Ella renace decidida a cambiar su destino y a sobrevivir.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansión Krugher 1
El viaje hasta el ducado Krugher fue mucho más largo de lo que Davina había imaginado.
Las horas parecían no terminar nunca.
Cada vez que el carruaje se detenía para que los caballos descansaran, ella aprovechaba para caminar un poco, beber agua y comer algo.
Ahora ya no estaba pensando solo en ella.
Llevó una mano a su vientre.
[Ahora somos dos.]
Todavía no podía sentir al bebé.
Ni siquiera sabía cuánto tiempo de embarazo llevaba exactamente.
Pero era suficiente para tomar una decisión.
[No voy a cometer los mismos errores que la otra Davina.]
Comería bien.
Descansaría.
Buscaría atención médica y mágica.
Y, si era necesario, pelearía contra medio reino para que ese pequeño naciera sano.
Al caer la tarde, el cochero anunció que el ducado Krugher estaba a poca distancia.
Davina miró por la ventanilla.
A lo lejos podían distinguirse las murallas y las torres que dominaban toda la región.
Era demasiado tarde para presentarse.
No quería llegar de noche a la residencia de uno de los nobles más importantes del reino.
Además...
No quería enfrentarse al padre de su hijo con el cabello desordenado y cara de cansancio.
—Nos hospedaremos en una posada cercana.
El cochero inclinó la cabeza.
—Como ordene, mi lady.
La posada era limpia y tranquila.
Después de cenar, Davina subió a la habitación que habían preparado para ella.
Se cambió de ropa.
Se sentó sobre la cama.
Y volvió a empezar.
[¿Y si mañana llego...]
[…y el duque no está?]
Frunció el ceño.
[¿Y si salió del ducado?]
[¿Y si está en la capital?]
[¿Y si emprendió un viaje de seis meses?]
Abrió mucho los ojos.
[¡¿Y si está explorando un continente lejano?!]
Negó rápidamente con la cabeza.
—No.
Respiró hondo.
—No empieces.
Se señaló a sí misma.
—Ya basta. No puedes seguir imaginando desgracias que todavía no ocurren.
Se quedó unos segundos en silencio.
Luego volvió a hablar.
—Mañana irás. Preguntarás por él. Y si no está... Pues averiguarás cuándo regresa. Tan simple como eso.
Suspiró.
Aquella respuesta era mucho más razonable que todas las historias que había inventado durante el viaje.
Se acomodó entre las sábanas.
Acarició suavemente su vientre.
—Tenemos que descansar.
Sonrió con ternura.
—No puedo pasarme las noches desvelada.
No era solo por ella.
Ahora debía cuidar también a la pequeña vida que llevaba dentro.
Por primera vez desde que despertó en aquel mundo, consiguió dormir profundamente.
Al amanecer ya estaba despierta.
Se vistió con uno de los vestidos más elegantes que había llevado en el viaje.
Desayunó abundantemente.
Pan recién horneado.
Fruta.
Huevos.
Y una infusión que, según la posadera, ayudaba a recuperar energías.
Davina no dejó ni una miga.
[Si el bebé necesita comida...]
[Pues tendrá comida.]
Cuando terminó, subió nuevamente al carruaje.
El trayecto hasta el ducado fue corto.
Pocos minutos después, las enormes puertas de hierro de la residencia Krugher aparecieron frente a ella.
Era impresionante.
Una enorme mansión de piedra oscura se levantaba en medio de extensos jardines perfectamente cuidados.
A pesar del color de la construcción, el lugar no transmitía una sensación lúgubre.
Era elegante.
Sobrio.
Imponente.
Davina respiró profundamente.
[Muy bien...]
[Ha llegado el momento.]
Descendió del carruaje.
Apenas dio unos pasos hacia la entrada principal, escuchó una voz alegre.
—¡Buenos días!
Davina levantó la vista.
Un joven de cabello claro caminaba hacia ella sosteniendo un pequeño frasco de cristal lleno de un líquido azul brillante.
Sonreía con tanta naturalidad que ella tardó unos segundos en reaccionar.
—Espero que no le moleste la espera.
Estaba terminando un experimento.
Levantó el frasco con orgullo.
—Por suerte no explotó.
Davina parpadeó.
[¿Qué?]
El joven parecía completamente distinto a todo lo que había imaginado.
No tenía expresión aterradora.
No vestía una capa negra.
No había cuervos sobrevolando el jardín.
Y, sobre todo...
Miró discretamente sus manos.
[¡No tiene garras!]
El muchacho notó su mirada y sonrió aún más.
—¿Le interesan las pociones?
Ella tardó un instante en responder.
—Un... poco.
—¡Magnífico!
Exclamó con entusiasmo.
—La mayoría de las personas le temen.
Davina sonrió con cierta timidez.
[Es muy conversador...]
El joven comenzó a caminar a su lado con total naturalidad.
—Disculpe mi curiosidad... ¿Es usted lady Evans?
Ella asintió.
—Sí. Mucho gusto.
Mientras avanzaban por el sendero de piedra, el joven continuó hablando de un tema completamente inesperado.
—Siempre me ha parecido interesante el cabello de la familia Evans.
Davina llevó una mano a su largo cabello rosado.
—¿Mi cabello?
—Sí.
El joven sonrió.
—Es probable que alguno de sus antepasados proviniera de un antiguo reino que desapareció hace muchos años.
Ella lo miró con curiosidad.
—¿Desapareció?
—Sí.
—Fue conquistado durante la expansión del Imperio Lennox.
Davina escuchó atentamente.
—La madre del emperador de Lennox pertenecía a ese reino. Allí era común que las mujeres nacieran con cabello azul, rosado o celeste. Aunque el reino desapareció hace mucho tiempo... El color del cabello sobrevivió entre algunos descendientes.
Davina acarició distraídamente un mechón rosado.
Nunca habría imaginado que aquel detalle tuviera una explicación histórica.
—Qué curioso...
—Lo es.
Respondió el joven con entusiasmo.
—La sangre conserva recuerdos incluso cuando los reinos desaparecen.
Ella sonrió.
Era una forma hermosa de decirlo.
Mientras seguían caminando, no pudo evitar comparar aquella escena con todo lo que había imaginado durante los últimos días.
[No se parece en nada a un villano.]
Era amable.
Educado.
Hablaba con entusiasmo.
Y parecía disfrutar compartiendo lo que sabía.
Por primera vez, una pequeña duda apareció en su mente.
[¿Y si...]
[…el padre de mi hijo tampoco es como lo imaginé?]
Quizás...
Solo quizás...
Había construido una imagen completamente equivocada de un hombre al que ni siquiera conocía.
Y esa posibilidad hizo que, por primera vez desde que comenzó aquel viaje, sintiera un poco menos de miedo y un poco más de esperanza.
que en las noches se buscan a ver si algo hace que dejen ese orgullo para que su hijo nazca en un lugar estable con padres dejen su orgullo por el
Si me reí, pero se pasó de descarada, y Jean no va dejar de pasar la. oportunidad de satisfacerse de su esposa tóxica masoquista , pobre criatura cuando sea grande y pregunté cómo eran sus padres 🤣🤣
me fascina leer