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La gordita y el mafioso

La gordita y el mafioso

Status: Terminada
Genre:Mafia / Autosuperación / Matrimonio arreglado / Romance oscuro
Popularitas:962
Nilai: 5
nombre de autor: Lenardt

A los diecinueve años, Joana solo conoce el hambre, los golpes y el desprecio: en su propia casa la tratan como a una sirvienta, la llaman "gorda" y le hacen creer que no vale nada. Cada noche traba la puerta de su cuarto con una silla y sueña con desaparecer.

Lo que no sabe es que, todas las mañanas, el hombre más peligroso de la ciudad la observa desde la mesa de la cafetería donde trabaja.

Sócrates Grizantemo es el Don de la mafia: frío, implacable, capaz de la peor crueldad con sus enemigos… y tiene los días contados para casarse o perder su imperio. Cuando decide comprar la mano de Joana para saldar la deuda de su padre, cree que solo cierra un trato conveniente. Ninguno de los dos imagina que ese matrimonio arreglado despertará en él una ternura que jamás mostró a nadie, y en ella, una mujer fuerte, deseada y libre que no sabía que llevaba dentro.

Pero el pasado de Joana esconde secretos que exigen sangre, y la nueva familia que empieza a amarla guarda los suyos: traiciones que llegan hasta lo más alto, un amor prohibido entre quienes se criaron como hermanos y una conspiración capaz de destruirlos a todos.

En un mundo donde el amor se paga con lujo y las deudas con la vida, Joana tendrá que decidir hasta dónde está dispuesta a llegar por los suyos.

NovelToon tiene autorización de Lenardt para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Fui directo a la sede, aun dejando a Joana en casa y con el corazón en un puño por salir después de todo lo que me contó; tenía muchas cosas que resolver. Y tampoco podía dejar de pensar en la mejor forma de vengarme de Emerson y Elano. Esos desgraciados van a pagar por cada una de las cosas horribles que hicieron.

Le pregunté a Joana cuánto era su sueldo en aquella cafetería y descubrí que ni siquiera cobraba por trabajar, lo que aumentó todavía más mi odio, si es que eso era posible.

Esa muchacha vivió un verdadero infierno y eso no lo voy a dejar pasar, nunca.

Pasé el día resolviendo problemas y, cuando Beatriz entró a mi oficina ya después del almuerzo, sentí un alivio; ya estaba preocupado por esta loca.

—¿Dónde estabas, Beatriz? Estaba preocupado por ti. ¿Crees que porque te di algo de libertad puedes simplemente desaparecer?

—Hola para ti también, hermanito. —Su tono era de puro descaro—. Pensé que Renzo te había dicho dónde estaba.

—Decírmelo me lo dijo, pero eso no significa que estuvieras bien, ¿verdad?

—Siempre estoy bien, mi amor, no te olvides de que soy Beatriz Grizantemo, no soy cualquiera.

—Tengo una misión para ti. Pero antes, cuéntame cómo fueron las dos misiones a las que fuiste.

—Ambas un éxito, como todo lo que hace tu hermanita. Aquí están los informes, y el dinero ya se lo dejé a Arthur. —dijo poniendo dos carpetas sobre mi escritorio—. Ahora dime, ¿qué nueva misión es esta?

—Beatriz, esta misión es personal y no tiene nada que ver con la mafia. —Me miró con el ceño fruncido—. Primero, quiero que ayudes a mi prometida a integrarse. Siento que necesita una amiga, alguien de su edad que la entienda y pueda ayudarla a seguir adelante.

—¿Cómo que seguir adelante? —Joana me autorizó a contarle todo a Beatriz, pero era muy difícil, era una historia demasiado dolorosa y que me daba mucha rabia.

—Ahí es donde entra tu misión, hermana. —Todavía buscaba las palabras.

—Pensé que la misión era integrar a Joana, pero parece algo bastante más serio que eso. Suéltalo de una vez, Soh.

—Bia, voy a ser directo, porque los rodeos nunca fueron lo mío y lo sabes bien. Pero tienes que prometerme que esta historia jamás va a salir de aquí. Solo te lo voy a contar porque de verdad quiero tu ayuda.

—¿Qué pasó? Me estás preocupando.

—Joana, ella… ella fue violada.

—¿QUÉ?

—Lo que oíste, hermana. A mi prometida le violaron el cuerpo contra su propia voluntad, y lo peor, su propio hermano. Además de haber sufrido palizas de su padre, que, por cierto, sabía todo lo que su hermano había hecho. —Hice una pausa controlando la rabia—. También la obligaron a trabajar gratis, creo yo que como forma de que el padre complaciera a su novia.

—Sócrates, esto que me estás diciendo es muy pesado. Ella debe de estar sufriendo muchísimo. —Asentí.

—Y para colmo, el padre la envenenó tanto que ella creía que yo la iba a matar por ya no ser virgen. Creía que, por no manchar las sábanas, yo me pondría tan furioso que la mataría en nuestra noche de bodas.

—En realidad eso no es tan descabellado, sabes que varios en este mundo lo harían de verdad. —Asentí, porque sabía que tenía razón; muchos hombres todavía se creen con el derecho de hacer lo que se les antoje con las mujeres—. No consigo ni imaginar lo terrible que debe de haber sido para ella criarse de esa forma.

—Necesito que la ayudes, pero más que eso, Bia, quiero tu ayuda para vengarla. —Mi hermana me miró con más atención, acomodándose en la silla frente a mí—. Tengo mucha rabia; si me acerco a uno de ellos ahora, no me voy a controlar, voy a torturar y matar. Pero no quiero eso, quiero que sufran despacio, de forma lenta, día tras día. Y para eso te necesito. Necesito que te encargues de esto por mí: puedes torturar, puedes hacerlos sangrar, pero no puedes matar, eso lo haré yo. Insisto en mirarlos a los ojos mientras se despiden de este mundo.

—Cuenta conmigo, hermano. Pero ¿sabes dónde están? Oí que están desaparecidos.

—Los encerré en un galpón alejado de la ciudad; los necesitaba presos hasta saber qué afligía a mi pequeña.

—Ay, qué maravilloso es ver a mi hermanito enamorado, por fin. Creí que este día nunca llegaría. —Puse los ojos en blanco mientras a ella casi le faltaba salir dando saltos de alegría.

—Tienes diez días para torturarlos a gusto, porque el día de mi boda los dos ya estarán muertos. Quiero que Joana se case con la tranquilidad de saber que nunca más será tocada por esos dos. Ni por ellos ni por nadie que le haga daño.

—Solo dame la dirección y déjamelo a mí, que lo voy a hacer todo muy bien. —Soltó una risa siniestra que, de no conocerla, diría que era la risa de una psicópata.

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