Greicy y Luis se odian desde el primer día. Ella es fuego, debate y no se deja. Él es calma fría, sarcasmo y siempre tiene la última palabra. En el salón son rivales. Fuera de él, son el chiste de sus amigos. Hasta que Luis, harto de discutir, la besa para callarla. Ese beso rompe todo. Desde entonces, descubre que es la única forma de desarmarla, y ella descubre que para desarmarlo tiene que ir más allá del beso. Pero una mentira de su ex los separa justo en graduación. Años después, ella sobrevive a una pandemia que le arrebata todo, él se vuelve cantante y le escribe su mayor éxito. Se reencuentran en Sinaloa, y Luis no está dispuesto a dejarla ir de nuevo.
NovelToon tiene autorización de Liz Del Angel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
noche de boda
La cabaña era pequeña, de madera, con techo de palma, a diez metros del mar. Tenía una cama grande con mosquitero, una luz amarilla bajita y una bocina Bluetooth donde alguien de la producción había puesto una playlist romántica antes de irse y decirles "disfruten su luna de miel, tórtolos".
Greicy y Luis se quedaron parados en medio del cuarto, sin saber qué hacer. Él aún con el traje negro lleno de arena, ella con el vestido blanco que ya pesaba, con la cola llena de arena también.
El acta de matrimonio estaba sobre la mesa de noche, junto a sus dos INE y los dos anillos de oro blanco. Era real. Tenía sellos, firmas, folio. Decía: Luis Fernando Salinas García y Greicy Anahí Reyes Ortiz, unidos en matrimonio civil el 14 de mayo de 2026 en Navolato, Sinaloa.
"Estamos casados", dijo Greicy, como si lo dijera en voz alta por primera vez y así lo creyera.
"Estamos casados", repitió Luis, y se sentó en la orilla de la cama, agotado, abrumado, feliz y con miedo todo al mismo tiempo.
Greicy se sentó a su lado. El vestido hizo ruido. Se miraron. Tenían 19 años. Hace tres meses se odiaban. Hace una semana se pidieron ser novios en un balcón. Hoy eran esposos.
"¿Te arrepientes?", le preguntó ella, con la voz chiquita que solo le salía cuando estaba realmente vulnerable.
Luis la miró de verdad. Le tomó la cara con las dos manos, le quitó un poco de arena que tenía en la mejilla.
"No. ¿Tú?"
"Yo... no sé. No me arrepiento de casarme contigo. Me arrepiento de que haya sido así, por una trampa. Yo quería que me pidieras matrimonio bien, con anillo y rodilla y todo eso. No con Iker gritando '¡más cerca!' y un juez que ni nos conocía."
Luis se rió, pero era una risa con nudo en la garganta. "Te lo voy a pedir bien. Te lo juro. Cuando tengamos 25, cuando seamos abogados, cuando tengamos dinero, te voy a pedir matrimonio de nuevo, como se debe, con anillo caro y en un lugar bonito, y te vas a tener que casar conmigo otra vez. Así tendrás dos bodas, una falsa que se hizo real y una real que será de verdad."
Greicy se rió y le pegó en el hombro. "¿Dos bodas? Eres un exagerado, Salinas."
"Contigo siempre voy a ser exagerado."
Se quedaron en silencio, escuchando el mar. La playlist sonaba bajita. Era la canción de Luis, "Tenías que ser tú", en versión acústica.
"¿Bailamos?", dijo Luis de repente. "Nunca bailamos en nuestra boda."
"¿Con este vestido gigante?"
"Sí, con ese vestido gigante."
Se levantaron. Luis se quitó el saco, se quedó en camisa blanca. Greicy se quitó los tacones. Se abrazaron en medio de la cabaña. Él le puso una mano en la cintura, donde estaba el tatuaje de sus iniciales, y ella le puso las manos en el cuello. Bailaron lento, descalzos, con arena en los pies, con el vestido estorbando, con el traje arrugado.
"Te amo", dijo Luis, sin planearlo, mientras bailaban. Se le salió. No lo tenía escrito, no lo había ensayado.
Greicy se detuvo. Lo miró. "¿Qué dijiste?"
"Que te amo. Que te amo desde que te bese para callarte en el auditorio. Que te amo desde que te vi discutir con Robles y supe que nadie te gana. Que te amo aunque firmemos contratos sin leer."
Greicy sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas otra vez. Había llorado todo el día, pero estas eran diferentes.
"Yo también te amo, Luis. Te amo aunque seas un desorganizado, aunque me beses para callarme, aunque me hayas metido en este lío. Te amo y por eso firmé. Porque si tenía que estar atada a alguien, quería que fueras tú."
Se besaron bailando. Fue un beso largo, sin prisa, sin cámaras, sin Iker. Un beso de esposos que se acaban de casar y que tienen toda la noche para ellos.
Después del baile, se ayudaron a quitarse el vestuario. No de forma sexual, sino con cuidado, con respeto, como se cuidan dos personas que se quieren. Él le bajó el cierre del vestido que se había atorado, ella le quitó la corbata que ya estaba chueca. Se pusieron ropa normal, una playera grande de él para ella y un short para él, y se metieron a la cama con mosquitero, abrazados, con el sonido del mar entrando por la ventana.
Hablaron por horas. De qué le dirían a sus mamás. De qué harían con la carrera. De que tenían que anular o divorciarse o qué se hacía cuando te casas a los 19 por un contrato. Pero entre risa y risa, también hablaron de futuro. De que querían vivir juntos en Monterrey, de que querían un depa con balcón, de que ella quería ser abogada penalista y él cantante y abogado también.
"¿Sabes qué es lo más loco?", dijo Greicy, con la cabeza en su pecho. "Que todo empezó porque me senté en tu mesa equivocada.
"Tenía que ser tú la que me cayera mal para luego caerme tan bien que me casara contigo", dijo Luis, besándole la cabeza.
Se quedaron dormidos así, abrazados, con el acta en la mesa, con los anillos puestos, con el mar sonando. No tuvieron intimidad sexual esa noche. No porque no quisieran, sino porque ambos sintieron que esa noche era para hablar, para abrazarse, para asimilar que eran esposos. Para dos chicos de 19 años que se acababan de casar, eso era más íntimo que cualquier otra cosa.
A las 3 de la mañana, Greicy se despertó porque tenía frío. Luis, dormido, la buscó y la tapó con la sábana, la abrazó más fuerte, le susurró dormido: "Quédate".
Y ella se quedó.
Afuera, Iker subía el teaser a Instagram: "¡Se casaron! ¡La pareja del año! #TeniasQueSerTu #BodaReal". El video tenía 10 mil likes en una hora. La trampa funcionaba para él. Pero no sabía que, al hacerlos firmar papeles reales, les había dado algo que no se podía romper con un contrato: un motivo para quedarse.
A la mañana siguiente, tenían que regresar a Monterrey. Tenían que enfrentar a Robles, a Mariana, a sus familias, a Valeria, a todos. Tenían que explicar que se habían casado. Que eran señor y señora Salinas Reyes a los 19 años.
Pero esa mañana, cuando despertaron, con luz de sol entrando por la madera, con el pelo enredado y con los anillos brillando, se miraron y supieron que, aunque todo afuera fuera un caos, adentro de esa cabaña, por primera vez, estaban exactamente donde tenían que estar.
Juntos.
---