante años había soñado con matarlo.
Ahora estaban atrapados juntos en un edificio a punto de explotar.
La situación era absurda.
—Moretti.
—¿Qué?
—Si salimos vivos de esta...
Víctor sonrió.
—Ya sé.
—Nuestra guerra no ha terminado.
—Nunca terminó.
A pesar del momento, ambos parecieron divertirse.
Gabriel no entendía cómo podían pensar en eso.
Pero para ellos el odio era parte de su identidad.
De repente se escuchó un disparo.
Todos se giraron.
Uno de los guardias de La Sombra Negra había bajado su arma.
—Yo no voy a morir por esto.
Otros comenzaron a hacer lo mismo.
Esteban los observó con desprecio.
—Cobardes.
—No somos cobardes —respondió uno—. Usted nos mintió.
Varios hombres abandonaron sus posiciones.
La lealtad hacia Esteban comenzaba a romperse.
Y aquello era una mala noticia para él.
Gabriel volvió a mirar la transferencia.
96%
Faltaba poco.
Muy poco.
Pero la cuenta regresiva avanzaba más rápido de lo que le gustaría.
—Necesitamos movernos.
Sofía asintió.
—La sala de control está dos pisos arriba.
Antonio observó a Esteban.
—Yo me encargo de él.
—¿Estás seguro? —preguntó Gabriel.
Antonio sonrió por primera vez.
—Llevo meses esperando esto.
Víctor recargó su arma.
—No te diviertas sin mí.
Mientras Gabriel y Sofía corrían hacia las escaleras, Antonio y Víctor permanecieron en la sala junto a Esteban.
La tensión era insoportable.
Los guardias restantes observaban nerviosos.
Esteban seguía tranquilo.
Demasiado tranquilo.
—¿Creen que ya ganaron? —preguntó.
—No —respondió Antonio.
—Entonces son más inteligentes de lo que parecen.
—Solo sé una cosa.
—¿Cuál?
Antonio levantó el arma.
—Que voy a hacerte pagar por Lorenzo.
Esteban negó lentamente con la cabeza.
—El problema del odio, Romano, es que vuelve ciegas a las personas.
—Tal vez.
—Y tú llevas años ciego.
Antonio estaba a punto de responder cuando algo inesperado ocurrió.
Una explosión sacudió uno de los muros de la sala.
Todos se lanzaron al suelo.
El humo llenó el ambiente.
Los sistemas eléctricos comenzaron a fallar nuevamente.
Las luces parpadearon.
Y en medio de la confusión, Esteban desapareció.
—¡Se escapó! —gritó uno de los hombres.
Antonio maldijo.
—¡Encuéntrenlo!
Mientras tanto, Gabriel y Sofía subían las escaleras.
Cada piso parecía eterno.
Las alarmas continuaban sonando.
La cuenta regresiva aparecía en varias pantallas.
06:48
06:47
06:46
—No vamos a llegar —dijo Gabriel.
—Sí vamos a llegar.
—¿Y si el código no funciona?
Sofía no respondió.
Porque también estaba pensando exactamente lo mismo.
Finalmente alcanzaron el último piso.
La sala de control estaba protegida por una enorme puerta blindada.
Sofía introdujo varios códigos.
Nada.
Lo intentó otra vez.
Nada.
Gabriel sintió el pánico creciendo.
—¿Qué pasa?
—Mi padre cambió las claves.
—Genial.
—Déjame pensar.
La cuenta regresiva seguía avanzando.
05:59
05:58
05:57
Entonces Sofía recordó algo.
Una fecha.
Un número que Esteban utilizaba constantemente.
Lo intentó.
La puerta se abrió.
—¡Funcionó!
Ambos entraron rápidamente.
La sala de control parecía el centro de mando de una ciudad entera.
Pantallas gigantes.
Sistemas de vigilancia.
Servidores.
Mapas.
Gabriel comenzó a buscar desesperadamente el sistema de autodestrucción.
Finalmente lo encontró.
Pero había un problema.
Necesitaba una clave maestra.
—No me digas que también necesitamos otro código.
—Lo necesitamos.
—Perfecto.
Sofía observó la pantalla.
Entonces vio algo.
Un pequeño mensaje oculto.
Su padre había dejado una pista.
O tal vez una provocación.
Comenzó a introducir combinaciones.
Una.
Dos.
Tres.
Nada.
La cuenta regresiva seguía bajando.
04:21
04:20
04:19
Gabriel sintió que el tiempo se escapaba.
Entonces recordó algo que había dicho Esteban.
"El poder es lo único que mantiene el orden."
Escribió la palabra ORDEN en el sistema.
Error.
Luego intentó otra.
PODER.
Error.
Sofía cerró los ojos.
Y comprendió.
—No era una pista para nosotros.
—¿Qué?
—Era para él.
Escribió una nueva palabra.
SOMBRA
La pantalla cambió.
Acceso concedido.
Gabriel casi no lo podía creer.
—Lo lograste.
—Todavía no.
Frente a ellos apareció una última confirmación.
¿Cancelar protocolo de destrucción?
Gabriel sonrió.
—Sí.
Pero justo cuando Sofía estaba a punto de presionar el botón, una voz resonó detrás de ellos.
—No tan rápido.
Ambos se giraron.
Esteban Navarro estaba en la puerta.
Cubierto de polvo.
Con una pistola en la mano.
Y una expresión completamente diferente.
Ya no parecía un empresario elegante.
Parecía un hombre desesperado.
Un hombre que estaba perdiendo todo.
La cuenta regresiva continuaba.
03:12
03:11
03:10
Esteban apuntó directamente hacia ellos.
—Aléjense del sistema.
Ninguno se movió.
La guerra por Ciudad Oscura estaba llegando a su momento decisivo.
Y en menos de cuatro minutos, la torre entera podía desaparecer en una explosión.
Continuará en el Capítulo 8...