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EL SILENCIO DE LOS PISOS CAÍDOS

EL SILENCIO DE LOS PISOS CAÍDOS

Status: Terminada
Genre:Romance / Apocalipsis / Completas
Popularitas:168
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Un brote biológico impredecible de origen desconocido transforma a la frenética ciudad de Bogotá en un Infierno claustrofóbico. Atrapados en la intersección entre la vida y la muerte —un complejo residencial contiguo al ala médica del Hospital San José—, Sofía y Mateo enfrentarán una pesadilla donde el peligro no solo proviene de infectados sedientos de sangre e implacables, sino de las mismas estructuras de un edificio surrealista que parece jugar con la lógica espacial y la gravedad. Separados por el azar, las decisiones apresuradas y el terror, su única salida será sobrevivir piso por piso en una odisea de 50 niveles de angustia, con el único fin de volver a sostener la mano del otro.

NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL ASCENSO EN LA PENUMBRA

Subir por un cable de tracción de acero de 12 milímetros con un brazo lesionado y la ropa empapada en sudor frío es un ejercicio de agonia calculada.

​Mateo sostenía la moldura de aluminio entre los dientes. Sus manos, sucias de grasa industrial densa y limadura de hierro, se resbalaban a cada pulgada de ascenso. Cada vez que apretaba el cable con la mano izquierda, un latigazo de dolor le recorría desde la muñeca hasta el omoplato, como si miles de agujas incandescentes le perforaran la carne.

​—Piso por piso... un metro a la vez —se repetía Mateo en la mente, usando el mismo ritmo mental que utilizaba cuando debía calibrar bombas de infusión en medio de cirugías de corazón abierto.

​Debajo de él, la situación en el foso se volvió crítica.

​Las puertas deformadas del primer piso —el vestíbulo principal— cayeron finalmente hacia el interior del hueco. El impacto de las hojas de acero resonó con un estruendo metálico en el foso. De inmediato, tres figuras humanas deformadas cayeron al vacío desde el piso 1. Los cuerpos cayeron cruzando el aire a poca distancia de Mateo y chocaron violentamente contra el techo destrozado de la cabina del Ascensor B, abajo en el segundo subterráneo.

​El sonido de los huesos al romperse contra la chapa de acero resonó como sacos de tierra cayendo desde un edificio.

​Las criaturas no murieron por la caída de seis metros. Con las piernas fracturadas y articulaciones expuestas en ángulos antinaturales, los infectados comenzaron a arrastrarse sobre el techo de la cabina, emitiendo aullidos guturales al percibir el olor del sudor de Mateo que goteaba desde las alturas. Más criaturas comenzaron a aglomerarse en la cornisa del piso 1, mirando hacia abajo con ojos grisáceos y vacíos.

​Mateo no miró hacia abajo. Sabía que si el pánico tomaba el control de sus músculos, sus manos cederían a la gravedad.

​Alcanzó la altura de la repisa del piso 2. Aquí, el marco exterior de la puerta del Ascensor B estaba desencajado debido a la tracción violenta que sufrió la estructura durante el colapso. Había un espacio vertical de unos treinta centímetros entre la hoja de acero de la puerta y el muro de concreto del foso.

​Mateo sacó la barra de aluminio de su boca y la encajó en la rendija de la puerta. Haciendo palanca con las piernas apoyadas contra la pared del foso, empujó con todo el peso de su cuerpo. El metal gimió con un chillido agudo.

​—¡Abre... maldita sea, abre! —gruñó entre dientes.

​El mecanismo de enclavamiento de la puerta exterior cediá milímetro a milímetro. A través de la abertura de treinta centímetros, Mateo pudo ver la pared lateral de la galería técnica de gases medicinales. La rejilla del suelo de esa galería pasaba a escasos centímetros del hueco de la puerta.

​Fue en ese instante cuando escuchó un eco tenue pero inconfundible, proyectado por el conducto de ventilación contiguo:

​«¿Mateo?»

​Era la voz de Sofía. Estaba justo al otro lado de esa pared de concreto, en el nivel técnico del piso 2.

​—¡SOFÍA! —gritó Mateo, esforzándose por proyectar la voz sobre el ruido de las criaturas que continuaban cayendo al foso abajo—. ¡ESTOY EN EL HUECO DEL ELEVADOR! ¡PISO 2! ¡NO BAJES!

​—¡Mateo! ¡Dios mío, estás vivo! —la voz de Sofía sonó desgarrada, mezcla de llanto y alivio desbordado—. ¿Dónde estás? No puedo verte, hay tuberías por todos lados.

​—¡Estoy atrapado entre el foso del ascensor y la pared de la galería técnica! —respondió él, logrando ensanchar la brecha de la puerta un par de centímetros más gracias a la palanca—. Las puertas del vestíbulo cayeron. El foso abajo está lleno de esas cosas. ¡No intentes llegar al hueco de las escaleras principales! ¡El edificio se está desmoronando desde el centro!

​—Hay una ruta hacia arriba por las tuberías —dijo Sofía, pegando su boca a la ranura de una rejilla de ventilación colindante al hueco del ascensor—. Veo un tramo de escaleras de servicio de mantenimiento industrial que sube hacia el piso 3, pero la puerta de acceso desde la galería técnica está bloqueada con una cadena pesada.

​—Escúchame, Sofía —Mateo hizo una pausa, tratando de estabilizar su respiración acelerada mientras apoyaba la espalda contra el riel de guía del ascensor—. Busca una válvula de purga en la tubería de aire comprimido o una llave inglesa en los armarios de servicio. Necesitas cortar el paso o hacer palanca. Yo no puedo pasar completamente por esta rendija del piso 2; el marco está soldado por el choque. Tengo que subir por el cable hasta la escotilla de inspección del piso 3.

​—¡No, Mateo! ¡El cable no va a aguantar! ¡Está soltando chispas arriba!

​Mateo levantó la vista. Tenía razón. Cinco metros más arriba, en la polea de reenvío del piso 3, el cable secundario de tensión rozaba con un soporte de acero doblado. Cada vez que él se movía, decenas de hebras de acero salían disparadas en chispas microscópicas. El cable se estaba deshilachando a una velocidad alarmante.

​Si el cable se rompía antes de que alcanzara el siguiente nivel, caería directamente al pozo del subterráneo sobre la horda de infectados.

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