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TODO POR TI

TODO POR TI

Status: En proceso
Genre:Autosuperación / Traiciones y engaños / Venganza
Popularitas:447
Nilai: 5
nombre de autor: evely azul

Masha Dusnet era una joven trabajadora de una familia de gran estatus, donde siempre recibió un buen trato y respeto. Todo transcurría en calma hasta que una enfermedad grave afectó profundamente a su madre; se necesitaba una suma enorme de dinero para salvarla, pero nadie quiso ayudarla. Fue entonces cuando descubrió la verdadera cara de quienes una vez admiró y en quienes confiaba plenamente: sus propios jefes le dieron la espalda, abandonándola precisamente en el momento más difícil de su vida. Sentía que se quedaba completamente sola, sin apoyo ni consuelo, cuando más lo necesitaba. Desesperada y sin ninguna otra salida, se vio obligada a tomar una decisión arriesgada por el bien de su madre: tuvo que dejar atrás sus raíces, su hogar y todo lo que conocía, para adentrarse en un mundo hostil que la trataría como una esclava, quien quedara luchando por sobrevivir

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7 El secreto de Miguel

Miguel entró a su habitación y, apenas cerró la puerta, se desplomó al suelo y comenzó a llorar desconsoladamente. Lo que el médico le había dicho lo había destrozado; jamás se lo esperaba, estaba convencido de que gozaba de buena salud.

—No se lo iba a contar a nadie… solo me atormenta la duda: ¿qué será de mi hijo ahora? —pensó—. Otra vez se sentirá solo, igual que cuando su madre lo abandonó siendo apenas un bebé.

Sentía que su vida, todo lo que había construido y todos sus sueños, se detenían ahí mismo. Esa idea lo hacía sentirse destruido por completo por dentro.

Sasha salió corriendo del sótano, terminando de vestirse y acomodándose el cabello, que estaba hecho un desastre tras el encuentro íntimo y secreto que acababa de tener con Ronald. Aunque su mirada reflejaba una vergüenza inmensa, como si deseara que la tierra se la tragara, pues no entendía cómo había podido llegar tan lejos. La culpa la invadía por haber traicionado a Inés, su jefa, quien siempre la había tratado tan bien.

De pronto, escuchó sollozos detrás de una puerta. Al principio creyó que era su jefa y le daba miedo enfrentarse a ella, pero el llanto sonaba distinto, así que se armó de valor y abrió despacio.

—¿Miguel… eres tú? ¿Estás aquí llorando? —preguntó Sasha, asombrada al verlo en ese estado.

—No tengo fuerzas… por favor, cierra la puerta. No quiero que mi hijo o Inés me vean así —dijo Miguel con la voz quebrada, mientras se arrastraba hasta sentarse en el borde de la cama, sin dejar de llorar.

Ella cerró la puerta suavemente, se acercó y se sentó a su lado con mucha delicadeza.

—¿Qué te pasa, Miguel? ¿Qué tienes?

—Me duele la vida… me duelen mis sueños, mi hijo, mi futuro… todo me duele demasiado y no encuentro consuelo. ¿Qué voy a hacer ahora? —respondió él, mirándola mientras las lágrimas corrían libremente por sus mejillas.

Esas palabras golpearon a Sasha con tanta fuerza que sintió el dolor como si fuera propio. Con el corazón apesadumbrado, le preguntó:

—Dime… ¿es porque algo salió mal con tu salud? —dijo, deduciéndolo por la desesperación que veía en él.

—Eres muy inteligente, Sasha… por eso te valora tanto Inés —contestó con amargura—. Tengo un problema grave en el riñón… dentro de unos meses dejará de funcionarme por completo. Sé que necesito un donante, pero también sé que eso nunca va a ocurrir. Solo me queda esperar la muerte… solo me queda dejar de existir —dijo Miguel, entre sollozos, totalmente desesperado y sin ver ninguna luz al final del camino.

Entonces Sasha, conmovida hasta el alma y también llorando por él, lo abrazó con mucha ternura y cariño, tratando de darle alivio.

—¡No digas eso, por favor! Tú vas a vivir. Si es necesario, yo te donaré lo que haga falta… buscaré un donante, moveré cielo y tierra si hace falta. No te dejaré morir así, te lo prometo.

Miguel la mirÓ fijamente a los ojos y, sin poder contenerse, la besó suavemente mientras le decía:

—Gracias… ¿realmente te importa si yo vivo o no? Eres increíble… aunque sé que las cosas no siempre salen como uno quiere, me conmueve muchísimo que seas como un rayo de sol para mí en este momento tan oscuro.

Sasha se quedó callada un instante, sin saber qué decir. Él la había besado de verdad. Por un momento quiso enfadarse, pero en el fondo, viendo su dolor, no le pareció lo correcto ni tenía sentido hacerlo.

—Yo te ayudaré en lo que sea necesario. No debes perder la esperanza —dijo ella, haciendo como que no había pasado nada con el beso, centrada solo en su sufrimiento.

Miguel, todavía con lágrimas en los ojos y mirando hacia el frente, confesó con voz muy baja:

—Si te besé fue porque… tú me gustas. Aunque sé que quizás yo no le guste a ti. Fue solo un momento de debilidad. No lo volveré a hacer. Lamento mucho mi atrevimiento, no quería ser irrespetuoso —se explicó, tratando de ser educado y de no parecer que se aprovechaba de la situación.

—Lo entiendo y confío en ti. Solo fue un momento difícil. Ahora… ya no llores más. ¿Te parece si mañana vamos juntos a hacernos los estudios? —le propuso ella con mucha dulzura, abrazándolo de nuevo y sin mostrar ni un rastro de enojo.

Miguel la miró con una pequeña chispa de alivio y respondió:

—Lo necesito… sería un gran alivio. Ya quiero saber si tú serás quien me salve la vida.

Justo al decir esto, Noha se detuvo frente a la puerta, escuchando desde afuera. Se quedó ahí unos minutos, tratando de entender de qué hablaban, sin lograr comprender nada claro.

En ese momento, Ronald se ajustaba la camisa apresuradamente mientras salía del sótano, y al ver a su sobrino ahí parado, le preguntó con cierta prisa:

—¿Noha? ¿No habrás visto a Sasha, la empleada, por aquí?

Al oír la voz de su hijo afuera, dentro de la habitación hizo a Miguel levantarse para abrir y ver si habia oído toda la conversación.

Solo que Sasha lo detuvo rápidamente poniéndole la mano en el brazo.

—¡Espera! No digas que estoy aquí, por favor —le susurró ella con urgencia.

Miguel, sin entender muy bien por qué, asintió con la cabeza en silencio y se quedó quieto un momento dentro del cuarto.

De repente se decide retirarse.

Mientras lo veía marcharse, Sasha se quedó sentada, sintiéndose completamente incómoda y con ganas de escapar.

De repente, se giró hacia la ventana Y se levantó para abrirla ve que toda la vista desde lo alto.

Volvió a mirar hacia atrás para asegurarse de que Miguel no regrese.

¿Qué pasa aquí, hermano?

¿Sucede algo? Veo que buscas a Sasha —dijo Miguel, saliendo de la habitación y cerrando la puerta apresuradamente.

Sin que su hijo pudiera ver lo que había allí, aunque permaneció discreto como si no buscara saberlo.

Estaba diciendo esto cuando apareció Doris gritando: "¡Fuego en el patio! ¡Están prendiendo fuego los paraguas!"

Ellos se quedaron asombrados.

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