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A Tu Merced

A Tu Merced

Status: En proceso
Genre:Diferencia de edad / Amor a primera vista / Casada con el millonario / Matrimonio contratado
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: Fer.

Lía Aristizábal, una fotógrafa colombiana que llegó a España con el sueño de construir una nueva vida, decide convertirse en madre soltera mediante inseminación artificial después de alcanzar la estabilidad que tanto buscó. Sin embargo, todo cambia cuando descubre que los bebés que espera pertenecen al hombre más egocéntrico e insoportable que ha conocido.

Harold Veneti, dueño del imperio constructor más grande del mundo, siempre soñó con ser padre, pero jamás encontró a la mujer indicada. Lo que nunca imaginó fue que, por un error de la clínica de fertilidad, su esperma terminaría siendo utilizado para inseminar a una latina decidida a criar sola a sus hijos.

Obligados por el destino a compartir mucho más que unos bebés, Lía y Harold deberán aprender a convivir entre discusiones, diferencias y una atracción imposible de ignorar.
¿Podrá el amor surgir entre dos personas tan distintas… o sus personalidades chocarán demasiado como para estar juntos?

NovelToon tiene autorización de Fer. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Parte 7

Lía

Había estado ocupada toda la mañana, corriendo de un lado a otro para preparar la sesión, y apenas tuve tiempo de respirar cuando el CEO finalmente aceptó a la modelo que le propuse. Me alegraba que la hubiera elegido; era una mujer con un gran corazón, o al menos eso pensaba hasta que noté su mirada. En sus ojos se dibujaba una mezcla de rabia y celos apenas Harold se acercó demasiado, apoyando su mano en mi cintura con la naturalidad de quien se siente en su territorio. Sentí la tensión en el aire, como si el ambiente hubiera cambiado de repente.

—¿Qué haces aquí? —le pregunté de nuevo, tratando de mantener la compostura mientras me alejaba de él con suavidad. Pude notar también la mirada de mi asistente, que no sabía si seguir con su trabajo o meterse en la conversación.

—Te traje el almuerzo —respondió Harold, como si no fuera nada fuera de lo común. Levantó una bolsa con comida, y el aroma llegó a mí antes de que pudiera reaccionar. Era de la cafetería cercana, un sándwich que olía delicioso, tanto que mi estómago traicionó mis palabras al emitir un sonido, recordándome que no había comido en horas.

—No tengo hambre —mentí, cubriendo mi rostro con la mano para ocultar mi vergüenza. Estaba nerviosa y hambrienta, pero no podía permitirme perder el control frente a él—. Además, tengo que terminar las fotos.

—¿Te falta mucho? —preguntó con esa voz calmada que siempre lograba desarmarme. Negué con la cabeza, esperando que desistiera.

—No creo que sea buena idea que te quedes —insistí, consciente de las miradas furtivas de todo el equipo. Harold no era un hombre cualquiera, y su presencia estaba atrayendo demasiada atención.

—No te preocupes, me quedaré en una esquina —dijo, decidido a no irse. Sin esperar mi respuesta, se sentó en una silla y dejó la bolsa de comida en el suelo, sacando su celular como si fuera el gesto más natural del mundo.

Solté un suspiro, resignada, y ajusté la correa de la cámara alrededor de mi cuello, enfocándome nuevamente en la sesión. Pero era evidente que algo había cambiado. La modelo, que antes estaba fluida en su trabajo, ahora parecía distante, incómoda. Sus ojos seguían viajando hacia Harold cada pocos segundos, y su cuerpo había perdido esa relajación natural que había tenido al inicio.

—Reina, por favor, deja de darle vueltas a esos pensamientos y concéntrate en lo que estamos haciendo —le dije con suavidad, intentando que regresara al momento presente. Pero sus pensamientos parecían estar en otro lugar, y pude entender por qué. La presencia de Harold no pasaba desapercibida.

—¿Cómo conoces a Veneti? —preguntó la modelo de repente, con un tono que mezclaba curiosidad y celos mal disimulados. Sus ojos me examinaban, como si tratara de descubrir qué había entre nosotros.

Me quedé callada un momento, calibrando mis palabras mientras ajustaba la configuración de la cámara.

—No es nada del otro mundo —dije finalmente—. Apenas lo conocí hoy en persona —mentí, mientras la realidad de nuestra historia se mantenía guardada en lo más profundo de mí. Me concentré en la cámara, pero la proximidad de la comida, el hambre que sentía y el hecho de que Harold estaba ahí, observando cada uno de mis movimientos, me hacían perder un poco el foco.

—Él es un hombre al que no cualquiera se le acerca —insistió ella, como si esperara que yo revelara algún gran secreto—. ¿Cómo hiciste para ser tan cercana?

La miré de reojo mientras ajustaba el lente de la cámara, fingiendo que la pregunta no me había afectado. ¿Cómo podía explicarle que todo había comenzado de una forma que ni siquiera nosotros podíamos prever? Había decidido ser madre por otros medios, y luego las cosas simplemente sucedieron, como si el destino hubiera tenido otros planes. Pero no era el momento ni el lugar para hablar de eso.

—No lo sé —murmuré, evitando entrar en detalles. Me puse en posición y tomé las últimas fotos que necesitábamos. La modelo volvió a su trabajo, y en cuestión de cinco minutos, habíamos terminado.

—Gabriela, revisa bien que todas las fotos estén enfocadas —le dije a mi asistente, pasándole la cámara. Ya no podía concentrarme más en eso, mi estómago rugía y la tensión en la sala no ayudaba.

—Sí, señora —respondió ella con una sonrisa cansada.

—Puedes ir a almorzar primero si quieres —le sugerí con una sonrisa de agradecimiento. Sabía que había trabajado duro—. En la tarde me pondré a editar lo que haga falta.

—Recuerde que en la tarde tenemos que hablar con los organizadores del evento del viernes —me recordó Gabriela, y asentí, recordando de golpe todas las cosas que aún quedaban por hacer. Editar las fotos iba a tener que esperar hasta el fin de semana, un fin de semana que ya parecía abarrotado de tareas.

Justo en ese momento, la voz de Harold interrumpió mis pensamientos.

—¿Ya estás libre para mí? —preguntó, y aunque su tono era casual, pude sentir la mirada de la modelo clavada en nosotros.

—Vamos, antes de que llamemos más la atención —le respondí en un susurro, tratando de salir de ahí lo antes posible.

Lo llevé a mi espacio privado, un lugar que no compartía con cualquiera. Aunque no era estrictamente un espacio de trabajo formal, era el rincón donde las ideas y los conceptos creativos para las marcas fluían con libertad. Para mí, este lugar era como una extensión de mi mente, un refugio donde podía desconectarme del ruido exterior y sumergirme en el proceso creativo a mi propio ritmo. La oficina estaba llena de cosas que me inspiraban: una gran alfombra suave en la que a veces me acostaba para pensar, un mueble cómodo al que recurría cuando me cansaba del suelo, y montones de libros y cómics apilados en estanterías. Aquí, todo tenía su propio ritmo, y me encantaba trabajar en la paz de mi hogar.

—Es... un poco lindo —comentó Harold, mientras daba una vuelta por la habitación, observando con atención cada detalle. Su voz tenía ese tono de curiosidad que me hizo sonreír. Sus ojos recorrían el lugar con una mezcla de sorpresa y aprobación. La calidez del espacio, contrastando con su presencia imponente, parecía relajarlo un poco.

—Es donde nacen mis ideas —respondí, inclinando ligeramente la cabeza mientras lo miraba—. A veces necesitas un lugar como este para que el proceso creativo realmente funcione.

Noté cómo sus ojos se posaban en los míos por un momento, profundos, observadores, antes de que una sonrisa ladeada apareciera en su rostro.

—Supongo que por eso eres tan talentosa —dijo, casi en un susurro, como si fuera un secreto compartido solo entre nosotros dos.

Sus palabras me tocaron más de lo que estaba dispuesta a admitir. No estaba acostumbrada a recibir elogios sinceros, y menos de alguien como él. Mi corazón dio un pequeño salto, y aunque traté de mantenerme tranquila, no pude evitar sonreír.

—No soy tan talentosa —respondí con humildad, aunque por dentro me sentía cálida—. Simplemente hago lo mejor que puedo, trabajo duro y con pasión. Eso es todo.

Era agradable escucharlo decir eso, como si mi trabajo y esfuerzo realmente fueran valorados por alguien más. Y viniendo de Harold, un hombre que parecía tener el mundo a sus pies, se sentía aún más significativo.

De repente, su mirada cambió. Se acercó a mí con un paso seguro, como si todo en la habitación hubiera desaparecido y solo quedáramos él y yo en ese momento. Su presencia se volvió más palpable, más intensa. Mis pensamientos comenzaron a desordenarse a medida que él rompía la distancia entre nosotros.

—Entonces... ¿vamos a casarnos? —preguntó, con esa mezcla de seriedad y picardía que lo caracterizaba. Su voz era suave, pero sus palabras eran como una carga de electricidad que recorrió mi cuerpo. Se inclinó peligrosamente cerca de mi rostro, y por un segundo, me quedé sin aire.

Su pregunta me tomó por sorpresa. Mis pensamientos comenzaron a correr a mil por hora. Él era todo lo que alguna vez había soñado a los 18, a los 20: alto, guapo, rico, un hombre que podía ofrecerme estabilidad y seguridad. Pero los años no habían pasado en vano. Había vivido tantas cosas desde entonces, había aprendido a ver la vida con otros ojos. Los sueños que tenía en ese entonces parecían tan lejanos ahora, casi infantiles. Ahora sabía que el amor no siempre llega de la manera que una espera, y que las relaciones no siempre son cuentos de hadas.

¿Debería aceptar? Sabía que, al menos de mi parte, esto no empezaría con amor. Era una propuesta basada en la lógica más que en el corazón. Él me ofrecía una vida de estabilidad, una vida que yo había deseado en algún momento. Y a cambio, yo le ofrecería compañía. No era el tipo de historia romántica con la que una crece soñando, pero había algo reconfortante en la idea de la seguridad que él representaba.

Mis pensamientos se desordenaban aún más a medida que él se acercaba, su presencia invadiendo mis sentidos. Era atractivo, eso era innegable. Y su aura de confianza hacía difícil no considerar su propuesta seriamente.

Pero, al mismo tiempo, no podía dejar de preguntarme si estaba preparada para algo así, para dejar de lado el amor romántico y embarcarme en una relación que comenzaría desde una base tan práctica.

Lo miré a los ojos, intentando descifrar sus verdaderas intenciones. Harold siempre había sido un enigma para mí, alguien que escondía mucho más de lo que dejaba ver. Sin embargo, en ese momento, podía sentir su sinceridad, aunque no sabía si era suficiente para dar ese salto.

—Harold… —empecé, tratando de encontrar las palabras adecuadas, mientras su mirada seguía clavada en la mía, expectante. ¿Podría realmente hacerlo? ¿Podría comenzar una vida con alguien sin estar segura de mis sentimientos, solo por la promesa de estabilidad?

Pero antes de que pudiera responder, él esbozó una sonrisa, como si ya conociera todas las respuestas que no me atrevía a dar.

1
mariela
A esa arpía de la mujer de Luca hay que darle una lección porque no se sabe si el bebe es de él asi que se ponga las pilas y solucione porque Harold no dejara que dañe su relación con Lía y a su hijo.
Todo aclarado con la rueda de prensa Harold lo dejo bien claro es su esposa y esta esperando un hijo.
Melissa Bacallao
💪👏 bravo 👌,me encanta, sigue escribiendo👏👏👏 ánimo
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
👏👏👏👏
Nairobis Cardozo Portillo
La nefasta de la mujer de Lucas es una envidiosa de lo peor
mariela
Esa mujer de Lucas esta frustrada y envidiosa porque seguro quería cazar a Harold y se tuvo que conformar con el hermano ella filtro esa información para dañar la imagen de Lía ojala y ese bebe no sea de Lucas porque eres un ser maquiavélico haciendo daño.
nerialifer
💖💖💖💖💖💖
mariela
Y quien es ella para decir que sabe asqueroso si no te gusta no te lo tienes que comer todo porque "supuestamente" es el primer heredero hay que soportarla ubicate en tiempo y espacio bien merecido se lo tenia que Lia la puso en su sitio no deja de mirar a Harold es mas no le importa que la vean comiendose con los ojos a su cuñado.
Nairobis Cardozo Portillo
Me encantó la dosis de ubicatex que le dió a la nefasta a ver si así deja de molestar
Nairobis Cardozo Portillo
La esposa de Lucas da mala espina y es irrespetuosa
mariela
Esa mujer de Lucas es ordinaria y chabacana sin modales de educación y como comportarse es vulgar la propia putizorra que no sabe respetar al esposo y menos a su familia que asco.
Lía y Harold tan calienturentos los dos que tal hicieron el delicioso 😋😋😋🤤🤤🤤 y a Lía le dieron como timbre de ascensor en película de terror 🤣😂🤣😂🤣😂.
Yadira
Más capítulos porfavor esto cada vez se pone mejor
mariela
Algo aquí no cuadra la mujer del hermano de Harold le lanza una mirada de me gustas y Lía vio lo sintió y el hermano también que se trae esta mesera con razón le tienen distancia y adversion la suegra y la abuela.
Nairobis Cardozo Portillo
Está rara la relación del hermano de Harold y su esposa 🤔🤔
mariela
Me encanta esta pareja de Lia y Harold veremos que pasa en la cabaña con la familia Veneti.
Nairobis Cardozo Portillo
Está buenísima me encanta 👏👏❤️❤️
mariela
Será que la familia de Harold no querrá a Lía como esposa ese sueño que tuvo se hará realidad 🤔🤔🤔❓❓❓
Pero Harold ama demasiado a Lía y le importara un carajo lo que diga su familia.
Nairobis Cardozo Portillo
❤️❤️❤️❤️
Nairobis Cardozo Portillo
Harold es tú hogar, tú lugar seguro ❤️❤️
mariela
Lía así es le diste a la modelucha una bofetada con guante blanco y educación para que se ubique en tiempo y espacio.
Harold y Lía van paso a paso descubriendose con mucha confianza y sinceridad así que se construye las bases de un buen matrimonio me encanta esa complicidad.
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