Renace en la novela que estaba leyendo.. el día de la boda con el conde mudo.. Pero ella cambiará su destino.
* Esta novela es parte de un mundo mágico*
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Habitación
El banquete terminó entre aplausos, música suave y conversaciones que poco a poco fueron apagándose.
Cuando los últimos brindis se hicieron y el cielo comenzó a oscurecer, los recién casados se dirigieron hacia la mansión Devlin.
Emma no soltó el brazo de Daniel en ningún momento.
Él lo notó.
Pero tampoco se apartó.
La mansión Devlin era imponente, más sobria que la de los Collins, construida en piedra gris clara, con grandes ventanales y una elegancia silenciosa que parecía reflejar el carácter de su dueño.
Al cruzar las puertas principales, el personal hizo una reverencia impecable.
Daniel hizo un pequeño gesto con la mano.
Varias doncellas se acercaron de inmediato.
Emma entendió.. la conducirían a la habitación donde se había preparado para la boda esa misma mañana. La habitación que ahora, oficialmente, era suya.
Ella miró a Daniel un instante antes de dejarse guiar.
Él sostuvo su mirada unos segundos más de lo habitual.
Había algo expectante en sus ojos.
Luego se separaron.
Las horas pasaron.
La casa se fue sumiendo en el silencio nocturno. El eco de pasos disminuyó, las luces se atenuaron.
Emma estaba sentada frente al tocador, ya sin el vestido de novia, con el cabello suelto cayendo sobre los hombros. Observaba su reflejo con expresión pensativa.
En el libro, esa noche había sido fría.
Distante.
La antigua Emma se había negado incluso a compartir el espacio con él.
Pero ella no pensaba repetir esa historia.
Se levantó.
Abrió la puerta.
Una doncella que aguardaba en el pasillo hizo una leve reverencia.
—¿Dónde está el conde?
—En su habitación, mi lady.
Emma sonrió.
Regresó a la habitación.
Miró el camisón que le habían dejado sobre la cama.. largo, delicado… demasiado recatado para su gusto.
Sus ojos brillaron con picardía.
Tomó unas tijeras del costurero.
Con movimientos decididos, cortó la tela, acortándolo ligeramente, ajustándolo, dejando los hombros más descubiertos y dándole una caída mucho más coqueta.
Lo observó con satisfacción.
—Mucho mejor.
Se colocó encima una bata ligera para cubrirse y, sin dudarlo, salió en dirección a la habitación de Daniel.
No tocó.
Empujó la puerta suavemente y entró.
Daniel estaba de pie cerca de la cama.
Alzó la vista al escuchar el movimiento.
Se quedó inmóvil.
Solo llevaba un pantalón delgado. El torso desnudo revelaba un cuerpo definido, trabajado, firme. Los hombros amplios, el abdomen marcado bajo la luz tenue de las lámparas.
Emma tuvo que hacer un esfuerzo real por mantener la compostura.
[Concéntrate Emma]
Pero sus ojos traicioneros bajaron inevitablemente.
Sin pensarlo demasiado, se acercó.
Extendió la mano.
Y tocó.
Sus dedos rozaron los abdominales con abierta curiosidad.
—Oh…
Daniel reaccionó al instante.
Retrocedió medio paso y se cubrió instintivamente con el brazo, el color subiendo a su rostro.
Sus ojos claros la miraban con una mezcla de asombro y vergüenza.
Emma parpadeó, como si recién tomara conciencia de lo que había hecho.
—¡Perdón! Fue reflejo… solo curiosidad
La excusa no tenía sentido.
Se aclaró la garganta.
Sin darle tiempo a protestar.. o a huir.. caminó hacia la cama.
Se quitó la bata con naturalidad, dejando ver el camisón modificado, y se metió bajo las sábanas como si aquello fuera perfectamente normal.
Luego lo miró.
—Dormiremos juntos.
Daniel se quedó completamente quieto.
Sus ojos se abrieron un poco más de lo habitual.
Si pudiera hablar, probablemente habría hecho muchas preguntas en ese momento.
Incluso… quizá estaba un poco asustado.
Emma notó la expresión.
Suspiró suavemente.
—Tranquilo.. No te haré nada que no quieras hacer.
Lo sostuvo con la mirada.
No había burla.
No había presión.
Solo honestidad.
Daniel permaneció inmóvil unos segundos más.
Luego, lentamente, bajó el brazo que lo cubría.
Su respiración era un poco más profunda de lo normal, pero la tensión inicial comenzó a ceder.
Daniel dudó apenas unos segundos antes de acercarse a la cama.
Apagó una de las lámparas, dejando la habitación sumida en una penumbra suave, iluminada solo por la luz de la luna que entraba por los ventanales.
Se acostó a su lado.
Pero lo hizo con evidente cautela.
Se acomodó lo más cerca posible del borde, dejando entre ambos un espacio prudente, casi formal, como si esa franja invisible fuera necesaria para conservar el equilibrio.
Emma lo observó de reojo.
La distancia era tan notoria que casi le dio risa.
[¿De verdad cree que voy a morderlo?]
Sin decir nada, se acercó.
Un poco.
Luego otro poco más.
Hasta que el espacio prudente desapareció por completo.
Daniel se tensó apenas.
Emma se inclinó suavemente y le dio un beso en la mejilla.
—Buenas noches, esposo
Daniel quedó inmóvil.
La palabra.. esposo.. parecía tener un peso nuevo.
Sus ojos permanecieron abiertos un instante más antes de cerrarse, como si intentara convencerse de que aquello no era una trampa.
Intentó dormir.
Pero minutos después sintió algo.
Un roce.
Suave.
Tentativo.
Los dedos de Emma.
Ella, convencida de que él ya dormía, había vuelto a acercarse.
Con absoluta concentración, comenzó a tocar su abdomen otra vez, con curiosidad casi académica.
[Wow… Se siente el espacio entre cada músculo.]
Deslizó los dedos con cuidado, siguiendo las líneas definidas como si estuviera explorando una escultura.
Contó en silencio.
Uno.
Dos.
Tres…
Luego su mano subió hacia el pecho, recorriendo la firmeza bajo su piel.
Daniel mantenía los ojos cerrados, pero su respiración ya no era regular.
Emma, ajena a todo continuó.
Su mano descendió lentamente… hasta el límite del pantalón.
Y en ese instante..
Daniel se incorporó de golpe.
Se sentó en la cama con brusquedad contenida.
Emma dio un pequeño salto del susto.
Sus mejillas se tiñeron de rojo inmediato.
—¡Yo—! ¡No pienses que soy una pervertida!
Daniel la miraba con una mezcla imposible de descifrar entre incredulidad y vergüenza.
Ella se sentó también, nerviosa.
—Es que… estaba comprobando… la forma del cuerpo.. Con respeto.
Eso no ayudó.
—Me comportaré, lo prometo. No me botes de la cama por traviesa, ¿sí?
Daniel la observó unos segundos más. Su pecho subía y bajaba con respiración profunda.
Finalmente, soltó un suspiro largo.
No de enojo.
Más bien de resignación paciente.
Se volvió a recostar.
Y esta vez se cubrió casi por completo con las mantas, como si esa fuera la única defensa disponible.
Emma lo miró unos segundos.
Luego, lentamente, volvió a acomodarse a su lado.
Pero ahora mantuvo las manos quietas.
Muy quietas.
—Buenas noches… de verdad..
Daniel no respondió, pero su respiración, poco a poco, volvió a estabilizarse.
Y aunque la distancia ya no era tan exagerada como al principio…
Esa noche, la tensión entre ambos no provenía del rechazo.
Sino de algo mucho más nuevo.
Mucho más incierto.
Y peligrosamente prometedor.
Maravilloso Daniel sigue asi👏