Morí atragantado con un hotdog y reencarné en mi novela BL favorita.
¿Suena épico? No lo es, porque ahora soy el extra que muere en el capítulo 3.
Mi plan: pasar desapercibido y sobrevivir.
La realidad: el villano frío y temido del imperio se enamoró de mí.
Entre malentendidos, romance accidental y un destino que se salió del guion,
haré lo imposible por no morir otra vez…
aunque eso signifique robarle el corazón al villano.
✨ BL + comedia + reencarnación
✨ Villano obsesivo x extra caótico
✨ Final feliz (si no muero antes)
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Capítulo 3: El Día en que el Extra No Murió
Si esta fuera la novela original, hoy era el día en que yo moría.
No de forma heroica.
No rodeado de nadie importante.
Solo colapsando en un pasillo frío, con fiebre, mientras la historia seguía su curso sin mí.
Desde que desperté en este mundo, ese dato había vivido en el fondo de mi mente como una cuenta regresiva. Y ahora, caminando por los pasillos de la mansión Blackthorne con una bandeja en las manos, sentía cada latido como si el destino me tocara el hombro.
—Hoy no —me repetí—. Hoy no me muero.
Había comido mejor. Me había escondido un pedazo de pan en la manga. Me había permitido pequeños descansos. Estaba haciendo trampa contra el guion del universo… y no me arrepentía.
El ala este era igual a como la recordaba: pasillos largos, ventanas altas, luz pálida. En la historia original, yo caía justo aquí. Cerré los ojos un segundo y respiré hondo.
Camina normal. No tropieces. No te marees.
El mareo llegó igual.
No fue violento, pero sí traicionero. El suelo pareció inclinarse. Mis dedos se aferraron a la bandeja con fuerza.
—No… no ahora…
Escuché pasos acercándose.
—Elian.
Mi nombre me sacudió.
Levanté la vista y ahí estaba él.
Lucien Blackthorne.
Su sola presencia hacía que el aire se sintiera más denso. Vestía de negro, impecable, como si la oscuridad le perteneciera. Su mirada se detuvo en mi rostro y frunció el ceño.
—Estás pálido —dijo.
—Es mi tono natural de “extra a punto de morir” —pensé.
—Solo cansado, señor —respondí.
Lucien dio un paso más cerca. Luego otro.
—¿Estás enfermo?
—Un poco… pero puedo seguir trabajando.
Error.
Lucien alargó la mano y apoyó dos dedos en mi frente. Su contacto fue breve, pero mi cuerpo reaccionó como si hubiera recibido una descarga.
—Estás ardiendo —dijo.
—El clima —mentí—. Es… un día caluroso.
—No hace calor.
El mundo volvió a girar. La bandeja se me resbaló de las manos. Los platos chocaron contra el suelo con un estruendo que resonó en el pasillo.
No llegué a caer.
Lucien me sujetó antes de que tocara el suelo. Sentí su brazo firme rodeándome la espalda, sosteniéndome como si yo fuera algo que no debía romperse.
—Idiota —murmuró—. Te dije que descansaras.
Mi cabeza quedó apoyada contra su pecho por un segundo. Mi omega interno entró en pánico total.
Esto no estaba en el guion. En la novela nadie me atrapaba. Yo me golpeaba la cabeza. Yo moría.
—Lo siento… —susurré—. No quería causar problemas.
Lucien me levantó en brazos sin esfuerzo. El pasillo se llenó de murmullos. Sirvientes se detuvieron a mirar. Yo quise desaparecer.
—Puedo caminar —protesté débilmente.
—Cállate —respondió él—. No me hagas soltarte.
Me llevó hasta una habitación mejor que la mía y me dejó con cuidado en la cama. Ordenó que trajeran al médico.
—No es necesario —intenté decir.
—No me contradigas —dijo sin mirarme.
El médico llegó, habló de fiebre, desnutrición, agotamiento. Nada mortal si se trataba a tiempo. Yo escuchaba con una mezcla de alivio y incredulidad.
Lucien permaneció de pie, en silencio.
—Necesita reposo —concluyó el médico—. Y comer de verdad.
Lucien asintió.
—Se quedará aquí. Y quiero que coma tres veces al día.
—¿Tres? —pregunté, sin pensar.
Lucien me lanzó una mirada peligrosa.
—¿Prefieres morirte?
—Tres está perfecto —respondí al instante.
Cuando todos se fueron, el silencio volvió a caer en la habitación. Yo miraba el techo, procesando que acababa de sobrevivir al evento que debía matarme.
Lucien se quedó en la puerta, como dudando.
—Elian —dijo al final.
—¿Sí?
—No te mueras.
La frase me golpeó más fuerte de lo que esperaba.
—Lo intentaré —respondí en voz baja.
Lucien cerró la puerta tras de sí.
Yo sonreí, con el corazón latiendo desordenado.
—Bueno, Tomás —murmuré—. Parece que el destino acaba de perder su escena favorita.
Y por primera vez desde que reencarné, sentí algo parecido a esperanza.
🎵🎶Fondo, fondo, fondo🎶🎵🤣😆😈😆🤣😉