La descartaron como a un paquete devuelto.
Cuando la prueba de ADN reveló que Lara no era la hija de sangre de la poderosa familia que la crió, la enviaron al altar en lugar de la verdadera heredera: a casarse con un viudo de pueblo, mayor y con tres niños a cuestas. Debía ser un castigo. Debía ser el final de su vida.
Pero al otro lado de aquel portón de hierro no la esperaba un anciano pobre. La esperaba una casa que guardaba secretos, tres pequeños que llevaban demasiado tiempo pasando hambre… y un hombre que no era, ni de lejos, lo que todos decían.
Lara llegó dispuesta a sobrevivir. Nunca imaginó que ese matrimonio arreglado le daría lo único que jamás tuvo: alguien que la mira como si valiera el mundo entero, y la consiente cada día.
Mientras aprende a ser madre de tres corazones heridos y descubre quién es en realidad su esposo, los que la humillaron empezarán a tocar a su puerta. Unos por arrepentimiento. Otros, por codicia. Y Lara ya no es la muchacha a la que se podía reubicar a capricho.
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Capítulo 2: La casa más lujosa del pueblo
—Abra el portón, doña Inés.
Gino no levantó la voz. Y sin embargo, aquella frase bastó para que los dedos que colgaban sobre el cerrojo por fin se movieran.
El hierro rechinó con un chirrido áspero. El portón se abrió apenas el ancho de un cuerpo, como si la mujer todavía esperara poder frenarme con el hombro.
—Si después el señor Adrián se enoja, a mí no me metan —refunfuñó.
Arrastré la maleta por el umbral.
—Justamente por eso lo espero a él, para que quede todo claro.
Sasa caminaba pegada a mi pierna, aún sujetando el borde de mi blusa. Campeón dejó de gruñir cuando la niña entró conmigo. El enorme perro olfateó el aire a mi alrededor y luego se sentó cerca de su cadena, sin dejar de vigilarme.
Los vecinos no se habían movido. Sus miradas seguían las ruedas de mi maleta, que se atascaban entre los adoquines.
Me detuve y me volví hacia doña Inés.
—Para que mañana por la mañana nadie cambie la versión, lo repito delante de todos. La familia de Bernardo Santoro me envió a ocupar el lugar de Tania en este compromiso. Si el señor Adrián no me acepta, me iré en cuanto lo escuche de él mismo.
Una de las mujeres fuera del portón asintió.
—Eso es justo.
Doña Inés resopló, pero ya no se atrevió a cerrarme el portón en la cara.
Gino levantó uno de los sacos de forraje del vehículo de tres ruedas.
—Yo acompaño a la señorita Lara adentro.
—¡No hace falta! —lo cortó doña Inés de inmediato—. De esta casa me ocupo yo.
—Hace un rato decía lo mismo.
Desde la calle brotó una risita. La cara de doña Inés volvió a enrojecer.
Gino me ayudó a subir la maleta al porche. Después de asegurarse de que yo estaba de verdad adentro, descargó los sacos de forraje en la bodega lateral y regresó a su vehículo.
—El señor Adrián suele volver cerca del atardecer —dijo antes de arrancar el motor—. Si necesita algo, su ganadería está al final del camino de los arrozales. Pregunte por El Porvenir; todo el mundo la conoce.
—Gracias, Gino.
Asintió y se fue. Los vecinos también se fueron dispersando poco a poco, aunque algunas cabezas siguieron volteando hasta la curva.
En cuanto se abrió la puerta principal, el aire fresco me rozó la piel.
El piso de la sala estaba revestido de granito color marfil, no de las baldosas baratas de las otras casas por las que había pasado. Un sillón gris se alineaba frente a un televisor de pantalla plana casi tan ancho como la pared. En un rincón se alzaba un armario de madera de teca con puertas de vidrio. Un aire acondicionado zumbaba bajito sobre la ventana.
Esta casa no solo se veía bien por fuera.
Junto a la escalera alcanzaba a ver el pasillo hacia la cocina y otra puerta que daba al patio trasero. La planta alta tenía un balcón interior con una baranda de hierro negro. Todo era sólido, limpio y diseñado por alguien que sabía con exactitud lo que quería construir.
Un ganadero de pueblo bien podía ser rico. Pero los ricos suelen presumir su fortuna o quejarse cuando les preguntan. En cambio, el dueño de esta casa había dejado que corriera hasta la capital el rumor de que era un viudo viejo y pobre.
Adrián no debía de ser un hombre común.
Todavía no sabía si eso era una buena noticia.
—No toques nada —dijo doña Inés a mis espaldas—. Las cosas de aquí son caras.
—Sé distinguir lo caro de lo frágil.
—La gente de ciudad siempre tan lista para hablar.
No le contesté. Tenía la garganta seca desde que me había bajado del mototaxi. Esperé un momento, pero doña Inés se llevó su manojo de llaves a la cocina sin ofrecerme agua ni un lugar donde sentarme.
Sasa seguía de pie a mi lado. El caramelo se le había terminado en la boca. Cuando la miré, tocó mi bolso cruzado con un dedo.
—¿Quieres otro?
Sus ojos se fueron hacia la cocina. Luego volvieron a mí.
Saqué el segundo caramelo, pero no se lo di enseguida.
—Primero tomemos agua, ¿sí? ¿Tienes sed?
No dijo nada. Solo alzó las manos, las dos palmitas abiertas hacia mí.
Me tomó un segundo entenderlo.
—¿Quieres que te alce?
Sasa movió los dedos, pidiéndome que me acercara.
Me agaché y la levanté. Pesaba menos de lo que imaginaba. Sentí sus costillas a través de la tela fina, mientras sus dos bracitos me rodeaban el cuello de inmediato. Apoyó la cara en mi hombro sin la menor duda.
Su aliento tibio me traspasó la blusa.
—Le das un caramelo y ya se te pega —soltó doña Inés, que apareció por el pasillo—. A los niños es fácil engañarlos.
—O tal vez solo sabe quién no le grita.
La mirada de doña Inés se afiló.
—Si quieres tomar agua, sírvete tú misma en la cocina. Yo tengo mucho que hacer.
—¿Dónde está mi cuarto?
—No hay ninguno libre.
Miré la escalera y el pasillo, que tenía por lo menos cuatro puertas.
—¿Una casa tan grande no tiene ni un solo cuarto libre?
—Cuartos hay, pero eso no quiere decir que pueda usarlos alguien de situación tan dudosa.
Sasa apretó su abrazo cuando la voz de doña Inés subió de tono.
Le acaricié la espalda.
—Está bien. Espero en la sala hasta que el señor Adrián vuelva.
Llevé a Sasa a la cocina. Había un dispensador en un rincón, pero el garrafón estaba vacío. En una repisa quedaba una jarra de agua hervida. Tomé un vaso, lo enjuagué y bebí. Para Sasa serví un poco de agua en una tacita de plástico con dibujos de flores que encontré en el estante de abajo.
La niña bebió a las apuradas. El agua le goteaba por el mentón.
—Despacio —le susurré, secándole la boca—. Nadie te la va a quitar.
Del patio trasero llegó ruido de pasos. Dos niños estaban parados junto a la puerta: uno más alto y flaco, el otro más pequeño y con el pelo alborotado. Me miraban sin saludar.
El mayor jaló al menor hacia atrás en cuanto nuestras miradas se cruzaron.
—Esos son Rafael y Bruno —dijo doña Inés—. Y no esperes que sean tan fáciles como Sasa.
La puerta trasera se cerró. Los dos niños desaparecieron.
No los perseguí. La confianza no es una gallina que se atrape corriendo.
Cerca del anochecer, le limpié a Sasa el polvo de la cara con un pañuelo húmedo y le peiné el pelo con los dedos. La niña se sentó en mi regazo, jugando con el cierre de mi bolso. Doña Inés seguía sin prepararme el cuarto. Pasó varias veces a mi lado dando portazos a las puertas del armario, para que yo oyera bien su fastidio.
La tarde aún no terminaba de caer cuando Campeón se puso de pie de golpe.
Esta vez no ladró con rabia. Su cola golpeaba el suelo una y otra vez. La cadena tintineó cuando estiró el cuerpo hacia el portón.
El motor de una moto se detuvo en el patio.
Doña Inés, que hasta entonces holgazaneaba, corrió al porche.
—El señor Adrián llegó.
Sasa levantó la cabeza de mi pecho.
Me puse de pie con ella en brazos. Las palmas se me humedecieron de repente.
Un hombre entró en la sala con paso tranquilo. Llevaba la camisa de trabajo, de un color oscuro, remangada hasta los codos, dejando ver unos brazos musculosos manchados de polvo. El pantalón estaba desgastado a la altura de las rodillas. De su cuerpo emanaba un olor a sol, a pasto seco y, apenas, a establo.
Pero no parecía en absoluto un hombre viejo.
Rondaría los treinta y tantos. Alto y macizo, de rostro firme, con una mandíbula que parecía usar rara vez para sonreír. Su mirada pasó de la maleta junto al sillón a mi cara, y de ahí a Sasa, que me rodeaba el cuello con los brazos.
Aquellos ojos estaban en calma, pero pesaban.
¿Este era el hombre que, según decían, era viejo, feo y solo necesitaba una mujer para cuidar a tres niños?
Doña Inés fue la primera en abrir la boca.
—Señor Adrián, esta mujer llegó diciendo que viene a reemplazar a Tania. Yo le dije que se fuera, pero se metió a la fuerza y armó un escándalo delante de los vecinos.
Adrián no le respondió de inmediato.
Me miró.
—¿Lara?
Sabía mi nombre.
—Sí. Soy Lara Ayala. —Intenté bajar a Sasa despacio, pero la niña se negó a soltarme el cuello. Al final la seguí cargando—. La familia de Bernardo me envió a ocupar el lugar de Tania. No voy a fingir que esa decisión fue justa. Pero ya estoy aquí, así que quiero hablar directamente con usted, señor Adrián.
Su expresión no cambió.
—Hable.
—Puedo cuidar bien a estos tres niños. Puedo trabajar, llevar la casa y vivir una vida sencilla. Si este matrimonio sigue adelante, lo tomaré en serio.
Me detuve un momento. El latido de mi corazón me llegaba hasta los oídos.
—Pero si lo que usted busca es una sirvienta a la que no haya que pagarle, me voy ahora mismo. A los niños los voy a tratar como familia, y yo también quiero que me traten como a un ser humano. No como a una sustituta que se reubica a capricho.
Sasa apoyó la cabeza en mi hombro. La sala quedó tan callada que el zumbido del aire acondicionado se oía fuerte.
Adrián me miró largamente.
No dijo que sí. Tampoco dijo que no.
Solo me miró, tanto rato que llegué a pensar que aquel hombre no abriría la boca en absoluto.
°\🙄/-
Y èso si, lo va a notar un buen cocinero y comensal.
☝️🧐 °~😌~°😉
Doña Inés... ☝️🙄 Tania... ☝️🙄 Su ex familia... 🖕🙄 Los nuevos tíos...🖕🙄 y... ¿Quién más se acumulara?. °~~°
Acaso será...¿¡Yolanda!?.
°~🤨~°🤔🤦♀️
¡Vergüenza!, es lo que debería de tener ella y sus padres por rateros.°\🤨/°
¿Y su "nombre"?...¡Ya está en la boca de todos!. Por las acciones de su hija y por el cinismo y la falta de principios y moral de la familia al no devolver luego , luego la dote que su hija rechazó.°~😒~°
Así que...¡Entré cínicos y rateros no hay a quien irle!.
☝️😌👆🤷♀️🙎♀️
Si ellos solitos se están destapando de tanto calor. 😈😈°~😌~°😈😈😈😈😈😈😁
¿Que mandó a otra persona?. 🤨 ¡Si!. Pero ésa es otra historia. ☝️🧐
¡Nueva prometida, nuevo compromiso! y ...°~🧐~°
¡Nueva administración y dirección!. 🤷♀️ Ya que la nueva prometida no viene sóla. ☝️🙎♀️
Entonces...¿Por qué tanta echada si ustedes mismos la forzaron con tanto chantaje emocional?. 🤷♀️
¡Solo están cosechando todo el "cariño" y consideración que le tuvieron todos esos años y no la conveniencia y egoísmo que buscaron cuando les sirvió de utilidad. 🤷♀️😒🙎♀️
¿Sé refiere a su familia (hija, esposo y usted)... ¡Si, si es la misma bola de rateros de la que hablamos!.°\🤨/°
Porque, aunque la ratera de su hija fue la que se lo gastó...
¡El deber moral, es de los padres que aceptaron la dote!.
Así como la ratera de su hijita rechazo el compromiso... ¡Ustedes tenían que regresar el dinero,joyas y demás cosas que vino con la dote!.🫰🧐
Y aunque mandaron a su hija adoptada, el tratamiento no fue con ella. Y ella tiene familia biológica. Así que al cambiar de prometida automáticamente se transfiere íntegramente la dote, sin ninguna compensación ya que ellos rechazaron el compromiso.
Y todo ése argumento barato, no quita lo que son en realidad... ¡Una bola de rateros!.
Quedando así... ¡En familia!. Cómo lo dijo.°~~°
Es porque no le pertenece porque no hubo ya un compromiso. Que fue para lo que se entregó. 🤷♀️
Y no fue como un sueldo ni adelanto de nada y mucho menos préstamo, ni regalo.
Así al no haber ningún compromiso con la susodicha tiene el deber moral y legal(más lo último) en regresarlo junto con los regalos, joyas y otras cosas que se les haya dado como dote. Ya al no hacerlo, se tomará medias ilegales. 🙎♀️
Y al rechazar ése compromiso, automáticamente esa familia que recibió esa dote, debe de regresarla íntegramente.☝️🧐
Ya que al no haber boda...¡No hay dinerito!.🫰💵💷💶💴
La que se friega y parte el lomo es ella y ustedes solo la ganancia ¿no?. °\🤨/°
¡Y no el mentado pollo con soya?.🤷♀️ Que si lo hace una vez más pronto les saldrá plumas. °~~°