Cuando Isabel muere debido a una enfermedad, su alma se transporta al mundo de la última novela que leyó: "La Duquesa Libertina". Ahora, con una segunda oportunidad, Isabel decide tomar control de su destino y cambiar el curso de la historia. Pero lo que no esperaba era que sus padres la obligaran a casarse con un duque sanguinario, misterioso y posesivo. Sin embargo, ella tratará de hacer la suya y no molestarlo, pero él desea otra cosa...
¿Podrá Isabel equilibrar su deseo de libertad con la pasión que la consume?
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Capitulo 19
—Voy a ponerte en otra posición – anuncio el Duque.
Ella asintió veloz.
Él la colocó boca abajo de un rápido giro y sin contemplaciones se hundió en ella, entraba y salía con rapidez. Isabel no podía dejar de gritar de placer, estaba extasiada.
La noche se llenó de gritos, gemidos y sudor en ese cuarto.
Luego de aquella candorosa noche, la relación de ellos mejoró enormemente, ahora se hablaban con más cariño y se respetaban más.
Aquello sorprendió enormemente a todos, les alegraba que finalmente hayan podido aceptarse el uno al otro, sobre todo su señor, que llevaba una vida demasiado solitaria y deprimente.
A los dos días llegaron los invitados que Isabel tanto esperó.
Pero al recibirlos sintió un nudo en el estómago.
No solo estaba Eliza allí sin Theo, sino que venía acompañada de Beatrice, Clara y Rosalind.
Podía ver a simple vista que venían con malas intenciones, ya que todas menos Eliza, sonreían de forma siniestra y la rebajaban con la mirada.
—¡Eliza! – exclamó ella feliz por verla aunque sea a ella.
—¡Mi niña! – corrió a abrazarla la pelirroja, en el abrazo aprovecho para susurrarle – lo siento querida, no tuve más opción, el marqués me obligó a traerlas y dejar a Theo.
—No te preocupes querida Eliza, con sólo verte a tí, ya me siento bien – sonrió ella limpiándose las lágrimas que se habían acumulado.
Antes de que las víboras pudieran dar un paso o decir algo hiriente, apareció Cedric de forma imponente ante todas.
Él se posicionó automáticamente junto a Isabel, posando su mano en su cintura.
—Mi amor, creí que solo habías invitado a la señora Everly y a Theo – mencionó él mirándolas a todas de forma fría.
—Eso creí haber hecho cielo – respondió ella, fingiendo sorpresa.
—¡Oh Duque, yo soy la señora Everly! – exclamó Beatrice llamando la atención para sí misma, como vanagloriándose de ser la primera esposa – soy su madre.
—No me refería a usted sino a la señora Everly – repitió él de forma amenazante.
Se acercó a Eliza y de forma muy galante tomó su mano y se la besó.
—Es un placer recibirlos en nuestro hogar, por favor sea bienvenida – saludó él, llevándola del brazo a la sala, mientras del otro brazo llevaba a su esposa.
Todas estaban rojas de la ira por el tremendo desplante que acababan de hacerles en su cara.
—Vamos a comer – anunció Isabel, guiándolas al comedor.
—¿Qué han preparado para comer? – preguntó Clara de forma altanera – mi paladar solo está acostumbrado a lo mejor.
—No puede estar acostumbrada a lo mejor si nunca ha probado las delicias de mi mujer, concubina – respondió igual de altanero y arrogante Cedric, besando la mano de Isabel.
—Pero si nunca te he cocinado – rio ella complacida.
—Y yo no hablaba de comida – sonrió de forma lasciva él.
Toda la mesa quedó en un terrible silencio. Solo ellos dos y Eliza seguían sonriendo.
—¡Oh querida hermana! – fingió sollozar Rosalind – no sabes cuánto te he extrañado, sin mencionar a Glaus, aquel chico que siempre andaba detrás de ti, estaba tan enamorado de ti – luego se cubrió la boca, como sí el comentario se le hubiera escapado por accidente.
—¡Rosalind, no hables de los novios de tu hermana en frente de su esposo! – fingió también reprenderla su madre, embarrando las cosas.
Isabel sin querer soportar esas cosas y hacer quedar mal a Cedric, decidió tomar coraje y responder.
—Oh hermana te confundes – puso su mejor sonrisa falsa – Glaus andaba detrás de ti, al igual que Sebas, Gustav, Philip, y... ¿Cómo se llamaba ese otro con el que te veías en el granero?, ¡ah, sí!, Justin – luego repitió lo mismo y se cubrió la boca fingiendo estar avergonzada.
—¡Isabel, no hables de los amantes de tu hermana en la mesa! – fingió regañarla también Eliza, pero conteniéndose de la risa.
Cedric estaba tentado, no podía creer lo ingeniosas que eran las mujeres para soltar pullitas y venenos todo el tiempo.
Luego de eso, la comida prosiguió con tranquilidad, hasta que Rosalid volvió a abrir la boca venenosa.
—Duque – mencionó ella arrimándose a él, prácticamente poniendo sus senos en su cara, ya que él estaba sentado, y ella de pie – ¿le cuento un secreto? – preguntó con voz seductora.
—Si me lo contará, dejaría de ser secreto – respondió de manera indiferente él, mirando para otro lado.
—Le contaré igual, solo por qué es usted – ¿sabía que al comienzo, usted debía comprometerse conmigo y no con Isabel?.
Ahora el Duque sí que se volvió hacía ella, muy lentamente.
Ella creía que con eso lo iba a entusiasmar, hacerle creer que aún podía tenerla a ella si dejaba a su hermana.
—Eso es imposible – exclamó el Duque con los cojos entrecerrados.
—¿Por qué dice eso usted? – preguntó Clara entrometiéndose.
Él vió a Isabel que acababa de entrar a la sala, habia salido unos minutos para dar un par de órdenes, y ahí había aprovechado la otra para arrimársele.
Cedric llamó a Isabel con la mano, ella fue hacía él inmediatamente.
Dejando a todos mudos, él la sentó sobre sus piernas mientras la abrazaba desde atrás y hundía su rostro en su cuello.
—Es imposible que yo estuviese prometido a usted porque yo pedí explícitamente casarse con Isabel – en ese momento ella comenzó a acariciar su cabello, soltando él un sueva ronroneo.
A Rosalind se le había desencajado la cara de la vergüenza, ira la envidia que sentía.
—¡Oh hermana, hablando de secretos! – sonrió ella – ¿recuerdas cuando me dijiste que el Duque en realidad era un viejo pervertido, y sanguinario?, pues al final no era así – rio fingiendo inocencia Isa.
—¿Yo, un viejo pervertido?, sanguinario si soy – rio él – amor, ¿te he hecho algo a la fuerza? – preguntó de pronto, impactando a todos.
—A la fuerza no... – se hizo la pensativa – pero sí con fuerza – rio provocativa.
Sin poder aguantar mucho más todo ese ambiente, las mujeres se marcharon indignadas, no sin antes que Clara y Beatrice se acercarán a ella.
—¿Te crees muy lista no? – susurró de forma amenazante Clara – yo sólo vine a decirte que no te perdonaré por lo que le hiciste a Vincent, ya verás.
—Recuerda que la zorra de Eliza y el bastardo de Theodore viven aún bajo nuestro techo – sonrió de forma cínica.
Luego de eso, se marcharon.
Suspiró, había sido muy agotador.
—¡Isa, estuviste increíble! – exclamó emocionado Cedric abrazándola.
—¡Tú también! – le sonrió ella agradecida – Cedric, hay algo que deseo pedirte...
—Lo que quieras – aceptó él.
—Quiero entrenar con los guardias, ¿puedo tener un maestro privado de momento? – preguntó ella nerviosa, no sabía si aceptaría.
—¡Por supuesto! – aceptó rápidamente – de hecho yo también te lo quería proponer, siempre es bueno que uno sepa defenderse.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Chicos, soy un fraude.
Al final sólo voy a poder entregarles estos cuatro capitulos por hoy, mis dedos no dan más, mucho menos mi celular (que es por dónde escribo).
Hoy hizo un calor terrible y bueno, no use mucho el celular porque se recalienta, además ya me duelen los deditos.
Mañana subo más capitulos igual, voy a tratar de subir los que no subí hoy, lo siento.
Espero que disfruten estos cuatro de momento ❤️🔥
Cómo siempre, muchas gracias por el apoyo 🫂 y los amo 🫶🏻🥰✨