Guillermo Lombardi. Heredero único del consorcio naviero más grande de europa, una noche tras un accidente catastrófico fue salvado por alguien que no logro ver su rostro con claridad.
En su desesperación por encontrarla el destino le hizo una mala jugada que no fue capaz de reconocerla cuando la tuvo enfrente.
Acompañe en está nueva obra. Encontrará Guillermo a la chica que lo salvó esa noche, o terminará casándose con la equivocada.
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Una oportunidad
Guillermo no retrocedió.
—Si no aceptas —añadió con voz firme—, abandono todo definitivamente. Venderé mis acciones. Me retiraré. Y construiré algo propio.
Aquella amenaza no era emocional.
Era real.
El patriarca lo sabía.
Guillermo tenía la inteligencia, el capital y ahora la determinación para hacerlo.
—¿Estás dispuesto a destruir lo que generaciones se construyo? —preguntó el padre con dureza.
Guillermo negó lentamente.
—Estoy dispuesto a salvarlo.
La madre intervino, temblorosa.
—¿Qué pasó contigo Guillermo?
Guillermo pensó en la lluvia.
En el asfalto frío.
En una voz suave asegurándole que no se rindiera.
—Aprendí —respondió simplemente.
Su padre caminó hacia la ventana, mirando las luces del puerto.
Durante largos segundos no dijo nada.
Luego habló, sin volverse.
—Si te cedo el control operativo… ¿qué harás primero?
Guillermo respondió sin vacilar.
—Cancelaré cualquier acuerdo matrimonial pendiente. Revisaré cada contrato de alianza. Y separaremos los negocios de las relaciones personales.
Era una declaración directa.
No más matrimonios estratégicos.
No más sacrificios personales por imagen.
El padre finalmente se volvió.
Sus ojos, duros como el acero, mostraban algo nuevo: respeto.
—Si te doy el control —dijo con gravedad—, no habrá marcha atrás. Si fallas, cargarás con el apellido.
Guillermo sostuvo su mirada.
—Siempre lo he hecho.
El silencio final fue distinto.
No era confrontación.
Era transición.
Después de un largo instante, el patriarca extendió la mano.
—Tienes seis meses.
Guillermo la estrechó.
—No necesitaré tanto.
La madre respiró aliviada, aunque sabía que algo había cambiado para siempre.
Aquella noche no solo regresó su hijo.
Regresó un hombre que ya no obedecería por imposición.
Un hombre que lucharía por lo que consideraba correcto.
Y mientras las luces de Mónaco brillaban intensamente bajo el cielo oscuro, Guillermo Lombardi comprendió que acababa de recuperar el control de su destino.
Una mañana luminosa a la mansión Montemayor, llegó una invitación impresa en papel marfil con bordes dorados y un relieve tan fino que parecía susurrar riqueza con solo tocarlo.
El sobre llevaba un sello de lacre color vino y un escudo familiar que Claudine reconoció de inmediato: la casa Beaumont.
Claudine no necesitó abrirlo para saber que era importante.
Lo hizo con una sonrisa lenta.
Dentro, la caligrafía elegante anunciaba la boda de Camille Beaumont con Julien Villeneuve, a celebrarse en una ceremonia exclusiva en Niza, con recepción privada frente al Mediterráneo.
Claudine sintió primero sorpresa.
Luego satisfacción.
Y finalmente… una oportunidad.
—Isabella —llamó sin levantar la voz, pero con ese tono que exigía presencia inmediata.
Isabella apareció en el salón principal con paso elegante, vestida con un conjunto crema perfectamente coordinado. Su belleza era su mejor carta y ella lo sabía.
—¿Qué ocurre, madre?
Claudine extendió la invitación.
Isabella leyó el nombre de la novia y una chispa cruzó su mirada.
—Camille… —murmuró—. Así que finalmente se conformó con Villeneuve.
Claudine sonrió.
—No lo llamaría conformarse. Villeneuve no sera Lombardi, pero su familia no está en quiebra.
El apellido quedó flotando en el aire.
Lombardi.
Desde que Guillermo Lombardi había regresado y retomado el control del imperio familiar, todo el panorama social había cambiado. Su repentina ruptura con Isabella. Y aunque oficialmente no había anunciado ningún compromiso nuevo, su sola presencia en cualquier evento era suficiente para alterar el equilibrio del poder.
Claudine caminó hacia el ventanal que daba al jardín.
—Esta boda será el evento social del verano —dijo—. Estarán todos. Inversionistas. Herederos. Empresarios. Y, por supuesto… Guillermo.
Isabella alzó el mentón ligeramente.
—¿Estás segura de que asistirá?
—Sería una descortesía no hacerlo. Aunque haya roto contigo, el mundo aún no lo sabe espero que te comportes con diplomacia.
Isabella dejó la invitación sobre la mesa.
—Entonces debo asegurarme de estar cerca de él.
Claudine giró lentamente hacia ella.
—No basta con que estés cerca de él.
La mirada de su madre era calculadora.
—Debes atraparlo de nuevo.
El silencio entre ambas no era incómodo. Era estratégico.
Desde que Guillermo había aparecido nuevamente en la mansión Montemayor — como el heredero visible y poderoso— y había terminado con ella, sentía la urgencia de consolidar lo que consideraba inevitable: su lugar al lado del hombre más codiciado del círculo social.
No por amor.
Por posición.
Por triunfo.
Por validación.
—No debes mostrarte orgullosa, ese fue el error que cometió Camille —continuó Claudine—. Se mostró orgullosa. Exigente. Guillermo. Quiere una mujer que parezca elegirlo por él… no por su apellido.
Isabella comprendía el juego.
—Entonces no debo presionarlo.
—No. Debes parecer indispensable.
Claudine se sentó frente a su hija y entrelazó las manos.
—En esa boda todos observarán cada gesto. Cada mirada. Si logras que Guillermo te elija públicamente, aunque sea para un simple baile, las especulaciones harán nuevamente el resto.
Isabella sonrió apenas.
Sabía bailar el vals social mejor que nadie.
En otra parte Lucía revisaba cuidadosamente cada documento mientras paseaba por el corredor. No necesitaba ser experta para entender, todo lo que había escrito ahí, su madre le había dejado mucho más de lo que ella podía imaginar.
Reclamar su herencia no era.
Otra estrategia.
Otro plan.
Era una pieza moviéndose en un tablero donde ella no se considerada reina. Ella era la reina.
Ahora tenía el apoyo de Guillermo, le había enviado un par de empleados, gente de su entera confianza ya no estaba sola.
Mientras tanto, devuelta en Mónaco, en el despacho principal, el señor Montemayor recibió la noticia con entusiasmo contenido.
—La boda Beaumont–Villeneuve reforzará alianzas —comentó, ajustándose los lentes—. Debemos asistir.
Claudine entró con determinación.
—Asistiremos, por supuesto. Pero no solo como invitados.
Su esposo levantó la vista.
—¿Qué tramas ahora?
Claudine no ocultó la ambición en su sonrisa.
—Asegurar el futuro de Nuevamente.
El señor Montemayor suspiró.
—Guillermo Lombardi no es un hombre fácil de manipular, ya lo oíste.
—Nadie habló de manipular —respondió Claudine con suavidad venenosa—. Habló de influir.
Los preparativos comenzaron de inmediato.
Diseñadores visitaron la mansión con propuestas exclusivas. Joyeros presentaron piezas únicas. Cada detalle debía transmitir sofisticación sin desesperación.
Claudine eligió un vestido para Isabella en tono azul profundo, evocando el mar de la Riviera. Escote elegante, no provocativo. Espalda descubierta, insinuante pero digna.
—Debes mostrarte amable comprensiva—murmuró Claudine mientras ajustaban las medidas—. La vulnerabilidad crea conexión.
Isabella asintió.
Pero dentro de ella ardía algo más que estrategia.
Había orgullo herido.
Porque Guillermo la había rechazado en su propia casa y, delante de sus padres
Y eso era algo que Isabella no estaba acostumbrada a tolerar.
Que pensará y hará Isabella porque sus planes se le están escapando de sus manos 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Guillermo termina de una vez en decirle a Lucia que le gustas que estás babeando 🤤🤤🤤 por ella.
Lucia a medida que vas leyendo cada documento te das cuenta que la fortuna que dejo tu madre es mayor de lo que tu imaginabas.
Que paso Isabella tu orgullo está herido porque Guillermo Lombardi termino lo que nunca empezó bien y ahora lo quieres comprometer sutilmente ojalá que se de cuenta y no te siga el juego.
Claudine zorra vieja le estás preparando según tu idea el vestido, las joyas y que es lo que tiene que hacer Isabella para que quede Guillermo comprometido socialmente y no pueda salirse sin armar un escándalo.
Que mentira le dirán a Armand Valois 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓
Todos los planes que tenían las víboras se les fue por el caño de casar a sus hijas con magnates para seguir aparentando en sociedad.
Guillermo que harás con esa verdad de que fue Lucia quien te salvó esa noche y no Isabella 🤔🤔🤔❓❓❓❓