NovelToon NovelToon
El Despertar del CEO de Hielo

El Despertar del CEO de Hielo

Status: Terminada
Genre:CEO / Niñero / Padre soltero / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Sarah Izabel

Alexandre Mendonça lo tiene todo: una empresa que mueve millones, una mansión en Jardins… y un corazón que se congeló el día en que enterró a su esposa. Desde entonces vive encerrado en su luto, rodeado de niñeras que huyen despavoridas de una hija de cuatro años que muerde antes de que la abandonen.

Mariana Silva acaba de perder su empleo por negarse a ceder ante un jefe abusivo, y con su mamá enferma no puede darse el lujo de rendirse. Cuando entra a esa mansión para la entrevista más humillante de su vida, solo tiene una oferta: una semana de prueba y cero garantías.

Lo que Mariana no sabe es que la pequeña Alice no necesita una niñera, sino a alguien que la escuche. Y lo que Alexandre no imagina es que la mujer que le contestó sin bajar la mirada acabará derritiendo, uno a uno, todos los muros de hielo que construyó a su alrededor.

Entre acusaciones injustas, secretos detrás de una puerta que nadie puede tocar, un deseo que se enciende a pesar de todas las reglas y una sombra del pasado que no piensa quedarse enterrada, ¿podrá un hombre que juró no volver a amar atreverse a despertar?

NovelToon tiene autorización de Sarah Izabel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Hot

El beso empezó tranquilo, un baile de reconocimiento y provocación, pero pronto se intensificó y se volvió hambriento, como si hubiéramos esperado demasiado tiempo.

Mariana gimió contra mi boca cuando deslicé las manos por su espalda, con los dedos trazando su piel como si estuviera memorizando cada curva. Ella correspondió a mi toque, con los dedos explorando mis hombros y bajando por mi pecho.

Sobre la cama, besándonos cada vez más hambrientos el uno del otro, entre las sábanas suaves, me atrajo hacia ella con las piernas enredadas en las mías, en una invitación silenciosa. Mi nombre se le escapó de los labios en un suspiro —«Alexandre…»— y ese sonido me hizo perder el control. Mi boca encontró la piel caliente de su cuello y fui dejando besos lentos por su hombro hasta llegar al escote.

Mariana se arqueó debajo de mí, con las uñas clavadas en mi espalda, y fue indescriptible tenerla vulnerable, completamente entregada a mí.

Sus ojos encontraron los míos, oscuros y tomados por el deseo, y lo entendí todo. No se trataba solo de una necesidad física. Nunca había sido eso. Se trataba de nosotros, de ese deseo insensato que siempre había estado ahí, ardiendo bajo la superficie.

Nos besamos largos minutos, con las respiraciones aceleradas y las manos explorando el cuerpo del otro. Con su blusa rasgada, le descubrí uno de los senos y lo masajeé con cuidado, antes de bajar la cabeza y lamerle el pezón endurecido.

Mariana soltaba suspiros ahogados, toda ella mimosa, una delicia para besar y poseer.

Metí los dedos entre los cabellos de su nuca y le besé el cuello, sintiendo cómo se le erizaba la piel con mi toque, y me detuve a contemplar esos senos perfectos.

—Qué rica —dije, y le mordisqueé el otro pezón, haciéndola gemir.

Seguí con los besos sobre la piel que quedaba al descubierto. Mariana estaba toda erizada y, en algún momento, pareció avergonzada, pero no me pidió que parara. Su entrega fue la aprobación que necesitaba para continuar.

Le quité la parte de abajo del pijama y comprobé que no llevaba ropa interior. Tragué saliva y miré su sexo pequeño, delicado, con forma de corazón, y sentí que mi verga palpitaba.

Era perfecta en todos los detalles.

Recorrí con la mirada su cuerpo entero, grabándome cada centímetro de piel expuesta, y después la miré a los ojos.

Titubeó un poco y luego dijo:

—Puedes hacer lo que quieras conmigo, esta noche soy tuya.

¡Ay, Mariana! No sabía que yo ya tenía planeado hacer lo que quisiera de todos modos.

—Ten la seguridad de que lo voy a hacer —respondí casi en un gruñido.

Mi verga palpitó con fuerza solo de contemplar esa obra de arte.

Le abrí un poco más las piernas, bajé la cabeza y quedé frente a su sexo, que brillaba de excitación. Lo abrí con delicadeza con los dedos y pasé la lengua entre los labios, sin dejar de mirarla. Mariana gimió, pero mantuvo la mirada fija en mí.

¡Ah, qué delicia! Tan mojada contra mis labios y todavía más mojada en mi lengua. La chupé hambriento, con muchas ganas. Lamí todo su sexo, desde la entrada hasta el clítoris. Giré de un lado a otro mientras ella se retorcía en la cama.

Cubrí con la boca todo su sexo y luego detuve la lengua sobre el clítoris y me quedé ahí, masajeándolo en círculos. A veces alternaba la lengua hacia arriba y hacia abajo, de un lado a otro. Chupaba y succionaba su clítoris, sintiendo cómo todo su cuerpo temblaba, pero entonces paré, porque quería que se viniera con mi verga entera enterrada en ella.

—¡Oye, regresa! —protestó, cuando me aparté.

—Tranquila, tenemos toda la noche —dije, y me quité la ropa; luego tomé un condón y me lo puse, mientras ella me observaba con una mirada famélica.

Volví a la cama segundos después y retomé los besos con ferocidad, sintiendo sus uñas rasguñar mi espalda mientras mi verga se acomodaba en su sexo caliente.

Estuve unos segundos moviéndome de atrás hacia adelante, pero ella era muy estrecha. Tuve paciencia, besando y explorando su boca y sus senos, hasta que fue relajándose y mi verga ganó algunos centímetros. Me detuve cuando gimió un poco más fuerte.

—¿Estás bien? —pregunté, con la boca pegada a la suya.

—Es muy grande —dijo en voz baja, mordiéndome el labio inferior.

—Y tú eres muy estrecha —respondí, y volví a besarla.

Mariana enredó las piernas en mi cintura, dándome más acceso, y entonces logré entrar hasta la mitad. El canal caliente y apretado me estrangulaba la verga y no sabría explicar lo rico que era; ella era una delicia. No recordaba la última vez que una mujer me había hecho sentir algo así en la cama.

Seguí con un vaivén placentero, respetando su ritmo, hasta que Mariana empezó a mover las caderas debajo de mí. Al notar que se había relajado, aumenté los movimientos, hasta sentir que entraba entera, justo cuando sus dientes se clavaron en mi hombro.

—¿Qué pasó? —pregunté al mirarla.

—Nada, sigue —pidió, con la mirada decidida.

Asentí y volví a embestir con ganas, sintiendo que su canal me acogía cada vez con más facilidad.

La sujeté de la cintura y empecé a cogerla a mi ritmo, sintiendo sus uñas castigar mis brazos y mi espalda, mientras sus gemidos llenaban todo el cuarto.

A esas alturas, ella ya no decía nada, se había vuelto una muñeca en mis manos y yo la cogí rico, con nuestros cuerpos sudados y entrelazados.

Entonces Mariana me apretó contra sí y su sexo se contrajo. Estaba llegando al orgasmo y eso me embriagó. La besé como un loco y embestí fuerte unos segundos, hasta que yo también me vine.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play