Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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16- clausulas
Las cinco de la tarde llegaron más rápido de lo que Valentina hubiera querido.
Frente al espejo...
Se acomodó por tercera vez la misma blusa color crema.
Camila, sentada sobre la cama, la observaba con los brazos cruzados.
—Vale.
—¿Qué?
—Es la quinta vez que te cambias.
—Solo fueron tres.
—Cinco. Las conté.
Valentina resopló.
—No quiero dar una mala impresión.
Camila arqueó una ceja.
—¿No se supone que vas a contratarlo?
No a casarte con él.
Valentina tomó el cojín más cercano y se lo lanzó.
Camila lo atrapó riéndose.
—¡Era broma!
—Pues no da risa.
—Claro que da risa. Mírate. Estás nerviosa.
—No estoy nerviosa.
—¿Ah, no?
Entonces explícame por qué llevas diez minutos peinándote.
Valentina abrió la boca para responder.
Pero volvió a mirarse en el espejo.
Suspiró.
—Está bien... Tal vez un poquito.
Camila sonrió satisfecha.
—Así me gusta. Que aceptes la verdad.
Media hora después...
Valentina llegó al Café Bellavista.
Era un lugar elegante. Con música suave y grandes ventanales.
Miró discretamente alrededor. No tardó en reconocerlo.
Alessandro estaba sentado junto a una ventana.
Vestía una camisa blanca de mangas recogidas y un pantalón oscuro.
No parecía estar haciendo nada.
Pero, en cuanto ella cruzó la puerta...
Levantó la vista. Y se puso de pie.
—Buenas tardes, doctora.
Valentina sonrió.
—Buenas tardes... Señor Vertick.
Él hizo un gesto hacia la silla.
—Por favor. Toma asiento.
Ella obedeció.
Durante unos segundos ninguno habló.
Los dos parecían un poco más serios que la noche anterior.
Después de todo... Ahora ninguno tenía cuatro copas encima.
El mesero apareció.
—¿Qué desean ordenar?
Valentina miró la carta.
—Un capuchino, por favor.
Alessandro levantó la vista.
—Un café negro.
El mesero asintió y se retiró.
Volvió el silencio. Hasta que los dos hablaron al mismo tiempo.
—Yo...
Los dos se detuvieron.
Y terminaron riéndose.
—Primero tú.
Dijo Alessandro.
Valentina respiró hondo.
—Quería pedirte disculpas. Por el beso.
Por haberte metido en un problema que no era tuyo.
Y... Por la propuesta de anoche.
Él negó con tranquilidad.
—No tienes que disculparte.
La verdad... Fue la forma más extraña en la que alguien me ha conocido.
Ella soltó una pequeña risa.
—Me alegra saber que al menos soy original.
—Mucho.
El ambiente volvió a relajarse.
Como si aquella conversación estuviera resultando más sencilla de lo que ambos esperaban.
Los cafés llegaron pocos segundos después.
Alessandro tomó la taza.
—Ahora sí. Hablemos del acuerdo.
Valentina enderezó la espalda.
Había llegado el momento.
—Necesito que finjas ser mi novio.
No porque quiera darle celos a mi ex.
Eso ya dejó de importarme. Lo necesito para que mi padre deje de organizarme citas a ciegas.
Alessandro la escuchaba sin interrumpir.
Ella continuó.
—Mi papá cree que ya es hora de que rehaga mi vida. Y, aunque sé que lo hace porque me quiere...
No entiende que todavía no estoy lista.
Él asintió lentamente.
—Lo entiendo.
Valentina lo miró con curiosidad.
—¿Y tú?
¿Por qué aceptaste siquiera escuchar esta propuesta?
Alessandro giró lentamente la taza entre sus manos.
Pensó durante unos segundos antes de responder.
—Porque... Digamos que mi familia también tiene la mala costumbre de querer decidir con quién debo estar.
Valentina sonrió con incredulidad.
—¿En serio?
—En serio.
Ella dejó escapar una pequeña risa.
—Entonces... Supongo que ambos estamos huyendo del mismo problema.
Alessandro sostuvo su mirada. Y, por primera vez... Sonrió con total sinceridad.
—Eso parece, doctora.
Valentina le devolvió la sonrisa.
Sin darse cuenta...
Valentina respiró hondo.
Abrió su bolso. Alessandro pensó que sacaría el dinero.
Pero, en lugar de eso... Sacó un pequeño cuaderno de tapa azul.
Tenía varias hojas llenas de anotaciones escritas con una letra ordenada y elegante.
Él no pudo evitar sonreír.
—¿Viniste preparada?
Valentina bajó la mirada con una sonrisa tímida.
—Un poco... Pensé que, si íbamos a hacer esto, era mejor dejar claras las reglas desde el principio.
Alessandro apoyó un brazo sobre la mesa.
—Te escucho, doctora.
Valentina pasó una página.
Tomó el bolígrafo que llevaba sujeto al cuaderno.
—Primera cláusula.
El acuerdo durará cinco meses.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Cinco?
—Es tiempo suficiente para que mi papá deje de organizarme citas a ciegas...
Él asintió.
—Tiene sentido.
—Segunda.
No voy a interferir con tu trabajo.
Solo te llamaré cuando realmente sea necesario.
Reuniones familiares.
Algún evento.
O si mi papá insiste demasiado.
—Aceptado.
Valentina hizo una pequeña marca de verificación.
—Tercera.
El pago será de quinientos mil dolares quincenales. Además, yo cubriré todos los gastos derivados del acuerdo: cenas, viajes, eventos y cualquier situación en la que debamos actuar como pareja.
Alessandro ocultó una sonrisa detrás de la taza de café.
Aquella cantidad era casi simbólica para él.
Pero para Valentina representaba un esfuerzo.
Y eso era lo que realmente importaba.
—Aceptado.
—Cuarta.
Si alguno de los dos se siente incómodo con el acuerdo...
Podrá terminarlo cuando quiera.
Sin explicaciones.
Sin discusiones.
Alessandro permaneció unos segundos pensativo.
Después habló.
—Ahora me toca a mí.
Valentina levantó inmediatamente el bolígrafo.
—Dime.
—Cuando aparezca mi familia... No podremos fingir a medias.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—¿Cómo?
—Necesito que parezca completamente real.
Especialmente delante de mi tío.
Si él sospecha que esto es una mentira...
No dejará de investigar hasta descubrir la verdad. Y eso será un gran problema para nosotros.
Valentina escribió la nueva cláusula.
—De acuerdo.
¿Algo más?
Alessandro respondió casi por impulso.
Tan rápido... Que ni él mismo alcanzó a pensarlo.
—Mientras dure este acuerdo...
No podrás salir con otros hombres.
El silencio cayó entre los dos.
Alessandro parpadeó.
"¿Qué acabo de decir?"
Pensó para sí.
Aquello no estaba planeado.
Ni siquiera sabía por qué le importaba.
Valentina levantó lentamente la vista.
Lo observó durante unos segundos.
Y, para sorpresa de Alessandro... Sonrió.
—Claro que no.
Aunque seas un novio falso... Sigues siendo mi novio. Sería una falta de respeto salir con otra persona.
Alessandro sintió un extraño alivio.
Uno que no supo explicar.
Ella escribió aquella nueva condición.
Después añadió otra por iniciativa propia.
—Y esta es la última.
Si alguno de los dos conoce a alguien que realmente le guste... O se enamora de otra persona... Solo tendrá que avisar.
Terminaremos el acuerdo sin problemas.
Seguiremos siendo amigos.
Alessandro leyó la frase.
Le pareció justa.
—Me gusta.
Valentina cerró el cuaderno. Sonrió.
—Entonces...
¿Tenemos un trato?
Alessandro extendió la mano.
—Tenemos un trato.
Ella estrechó su mano con una sonrisa.
Sin imaginar que... La última cláusula sería precisamente la más difícil de cumplir.
Al caer la noche...
Alessandro estacionó el automóvil frente al edificio de Matteo.
Subió hasta el apartamento.
Antes de que pudiera tocar... La puerta se abrió.
Matteo apareció sonriendo.
Como si hubiera estado esperándolo.
—Bienvenido, señor inquilino.
Le lanzó un pequeño llavero.
Alessandro lo atrapó en el aire.
—¿Qué es esto?
—Tu copia de las llaves. Ya vives aquí.
Será mejor que no me despiertes cada vez que llegues.
Alessandro guardó las llaves en el bolsillo.
—Gracias.
Entró al apartamento.
Matteo cerró la puerta detrás de él.
Y fue directo al asunto.
—Bueno... ¿Cómo te fue con la doctora?
Alessandro dejó las llaves del automóvil sobre la mesa.
—Llegamos a un acuerdo.
Matteo sonrió ampliamente.
—¿Sí? ¿Y cuánto cobrará el famoso novio falso?
—cinco mil cada quince días.
Matteo permaneció inmóvil unos segundos.
Después comenzó a reír.
—¿Eso es todo?
Alessandro lo miró con tranquilidad.
—Sí.
Matteo seguía riéndose.
—Hermano... Eso no alcanza ni para cambiarle las llantas a uno de tus carros.
Alessandro se sirvió un vaso de agua.
—No lo hago por el dinero.
Además... No pienso aprovecharme de una doctora. Quizá ni siquiera gane lo suficiente para ofrecer más.
Matteo casi se atragantó de la risa.
—¡Ale! Un médico gana bastante bien.
Yo diría otra cosa.
Alessandro levantó una ceja.
—¿Qué cosa?
Matteo cruzó los brazos con una sonrisa burlona.
—Que la doctora simplemente calculó cuánto valías... Y decidió que no dabas para más.
Alessandro lo miró en silencio.
Después negó con una pequeña sonrisa.
—Eres un idiota.
—Pero un idiota muy divertido.
Los dos terminaron riéndose.
Sin que ninguno de los dos pudiera imaginar...
Que aquel acuerdo de cinco meses...
Estaba destinado a cambiar la vida de ambos, mucho antes de que el tiempo se cumpliera.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.