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El Vínculo De Escarlata

El Vínculo De Escarlata

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Vampiro / Completas
Popularitas:4.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Fernanda

​El sacrificio es solo el comienzo.
​Para salvar a su hermana de una muerte segura, Elisabeth toma una decisión irrevocable: entregar su libertad y su sangre a la realeza de las sombras. Como la nueva sierva de sangre personal del príncipe Damián, su vida ahora se mide en gotas y se consume tras los muros de un palacio donde la luz del sol es un recuerdo lejano.
​Damián es todo lo que las leyendas advierten: frío, letal y poseedor de una belleza tan peligrosa como su linaje. Sin embargo, tras la máscara de heredero implacable, Elisabeth descubre a un hombre atrapado en su propia inmortalidad. Lo que comienza como un contrato de supervivencia se transforma en una atracción magnética y prohibida que desafía las leyes de la naturaleza y los prejuicios de siglos de guerra.
​Pero en el mundo de los inmortales, el amor es una debilidad que los enemigos no perdonan. Mientras su conexión crece, el destino comienza a tejer una red de traiciónes, secretos y una profecía antigua

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Capítulo 18 :El frío Entre las LLamas

Despertar fue como emerger de un océano de brea. Mis párpados pesaban y el frío del suelo de piedra se filtraba en mis huesos. Al abrir los ojos, lo primero que vi fueron los barrotes de hierro negro, grabados con runas que pulsaban en un tono violeta enfermizo.

​Fuera de la jaula, sentado en las sombras, estaba él. Damián me observaba con una fijeza inhumana, sus ojos negros reflejando la nula luz de la mazmorra.

​—¿Dónde está? —mi voz salió como un graznido seco. Me incorporé con prisa, ignorando el mareo—. ¿Dónde está mi hermano? ¡Damián, responde!

​Él inclinó la cabeza, manteniendo esa expresión gélida que me erizaba la piel.

​—Andrew está en otra celda, en el ala norte —dijo con una voz que era puro hielo—. Sigue con vida, si es lo que te preocupa. Aunque desearía que no fuera así.

​Un suspiro de alivio escapó de mis labios, haciéndome flaquear las piernas. Estaba vivo. Aún había esperanza. Me acerqué a los barrotes, sujetándolos con fuerza.

​—Damián, escúchame —le supliqué, pegando mi rostro al frío metal—. Ya me tienes a mí. Soy lo que querías, ¿no? La descendiente de Solaris, tu batería, tu trofeo. Pero Andrew no tiene nada que ver con esto. Él solo protegía a su familia. Déjalo ir. Te lo ruego, libéralo y haré lo que quieras.

​Damián soltó una carcajada corta y amarga que me heló la sangre. Se puso de pie y se acercó lentamente a la jaula.

​—¿Lo que yo quiera? —se burló—. Qué noble, Elisabeth. Pero no. Tu hermano se queda donde está. Es el único seguro que tengo de que no intentarás una estupidez heroica.

​—¡Él no merece estar aquí! —insistí, golpeando los barrotes. Intenté invocar el fuego en mis manos, pero apenas las runas de la jaula detectaron mi chispa, una descarga de energía oscura recorrió mis brazos, lanzándome hacia atrás—. ¡Ahg!

​—No lo intentes —dijo Damián, sentándose en una silla de madera tallada justo frente a mi celda—. Esa jaula fue diseñada para devorar dioses. Cada vez que intentes usar tu poder, solo lograrás debilitarte más.

​Se recostó en la silla, cruzando las piernas con una elegancia depredadora. Su mirada bajó por mi cuerpo, deteniéndose en las heridas que aún manchaban mi ropa.

​—¿Tienes idea de lo que es morir por dentro mientras el cuerpo sigue respirando? —preguntó de repente, su voz volviéndose peligrosamente suave—. Pasé meses viendo la marca que dejaste en mi costado. Cada vez que la herida supuraba luz solar, recordaba tu cara mientras me abandonabas en aquel pasillo, desangrándome como a un animal. Me dejaste morir, Elisabeth. Después de todo lo que hice por "protegerte".

​—¿Protegerme? —estallé, caminando de un lado a otro como una leona enjaulada—. ¡Me tenías cautiva! ¡Me ocultaste quién era yo! No tuve opción, Damián. ¿Qué esperabas? ¿Que me quedara a ver cómo tu hermano me drenaba o cómo tú me usabas como un juguete? Me ibas a matar, tarde o temprano.

​—Nunca te habría matado —siseó él, poniéndose de pie de un salto y pegándose a los barrotes. Su rostro estaba ahora a centímetros del mío, y podía sentir el frío que emanaba de su piel—. Te habría dado el mundo, pero preferiste las cenizas y los harapos de esos cazadores.

​La conversación, que había empezado con la frialdad del odio, empezó a transformarse. El aire entre nosotros se volvió denso, eléctrico. La rabia en sus ojos empezó a mezclarse con algo que quemaba con más intensidad que el sol.

​—Dices que me habrías dado el mundo —susurré, acortando la distancia hasta que solo los barrotes nos separaban. Mi respiración se agitó—. Pero aquí estoy, encadenada. Me miras como si quisieras destruirme, pero tus ojos dicen que te mueres por tocarme.

​Damián extendió una mano y, a través de los barrotes, sujetó mi nuca con una brusquedad que me obligó a arquear la espalda. Sus dedos estaban congelados, pero donde tocaban mi piel, sentía un incendio.

​—Te odio por lo que me hiciste —gruñó él, acercando sus labios a mi oído mientras su otra mano rodeaba mi cintura con fuerza, atrayéndome contra el metal—. Te odio por hacerme sentir este vacío.

​—Entonces llénalo —le desafié, clavando mis uñas en sus hombros—. Haz lo que viniste a hacer. Mátame o bésame, Damián, pero deja de fingir que no me deseas más que a tu propia redención.

​Él soltó un gruñido gutural y me besó. No fue un beso de amor; fue un choque de poder, de hambre y de resentimiento. Sus labios sabían a sangre y a noche eterna, y los míos ardían con el fuego de Solaris. En esa celda oscura, rodeada de conjuros y sombras, la batalla entre la luz y la oscuridad se volvió física, consumiéndonos a ambos en un deseo que amenazaba con derretir hasta el hierro más negro.

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Eliana
👏👏👏
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