Renace en la novela que estaba leyendo y en el personaje que más odiaba.. Pero, dispuesta a cambiar su destino.
* Historia parte de un universo mágico.
** Todas novelas independientes.
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Invitación
Una semana después, cuando la rutina ya se había vuelto un ritmo firme y seguro en la mansión Evenson, Molly llamó suavemente a la puerta del despacho.
Florence estaba revisando documentos, rodeada del elegante orden que había impuesto en la oficina: pilas de papeles clasificadas, sellos de cera, plumas cuidadosamente alineadas. Todo hablaba de control. De poder. De una calma obtenida a fuerza de disciplina.
—Mi lady… llegó una carta de Mercia —anunció Molly con una sonrisa contenida, como si la noticia le diera un pequeño orgullo compartido.
Florence levantó la vista de inmediato.
Mercia.
Solo escuchar el nombre del reino hizo que sus labios se curvaran suavemente. Extendió la mano y tomó el sobre. Era de papel grueso, delicado, perfumado con una fragancia suave y floral. El sello de cera llevaba el emblema Evenhart, sólido y elegante. Pero al girarlo, notó algo más: un pequeño lazo azul atado en una esquina.
Su corazón se llenó de calidez.
Con cuidado abrió la carta. La letra era reconocible.. elegante, femenina, ligeramente redondeada.
Lady Ginger Bristol.
Florence comenzó a leer… y la sonrisa se fue ampliando con cada línea.
Ginger le contaba que su hijo había nacido sano, fuerte, precioso, y que tanto ella como el bebé estaban en perfectas condiciones. El parto había sido largo, pero había valido la pena. Su esposo, James Bristol, estaba tan orgulloso que parecía caminar sobre las nubes.
Y luego, el motivo principal..
El duque Evenhart, padre de Ginger, ofrecería un gran banquete en celebración del nacimiento del pequeño heredero Bristol-Evenhart, y Ginger, con todo el cariño del mundo, invitaba a Florence como invitada especial.
No solo como socia.
No solo como duquesa.
Sino como amiga.
Florence bajó la carta un segundo y respiró hondo.
Durante mucho tiempo no había tenido amigos reales. Había sido la niña enamorada, luego la joven esposa que esperaba, y luego… la viuda silenciosa. Pero ahora no. Ahora alguien, en otro reino, pensaba en ella con afecto sincero.
Volvió a leer un párrafo en particular. Ginger, con su humor ligero incluso al escribir..
“Trae un vestido hermoso, porque si mi hijo ya va a empezar su vida rodeado de gente importante, al menos quiero que vea lo que es una verdadera dama poderosa y elegante.”
Florence soltó una risa suave.
Molly, que esperaba en silencio, la miró curiosa.
—¿Buenas noticias, mi lady?
Florence asintió, sus ojos brillando con algo que no era frialdad… sino vida.
—Ginger ha tenido a su hijo. Y el duque Evenhart ofrecerá un banquete en su honor. Me ha invitado a Mercia.
Molly abrió la boca, sorprendida y feliz.
—¡Eso es maravilloso!
Florence dobló la carta con cuidado, como si fuera algo precioso, y la colocó sobre el escritorio.
Sí. Era maravilloso.
Era… un nuevo comienzo.
Un viaje lejos del ducado.
Un evento social de alto nivel.
Una oportunidad para consolidar alianzas…y, de paso, seguir demostrando al mundo y a sí misma que Florence Evenson no era una sombra de nadie.
Era una gran duquesa.
Poderosa.
Libre.
Y asistiría a ese banquete no como la viuda triste de una tragedia silenciosa… sino como una mujer que había renacido de sus propias ruinas.
Así que no perdió tiempo.
Apenas terminó de leer la carta por segunda vez, dobló el papel con una calma que contrastaba con la determinación que ardía bajo su pecho. Si iba a viajar a Mercia, nada.. ni siquiera un fantasma que fingía estar muerto.. podría aprovechar su ausencia.
Se puso de pie y llamó a Molly.
—Avísale al mayordomo y a los capataces de cada área. Tendremos una reunión en el despacho dentro de una hora.
Molly asintió y salió casi trotando, emocionada de verla tan viva. Florence, mientras tanto, abrió un nuevo juego de documentos, sellos y sobres. La pluma se deslizó firme entre sus dedos. No había espacio para el descuido.
La gran reunión del ducado
Cuando todos estuvieron reunidos.. administradores, contadores, encargados de tierras, del puerto, de las caravanas y las minas.. Florence los recibió de pie, imponente en su vestido negro, guantes delicados y expresión serena. El luto sólo vivía en su ropa.. en sus ojos, vivía el mando.
—Viajaré al reino de Mercia por invitación oficial —anunció—. Estaré fuera algunas semanas. Durante ese tiempo, todo seguirá funcionando como hasta ahora. Y quiero dejar claro que no habrá cambios no autorizados, ni movimientos de dinero, ni firmas que no lleven mi sello directo.
Su voz era suave… pero tan firme que nadie dudó.
Los contadores asentían, tomando notas apresuradas.
—Cada documento que requiera autorización quedará bajo resguardo.. y duplicado en los archivos centrales. Nadie tendrá acceso sin mi aprobación previa.
Luego hizo algo más.
Separó las cuentas.
Creó un fondo principal —el del ducado— y uno secundario, dedicado a inversiones. Ambos con rutas de verificación estrictas. Tres firmas obligatorias, además de la suya, para cualquier transferencia importante.
Todo quedaba sellado en protocolos legales.
Blindado.
Impenetrable.
[Incluso si Jason revive milagrosamente con alguna excusa grandilocuente de “salvar al reino”… no podra mover una sola moneda]
Después, ordenó reforzar la mansión.
Guardias adicionales.
Rondas nocturnas.
Filtros de acceso más estrictos.
—Nadie entra sin ser anunciado. Nadie —dijo, mirándolos a todos a los ojos—. Ni viejos amigos. Ni supuestos mensajeros.
Un murmullo nervioso recorrió la sala. Ella sonrió apenas.
—La duquesa Evenson está viva. Y gobierna.
Más tarde, llamó al abogado del ducado. Revisaron testamentos, propiedades, registros legales de Jason y actas de defunción. Aseguró que todo estuviera intransferible mientras ella fuera viuda legal.
Y dejó una instrucción más..
—Si algún hombre o mujer intenta declarar derechos sobre mis bienes en ausencia mía… los detendrán legalmente hasta mi regreso.
El abogado se inclinó, comprendiendo más de lo que decía.
Un respiro final
Al caer la noche, Florence se quedó sola en el despacho. Las velas se consumían lentamente, iluminando los papeles ya sellados y ordenados. Todo estaba bajo control.
Nadie volvería a decidir por ella.
Nadie volvería a usarla.
Suspiró entonces, por primera vez permitiéndose sonreír sin peso.
Iba a viajar.
Iba a ver a su amiga.
Iba a disfrutar.
Y si el “fantasma” de Jason Evenson intentaba volver…
lo encontraría ante muros tan altos que ni siquiera el héroe del reino podría atravesarlos.