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La Cenicienta Que Conquistó Al Lobo

La Cenicienta Que Conquistó Al Lobo

Status: En proceso
Genre:Mujer despreciada / Hombre lobo / Pareja destinada
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

El Rey Alfa Kael, conocido como el Lobo Plateado, lleva cargando una maldición ancestral: sin descendencia su poder se desvanecerá y su reino caerá en ruinas. Buscando solo cumplir su deber, pasa una noche desconocida con una chica marginada y sin nombre, a quien todos llaman solo “la huérfana”. Esa noche cambia todo: ella queda embarazada… ¡de seis bebés! Pero antes de que pueda contárselo, su madrastra cruel la vende en una subasta clandestina. Cuando el destino los vuelve a cruzar, Kael descubre que ella no es cualquiera: es su pareja destinada, la única capaz de romper su maldición. Pasará de vivir entre basura y desprecios a sentarse en el trono más alto, demostrando que quien parecía la más débil, es la dueña de su corazón y de todo su reino.

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La que nadie quiere

La lluvia golpeaba sin piedad el techo de paja y madera podrida de aquella casita olvidada, perdida entre los límites del bosque y el camino de tierra que apenas comunicaba con el pueblo más cercano. Allí, en el rincón más frío y pequeño de la vivienda, se agachaba Elara, frotándose las manos enrojecidas por el frío mientras intentaba secar un poco la ropa mojada que llevaba puesta. Sus ropas eran telas viejas, remendadas tantas veces que ya no se distinguía su color original; delgadas, insuficientes para protegerla del viento helado que se colaba por cada rendija de las paredes.

Nadie sabía su verdadero nombre. Nadie se había molestado en dárselo, ni en recordarlo si alguna vez lo tuvo. Para todos —para la mujer que la acogió solo como mano de obra gratuita, para las dos hermanastras que se burlaban de ella cada día, para los vecinos que apartaban la mirada al verla pasar— ella era simplemente “la huérfana”, “la sirvienta”, o peor aún: “la carga que nadie quiere”.

—¡Muevete más rápido, inútil! —gritó una voz áspera desde la otra habitación, cortando el silencio solo roto por la tormenta—. ¿Crees que te mantengo aquí para que te quedes mirando la lluvia? ¡Prepara el fuego, calienta el agua y termina de limpiar antes de que oscurezca del todo!

Era Mara, su madrastra. Una mujer dura, avara y fría como la piedra, que la había recogido cuando apenas era una niña pequeña, sin familia ni bienes, no por caridad, sino porque sabía que tendría unas manos trabajadoras sin tener que pagar nada por ellas. A su lado estaban sus dos hijas: Marisa y Dalia, vanidosas, perezosas y acostumbradas a que Elara hiciera hasta lo más sucio y pesado mientras ellas se arreglaban, se quejaban y soñaban con casarse con algún hombre rico o poderoso.

Elara se puso de pie de inmediato, sin responder, sin levantar la mirada. Había aprendido desde muy pequeña que hablar demasiado, defenderse o mostrar dolor solo traía más malos tratos. Asintió en silencio y se dirigió a la cocina, el espacio más pequeño y oscuro de la casa, donde el humo siempre llenaba el aire y el suelo estaba siempre sucio.

—Mira nada más —dijo Marisa entrando con pasos lentos y la voz cargada de burla, señalándola con un dedo—: siempre sucia, siempre con ropa de trapo… ¿te has visto alguna vez? Pareces una mendiga. Nadie te querrá jamás, nadie te mirará siquiera.

—Claro que no —añadió Dalia, riendo a carcajadas—. Sirves solo para trabajar, para obedecer y callar. Ese es tu lugar, y nunca saldrás de ahí. Ni siquiera sabemos de dónde vienes… seguro eres hija de alguien que te abandonó porque ni siquiera valías lo que pesas.

Las palabras eran como piedras lanzadas una y otra vez, pero Elara ya había aprendido a guardarlas en lo más profundo de su pecho, donde nadie más pudiera verlas. Seguía moviendo las manos, amasando pan, limpiando ollas, barriendo rincones, mientras en su interior una pequeña voz le decía que algún día las cosas cambiarían… aunque no sabía cómo ni cuándo. A pesar de todo, ella no era amargada: conservaba unos ojos grandes, oscuros y dulces, llenos de una ternura que nadie merecía, y una fuerza callada que la hacía levantarse cada mañana sin perder la bondad.

Mientras terminaba sus tareas, se llevó la mano derecha hacia la muñeca izquierda, donde tenía una marca peculiar: una forma delicada, parecida a una media luna entrelazada con una huella de lobo, de color plateado pálido, que parecía dibujada bajo su piel. No sabía qué significaba, ni de dónde venía; siempre la había tenido. Mara le decía que era una mancha de nacimiento fea, una señal de mala suerte, y le ordenaba mantenerla siempre cubierta. Así lo hacía, ocultándola bajo mangas largas incluso en los días más calurosos.

—Esa marca es tu castigo —le decían—. Algo malo llevas dentro, por eso nadie te quiere.

Pero ella sentía algo distinto: a veces, cuando la tocaba, sentía un calor suave, como si algo vivo descansara ahí, esperando. Como si esa marca fuera una llave… o una promesa que aún no se había cumplido.

Cuando terminó todo lo que le habían ordenado, ya era tarde. La casa estaba limpia, la comida lista, el fuego encendido… y a ella no le quedó nada más que un trozo de pan duro y un rincón en el suelo, cerca de la puerta, donde solía dormir envuelta en una manta vieja. Se sentó allí, abrazándose las rodillas, escuchando cómo afuera el viento aullaba con tanta fuerza que parecía llamarla por su nombre, aquel que ella misma ya casi había olvidado.

De pronto, el aire cambió. Un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío le recorrió la espalda. Su marca en la muñeca comenzó a calentarse suavemente, vibrando levemente, como si respondiera a algo muy lejano… o muy cercano.

Y entonces lo sintió: una presencia inmensa, poderosa, que hacía temblar la tierra misma. No sabía quién era, ni de dónde venía, pero su corazón dio un vuelco extraño, fuerte y desbocado, como si reconociera a alguien que llevaba esperando toda la vida. Afuera, entre la lluvia y la niebla, unos ojos de color plata brillaban en la oscuridad, buscando, guiados por un aroma que nadie más podía percibir: el suyo.

Elara se abrazó más fuerte a sí misma, sin entender nada, pero con el pecho lleno de una mezcla de miedo y una esperanza que no se atrevía a nombrar. Ella era la que nadie quería, la que nadie miraba… y sin embargo, en ese instante, el destino más grande de todo el reino venía directo hacia ella, atravesando la tormenta, solo para encontrarla.

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Eliana Angulo
Soy la deuda que nunca se pagó... Esa frase da escalofríos, esto viene de mucho antes, de generaciones atrás
Eliana Angulo
Valerius prefiere mentiras cómodas antes que la verdad salga a la luz para cambiar todo
Eliana Angulo
Seis luces... seis dones... No son solo hijos, son el futuro del reino. Qué momento tan magnífico 🥹
Eliana Angulo
Su corazón anhela la verdad… pero su instinto le advierte ir sola… será el error más grande
Eliana Angulo
Él ve lo que nadie más pudo: su esencia pura 💖 No es linaje, es corazón
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: -Tienes toda la razón, no es de dónde vienes, sino quién eres. Él lo entendió desde el principio
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Eliana Angulo
excelente historia... nunca me decepcionas... el contraste de la proclamación radiante, la comprensión de que hay enemigos y el acto de valentía de ella, es una estructura perfecta 👏
Eliana Angulo
Una chica sin nada conquistó lo que muchos anhelaban... y eso duele a los envidiosos
🥀 ✨ 𝓟𝓪𝓽𝓻𝓲𝓝𝓸𝓿𝓪 ⋆: tienes toda la razón .. quienes lo tienen todo y no logran lo que ella... no pueden soportarlo
total 1 replies
Eliana Angulo
La rabia acumulada... va a caer sobre ellos con toda esa magia. No quiero perderme cómo castiga a Mara y compañía 😤
Eliana Angulo
Nadie tiene derecho a ponerte un valor ..grítalo, Kael🔥 Eso es todo lo que ella necesitaba escuchar
Eliana Angulo
nadie le importa su vida... solo lo que pueden sacar de ella. Qué asco da toda esa gente
Eliana Angulo
como se atreven a decir que sus hijos son mercancía.. Qué rabia me da Mara
Eliana Angulo
Seis hijos de la noche con Kael..nadie le dio valor nunca... y ahora lleva seis vidas que dependen de ella
Eliana Angulo
Está embarazada
Eliana Angulo
me encanta cómo él la ve como alguien especial para todo un reino y ella ni siquiera se siente digna de un nombre 😢
Eliana Angulo
Me dio un nudo en la garganta cuando dijo que no tiene nombre... qué tristeza 😭
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