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Lo Nuestro No Estaba Permitido

Lo Nuestro No Estaba Permitido

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Gabriela

Forzada a un matrimonio por conveniencia, Keyla encuentra en un amor prohibido y con el, la fuerza para romper las cadenas de una vida de mentira.

NovelToon tiene autorización de Gabriela para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Reencuentro.

La luna de miel terminó pronto. El viaje de regreso fue largo y silencioso.

Keyla observaba por la ventana del auto cómo el paisaje cambiaba, pero en su mente todo seguía igual: un nudo constante en el pecho, una sensación de encierro que no desaparecía aunque el aire acondicionado estuviera al máximo. Andrés revisaba su teléfono con total indiferencia, como si ella no existiera. A su lado, Darío mantenía la mirada baja, consciente de que aquella luna de miel había sido cualquier cosa menos eso.

Cuando el auto se detuvo frente a la imponente casa de los Montenegro, Keyla sintió un escalofrío. No era un hogar. Era una fortaleza.

La fachada era elegante, fría, perfecta. Ventanales enormes, jardines impecables y una puerta principal que parecía marcar el límite entre la vida que conocía y la que estaba obligada a vivir.

—Bienvenida —dijo Andrés con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Aquí vamos a vivir como el matrimonio ejemplar que todos esperan.

Keyla no respondió.

Entraron. El interior era aún más intimidante: mármol, cuadros costosos, muebles antiguos. Todo hablaba de poder… menos de amor.

—Quiero dejar algo claro desde ahora —continuó Andrés mientras se quitaba el saco—. No quiero malentendidos.

Keyla se detuvo en seco.

—¿Ahora qué? —preguntó, cansada.

Andrés se giró lentamente, con esa calma peligrosa que tanto la inquietaba.

—No puedes ser infiel.

Keyla soltó una risa incrédula.

—¿Hablas en serio? Tú vives con tu novio bajo el mismo techo.

—No es lo mismo —repitió él, como si fuera algo normal—. Tú firmaste un contrato.

Ella frunció el ceño.

—¿Qué contrato?

Andrés abrió un cajón del mueble del recibidor y sacó una carpeta gruesa. La dejó sobre la mesa con un golpe seco.

—El acuerdo matrimonial. Ese que firmaste sin leer.

Keyla sintió que el corazón se le aceleraba.

—Eso era solo un trámite legal…

—No —la interrumpió—. Era tu vida, Keyla. Y decidiste no molestarte en revisarla.

Con manos temblorosas, abrió la carpeta. Página tras página, sus ojos se iban abriendo más, horrorizados.

Cláusulas. Restricciones. Prohibiciones.

No podía tener relaciones fuera del matrimonio.

No podía tomar decisiones públicas sin la aprobación de Andrés.

No podía manchar la imagen de la familia Montenegro bajo ninguna circunstancia.

No podía denunciar, reclamar ni abandonar el matrimonio sin consecuencias económicas devastadoras para su familia.

En cambio, Andrés…

Podía mantener relaciones extramaritales.

Podía decidir dónde vivían, qué hacían y cómo se mostraban ante el mundo.

Podía disolver el matrimonio si ella incumplía alguna cláusula.

Keyla dejó caer la carpeta sobre la mesa.

—Esto es una locura… —susurró—. Es inhumano.

—Es un acuerdo —respondió Andrés con frialdad—. Y tú lo aceptaste.

—¡Me engañaron! —gritó ella—. Nunca me dijeron esto.

—No preguntaste —replicó él, encogiéndose de hombros—. Y en el mundo en el que nos movemos, eso es imperdonable.

Darío, que había permanecido en silencio, dio un paso adelante.

—Andrés… ella no sabía. Esto no es justo.

Andrés lo miró con severidad.

—No te metas, Darío.

El joven bajó la mirada. Sabía que Keyla era la víctima, lo sabía desde el principio. Pero amaba a Andrés. Y ese amor, aunque doloroso, lo mantenía atado al silencio.

Keyla respiró hondo, intentando no derrumbarse.

—¿Y qué pasa si no cumplo? —preguntó con voz quebrada.

Andrés se acercó hasta quedar frente a ella.

—Tu padre pierde la empresa. Tu familia lo pierde todo. Así de simple.

Keyla sintió que las piernas le fallaban.

—Eres cruel…

—Soy realista —corrigió—. Y te conviene recordarlo.

Esa noche, Keyla no durmió. Se quedó sentada en la cama, abrazando sus rodillas, preguntándose en qué momento su vida se había convertido en una prisión tan elegante.

Días después, Andrés llegó a casa más temprano de lo habitual. Keyla estaba en la sala, leyendo sin prestar atención a las palabras.

—Tenemos una fiesta esta noche en la empresa —anunció él—.

Ella levantó la mirada.

—¿Y?

—Es importante —continuó—. Van socios, inversionistas. Es el momento ideal para presentar a mi esposa perfecta.

Keyla apretó los labios.

—No tengo opción, ¿verdad?

Andrés sonrió.

—Aprendes rápido.

Esa noche, Keyla se vistió con un vestido elegante, sobrio y perfectamente ajustado. Maquillaje impecable. Cabello recogido con delicadeza. Parecía la mujer más segura y exitosa que todos esperaban ver.

Pero por dentro, se sentía vacía.

Al llegar a la fiesta, el ambiente era sofisticado. Luces cálidas, música suave, copas de cristal y conversaciones estratégicas. Andrés la tomó del brazo, posesivamente, mostrándola como un trofeo.

—Mi esposa, Keyla Montenegro —decía con orgullo fingido.

Ella sonreía. Sonreía siempre.

Hasta que lo vio.

Ulises estaba cerca del bar, conversando con un hombre alto que ella no reconoció, era Joel. Vestía un traje oscuro, elegante pero sencillo. Cuando sus miradas se cruzaron, el tiempo pareció detenerse.

Ulises se quedó helado.

—¿Keyla…? —murmuró para sí.

Joel siguió su mirada y luego a Andrés.

—No me digas que ese es…

—Su esposo —completó Ulises con amargura.

Keyla sintió que el corazón se le salía del pecho. No esperaba verlo allí. No así. No en ese contexto.

Ulises no tardó en atar cabos. La tristeza de aquella noche. El silencio. La huida. Todo tenía sentido ahora.

Aprovechando un descuido, se acercó a ella.

—¿Podemos hablar? —preguntó en voz baja.

Keyla dudó, pero asintió.

Se apartaron hacia un rincón más tranquilo.

—¿Por qué estás aquí? —preguntó él—. ¿Por qué sigues con él?

Keyla bajó la mirada.

—No es tan simple…

—Esa noche —continuó Ulises— me hiciste creer que estabas atrapada. Que no amabas a nadie.

—No mentí —susurró—. No lo amo.

Ulises respiró hondo.

—Entonces dime por qué sigues con un hombre que te trata como una propiedad.

Keyla lo miró a los ojos, con una tristeza profunda.

—Porque no puedo irme.

Ulises frunció el ceño.

—Siempre se puede.

—No cuando tu familia está en juego —respondió ella—. No cuando cada paso tiene un precio.

Ulises sintió rabia. No contra ella. Contra el mundo que la había llevado hasta allí.

—No eres lo que pensé aquella mañana —dijo con sinceridad—. Y me equivoqué al juzgarte.

Keyla sonrió con amargura.

—Todos lo hacen.

Desde lejos, Andrés observaba la escena con atención.

Algo en esa conversación no le gustó.

Y supo, en ese instante, que Ulises Mendoza no era solo un invitado más.

Era una amenaza.

1
Alicia Lagos
genial
Alicia Lagos
linda novela no tardes tanto en subir más capítulos porfa
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