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La Divorciada

La Divorciada

Status: En proceso
Genre:Dejar escapar al amor / Matrimonio arreglado / Divorcio / CEO
Popularitas:23k
Nilai: 5
nombre de autor: vasitos de veneno

Eleonor Baxter aprendió desde pequeña a ser perfecta.
Amable, inteligente y elegante, creció entre apellidos influyentes y cenas compartidas con familias amigas. Desde adolescente, Alex King fue parte de su vida… y también de sus sueños. Mucho antes del matrimonio, Eleonor ya lo amaba en silencio.
A los veintisiete años dirige SweetBaby, la empresa cosmética heredada de su familia, y sostiene un matrimonio que nunca se construyó sobre las promesas que ella imaginó. Casada desde hace tres años con Alex —uno de los cirujanos cardíacos más prestigiosos del país y dueño de una red de hospitales—, Eleonor aprendió que conocer a alguien desde siempre no garantiza ser elegida.
Durante años intentó ser paciente, comprensiva, invisible. Alex, marcado por la vergüenza de un matrimonio arreglado y consumido por el trabajo, dejó que la distancia creciera hasta volverse insoportable.
Cansada de sentirse desplazada, Eleonor toma una decisión que lo cambia todo.

NovelToon tiene autorización de vasitos de veneno para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Caputulo 16

Al día siguiente de la cena, Alex estaba en la clínica.

Se encontraba en su oficina, revisando unos papeles sin verdadera atención. Su mirada se desviaba una y otra vez hacia la pared. Allí colgaban varios cuadros: fotos suyas recibiendo premios, recortes de revistas enmarcados, titulares que hablaban de su carrera, de su prestigio.

De pronto frunció el ceño.

Había un espacio vacío.

—Yo tenía una foto con Eleonor… —murmuró para sí—. En una fiesta.

Se puso de pie de golpe y comenzó a buscar en los estantes, revisando carpetas, moviendo objetos con impaciencia. No la encontró.

En ese momento, la puerta se abrió.

Katherine entró con un café en la mano.

—Dr. King, le traje un café —dijo con su tono habitual.

Alex se giró hacia ella.

—¿Dónde está la foto que tenía en la estantería? —preguntó—. La que era con mi esposa y mis padres.

Katherine dudó.

—¿La foto con su esposa…? —repitió en voz baja—. Yo… mmm…

—Sí. La foto con mi esposa —insistió él, ya tenso.

—Bueno… las guardé en el mueble que usa como depósito.

Alex apretó la mandíbula.

—¿Por qué? —alzando la voz—. ¿Quién te dijo que lo hicieras?

—Usted me dijo que quería enmarcar algunas fotos de cuando dio el discurso en Viena…

—¿Y por qué sacaste la foto con mi esposa? —gritó— ¡¿Por qué?!

Katherine se encogió apenas.

—No sé… creo que el vidrio estaba roto.

Alex dio un paso hacia ella.

—Andá y buscá esa foto. Quiero tenerla en mi oficina.

—Yo pensé que… —intentó decir ella.

—¿Que qué cosas, Dra. Dumas? —la interrumpió, frío.

Katherine bajó la mirada.

—Que usted y ella… bueno…

—No es su asunto, doctora —cortó, con dureza—.

Y para que quede claro: no me voy a separar.

El silencio que siguió fue incómodo.

Alex volvió a mirar la pared.

El espacio vacío seguía ahí.

Y, por primera vez, le molestó más que cualquiera de sus premios.

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Alex volvió a su casa varias horas después.

Entró sin encender todas las luces. Dejó las llaves sobre la mesa de la entrada y el sonido metálico resonó más de lo habitual en el silencio. Nadie dijo su nombre. Nadie preguntó cómo había sido su día.

Se quitó el saco, lo apoyó sobre una silla. El lugar estaba impecable, demasiado ordenado. Como si la casa hubiese aprendido a no ser habitada.

Caminó hacia el living.

El sillón seguía en el mismo lugar, pero recordó a Eleonor sentada allí, con las piernas cruzadas, hablándole de algo que a él nunca le había parecido urgente. Sonrió apenas… y la sonrisa se borró rápido.

Fue a la cocina.

Abrió la heladera. Estaba casi vacía. Antes siempre había cosas que él no comía, pero que ella compraba igual. Cerró la puerta sin sacar nada.

Entonces lo entendió:

no era hambre lo que sentía.

Se apoyó en la mesada y pasó una mano por el rostro. Recordó cenas que había cancelado, mensajes respondidos con un “después hablamos”, domingos en los que prometía volver temprano.

Nunca volvía temprano.

Avanzó por el pasillo y se detuvo frente al dormitorio. La cama estaba perfectamente tendida. Del lado de Eleonor no había nada. Ni un libro, ni una prenda olvidada. Como si ella se hubiera ido sin dejar permiso para extrañarla.

Se sentó en el borde.

Recordó su risa.

Su forma de tocarlo cuando quería llamar su atención.

Las veces que ella lo miró esperando algo… una palabra, un gesto.

Alex volvió a mirar el teléfono.

Una llamada perdida.

Dos.

Tres.

Nada.

Lo apoyó sobre la mesa del living y caminó por la casa amplia, silenciosa, esa que siempre había llamado hogar pero que ahora se le revelaba vacía. Demasiado ordenada. Demasiado quieta.

Marcó otra vez.

El tono sonó largo, impersonal.

Cortó.

—Ele… —murmuró, más para sí que para ella.

Se sentó un segundo en el sillón, con los codos apoyados en las rodillas. Cerró los ojos. Le vinieron imágenes sin permiso: Eleonor leyendo en silencio, Eleonor cruzando el living con una taza de café, Eleonor esperando.

Esperándolo.

Abrió los ojos de golpe.

Se puso de pie y empezó a caminar de un lado al otro. Tomó el teléfono otra vez. Llamó.

Nada.

Fue entonces cuando algo se le apretó en el pecho.

Caminó hasta el mueble del recibidor. Abrió un cajón. Después otro. Papeles, llaves sueltas, sobres viejos. Nada.

—No… —susurró.

Fue al estudio. Abrió el cajón inferior del escritorio. Revolvió sin cuidado, hasta que sus dedos tocaron metal.

Las llaves.

Las del departamento de Eleonor.

Las sostuvo unos segundos, inmóvil.

Sabía que no era normal.

-necesito hablar con ella, no puedo separme .

Sabía que no estaba bien poder entrar así, sin avisar, a un penthouse con seguridad privada, cámaras, portero las veinticuatro horas.

Pero él podía. Porque había insistido en tener una copia.

Porque ella había confiado.

Las guardó en el bolsillo del saco sin pensarlo más.

Minutos después manejaba por la ciudad dormida. Las luces se deslizaban por el parabrisas, borrosas. Su cabeza estaba llena de recuerdos que siempre había postergado: cenas canceladas, promesas vagas, silencios largos.

Llegó al edificio y estacionó sin cuidado.

Entró. Saludó al guardia con un gesto automático. Nadie lo detuvo. Nadie preguntó nada.

Otra cosa más que nunca había tenido que explicarse.

Subió.

Frente a la puerta del penthouse, dudó.

Golpeó primero.

—Eleonor… —dijo en voz baja—. Soy yo.

Esperó.

Nada.

Golpeó otra vez, más fuerte.

—Por favor…

Apoyó la frente contra la puerta cerrada. Las llaves pesaban en su bolsillo, como una acusación.

Por primera vez entendió que tener acceso no significaba tenerla.

Y esa certeza, tardía y cruel, le cayó encima como una verdad imposible de esquivar.

La puerta se abrió apenas.

Eleonor apareció en pijama, el cabello suelto, desordenado, los ojos aún cargados de sueño. Tardó un segundo en enfocarlo.

—¿Alex? —murmuró, incrédula.

Él dio un paso adelante al verla. Así. Sin defensas. Sin armadura.

—Perdón… —dijo de inmediato—. Sé que es tarde. Sé que no debería estar acá.

Ella apoyó la mano en el marco de la puerta, sin abrirla del todo.

—¿Qué hacés acá? —preguntó, con la voz baja, cansada.

—Te llamé —respondió—. Muchas veces.

Eleonor desvió la mirada.

—Lo sé.

—¿Podemos hablar? —pidió él, bajando la voz—. Por favor.

Eleonor negó con la cabeza de inmediato.

—No, Alex. No.

Intentó cerrar la puerta, pero él apoyó la mano con cuidado, sin empujarla.

—Por favor —repitió—. Te lo pido por favor.

Ella lo miró entonces. De verdad. Con los ojos cansados, sin enojo, sin ganas de discutir.

—Dos minutos… —dijo Eleonor, con duda.

Se hizo a un lado apenas.

—¿Puedo pasar? —preguntó Alex.

Ella no respondió. Simplemente se movió un poco más y él entró al departamento.

—Gracias —murmuró.

Alex miró alrededor, extrañado. El lugar estaba distinto. Más sobrio. Más de ella.

—Está… diferente —comentó—. ¿Lo renovaste hace poco?

Eleonor abrió los ojos, incrédula. Luego soltó una risa breve, sin humor.

—Nunca me escuchás, ¿no? —dijo, con un dolor que ya no necesitaba gritos.

—¿Qué…? ¿Por qué decís eso?

—Hace cuatro meses te dije que lo estaba renovando —respondió—. Te mostré ideas, te hablé del color, de los muebles… de todo.

Alex se quedó quieto.

—Lo siento… —dijo, acercándose un paso—. De verdad.

Eleonor alzó la mano, deteniéndolo.

—No lo lamentes —dijo con firmeza—. Lo único que hacés es confirmarme que debo pedirte el divorcio.

La frase quedó suspendida en el aire.

Alex no supo qué decir.

Y el reloj empezó a contar los dos minutos.

Alex tragó saliva. Miró el reloj de pared sin darse cuenta.

—Ele… yo trabajo muchas horas —dijo al fin—. No es que no me importe. Simplemente… hay cosas que no recuerdo porque tengo la cabeza en mil lados.

Eleonor lo miró fijo. No parpadeó.

—¿Eso es tu explicación? —preguntó, suave—. ¿Que no me recordás porque estás ocupado?

—No, no quise decir eso… —se apuró—. Solo que vos sos fuerte, independiente. Siempre pensé que entendías.

Eleonor apretó los labios. Ese argumento ya lo había escuchado demasiadas veces.

—Claro —asintió—. Como soy fuerte, no necesito nada. Ni atención, ni presencia, ni amor.

—Eso no es lo que quise decir —insistió él—. Yo sabía que estabas bien.

Ella soltó una risa breve, quebrada.

—¿Sabías? —dio un paso atrás—. No sabías ni que había cambiado el departamento, Alex.

Él se quedó en silencio.

—Te juro que nunca pensé que esto te lastimara tanto —agregó—. Si lo hubiera sabido…

—Ese es el problema —lo interrumpió—nunca sabes nada de lo que tiene que ver conmigo.

Alex tragó saliva. El silencio lo estaba asfixiando.

—Podemos solucionarlo —dijo de nuevo, más bajo—. De verdad.

Se pasó una mano por el rostro, nervioso.

—Me voy a tomar vacaciones… —añadió, como si esa decisión fuera enorme—. Podemos viajar, estar juntos. Yo… puedo estar más.

Eleonor no se movió.

—Y… —continuó él, dudando— más adelante… intentar…

Se le quebró la voz.

—Buscar un hijo.

Eleonor quedó inmóvil.

No respiró.

No parpadeó.

Fue como si el tiempo se hubiera detenido solo para ella.

Un hijo.

La palabra le atravesó el pecho como una herida vieja.  Alex la miraba, esperanzado, sin entender su reacción.

—Ele… —susurró—. Podemos formar una familia. Empezar de nuevo.

Ella bajó lentamente la mirada. Cuando volvió a alzarla, sus ojos estaban húmedos, pero su voz no tembló.

—No —dijo.

1
Yise
Tengo una sonrisa de stupid en el rostro ahora mismo y es pos esa sensación de que por fin!!!! Se hará justicia /Chuckle//Chuckle//Chuckle//Chuckle/agarrate desgraciado mark quedaras en la inmunda y más. Maledeto/Skull//Skull//Skull//Skull//Skull//Skull/
Carmen Palencia
que bueno que haya buscado ayuda escritora por favor denos varios capitulos seguidos que esta novela me encanta y estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Kim Nava
por fin se va a desastre de ese miserable abusados ratero😡😡😡😡
Kary Monte
bueno Alex llegó el momento de ver si puedes enamorarla.
si realmente la quieres y amas
ahora veremos si en verdad exiten las segundas oportunidades.
claro todo depende de nuestra autora
no eres infiel y eso le suma puntos pero tú absoluto desinterés en la relación la falta especial de amor dan ganas de matarte por otro lado Jony podría ser un nuevo amor la nueva oportunidad que le guste a ele
Kary Monte
ay no que desgracia, obligarla a entrar en un centro de rehabilitación
Azeneth Cantu: gracias x actualizar amiga yo quiero que se quede con ellee o encuentre a alguien bueno
total 5 replies
Kary Monte
si está es su madre no necesitamos enemigos 😡😡😡
Rocio Gil
ahí Mark te van a dejar en la calle, y ojal sea prontico
Yusmery Gomez
El no la merece tampoco la Ama
Kim Nava
que madre tan desgraciada y oportunista 😡😡😡😡😡
♥️Lisseth♥️
Excelente gracias 🤩
Kim Nava
hay no esto ya no está bien ahora la quiere recuperar por dos cuando antes solo le recordaba que solos estaban casados por obligación no ojalá Eleonor no le de otra oportunidad y ese bebé no es tuyo estúpido
Daiana Martínez
que madre más basura
Emperatriz Reales
Leo y leo, todavía no se quien es el protagonista de los caballeros
🌟☠️ Venenosa ☠️🌟: mira la portada, eso es una pista
total 1 replies
Nilce montilla
espero que esta vez sí pueda tener su bebé y su familia
Dani. L
amo tu historia
Dani. L
que se de una oportunidad con Alex, pero que lo haga sufrir un poquito
Kim Nava: no por que todas quieren que le de otra oportunidad 😩noooo
total 1 replies
Nancy Parraga
Eleonor que mamá tienes que no te pregunto cómo te sientes ni nada solo quieres que te arregles con Alex
Kim Nava: exacto ojalá Eleonor no caiga en sus chantajes
total 3 replies
Nancy Parraga
Alex ojalá que te perdone Eleonor
Mi pregunta es aceptarás que ella se hizo una inceminacion y que va a ser madre sin ti?
Kim Nava: hay no eso sería lo de siempre les hacen lo que les hacen a las protas y ahi van ojalá Leonor no lo haga
total 1 replies
Carmen Palencia
escritora por favor denos varios capitulos seguidos que estoy ansiosa por seguir leyendo más de esta hermosa novela
Carmen Palencia
excelente novela
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