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El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Posesivo / Novia sustituta / Completas
Popularitas:307.5k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

Renata creció siendo "la hija recuperada" de una familia que solo la quería para pagar sus deudas. Cuando la constructora de los Beltrán se hunde, el trato es simple: una boda con los Vargas a cambio de un rescate millonario. La novia debía ser Camila, la consentida de la casa. Pero Camila huye… y empujan a Renata al altar de un hombre que ni siquiera puede decir "sí": Maximiliano Vargas, el empresario más temido de México, lleva meses en coma.

Renata acepta sin pelear. Tiene sus propias razones —y una herida que nadie conoce—. Lo que no imagina es que, bajo esa apariencia de hombre dormido, Max está despierto. La oye. La observa. Y por primera vez en su vida, alguien la ve de verdad.

Cuando Max abre los ojos, el imperio entero contiene la respiración esperando el divorcio. En cambio, el hombre al que llaman "témpano de hielo" la toma de la mano frente a todos y se niega a soltarla. Mientras tanto, Renata empieza a mostrar quién es en realidad: una cirujana brillante que esconde más de un nombre, más de un secreto y un pasado que la persigue desde un hotel, cinco años atrás.

Entre suegras venenosas, una falsa primera dama del corazón, traiciones de familia y dos niños que aparecen donde menos se espera, Renata tendrá que decidir si se atreve a creer en el único hombre que la eligió cuando nadie más lo hizo.

Porque algunos secretos no se entierran. Regresan. Y este tiene los ojos de Max.

¿Y si el hombre que la compró fuera también el que perdió con ella lo que más amaba?

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 9

Capítulo 9: Julián y los cinco años que no cierran

Esa noche, en el jardín, Renata no había abierto el chat. Pero a la mañana siguiente, después de dormir mal y de revisar dos veces los monitores de Max antes de que la casa despertara, escribió una sola línea de respuesta a Julián: "Mañana. Nueve. El café frente al hospital. Quince minutos, ni uno más." No porque le debiera nada. Porque las cinco palabras —"lo de hace cinco años"— eran un cabo suelto, y Renata no dejaba cabos sueltos. Si Julián tenía una pieza de aquel rompecabezas, iba a sacársela y después iba a borrarlo de su vida.

Llegó al café veinte minutos antes. Eligió uno neutro frente al hospital Ángeles, ni la mansión ni su consultorio, terreno de nadie. Pidió un americano y puso la mochila sobre la silla de enfrente. La dejó ahí a propósito. Cuando Julián llegara, tendría que pedirle que la quitara, y ella la quitaría despacio, y él entendería sin que nadie lo dijera que esa reunión tenía fecha de caducidad de un café, ni un minuto más.

Julián llegó con lentes oscuros que se quitó al entrar, buscándola con la mirada, midiendo de reojo si alguien en el café lo reconocía. Hasta para esto traía puesto el personaje.

—Renata. —Se sentó después de que ella quitara la mochila, y empezó por donde empiezan los hombres que vienen a salvarse a sí mismos—: Gracias por verme. Sé que no me lo merezco. Necesito explicarte. Hay cosas de hace cinco años que tú no entendiste bien, que se contaron mal, y yo cargué solo con eso todo este tiempo porque…

Renata lo dejó hablar. Treinta segundos exactos, mirándolo por encima del borde de la taza, sin ayudarlo y sin interrumpirlo. Lo dejó construir su versión, la de las "cosas que se contaron mal", la del hombre incomprendido.

Cuando hizo la primera pausa para respirar, ella habló.

—Si vas a hablar de lo de hace cinco años —dijo, dejando la taza en el plato sin un ruido—, ahórratelo. Ya sé lo que pasó. Lo supe hace mucho. —Lo miró de frente—. Lo único que no sé es si fuiste tú quien lo organizó, o si solo lo dejaste pasar mirando para otro lado. Eso es lo único que vine a saber.

Julián se quedó sin guion.

Era actor. Vivía de no quedarse sin palabras. Y sin embargo ahí, frente a esa mujer que no le gritaba, que no lloraba, que no le exigía nada más que una verdad, abrió la boca y no le salió la línea. Balbuceó. Empezó una frase, la abandonó. Bajó la vista a su propia taza vacía.

No lo negó.

Y esa fue toda la respuesta que Renata necesitaba, aunque no era la que había venido a buscar. Porque le dio una oportunidad real. No lo acorraló, no lo amenazó, no levantó la voz. Lo miró con una calma que era casi una puerta abierta: dilo, di lo que hiciste, di la verdad de una vez y a lo mejor algo de esto pesa menos. Para los dos.

Julián no entró por esa puerta.

Por un segundo pareció que sí. Abrió la boca, se le quebró algo en la cara, bajó la voz.

—Renata, si yo te contara todo… —Se pasó la lengua por los labios, miró sus manos—. Hay gente a la que no le puedes fallar. Gente que, si hablas, te quita todo lo que construiste. Yo no soy valiente como tú. Nunca lo fui. Tú te paraste de cabeza contra el mundo entero y yo… yo solo quería que no me salpicara.

Por un instante Renata creyó que iba a decirlo. Que iba a soltar el nombre, la noche, lo que de verdad había pasado. Se quedó muy quieta, sin presionar, dándole todo el espacio del mundo para ser, aunque fuera una vez, un hombre que dice la verdad.

—Dilo, Julián —murmuró—. Solo el nombre. Quién lo organizó. Es lo único que te pido. Y no vuelves a verme nunca.

Él la miró. Y Renata vio el momento exacto en que el miedo le ganó a la conciencia, el segundo en que eligió, como había elegido cinco años atrás. Bajó los ojos. Negó apenas con la cabeza.

—No puedo.

—Eran… situaciones difíciles, Renata —dijo al fin, y la voz se le fue hacia la coartada, hacia lo vago, hacia el lugar cómodo—. Había presiones que tú no viste. Gente con poder. Yo era joven, estaba empezando, no podía simplemente… No fue tan sencillo como tú lo pintas.

—Gente con poder —repitió Renata, despacio, saboreando la frase para que él oyera lo que acababa de soltar—. Entonces sí sabías que había alguien detrás. No fue un malentendido. Alguien te pidió algo y tú dijiste que sí.

Julián palideció. Se dio cuenta, un segundo tarde, de lo que había dejado salir.

—No quise decir eso.

—Sí quisiste. —Ella no levantó la voz. No le hacía falta—. Esa noche, en el hotel. Tú sabías que yo no iba a llegar sola a esa habitación. Sabías quién había arreglado todo y para qué. Y en vez de avisarme, te fuiste a tu evento, sonriente, frente a las cámaras. —Hizo una pausa milimétrica—. Lo que pasó esa noche me costó cinco años. Tú ni te despeinaste.

—Renata, por Dios, baja la voz. —Julián miró alrededor, hacia las mesas vecinas, hacia la puerta, ese reflejo suyo de medir siempre quién lo veía—. No es el lugar para hablar de esto.

—No hay lugar para hablar de esto contigo. —Renata recogió la mochila—. Te pregunté una sola cosa y me contestaste con tres excusas y un "gente con poder". Con eso me basta. Más que de sobra.

Se puso de pie.

Julián también se levantó, rápido, y la tomó del brazo. No con violencia. Pero sin pedir permiso, con esa confianza vieja de quien alguna vez tuvo derecho a tocarla y cree que el derecho no caduca.

Renata bajó la vista al brazo. A la mano de él sobre su antebrazo. No se sacudió, no forcejeó. Solo miró la mano, fija, con una frialdad de quirófano, hasta que la mano entendió por sí sola que sobraba.

Julián la soltó.

—No me busques en el hospital —dijo Renata, despacio, marcando cada palabra—. No vayas a la mansión. No te acerques a mi trabajo ni a mi familia. Si de verdad tienes algo que decir, algo de verdad, me lo mandas por escrito. Con tu nombre. Firmado. —Se colgó la mochila al hombro—. Lo demás no me interesa.

Salió del café sin voltear.

—————

Afuera, el ruido de Reforma le cayó encima, los cláxones, el calor que subía del asfalto. Renata caminó media cuadra y entonces, donde nadie del café podía verla, se detuvo y se apoyó un segundo contra la pared de un edificio.

Solo un segundo.

Cerró los ojos. Respiró una vez, hondo. Y por debajo de los párpados, sin pedirle permiso, volvió lo de siempre: el olor a desinfectante de un hospital que no era el suyo, una incubadora, dos respiraciones tan pequeñas que parecían de juguete, y después un pasillo vacío y una enfermera que no la miraba a los ojos cuando le dijo que no, que ya no, que firmara aquí. Cinco años y el cuerpo todavía lo guardaba entero, como una herida que cierra por fuera y sigue abierta por dentro.

No era el daño viejo de un amor que terminó mal. Eso lo había superado hacía mucho; Julián no le importaba, ni para odiarlo. Lo que le había costado, lo que le costaba ahí apoyada contra la pared caliente, era confirmar que el hombre que acababa de dejar en esa mesa sabía exactamente lo que le habían quitado hacía cinco años —sabía quién, sabía cómo— y había elegido, otra vez, cuidar su carrera antes que decírselo. Le habría bastado un nombre. No se lo dio.

Abrió los ojos. Se enderezó. La grieta volvió a cerrarse, porque siempre volvía a cerrarse; Renata había aprendido hacía mucho a apoyarse en las paredes solo el tiempo justo.

Sacó el teléfono y marcó.

—Ximena. —Su voz ya era otra vez plana—. ¿Tienes tiempo esta noche?

—Para ti siempre. —Del otro lado, su comadre no preguntó qué pasaba; lo oyó en el "esta noche"—. Traigo vino. ¿Voy por ti o vienes?

—Voy yo.

Y justo cuando colgaba, la pantalla le brincó con otra notificación. No era un mensaje. Era una alerta, la de la aplicación que ella misma había instalado y vinculado a los sensores que había colocado, sin avisarle a nadie, en el cuarto de Max:

"Actividad motora detectada. Duración: 8 segundos."

Ocho segundos.

El temblor de la mano había durado tres. Esto era más del doble, y en menos de dos días.

Renata se quedó mirando la pantalla en mitad de la banqueta, el ruido de Reforma a su alrededor, la cita con Ximena de pronto muy lejos. Su cabeza ya hacía cuentas frías: la ventana que había anotado en el cuaderno —dos a cuatro semanas— estaba mal. A esa velocidad, Max no estaba a semanas de emerger. Estaba a días.

Y eso cambiaba todo. Porque si ella podía leer esa curva, también podía leerla quien lo mantenía sedado de más. Si Max despertaba antes de que ella entendiera quién quería tenerlo dormido y por qué, el hombre podía abrir los ojos directamente a las manos equivocadas. Despertar, en esa casa, podía ser tan peligroso como no despertar nunca.

Era una carrera, y Renata acababa de descubrir que ya había empezado sin avisarle.

Guardó el teléfono. Dio media vuelta. Y en lugar de ir hacia Polanco, echó a andar de prisa hacia el coche, hacia Las Lomas, hacia la mansión.

1
Beatriz Juárez
una duda no ya conocía al tío de Maximiliano e incluso escucho una conversación respecto a la salud de Max e incluso la mando a amenazar con pasarle algo a la mamá de ella
gabriela
excelente
Beatriz Juárez
hasta el momento lo que eh leído muy interesante, espero siga así el resto de la novela
mildred rivas
lo sospechaba no era casualidad
Maria Cerdán
Es de Max Renata.. te está protegiendo, ya te aceptó como su esposa..ja,ja
Maria Cerdán
Se va poniendo interesante.. le quitaron a sus bebés?
Liliana janeth reveles riojas
aaaaaaaaaaaaaaaa que emoción
Hilda Estrada
cuánta maldad
ana paez
lo mismo pregunto
ana cecilia mendoza
mercantil siempre contigo 🤣🤣🤣🤣😅❤️
Visitor3894
Muy buen libro .Hasta el momento diría casi excelente .
Ojalá siga así .
últimamente los libros repiten las historias ,solo cambian los nombres de los personajes.
Este es distinto.Excelente trabajo del autor .
ana cecilia mendoza
voy a llorar y al mismo tiempo me estrese 😭😭😭😭😭
Nely Morales Cruz
Yo tengo la duda de si Ernesto es el padre porqué ahora dice que su papá está muerto
Nely Morales Cruz
Ese niño debe de ser de Renata y será que el padre es maximiliano y el tampoco sabe
Carely Prieto
ya se siente el despertar 👏
audelina barra guzman
uuuuf yo tampoco me equivoqué wau esto de leer tantas historias voy aprendiendo hacer detective jajaja
Nely Morales Cruz
Tengo muchas dudas espero que en el transcurso de la novela pueda aclararme
audelina barra guzman
parece que también se le olvidó el ADN el ir a buscar a la niña gemela 🤔🤔🤔🤔😔😔😔😔😔
audelina barra guzman
me quedan muchos capitulos todavía esperando que arregles está trama
audelina barra guzman
se me perdió Vale la hermana de Max el tío que estaba haciendo daño la abuela el papá de Max que PASO Autora si es que tú escribes esto o lo copiaste mal 😱😱😱😱 hay algo que no cuadra 😱😱😱😱
mildred rivas: si no cuadra porque aquí dice que no tuvo niña y vale que es
total 2 replies
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