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La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

La Serpiente Que Revolucionó El Mundo Bestia

Status: En proceso
Genre:Bestia / Romance / Mundo de fantasía
Popularitas:6.6k
Nilai: 5
nombre de autor: ska

Despreciada por su linaje de serpiente y desterrada por las intrigas de una hembra celosa, Serena despierta los recuerdos de su vida pasada como médica e ingeniera agroindustrial. En lugar de dejarse morir en el bosque peligroso, decide que el barro es el mejor aliado y la ingeniería su salvación. Al rescatar al general del Clan Águila, no solo se gana el corazón de un temible y tímido depredador, sino que inicia una revolución agrícola, médica y militar que cambiará el Continente de las Bestias para siempre, desafiando las tradiciones de la poligamia y demostrando que la inteligencia es el arma más letal de todas.

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CAPÍTULO 7

La luz tamizada de la mañana se filtraba perezosamente a través de la densa niebla exterior, dibujando débiles líneas doradas sobre el suelo de piedra de la cueva. El persistente y opresivo hedor a veneno de la Viuda del Bosque casi había desaparecido, reemplazado por una fragancia completamente nueva, terrosa, picante y reconfortante que burbujeaba alegremente desde la entrada del refugio.

En el rincón más espacioso de la cueva, unas colosales alas de color marrón y oro experimentaron un leve estremecimiento.

Aquiles abrió lentamente los ojos. Sus pupilas, dos rendijas doradas y afiladas como navajas, tardaron unos segundos en enfocar el entorno. Se sentía pesado, como si su cuerpo hubiera sido enterrado bajo una avalancha de rocas. Lo último que recordaba era el impacto brutal contra el suelo tras ser emboscado, el zumbido del veneno corriendo por sus venas y la certeza absoluta de que ese sería su último vuelo.

Sin embargo, para su desconcierto, no estaba muerto.

No solo seguía respirando, sino que un calorcito sumamente agradable y constante emanaba de su pecho. Bajó la mirada hacia donde debería estar la herida mortal que le propinó el enemigo y descubrió una prolija hilera de suturas hechas con un hilo pálido y resistente, cubiertas por una fina capa de savia protectora que mantenía la zona aislada del frío.

¿Quién demonios había hecho esto?

El agudo oído de un depredador alado captó entonces un sonido sumamente extraño. Alguien estaba tarareando una melodía rítmica y desconocida, una tonada que no pertenecía a ninguno de los cantos tradicionales de las tribus del continente.

*—...and I'm free, free fallin'...—* entonaba una voz femenina, suave, clara y relajada.

Aquiles giró la cabeza con lentitud, cuidando de no tensar los músculos del cuello. Lo primero que captó su vista fue una cabellera larguísima y ondulada, de un negro tan profundo como la noche sin estrellas, que caía en cascada sobre la espalda de una hembra. Llevaba un top y una falda pantalón de un tejido marfil que él nunca había visto. Estaba de espaldas a él, arrodillada junto a una pequeña fogata controlada, machacando con un ritmo alegre varias raíces y hojas dentro de un cuenco de piedra pulida.

Cuando ella se giró ligeramente de perfil para arrojar los ingredientes machacados a un recipiente de bambú que hervía sobre el fuego, Aquiles contuvo el aliento.

Su rostro poseía una belleza magnética y perturbadora, muy alejada de la sumisa fragilidad de las hembras de su clan. Su piel era pálida, y en sus sienes destacaban unas delicadas y brillantes escamas que destellaban como perlas bajo el reflejo del fuego. Un linaje de serpiente. El guerrero que habitaba en él reconoció de inmediato el peligro: las serpientes eran sinónimo de traición, ponzoña y muerte.

Al notar el sutil cambio en la respiración de su gigantesco paciente, Serena dejó de tararear y volteó la cabeza. Al encontrarse con la mirada fija y leonina de los ojos dorados del águila, sus ojos verdes se iluminaron con un brillo de sincero alivio.

—Vaya, miren quién decidió regresar al mundo de los vivos —dijo Serena con total naturalidad, esbozando una sonrisa ligera—. Buenos días, bello durmiente. Pensé que te quedarías en coma un par de días más. Tienes una constitución física que desafía cualquier manual de anatomía que haya leído, de verdad.

El instinto de guerrero de Aquiles se activó de golpe. Un depredador jamás debía mostrarse vulnerable, y menos ante una serpiente. Intentó erguirse, desplegando sus alas gigantescas para intimidarla y someterla bajo su sombra, pero un dolor agudo y punzante le atravesó el pecho, haciéndolo colapsar de nuevo sobre la hojarasca con un quejido ronco y ahogado. Sus garras rasparon la piedra inútilmente. Estaba demasiado débil para defenderse o atacar.

Serena ni siquiera se inmutó ante el amago de agresión. En lugar de retroceder asustada o rogar por su vida como haría cualquier hembra común ante un águila real de su tamaño, se puso de pie con total tranquilidad, sosteniendo el recipiente de bambú humeante con la ayuda de unas hojas gruesas para no quemarse.

Se acercó a él a paso firme. Al llegar a su lado, Aquiles tensó el pico, listo para morderle la mano si intentaba algo sospechoso. Sin embargo, Serena fue más rápida. Con el dedo índice de su mano libre, le dio un golpecito suave pero firme justo en la punta del pico.

—Epa, ni lo pienses, grandullón —lo regañó Serena con el ceño ligeramente fruncido—. Nada de mordiscos ni de aleteos bruscos. Si abres esos puntos que me costó media noche coser con una espina de cactus y aguja improvisada, te juro que te dejo así y uso tus plumas para rellenar mi almohada. Así que te me calmas.

Aquiles se quedó de piedra. Sus ojos dorados se abrieron desmesuradamente por el shock. ¿Acababa... acababa de darle un golpe en el pico? ¿A él? ¿Al temido General del Clan Águila, ante quien incluso los líderes de otras tribus bajaban la cabeza con temor? La absoluta falta de sumisión y el descaro de esta hembra lo dejaron completamente desarmado.

—Así me gusta. Que nos vayamos entendiendo —continuó Serena, arrodillándose a una distancia segura pero lo suficientemente cerca como para asistirlo—. Ahora, abre el pico y traga esto. Es caldo de raíz de jengibre, ginseng local y un par de hierbas analgésicas que encontré cerca del río.

Un aroma denso, picante y sumamente estimulante golpeó las fosas nasales de Aquiles. No olía a la carne medio carbonizada que solían consumir los guerreros en batalla; olía a vida, a calor y a una extraña promesa de alivio para el dolor lacerante que le consumía el pecho. Su garganta, seca como la arena del desierto, reclamó el líquido de inmediato.

—Vamos, no me pongas esa cara de que te estoy envenenando —insistió Serena, acercándole el borde del bambú al pico—. Si hubiera querido que fueras la cena, te habría dejado en el cráter donde te estrellaste o te habría procesado en mi horno de barro. No gastaría mis valiosas plantas medicinales ni mi precioso hilo de lino en un cadáver. Bebe. No sabe a gloria, pero te va a levantar los ánimos y ayudará a tu hígado a metabolizar los últimos restos de la toxina.

Aquiles la observó fijamente, buscando cualquier rastro de engaño en sus ojos verdes. No encontró nada más que una determinación inquebrantable, una pizca de cansancio y una profunda compasión profesional que lo desarmó por completo.

Lentamente, bajando la guardia por primera vez en su vida adulta, abrió el pico.

Serena vertió el líquido tibio con un pulso firme y cuidadoso, asegurándose de que no se atragantara. El caldo, intensamente picante por el jengibre pero con un retrogusto dulce y reconfortante, resbaló por su garganta. Al instante, Aquiles sintió cómo una oleada de calor se expandía desde su estómago hacia cada una de sus extremidades, devolviéndole la sensibilidad a sus dedos y aliviando el frío que sentía en los huesos.

—Eso es. Todo para dentro —sonrió Serena, retirando el bambú una vez que el cuenco quedó completamente vacío—. Muy bien. Tu reflejo de deglución está intacto y no hay signos de shock anafiláctico. Eres un paciente de lo más resistente, he de admitirlo.

Aquiles la miró comer un trozo de ñame asado a unos metros de distancia, sintiendo una mezcla de desconcierto, asombro y una extraña fascinación que comenzaba a florecer en su pecho. Aquella hermosa serpiente, que hablaba con palabras extrañas y no le temía a su imponente presencia, acababa de salvarle la vida.

Mientras Serena continuaba con sus tareas cotidianas en la cueva, tarareando de nuevo su peculiar melodía, el orgulloso general cerró los ojos, dejándose arrullar por el calor del caldo y el sutil perfume de menta y clavo que emanaba de la hembra. Definitivamente, este exilio iba a ser mucho más interesante de lo que jamás imaginó.

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Lena
Nooo!!!!!! Boreas que hiciste!!!!!
Lena
.
Flor R
ya está encontrando su punto el Aquiles para que su serpiente 🐍 no amuele seguido y pueda hacerle travesuras a ellas sin que el parezca un tomate 🍅 rojo
Flor R
pobre pajarito es una ternura se imagina cuando la dama le robe u. beso ese día se desmaya ese pajarito 🙈🙈🙈🙈🙈
yoselin
Más capítulo esta bueno este pajarito es chistoso 🤣🤣🤣🤣
Lena
Quien diría que el "pollo gigante" es un principe 🤭🤭
Lena
Su hembra dice 🤭🤭🤭🤭
Lena
No sé ustedes pero para mí eso fue una declaración 🤭🤭🤭😂🤭🤭
Lena
me gusta esta futura parejita😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
Que tierno es Aquiles 😂😂🤭🤭🤭 para ser un grandulon 😂😂😂🤭🤭🤭
Lena
está muy interesante está novela
Flor R
creo que soy la única que se rió sola en su casa con estos capítulos pobre mi pajarraco no aguanta los piropos suaves 🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Flor R: se chivea muy rápido 🙈🙈🙈🙈
total 3 replies
Alexandra Luna
me gusta la novelas sigue actualizando 😍😍🙏
yoselin
Más capítulo por favor /Determined//Determined//Determined/
Alianay Guirola
Por fa 👏 sigue actualizando estoy segura q cuando más personas te lean más popular será ♥
Anabelle
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