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La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

La Heredera Rechazada del Aullido Silenciado

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Completas
Popularitas:71
Nilai: 5
nombre de autor: Afrodite 18

Andreia lo tenía todo: el amor de un futuro Rey Alfa, la promesa de un destino compartido y la certeza de que la luna los había elegido. Hasta la noche en que Máximo la rechazó frente a toda la manada para presentar a otra mujer como su Luna.

Humillada y con un secreto creciendo en su vientre, Andreia huyó. Lejos de las manadas, lejos de los tronos, construyó una vida en el silencio: una confitería pequeña, una casa rodeada de árboles y una hija llamada Kim que lo era todo para ella.

Pero Kim no es una niña común. A los cuatro años ya se transforma en loba, sus ojos brillan con un poder que no debería existir en alguien tan pequeña, y la luna parece responder cada vez que ella ríe o llora. Porque Kim es la verdadera heredera de una profecía que todos creyeron pertenecía a otra.

Cuando el pasado toca a la puerta y Máximo descubre lo que perdió, nada volverá a ser igual. Entre secretos de sangre, conspiraciones familiares y un poder ancestral que despierta con cada latido, Andreia deberá decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para proteger a su hija.

Porque en el mundo de las manadas, el amor puede ser la fuerza más peligrosa de todas.

NovelToon tiene autorización de Afrodite 18 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 6

DE VUELTA AL PRESENTE...

La consciencia regresó de golpe, como si Andreia hubiera sido arrancada de un abismo.

Despertó con un sobresalto, el cuerpo rígido, el corazón desbocado. El primer impulso fue respirar hondo; el segundo, ponerse de pie.

Pero el hierro frío a su alrededor se lo impidió. Barrotes, gruesos y antiguos, marcados con símbolos que le quemaban la piel con solo estar cerca. Mazmorras.

El olor confirmó lo que sus ojos aún intentaban negar: piedra húmeda, moho, magia vieja y dolor acumulado a lo largo de generaciones. La luz era débil, proveniente de antorchas fijadas a las paredes, proyectando sombras distorsionadas que parecían moverse solas.

ANDREIA— Kim… —la palabra le brotó en un susurro desesperado.

Se incorporó ignorando el mareo, agarrándose a los barrotes con fuerza. Sus ojos recorrieron la celda, el corredor más allá, el suelo. Nada. Ninguna señal de su hija. El vacío en el pecho fue inmediato, aplastante.

ANDREIA— ¡¿Dónde está?! —gritó, y la voz le rebotó por las mazmorras.

Una risa baja le respondió.

MÁXIMO— En el ala noble —dijo esa voz demasiado conocida—. Donde una heredera debe estar.

Andreia se volteó lentamente. Máximo estaba del otro lado de los barrotes, parcialmente envuelto por las sombras.

Vestía ropas reales, oscuras, pesadas; el símbolo del Rey Alfa relucía en plata sobre su pecho. Sus ojos estaban rojos, inflamados, no solo por la furia, sino por el resentimiento acumulado de años.

ANDREIA— ¿Qué le hiciste? —gruñó. Cada palabra cargada de amenaza.

MÁXIMO— Nada más que lo necesario —respondió él, acercándose—. Está segura. En una habitación digna. Sirvientas, protección, encantamientos… mucho más de lo que tú jamás podrías ofrecerle huyendo como una criminal.

Andreia notó cómo le hervía la sangre.

ANDREIA— Es una niña —dijo, con la voz temblorosa de odio contenido—. Y me la arrancaste.

Máximo golpeó los barrotes con la mano, haciendo vibrar el metal.

MÁXIMO— ¡No te atrevas a hablarme como si yo fuera el villano! —gritó—. ¡Desapareciste, Andreia! ¡Te esfumaste con mi hija! ¡Me hiciste cruzar territorios, desafiar alfas, destruir alianzas! ¡Todo por tu cobardía!

ANDREIA— Huí para salvarla —rebatió ella—. De ti, de tu padre, del trono que solo sabe consumir todo a su alrededor.

Él soltó una risa, un sonido duro, roto.

MÁXIMO— ¿Salvarla? —repitió—. ¡La escondiste de su propio padre! ¡Me robaste ese derecho!

ANDREIA— El derecho no se conquista con miedo —respondió Andreia, los ojos brillándole de lágrimas que se rehusaba a dejar caer—. Ni con sangre.

El silencio que siguió fue denso. Máximo respiraba con dificultad, como si luchara contra algo dentro de sí. Cuando habló de nuevo, la voz le salió más baja y más peligrosa.

MÁXIMO— Serás castigada —declaró—. Por la desaparición, por la mentira, por la humillación que me causaste. —Se alejó unos pasos, haciéndole una seña a los guardias detrás de él—. Pasarás los próximos días aquí —continuó—. Pensando en lo que hiciste. Nunca más verás a Kim. Nunca más verás la luz del día.

El mundo de Andreia pareció partirse en dos.

ANDREIA— No —dijo, en un susurro casi inaudible.

Máximo volvió a encararla.

MÁXIMO— No… ¿qué?

ANDREIA— No te atrevas a intentar alejarme de ella.

Él se acercó de nuevo a los barrotes, los rostros separados por pocos centímetros.

MÁXIMO— Ella es mi heredera —dijo, con frialdad—. Y esta vez no vas a impedírmelo.

Cuando se dio la vuelta para marcharse, algo dentro de Andreia se quebró definitivamente. El miedo por Kim, sola en un lugar hostil, rodeada de extraños, se transformó en desesperación. La desesperación se convirtió en furia, y la furia abrió una puerta que Andreia había mantenido cerrada durante años. El poder que aprendió a ocultar la invadió por completo.

Sus ojos comenzaron a brillar. No era el rojo de los alfas, no era el rojo de la ira ciega.

Era azul.

Un azul profundo, lunar, intenso, como el cielo nocturno reflejado en aguas sagradas. El aura alrededor de Andreia se expandió lentamente, haciendo vibrar el aire. Las runas en los barrotes empezaron a chirriar, agrietándose una a una.

MÁXIMO— Andreia… —se detuvo, golpeado por el impacto del poder—. ¿Qué estás haciendo?

Ella respiró hondo, pero no respondió. Pensó en Kim. En el aroma de su hija, en su peso liviano entre sus brazos. En el juramento hecho a la Luna. En ese momento, la jaula explotó.

Los barrotes se doblaron violentamente hacia fuera, lanzados contra las paredes del corredor. La onda de energía azul recorrió la mazmorra como un terremoto, arrojando soldados lejos, apagando antorchas, agrietando el suelo de piedra.

Máximo fue arrojado contra la pared y cayó de rodillas, jadeante por la sorpresa. Andreia salió de la celda con los pies tocando el suelo con firmeza.

Cada paso hacía que el aura pulsara con más fuerza, oprimiendo todo a su alrededor. Los guardias que intentaron levantarse fueron forzados al suelo, aplastados por una fuerza invisible.

ANDREIA— Tú nunca tuviste derecho sobre ella —dijo con una voz demasiado calma para el caos que provocaba—. Porque nunca entendiste lo que es proteger.

Pasó junto a Máximo sin tocarlo, y aun así él fue lanzado nuevamente contra el suelo, como si la propia presencia de ella lo rechazara. Algo lo asfixiaba.

ANDREIA— ¿Dónde está? —preguntó, sin voltear atrás.

Máximo, humillado, respondió con dificultad:

MÁXIMO— Ala… ala este.

Andreia prosiguió. Las puertas se abrían ante ella, los encantamientos se deshacían como humo. El castillo entero parecía retroceder, reconociendo algo más antiguo que la realeza, más poderoso que cualquier trono.

Aquella noche, mientras el Rey Alfa yacía derrotado en las mazmorras, Andreia avanzaba por el ala noble en busca de su hija.

No como prisionera. No como loba rechazada. Sino como la guardiana de la Hija de la Luna. Y nada se interpondría en su camino.

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