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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15: La mujer de la oscuridad

La mano seguía cubriendo la boca de Victoria.

Intentó gritar.

No pudo.

La arrastraron hacia atrás.

Un paso.

Dos.

Tres.

La oscuridad se tragó el túnel.

Victoria golpeó el brazo que la sujetaba.

La persona no la soltó.

—No luches —susurró aquella voz—. Si quisiera hacerte daño, ya estarías muerta.

Victoria dejó de forcejear.

No porque confiara en aquella mujer.

Sino porque acababa de reconocer algo.

Su perfume.

Era un olor suave.

Dulce.

Extrañamente familiar.

La mujer retiró la mano.

Victoria se giró.

No vio su rostro.

Solo una silueta.

—¿Quién eres?

—Alguien que lleva muchos años esperando este momento.

—¿Dónde está Lucía?

—Viva.

—¿Mi hermano?

—También.

—¿Daniel?

La mujer hizo una pausa.

—Eso no debería importarte.

Victoria sintió un golpe en el pecho.

—¿Qué le hiciste?

—Nada.

—¡Entonces déjame ir!

—Todavía no.

La mujer encendió una pequeña lámpara.

Victoria pudo verla por primera vez.

Era una mujer de unos cincuenta años.

Cabello oscuro.

Ojos claros.

Una cicatriz atravesaba parte de su cuello.

Victoria la miró fijamente.

Y sintió algo extraño.

No miedo.

Reconocimiento.

—Yo te conozco.

La mujer sonrió.

—No.

—Sí.

—Me conociste hace mucho tiempo.

Victoria frunció el ceño.

—¿Cuándo?

—Cuando eras niña.

El corazón de Victoria comenzó a latir con fuerza.

—¿Quién eres?

La mujer se acercó.

—La persona que te sacó de aquella casa la noche que intentaron matarte.

Victoria se quedó helada.

—Eso no puede ser.

—Tu madre te contó una versión.

—Mi madre dijo que...

—Tu madre mintió.

Victoria retrocedió.

—Todos mienten.

La mujer asintió.

—Ahora empiezas a entender.

De pronto, una explosión sacudió el túnel.

¡BOOM!

Victoria cayó al suelo.

La lámpara se apagó.

La mujer la tomó del brazo.

—¡Tenemos que irnos!

—¿Qué pasó?

—Arturo.

—¿Dónde está?

—Detrás de nosotros.

La mujer comenzó a correr.

Victoria la siguió.

Pero antes de doblar la esquina escuchó una voz.

—¡VICTORIA!

Lucía.

Victoria se detuvo.

—¡Lucía!

Intentó regresar.

La mujer la sujetó.

—¡No!

—¡Es ella!

—Si vuelves, te encontrarán.

—¡No me importa!

—A mí sí.

Victoria forcejeó.

—¡Suéltame!

—¡Victoria!

La voz de Lucía volvió a escucharse.

Más cerca.

—¡VICTORIA!

Victoria gritó:

—¡LUCÍA!

La mujer le tapó la boca.

—¡Silencio!

Se escucharon pasos.

Varios.

Luego un disparo.

—¡Agáchate!

Ambas se escondieron detrás de una pared.

Victoria temblaba.

La mujer la abrazó para evitar que se moviera.

Por el túnel pasó un grupo de hombres armados.

Uno de ellos dijo:

—Arturo quiere a la muchacha viva.

Otro respondió:

—¿Y a la otra?

—A Lucía pueden matarla.

Victoria sintió que el cuerpo se le congelaba.

La mujer apretó su brazo.

—No hagas nada.

Pero Victoria ya estaba llorando.

—Van a matar a Lucía.

—No si llegamos primero.

—¿Quién eres?

La mujer la miró.

—Me llamo Elena.

Victoria abrió los ojos.

—¿Elena?

—Sí.

—Ese nombre...

Una imagen apareció en su mente.

Una mujer cargándola.

Una niña llorando.

Una voz diciéndole:

"No tengas miedo, Victoria. Mamá volverá."

Victoria se llevó las manos a la cabeza.

—No...

Elena se acercó.

—¿Qué recuerdas?

—Una habitación.

—¿Qué más?

—Tú.

Elena comenzó a llorar.

—Por fin.

Victoria la miró.

—¿Eras tú?

—Sí.

—¿Quién eras para mí?

Elena no respondió.

Victoria insistió.

—¡Quién eras para mí!

Elena respiró profundamente.

—Tu madre.

Victoria sintió que el mundo se detenía.

—No.

—Sí.

—Mi madre está allá.

—La mujer que te crió es tu madre de corazón.

Elena se acercó.

—Pero yo soy tu madre biológica.

Victoria no podía respirar.

—Entonces... ¿quién es ella?

—Una mujer que aceptó criar a la hija de otra persona para mantenerte viva.

—¿Y por qué me abandonaste?

Elena bajó la mirada.

—Porque Arturo iba a matarte.

—¿Y por qué todos pensaban que estabas muerta?

—Porque tuve que desaparecer.

Victoria la miró con lágrimas.

—¿Y Lucía?

Elena quedó en silencio.

—¿Qué tiene que ver Lucía contigo?

Elena levantó los ojos.

—Mucho.

Antes de que pudiera explicar, un disparo rompió el silencio.

Elena empujó a Victoria al suelo.

—¡Corre!

Las balas golpearon la pared.

Ambas corrieron.

Al doblar un pasillo encontraron una puerta.

Elena la abrió.

—¡Entra!

Victoria entró.

Elena cerró detrás de ellas.

—¿Qué lugar es este?

—Una salida antigua.

—¿Y cómo sabes que existe?

Elena sonrió con tristeza.

—Porque yo construí parte de estos túneles.

Victoria la miró.

—¿Tú?

—Hace veinte años.

—¿Por qué?

—Para escapar.

—¿De Arturo?

—De él y de todos los hombres que trabajaban para él.

Victoria respiró profundamente.

—Necesito saberlo todo.

Elena negó.

—Todavía no.

—¡Estoy cansada de que todos decidan cuándo puedo conocer mi propia vida!

Elena guardó silencio.

Victoria continuó:

—Me quitaron recuerdos.

—Sí.

—Me separaron de Lucía.

—Sí.

—Me hicieron creer que mi padre estaba muerto.

—Sí.

—Y ahora descubro que tú eres mi verdadera madre.

Elena bajó la cabeza.

—Sí.

—Entonces dime una cosa.

—¿Qué?

Victoria se acercó.

—¿Arturo es mi padre?

Elena no contestó.

Victoria sintió que la respuesta estaba en sus ojos.

—No.

—Victoria...

—¡Dime que no!

Elena respiró.

—No.

Victoria cerró los ojos.

Una lágrima cayó por su mejilla.

—Entonces, ¿quién es?

Elena respondió:

—Julián.

Victoria abrió los ojos.

—¿Julián?

—Sí.

—Pero él dijo que no era mi padre.

—Porque está protegiéndote.

—¿De quién?

Elena la miró.

—De Arturo.

Victoria dio un paso atrás.

—Entonces Arturo mintió.

—Toda su vida.

—¿Por qué dice que soy su hija?

—Porque quiere que todos crean que tienes algo que pertenece a él.

—¿Qué cosa?

Elena se acercó.

—Tu sangre.

Victoria frunció el ceño.

—No entiendo.

—Tu padre descubrió algo.

—¿Qué?

Elena sacó una fotografía vieja.

En ella aparecía Julián junto a dos hombres.

Uno era Arturo.

El otro...

Victoria no lo reconoció.

—¿Quién es?

—El hombre que realmente comenzó todo.

—¿Está vivo?

Elena asintió.

—Sí.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Dónde está?

Elena la miró fijamente.

—En esta misma ciudad.

De pronto, escucharon un golpe en la puerta.

Ambas se quedaron inmóviles.

Otro golpe.

¡PUM!

La puerta tembló.

Elena tomó un arma.

—Ponte detrás de mí.

—¿Quién es?

—No lo sé.

¡PUM!

La cerradura comenzó a ceder.

Victoria retrocedió.

—Elena...

—No tengas miedo.

—Tengo miedo.

Elena la miró.

—Entonces haz algo con ese miedo.

—¿Qué?

—Úsalo para sobrevivir.

La puerta explotó hacia dentro.

Entraron dos hombres.

Elena disparó.

Uno cayó.

El otro levantó su arma.

Victoria gritó.

Pero antes de que pudiera disparar...

Una figura apareció detrás de él.

Lucía.

Golpeó al hombre en la cabeza.

El hombre cayó.

Victoria corrió hacia ella.

—¡Lucía!

Se abrazaron.

Victoria lloró contra su pecho.

—Pensé que te habían matado.

—Yo pensé que te habían llevado.

—Me llevaron.

Lucía miró a Elena.

Se quedó paralizada.

—Tú...

Elena bajó el arma.

—Hola, Lucía.

Lucía dio un paso atrás.

—No.

Victoria las miró.

—¿Se conocen?

Lucía tenía los ojos llenos de lágrimas.

—Sí.

—¿Desde cuándo?

Lucía no respondió.

Elena contestó por ella.

—Desde antes de que tú nacieras.

Victoria sintió que algo no cuadraba.

—¿Qué significa eso?

Lucía cerró los ojos.

—Significa que yo sabía quién era tu verdadera madre.

Victoria se apartó.

—¿Tú también lo sabías?

—Sí.

—¿Desde cuándo?

—Desde el día que te conocí.

Victoria sintió una mezcla de dolor y rabia.

—¿Y nunca me lo dijiste?

—No podía.

—¡Siempre es la misma respuesta!

Lucía intentó acercarse.

—Victoria...

—¡No!

Lucía se detuvo.

Victoria miró a Elena.

—¿Qué más me están ocultando?

Elena respondió:

—Una última cosa.

—¿Cuál?

Elena miró a Lucía.

—Ella no desapareció solamente para proteger a su hermana.

Victoria se quedó quieta.

Lucía bajó la cabeza.

—Elena...

—Ya no puedes seguir ocultándolo.

Victoria sintió que el corazón se le aceleraba.

—¿Qué hiciste, Lucía?

Lucía comenzó a llorar.

—Yo provoqué que ocurriera el accidente.

Victoria retrocedió.

—¿Qué?

—No quería matarte.

—Entonces ¿qué querías?

Lucía levantó la mirada.

—Quería impedir que Arturo te encontrara.

Victoria negó con la cabeza.

—No entiendo.

Lucía se acercó.

—Porque esa noche descubrí quién era realmente tu padre.

—¿Julián?

Lucía negó.

—No.

Victoria quedó inmóvil.

—Entonces...

Lucía tomó aire.

—Tu padre biológico no es Julián.

Elena cerró los ojos.

—Lucía...

—Tiene que saberlo.

Victoria miró a ambas.

—¿Quién es mi padre?

Lucía respondió:

—El hombre que está buscando Arturo.

—¿Quién?

Lucía la miró directamente.

—Mi propio padre.

Victoria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Qué?

Lucía lloró.

—Arturo no es tu padre.

Hizo una pausa.

—Mi padre sí.

Un silencio aterrador llenó el túnel.

Victoria miró a Elena.

Luego a Lucía.

Y comprendió algo terrible.

Si Lucía decía la verdad...

Entonces Victoria y Lucía no solo estaban unidas por el amor.

Sus familias estaban unidas por el mismo secreto.

Y quizá...

por la misma sangre.

Antes de que Victoria pudiera hablar, el teléfono de Elena comenzó a sonar.

Ella contestó.

—¿Sí?

Escuchó unos segundos.

Su rostro cambió.

—¿Dónde?

Lucía se acercó.

—¿Qué pasó?

Elena colgó.

Miró a Victoria.

—Arturo encontró a Sebastián.

Victoria sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Dónde?

Elena respondió:

—En el hospital.

Victoria se quedó helada.

Daniel estaba allí.

Herido.

Sebastián estaba allí.

Y Arturo también.

Elena tomó las llaves.

—Tenemos que ir.

Victoria miró a Lucía.

—Vamos.

Lucía tomó su mano.

—Juntas.

Pero Elena negó.

—No.

Victoria la miró.

—¿Por qué?

Elena respondió:

—Porque si vamos las tres...

Arturo sabrá quién eres realmente.

—¿Quién soy?

Elena la miró con lágrimas en los ojos.

—La única persona que puede destruirlo.

Y en ese instante, a kilómetros de distancia...

Daniel abrió los ojos en la habitación del hospital.

Sebastián estaba junto a su cama.

Pero ninguno de los dos estaba solo.

Una sombra estaba parada detrás de ellos.

Una voz susurró:

—Victoria nunca llegará.

Sebastián se giró.

Y palideció.

—Tú...

La figura sonrió.

—Pensaron que yo estaba muerto.

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