A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están
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Capítulo 6: Un encuentro que empezó con el pie izquierdo
Valentina estaba sentada tranquilamente en la sala del apartamento con el celular entre las manos cuando este comenzó a sonar.
En la pantalla apareció el nombre de la agencia.
Su corazón dio un pequeño vuelco.
Contestó de inmediato.
—¿Aló?
—Buenos días, Valentina. Te hablamos de la agencia. El señor Marco desea verte hoy a las cuatro de la tarde. ¿Podrías presentarte en la oficina?
Una sonrisa iluminó su rostro.
—Claro que sí. Allí estaré. Muchas gracias.
Colgó la llamada y permaneció unos segundos inmóvil, intentando controlar la emoción.
—Ojalá sean buenas noticias —susurró para sí misma.
Se levantó enseguida, se duchó, eligió un conjunto sencillo pero elegante, se maquilló ligeramente y salió rumbo a la agencia.
Decidió ir caminando. El recorrido duraba apenas veinte minutos y el aire fresco le ayudó a calmar los nervios que sentía.
Al llegar al edificio respiró profundamente antes de entrar.
Tomó el ascensor hasta el último piso, donde se encontraban las oficinas administrativas.
Al salir encontró a la secretaria de Marco detrás del escritorio de recepción.
—Buenas tardes. El señor Marco me está esperando.
La mujer levantó la vista y le sonrió amablemente.
—Buenas tardes. ¿Me regalas tu nombre?
—Valentina Benítez.
La secretaria revisó rápidamente la agenda en el computador y volvió a sonreír.
—Claro que sí. Puedes seguir.
Valentina caminó hasta la puerta de la oficina y tocó suavemente.
—Adelante.
Entró con algo de nerviosismo.
—Buenas tardes, señor Marco.
—Buenas tardes, Valentina. Pasa, por favor. Toma asiento.
—Gracias.
Se sentó frente al escritorio mientras Marco cerraba una carpeta con su hoja de vida.
El hombre la observó durante unos segundos antes de sonreír.
—Bueno, Valentina. Revisamos cuidadosamente tu entrevista, tus fotografías y las pruebas que realizaste.
Ella contuvo la respiración.
—Y debo decirte que nos impresionaste. Consideramos que tienes muchísimo potencial para desarrollarte como modelo. Por esa razón...
Hizo una breve pausa.
—Bienvenida a la agencia. Estás contratada.
Durante unos segundos Valentina creyó haber escuchado mal.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas.
—¿De verdad?
Marco asintió con una sonrisa.
—Sí. Felicitaciones.
La emoción fue tan grande que tuvo que contener las ganas de llorar.
—Muchísimas gracias. No sabe cuánto significa esto para mí.
—Estoy seguro de que aprovecharás esta oportunidad.
Marco abrió un cajón y sacó una carpeta.
—Aquí está tu contrato. Léelo con calma. Si tienes alguna duda, puedes preguntarme sin problema.
Valentina comenzó a revisar cada hoja atentamente.
Las condiciones eran mejores de lo que esperaba.
Buen salario, estabilidad, campañas nacionales e internacionales, además de la posibilidad de representar la agencia en otros países.
Antes de firmar, Marco aclaró:
—Es posible que, en algunas ocasiones, debas viajar al extranjero para sesiones fotográficas, campañas o desfiles.
Valentina levantó la vista.
—No tengo ningún inconveniente. Estoy dispuesta a dar lo mejor de mí.
Sonrió satisfecha y estampó su firma al final del contrato.
Marco estrechó su mano.
—Bienvenida oficialmente a nuestra familia, Valentina.
—Muchas gracias por esta oportunidad. Prometo dar lo mejor de mí.
—Lo sé. Ahora ven conmigo. Quiero mostrarte las instalaciones para que vayas familiarizándote con la empresa antes de empezar.
—Claro, será un gusto.
Ambos salieron de la oficina y comenzaron el recorrido.
Marco le mostró las diferentes áreas de la agencia. Primero pasaron por las oficinas administrativas y luego señaló una oficina mucho más amplia.
Valentina observó la elegante puerta de madera y asintió con curiosidad.
Continuaron caminando hasta la recepción.
—Quiero presentarles oficialmente a nuestra nueva modelo.
Las recepcionistas la felicitaron con una sonrisa, haciéndola sentir bienvenida desde el primer momento.
Después siguieron el recorrido por toda la empresa. Marco le mostró la amplia sala de espera, la oficina donde se realizaban los castings, la pasarela utilizada para los ensayos, el estudio fotográfico y nuevamente las oficinas administrativas.
Al detenerse frente a otra oficina, Marco comentó:
—Esta oficina pertenece a Alessandro De Luca, el hijo del dueño de la agencia. En ocasiones trabaja desde la sede principal, pero también viene con frecuencia a Colombia.
Valentina observó el elegante despacho sin darle mayor importancia.
Finalmente regresaron al pasillo principal.
—Mañana empiezas a las ocho de la mañana. Te espero aquí para iniciar con tu inducción.
—No se preocupe, señor Marco acá estaré
Alessandro llevaba más de dieciséis horas de viaje cuando, por fin, el avión aterrizó en Bogotá. Eran cerca de las doce de la noche. Al salir del aeropuerto, un vehículo de la empresa, acompañado por dos escoltas, ya lo estaba esperando.
Subió al automóvil y durante el trayecto observó las calles iluminadas de la ciudad. Hacía varios meses que no visitaba la sede de Colombia y, aunque viajaba constantemente por negocios, siempre disfrutaba regresar.
Al llegar al penthouse donde se hospedaba cada vez que visitaba el país, envió un mensaje a Marco.
"Ya llegué. Mañana estaré en la oficina a las siete y media."
Después de una ducha para aliviar el cansancio del viaje, se acostó a dormir.
A la mañana siguiente, el despertador sonó a las siete en punto.
Alessandro se levantó, se duchó, se vistió con un elegante traje oscuro y salió rumbo a la agencia.

Cuando llegó, estacionó su automóvil en el parqueadero privado y entró al edificio.
Como era costumbre, varias de las modelos y empleadas lo saludaron con entusiasmo.
—Buenos días, señor Alessandro. ¡Qué gusto tenerlo nuevamente por aquí!
Él respondió con una sonrisa encantadora.
—Buenos días, señoritas. Me alegra volver a verlas.
Algunas modelos se acercaron para saludarlo con evidente interés. Alessandro correspondió con la misma amabilidad y, tras conversar brevemente con ellas, tomó el ascensor hasta el último piso.
Al llegar, caminó directamente hacia la oficina de Marco.
—Buenos días, Marco.
Su amigo levantó la vista de unos documentos y sonrió.
—¡Buenos días! Ven acá.
Ambos se dieron un fuerte abrazo.
—¿Cómo has estado? —preguntó Marco.
—Muy bien. ¿Y tú?
—Gracias a Dios, todo marcha de maravilla. Ya era hora de que aparecieras por Colombia.
Alessandro soltó una pequeña risa.
—Lo sé. El tiempo se me ha pasado volando.
Marco volvió a sentarse frente al escritorio.
—Cuéntame, ¿cómo va todo en Italia?
Alessandro suspiró con una sonrisa.
—Ya sabes... demasiado trabajo.
Marco arqueó una ceja.
—¿Y tu compromiso? ¿Cómo va?
Alessandro hizo un gesto de fastidio.
—No empieces otra vez. Hay temas de los que prefiero no hablar.
Marco soltó una carcajada.
—Sigues siendo el mismo de siempre.
—Y seguiré siéndolo.
Después de unos segundos de silencio, Alessandro preguntó:
—Oye, Marco... ¿Laura sigue trabajando con nosotros?
Marco sonrió de inmediato.
—¡Por fin te acuerdas de ella! No hace más que preguntarme cuándo vuelves y tú vienes a preguntar meses después.
Alessandro sonrió con picardía.
—Entonces... ¿sigue soltera?
—Hasta donde sé, sí.
—Perfecto. Luego me pasas su número. Será bueno volver a verla.
Marco negó con la cabeza entre risas.
—No cambias.
—¿Y para qué cambiar?
—Solo hay un pequeño problema. Laura está en Nueva York por una campaña, aunque creo que regresa en estos días.
—Entonces esperaré.
Después de ponerse al día sobre los asuntos personales, Marco comenzó a informarle sobre el estado de la agencia y las nuevas contrataciones.
Marco comenzó a poner a Alessandro al tanto de todo lo que había ocurrido en la agencia durante su ausencia.
—Ya tenemos a la nueva modelo. Hoy a las ocho de la mañana está citada para comenzar con los castings, las sesiones de prueba y la capacitación.
Alessandro asintió con interés.
—¿Ah, sí? ¿Y qué tal es?
—Es una chica muy joven, tiene veintidós años. Es bonita, tiene una excelente actitud y un gran potencial como modelo. En la entrevista le fue muy bien. Lo único es que no es muy alta, pero eso no representa ningún problema para el tipo de campañas que manejamos.
—Entonces habrá que conocerla. Si a ti te gustó su perfil, seguro hiciste una buena elección.
Marco sonrió.
—En cuanto llegue, te la presentaré.
—Perfecto.
En ese momento, Alessandro se llevó una mano a la frente.
—¡Qué cabeza la mía! Dejé el portafolio en el carro. Voy a bajar por él.
marco negó con la cabeza. No espera le digo a la secretaria que baje por el
—No te preocupes, yo bajo a traerlo. Ya vuelvo.
—Gracias, amigo.
Mientras tanto, Valentina terminó de arreglarse para su primer día en la agencia. Como Juliana debía llegar un poco más tarde, decidió salir sola.
Llevaba un elegante vestido negro, una chaqueta beige, botas negras, un bolso beige y gafas oscuras. Su cabello castaño caía suelto sobre los hombros.
Cuando salió de la habitación, Juliana la observó de arriba
abajo y sonrió.
—¡Guau, Vale! Estás hermosísima.
Valentina sonrió un poco apenada.
—Gracias, Juli.
—Nos vemos en un rato.
—Claro, allá te espero.
Salió del apartamento y caminó hasta la agencia. Estaba emocionada, aunque también un poco nerviosa por todo lo que le esperaba ese día.
Al llegar al edificio, entró y se dirigió al ascensor. Justo cuando las puertas estaban por abrirse, dio un paso hacia adelante sin imaginar que alguien salía al mismo tiempo.
El golpe fue inevitable.
Valentina perdió el equilibrio y cayó al suelo.
Alessandro también se detuvo de golpe al sentir el impacto.
Ella levantó la mirada, visiblemente molesta.
—¿Será que no miras por dónde vas?
Se puso de pie por sus propios medios al ver que él ni siquiera intentó ayudarla.
—¿Estás ciego o qué?
Alessandro frunció el ceño.
No estaba acostumbrado a que alguien le hablara de esa manera.
—Perdón... pero tú también podrías fijarte por dónde caminas.
Valentina cruzó los brazos.
—¿Perdón? Tú me hiciste caer y todavía te enojas.
—¿Ahora resulta que la culpa es mía? Tú ibas distraída y no viste que yo estaba saliendo del ascensor.
Ella lo miró con indignación.
—¿Así que ahora la distraída soy yo? El que venía con afán eras tú. Aprende a respetar a las personas.
Dio un paso hacia él y añadió con firmeza:
—¡Qué hombre tan creído!
Sin esperar respuesta, acomodó su bolso y siguió caminando, dejándolo completamente desconcertado.
Alessandro permaneció inmóvil durante unos segundos.
Jamás una mujer le había hablado de esa forma.
—¿Quién se cree esa muchachita? —murmuró entre dientes—. Encima me trata como si el culpable hubiera sido yo.
Sacudió la cabeza con evidente molestia.
—Más le vale que no trabaje aquí... y si trabaja, voy a averiguar quién es.
Resopló y continuó su camino hacia el parqueadero para recoger el portafolio.
Por su parte, Valentina subió hasta el área de Recursos Humanos para terminar de firmar unos documentos. Después debía reunirse con el representante de la agencia, quien le explicaría su agenda de trabajo antes de dirigirse al estudio fotográfico.
Minutos después, Alessandro regresó a la oficina de Marco con el portafolio en la mano.
Marco levantó la vista.
—¿Qué pasó? Te demoraste bastante.
Alessandro dejó el portafolio sobre el escritorio y negó con la cabeza.
—Ni me preguntes. Al entrar me choqué con una muchacha súper altanera y grosera. Para rematar, parecía que el culpable era yo.
Marco soltó una pequeña risa.
—¿Y quién era?
—Ni idea. Nunca la había visto. Pero si trabaja aquí, voy a averiguar quién es. No pienso permitir que alguien me falte al respeto de esa manera.
Marco intentó tranquilizarlo.
—Relájate. Tal vez era alguien que venía a una cita o simplemente estaba nerviosa.
Alessandro respiró hondo, aunque seguía molesto.
—Eso espero... porque, sinceramente, ninguna mujer me había tratado así en toda mi vida.