En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 19: Rumores de pasillo y silencios cómplices
Capítulo 19: Rumores de pasillo y silencios cómplices
Desde aquel lunes, el almuerzo en el despacho de caoba se convirtió en una nueva e inquebrantable ley para la pantera negra. Cada día, sin falta, Oleg llegaba a la hora del descanso con su elegante bolsa térmica, sacando un contenedor de cristal diferente y humeante. El omeguita se esmeraba en prepararle platillos variados, deliciosos y altamente nutritivos: desde estofados de res tiernos con especias finas hasta selectos cortes de pescado sellados con verduras crujientes de alta gama. Para Oleg, ver a su exigente jefe terminar cada bocado con las orejas relajadas era la mejor recompensa; para Zhìyuān, aquellas comidas eran un oasis de calidez en medio de su huraña rutina.
Obviamente, un cambio tan drástico en la dinámica del piso doce no iba a pasar desapercibido para el resto de la empresa.
La constructora Líu era un ecosistema donde la información corría tan rápido como los presupuestos. En pocos días, el murmullo de que el implacable jefe de finanzas y el tierno pasante de las montañas tenían algo más que una relación laboral comenzó a correr a voces por los pasillos.
—¿Vieron cómo llegaron hoy? El señor Wú estacionó su sedán negro en el sótano y Oleg bajó del copiloto otra vez —susurraba un beta de contabilidad junto a la máquina de café.
—Eso no es nada —interrumpía una alfa de auditoría—. Ayer pasé por el despacho a dejar unas firmas y el aroma a café del jefe estaba completamente mezclado con un aroma casero delicioso. El pasante le cocina todos los días. Conociendo la personalidad fría, seria y ermitaña del señor Wú, que permita que alguien invada su espacio y le prepare el almuerzo significa solo una cosa: son pareja.
Los rumores se esparcieron por todo el piso, llegando incluso al departamento de ventas. Min Sahara, al enterarse, apretó los dientes y sacudió sus plumas de pavo real con pura envidia, incapaz de digerir que el silencioso "fantasma" se hubiera ganado el favor del alfa dominante más imponente e inalcanzable de la corporación.
Oleg, sin embargo, vivía en una burbuja de absoluta inocencia. Al ser tan huraño y enfocado, el omeguita casi no hablaba con personas fuera de su equipo directo —quienes lo trataban con un respeto inmenso y preferían no incomodarlo—. Además, su mente estaba dividida entre entregar balances perfectos y afinar los últimos detalles para su futura graduación universitaria, que estaba a solo un par de semanas. Cuando caminaba por los pasillos, sus orejas blancas y moteadas se movían tranquilas y su pesada cola invernal iba enroscada con paz en su cintura; estaba demasiado sumergido en sus notas de administración como para notar las miradas curiosas.
A quien no se le escapaba absolutamente nada era a Wú Zhìyuān.
Como pantera negra dominante, el alfa tenía ojos y oídos en cada rincón del departamento. Escuchaba los murmullos en el vestíbulo y las especulaciones de los empleados sobre el auto, los almuerzos y la supuesta relación. Sin embargo, lejos de enfurecerse o emitir un comunicado estricto para desmentir aquellos malentendidos, Zhìyuān decidió guardar un silencio absoluto.
Dejó que los rumores siguieran su curso. Muy en el fondo de su posesivo instinto felino, al alfa le convenía que toda la empresa pensara que el hermoso leopardo de las nieves ya tenía un dueño. Desde que el chisme se consolidó, los alfas encimosos de los otros distritos dejaron de rondar el piso doce a la hora de la salida, permitiéndole a Oleg caminar sin el estrés de ser acosado.
Fiel a su naturaleza pragmática, Zhìyuān solo trazó una línea firme: la productividad. Una tarde, al escuchar a dos pasantes de mercadeo holgazaneando y hablando del tema cerca del cubículo de Oleg, el alfa abrió la puerta de su oficina de golpe. Su aroma a café amargo inundó el pasillo con una hostilidad gélida.
—Si el personal tiene tiempo para estructurar novelas sobre la vida privada de esta gerencia, es porque sus supervisores les están asignando muy poca carga laboral —sentenció Zhìyuān, con sus ojos amarillos dorados brillando con fijeza peligrosa—. No toleraré chismes que afecten el rendimiento del piso. Regresen a trabajar. Ahora.
Los empleados se dispersaron como hojas al viento. Una vez limpio el pasillo, Zhìyuān miró a Oleg, quien acababa de levantar las orejas con un tierno prusten de sorpresa, sosteniendo un marcador de textos mientras sus dedos amasaban disimuladamente el borde de sus hojas de Excel.
—¿Pasa algo malo con el personal, señor Wú? —preguntó el omeguita en un hilo de voz, mostrando sus pequeños colmillos con timidez.
—Nada de lo que debas preocuparte, Oleg —respondió la pantera con su voz profunda y grave, dejando que sus feromonas se suavizaran solo para él—. Termina de capturar el inventario del Distrito Norte y prepárate. Hoy saliremos diez minutos más temprano.
Oleg asintió con una sonrisa dulce, y un ronroneo bajo y feliz vibró en su pecho mientras acomodaba sus carpetas. Sabía que con Zhìyuān a su lado, la oficina siempre sería el lugar más seguro del mundo, sin importar qué tanto hablaran las sombras del pasillo.