La Joven Amante del Lycano
Clara solo tenía dieciocho años cuando conoció al hombre que cambiaría su destino.
Sebastián era siete años mayor, atractivo, elegante y dueño de un encanto imposible de ignorar. Todo en él parecía perfecto: su sonrisa, sus atenciones y la forma en que la hacía sentir la única mujer del mundo.
Lo que Clara no sabía era que, desde el primer día, él le ocultaba el secreto más importante de su vida.
Mientras ella se enamora perdidamente, Sebastián observa, calcula y nunca deja nada al azar. Para él, perder a Clara no es una opción. Y cuando descubre cuál es la única cosa capaz de alejarla para siempre, decide adelantarse a su destino... aunque tenga que atarla a él de la forma más irreversible.
Pero Sebastián no es un hombre cualquiera.
Es un lycano.
Y cuando un lycano decide que alguien le pertenece, no acepta un "no" como respuesta.
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La cacería
El whisky giraba en el vaso.
Lento. Ámbar. Catching la luz de la lámpara como un pequeño sol líquido.
Sebastián lo sostenía sin beberlo. De pie junto a la ventana del hotel, mirando Riverside extenderse abajo: un puñado de luces amarillas rodeadas de oscuridad. Pequeño. Predecible. Fácil.
Detrás de él, sobre la mesa, una carpeta abierta.
Fotografías. Un informe. Datos impresos en letra limpia.
Y en el centro, una imagen.
Clara.
Tomada desde lejos. Caminando por la calle principal con una bolsa de pan bajo el brazo. El cabello suelto. Una sonrisa que no iba dirigida a nadie.
Sebastián bebió un sorbo.
Dejó el vaso en la mesa.
Se acercó a la carpeta.
Pasó un dedo por el borde de la fotografía.
—Clara.
Lo dijo en voz baja. Para nadie. Para ella. Para el aire vacío de la habitación.
—Te has convertido en algo más interesante de lo que esperaba.
Se recostó en la silla. Cruzó las piernas. Miró la foto.
—No solo quiero tu cuerpo.
Una pausa.
—También quiero que me ames. Que hagas mi voluntad. Que no puedas imaginar la vida sin mí a tu lado. Que despiertes pensando en mí y te duermas diciendo mi nombre.
Sonrió.
No una sonrisa cálida.
Una sonrisa de dientes apretados. De hambre contenida.
—Pobre de ti.
Rió. Bajo, breve, casi para sí mismo.
—Despertaste mi interés. ¿Qué puedo decir?
Dejó la foto sobre la mesa. Se sirvió otro whisky.
—Eres joven. Ingenua. Inocente. De un pueblo rural donde lo más emocionante que pasa es la feria de agosto. No conoces el mundo. No conoces la vida. No sabes cómo funciona nada fuera de estas cuatro calles.
Bebió.
—¿Y quién te manda a ser una belleza?
Lo dijo con una especie de reproche. Como si la belleza de Clara fuera una trampa que ella le hubiera tendido. Como si no fuera justo.
—Un rostro de ángel. Una sonrisa que desarma. Una figura que no sabes que tienes porque nadie te la ha mirado como yo te miro.
Dejó el vaso.
Volvió a la carpeta.
Pasó las páginas.
Datos. Gustos. Rutinas. Horarios.
Y empezó a hablar.
No con ella. Con el plan. Con la estrategia. Con el mapa que estaba dibujando en su cabeza.
—Sé que te gusta el mar. Nunca lo has visto, pero lo sueñas. Lo dibujas de memoria sin haberlo visto nunca.
Pasó una página.
—Sé que te gustan los fuegos artificiales. Que de niña te sentabas en el tejado a ver los de la feria y aplaudías sola.
Otra página.
—Sé que te gusta que te escuchen. Que admiren el esfuerzo que pones en las cosas. Que alguien diga *qué bonito, Clara* y lo diga de verdad.
Otra.
—Sé que te gustan las cosas dulces. Que eres amante del chocolate. Que tu madre te lo prohíbe entre semana y tú lo escondes en el cajón de los calcetines.
Sebastián rió.
—Sé que no conoces nada fuera de tu pueblo. Que nunca has salido. Que el mar es una fotografía en un libro. Que París es un sueño que no te atreves a decir en voz alta porque suena demasiado grande para una chica de Riverside.
Cerró la carpeta.
Se recostó.
Miró el techo.
—Pero sueñas con París. Porque eres artista. Porque quieres pintar y dibujar y vivir de eso. Porque crees que el mundo es enorme y hermoso y que algún día vas a salir a comerlo.
Silencio.
—Clara, Clara.
Negó con la cabeza.
—¿Tenías que ser tan básica?
Lo dijo sin maldad. Casi con ternura. Como quien observa un animal pequeño que no sabe que está en una jaula.
—Tan simple. Tan transparente. Tan fácil de leer.
Tomó la foto otra vez.
La miró.
Clara sonreía desde el papel. Sin saber. Sin sospechar. Sin imaginar que alguien, en una habitación de hotel, estaba desmontando su vida pieza por pieza para saber exactamente dónde tocar.
Sebastián dejó la foto boca abajo.
Se terminó el whisky.
Y entonces el teléfono vibró.
Lo tomó.
Un mensaje. Su asistente.
*"Señor Blackwood. He averiguado que la señorita Light tendrá una reunión con sus compañeros este viernes. Festejarán el término del curso. Será en una discoteca del pueblo vecino. A las diez de la noche."*
Sebastián leyó el mensaje.
Lo leyó dos veces.
Dejó el teléfono sobre la mesa.
Miró la carpeta.
Miró la ventana.
Miró la noche.
Y sonrió.
No una sonrisa leve.
Una sonrisa amplia. De dientes blancos. De niño que acaba de encontrar la pieza que le faltaba al rompecabezas.
—Perfecto.
Se puso de pie.
Caminó hasta la ventana.
Apoyó las manos en el cristal.
Riverside brillaba abajo. Inocente. Quieto.
—Para esa noche —murmuró— debo tener tu corazón.
Una pausa.
—Para conseguir también tu cuerpo.
Rió.
Una risa corta, seca, casi alegre.
La risa del que ha elegido la presa y sabe que no va a escapar.
Porque la presa no sabe que la están cazando.
Porque la presa, cuando lo descubra, ya va a estar enamorada.
Sebastián apagó la lámpara.
La habitación quedó a oscuras.
Solo la luz de la ciudad entrando por la ventana.
Solo el silencio.
Solo la carpeta sobre la mesa, con la foto de Clara boca abajo, esperando ser abierta otra vez.
Sebastián se metió en la cama.
Cerró los ojos.
Y durmió.
Profundamente.
Sin sueños.
Sin culpa.
Con la calma absoluta del que ha decidido lo que va a hacer y ya no necesita pensarlo más.
Clara lleva 57 capítulos intentando descubrir dónde diablos está, y ahora resulta que está enamorada del licántropo que la secuestró. 😭
Pero le prometo algo: Sebastián todavía no ha mostrado todo lo que esconde. 👀
Y después de este comentario… me parece que usted va a querer matarme cuando lleguemos a los próximos capítulos. 😂🐺
Gracias por leer y por preocuparse tanto por Clara ❤️.