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Amor Dos Vidas

Amor Dos Vidas

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños
Popularitas:1.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda G

Tras un trágico accidente que le arrebató la memoria y su identidad, Estefanía despierta en una vida de opulencia que no reconoce, casada con José, un hombre poderoso cuya devoción raya en la obsesión. Aunque él le asegura que su amor es eterno, las noches de Estefanía están pobladas por sueños fragmentados de un rostro cargado de dolor y promesas rotas.

La estabilidad de su nueva existencia se resquebraja cuando aparece Andrés, un rival empresarial de José decidido a destruir su imperio. Al encontrarse, Estefanía descubre que su corazón late con una fuerza desconocida por ambos hombres. Mientras intenta reconstruir su pasado, se enfrentará a una verdad aterradora: uno de ellos no solo es el dueño de su presente, sino el arquitecto del secreto detrás de su "muerte" anterior.

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capitulo 6

​El rumor de que la esposa del magnate José corporativo había sobrevivido al accidente pero se encontraba recluida corría por las altas esferas como el fuego en la pólvora. Para cortar de raíz cualquier especulación que dañara las acciones de su imperio financiero, José dictaminó que esa noche Estefanía sería presentada en sociedad durante la Gala Anual de Beneficencia.

​La preparación fue un ritual de despersonalización. Tres estilistas entraron a sus habitaciones privadas bajo las órdenes directas de José. Estefanía permaneció sentada durante horas, estática, sintiendo cómo tiraban de su cabello, cómo aplicaban capas de maquillaje sobre su piel pálida hasta borrar cualquier imperfección, transformando su rostro en una máscara de porcelana inalcanzable.

​El vestuario era una obra de arte de la opresión. Un suntuoso vestido de seda negra de alta costura que se ajustaba a su torso como una segunda piel, obligándola a mantener una postura rígida. El escote dejaba al descubierto sus hombros y clavículas, sobre las cuales José colocó personalmente una pesada gargantilla de oro pulido y diamantes. Al abrochar el cierre magnético en su nuca, sus manos se demoraron en su piel, acariciando el trapecio con una cadencia sensual.

​—Estás perfecta, mi reina —le susurró al oído, contemplando el resultado en el espejo del vestidor.

​En el reflejo, Estefanía no se vio a sí misma. Vio una joya tallada por los deseos de un hombre poderoso. El oro en su cuello pesaba como un grillete de lujo, y el contraste de la seda negra contra su piel solo acentuaba su vulnerabilidad. José, impecable en un esmoquin negro a medida que resaltaba su imponente presencia, la tomó del brazo y la guio fuera de la mansión.

​El gran salón del hotel de lujo estaba revestido de espejos de piso a techo, multiplicando las luces de las arañas de cristal y la opulencia de los invitados. Al cruzar el umbral, el murmullo de la multitud cesó por un instante. Cientos de miradas se clavaron en ella con una intensidad casi física.

​Estefanía sintió que el suelo de mármol se movía bajo sus tacones. Avanzó del brazo de José, obligada a sonreír, pero la sensación de aislamiento fue devastadora. A medida que caminaban entre los círculos de la alta sociedad, comprendió la verdadera naturaleza del evento. Nadie la miraba como a una mujer que acababa de despertar de un coma; la miraban como a un trofeo recuperado. Los hombres asentían hacia José con una mezcla de respeto y envidia, evaluando la belleza de su esposa como se evalúa el rendimiento de una inversión multimillonaria. Las mujeres la examinaban con ojos afilados, buscando la cicatriz, la falla en la perfección de la muñeca de oro del magnate.

​—José, querido, un milagro tener a Estefanía de vuelta —comentó un hombre de cabello canoso y traje ostentoso, estrechando la mano de su esposo mientras sus ojos recorrían el escote de ella con una lascivia mal disimulada.

​—Mi esposa es una mujer fuerte —respondió José, y su brazo rodeó la cintura de Estefanía con una firmeza absoluta, pegando sus caderas a las suyas en un gesto inequívoco de propiedad—. La muerte no tiene el poder de arrebatarme lo que es mío.

​El lenguaje corporal de José durante toda la noche fue una exhibición de dominación y deseo. Cada vez que un hombre se acercaba demasiado, él afianzaba su mano en la espalda baja de Estefanía, subiendo sus dedos por la seda negra en una caricia lenta que marcaba territorio ante la mirada de todos. La sensualidad de sus gestos en público no era una muestra de afecto, sino un despliegue de poder; le estaba diciendo al mundo que ella le pertenecía por completo.

​Estefanía sentía que las paredes de espejos se cerraban sobre ella. Su propio reflejo se multiplicaba hasta el infinito: la seda negra, el oro pulido, la sonrisa vacía. Se sintió asfixiada en esa jaula de cristal donde su identidad era un accesorio de la vanidad de su esposo.

​—Necesito un momento, por favor —susurró ella, sintiendo que el aire le faltaba debido a la presión del corsé y la densidad del ambiente.

​José la miró de reojo, evaluando su nivel de fatiga. Al notar la palidez genuina de sus mejillas, cedió con una inclinación de cabeza.

​—No te demores, mi vida. No me gusta que mi lugar esté vacío —le dijo, y antes de dejarla ir, presionó sus labios contra los de ella en un beso posesivo y prolongado que dejó el sello de su propiedad frente a tres fotógrafos que capturaron el momento.

​Estefanía se alejó hacia el pasillo lateral que conducía a la terraza, buscando desesperadamente aire limpio. El ruido de la fiesta comenzó a disiparse a sus espaldas. Al salir al balcón, la brisa de la noche golpeó su rostro, trayendo consigo el aroma de la noche urbana.

​Apoyó sus manos enguantadas en la barandilla de piedra, respirando hondo. Cerró los ojos para escapar de las luces, pero al abrirlos y mirar hacia el jardín oscuro que rodeaba la terraza, su corazón se detuvo por completo.

​A unos metros de distancia, semioculto por la sombra de un gran roble, un hombre la observaba.

​No vestía de etiqueta. Llevaba una chaqueta de cuero oscuro y el cabello ligeramente revuelto por el viento. La luz de la luna iluminó sus facciones por una fracción de segundo: era el rostro de su sueño. El rostro de la tormenta. Sus ojos claros la miraban con una intensidad dolorosa, una mezcla de rabia, desesperación y un amor tan puro que desarmó por completo el maquillaje de porcelana de Estefanía.

​El olor a lluvia y madera pareció condensarse en el aire del balcón. El hombre dio un paso hacia el frente, saliendo de la sombra, y alzó una mano en su dirección en un gesto mudo que imploraba que no se moviera, que lo recordara.

​—Tú… —el nombre verdadero de Estefanía estuvo a punto de brotar de sus propios labios, impulsado por un instinto que no respondía a las reglas de José.

​Antes de que pudiera dar un paso hacia la barandilla, el sonido de unos pasos firmes sobre el mármol de la terraza rompió el encanto.

​—¿Estefanía? ¿Con quién hablas, mi amor? —La voz de José resonó justo detrás de ella.

​Estefanía parpadeó y volvió a mirar hacia el jardín. La sombra bajo el roble estaba vacía. El hombre de la chaqueta de cuero había desaparecido como si fuera un fantasma creado por su mente fracturada, dejando atrás únicamente el eco de su presencia en el aire frío.

​José llegó a su lado y le colocó su saco sobre los hombros descubiertos, envolviéndola nuevamente en el aroma pesado a sándalo que anulaba todo lo demás. Sus manos bajaron por sus brazos, apretándola contra su pecho.

​—Estás temblando, mi vida. Volvamos adentro —dijo él, mirando con desconfianza hacia la oscuridad del jardín—. La noche es peligrosa para alguien que aún no sabe quién es.

​Estefanía permitió que la guiara de regreso al salón de los espejos, pero mientras cruzaba el umbral, la rigidez del oro pulido en su cuello ya no se sintió como una suposición. Supo, con la fuerza de una revelación, que el arquitecto de su mentira estaba a su lado, y que el verdadero dueño de su vida la observaba desde las sombras exteriores de la jaula.

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Celina Espinoza
me gusta buen capitulo 👏
Celina Espinoza
🤭👏
Lobelia ❣️
👍👍
Celina Espinoza
me gustó 👏
Celina Espinoza
💯me gusta
Lobelia ❣️
👍
Lobelia ❣️
💯👍💯
Lobelia ❣️
💯👍está buena
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