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Noventa Días Para Equivocarme

Noventa Días Para Equivocarme

Status: Terminada
Genre:CEO / Mujer poderosa / Amor eterno / Completas
Popularitas:119.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

10 años de trabajo. Un imperio millonario. Y solo 90 días de vida.
Para el mundo, yo era la ejecutiva perfecta; para mi familia, solo una tarjeta de crédito. Nadie me quería de verdad, hasta que un diagnóstico terminal lo cambió todo: me quedan tres meses.
Si voy a morir, romperé cada una de las reglas que me mantuvieron cautiva.
Sin pensarlo dos veces, caminé directo al despacho de mi mayor rival en los negocios: el hombre más arrogante, insufrible y provocador que conozco. Esta vez no vine a hacer negocios... vine a vivir aunque sea una farsa.
¿Qué tan lejos llegarías si supieras que no tienes nada que perder?

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XVI Un amanecer perfecto

Punto de vista de Sebastián

Victoria era una mujer única. Con solo un par de palabras bien colocadas, había dejado a su hermana y al consejo de administración completamente fuera de juego. Nadie se atrevió a retarla; ni uno solo de esos ejecutivos tuvo el valor de sostenerle la mirada. Mi presencia en esa sala ni siquiera fue necesaria, pero el gesto que hizo justo al terminar de aplastar las ambiciones de Selene me dejó helado: entrelazó sus dedos con los míos en un movimiento calculado, firme y desafiante.

Ahí entendí que esa mujer no peleaba para defenderse; peleaba para conquistar.

Sin embargo, en cuanto las puertas del ascensor se cerraron aislándonos del resto del mundo, la vi flaquear. Fue apenas un segundo, un destello casi imperceptible, pero me di cuenta de que el dolor en su estómago había vuelto a traicionarla. La palidez de su rostro me encendió todas las alarmas, aunque ella se apresuró a recomponerse con una rapidez impresionante, volviendo a erguirse como si nada hubiera pasado.

En un movimiento audaz, impulsado más por la necesidad de sacarla de ese ambiente tóxico mas que por otra cosa, le propuse ir a mi penthouse. Esperaba que me rechazara, que me lanzara una de sus respuestas glaciales o que me recordara que sus negocios no se mezclaban con su vida personal. Pero su respuesta me dejó sin aliento.

Accedió sin objetar una sola palabra. Estaba dispuesta a llevar nuestro contrato hasta las últimas consecuencias.

El trayecto en el auto fue un silencio cargado de electricidad. Victoria miraba por la ventana, pero yo podía sentir la tensión en la línea de sus hombros.

En cuanto cruzamos el umbral de mi departamento, la atmósfera cambió drásticamente. La frialdad de las salas de juntas se evaporó, dejando al descubierto una urgencia cruda, casi desesperada, que jamás le había visto.

No hubo rodeos. No hubo el juego de seducción pausado al que estaba acostumbrado con otras mujeres. Victoria no estaba allí para ser conquistada; estaba allí para arder.

Cuando sus manos se apoyaron en mi pecho y me desafío a ser tan implacable en la cama como lo era en los negocios, algo en mi interior se rompió.

La tomé con una posesividad brutal, arrastrándola hacia mi habitación mientras la ropa caía al suelo en un rastro de impaciencia. Pero al tenerla sobre mis sábanas, al sentir el contraste entre el calor de mi piel y el temblor casi imperceptible de su cuerpo, una extraña sensación de protección me frenó el pulso.

Había algo en la forma en que me miraba. No era solo deseo; era una devoción hambrienta, como si el tiempo se le estuviera escurriendo entre los dedos y necesitara aferrarse a mí para no desvanecerse.

Nos entregamos el uno al otro sin reservas, quemando tres años de rivalidad en cada caricia, en cada beso acalorado y en cada gemido que se le escapaba contra mi cuello. Por primera vez en mi vida, no me sentí en control de la situación. Victoria Valenzuela me estaba consumiendo a su antojo, usando mi cuerpo para escapar de un fantasma que yo todavía no lograba comprender.

Ahora, con la luz del atardecer tiñendo la habitación de tonos dorados y el silencio instalado entre los dos, la observaba dormir a mi lado.

Su respiración era pausada, pero aun en el sueño, sus cejas permanecían sutilmente contraídas, como si el dolor no le diera tregua ni cuando descansaba. Deslicé mis dedos con suavidad por su espalda descubierta, fascinado por la vulnerabilidad de la mujer que unas horas atrás había destruido a su propia familia sin pestañear.

Trató nuestro encuentro como una transacción, como un simple acuerdo físico. Pero mientras la miraba descansar sobre mi pecho, supe que para mí esto ya había dejado de ser un negocio. Había algo oscuro y profundo acechándola, y no pensaba parar hasta descubrir qué era lo que Victoria me estaba ocultando.

El amanecer se filtró entre las cortinas del penthouse, bañando la habitación con una luz dorada y tibia. Al abrir los ojos y sentir el calor de Victoria apoyado contra mi pecho, una necesidad del todo nueva y desconocida me oprimió el pecho: la urgencia de mantenerla a mi lado, de no dejar que volviera a alzar esa muralla de hielo en cuanto cruzara la puerta.

Acaricié con la yema de mis dedos la curvatura de su espalda desnuda y me incliné hasta rozarle la oreja con los labios.

—Estaba pensando que, si esto es un trato en toda regla, deberíamos mudarnos juntos —susurré, apretando su cuerpo contra el mío para que sintiera que hablaba muy en serio.

Victoria no tardó ni un segundo en reaccionar. Se separó sutilmente de mi abrazo, girándose para mirarme con esa frialdad calculadora que le caracterizaba antes de cada negociación.

—Eso no va a pasar, Sebastián —sentenció con voz firme—. Cada quien mantiene su espacio. Nos encontramos para pasar la noche cuando queramos, pero cada uno en su vida.

—Si queremos continuar con esto, sea lo que sea que estamos construyendo, esa es mi condición —insistí, entrecerrando los ojos y sosteniéndole la mirada.

Victoria se quedó en silencio por un momento, sopesando mis palabras como si estuviera evaluando los riesgos de una cláusula contractual. Soltó un suspiro lento antes de ceder apenas un milímetro.

—No voy a dejar mi departamento —aclaró con tono tajante—. Lo que podemos hacer es alternar: una noche aquí y otra en mi casa. Es lo máximo que voy a aceptar. Y cuando alguno de los dos necesite estar solo, el otro respetará esa decisión sin hacer preguntas.

—Está bien. Me conformo con eso por ahora —murmuré, dibujándole un beso pausado en la comisura de los labios—. Ahora vámonos a desayunar. Después de la noche salvaje que tuvimos, tienes que morirte de hambre.

Hice el ademán de ponerme de pie, pero su mano me detuvo.

—No es necesario. Tengo que irme a mi departamento a cambiarme de ropa —dijo, buscando ya con la mirada su vestido en el suelo—. Recuerda que hoy nos reunimos con Don Aurelio Castañeda para la firma.

La quedé mirando fijo un segundo. De verdad creía que la iba a dejar marchar con el estómago vacío y ese rostro pálido que intentaba maquillar con orgullo.

—Aún es muy temprano, Valenzuela —le recordé, poniéndome de pie con una firmeza que no dejaba margen a réplicas—. Vamos a desayunar algo aquí, después te llevo a tu edificio para que te cambies y de ahí nos vamos juntos a la empresa. Y no acepto un no por respuesta.

Victoria rodó los ojos, pero no tuvo más remedio que aceptar. Fui a la cocina y preparé algo rápido y ligero: fruta fresca, tostadas y café recién colado, cuidando de no atosigarla. Tal como se lo prometí, en cuanto terminamos la llevé en mi auto hasta su edificio.

Su apartamento era el fiel reflejo de su personalidad: impecable, elegante, cálido a la vista, pero extrañamente distante. Muebles de diseño perfeccionista, tonos neutros y ni una sola fotografía familiar a la vista.

Mientras ella iba a su habitación para ducharse y cambiarse, me tomé la libertad de explorar el lugar con calma. Caminé hacia la cocina y me encontré con un espacio pulcro, pulido y tan intacto que parecía el mostrador de una revista de decoración. La estufa no tenía un solo rastro de uso; no había frascos de especias, ni desorden, ni señales de que alguien cocinara allí realmente.

Todo estaba demasiado ordenado. Demasiado limpio. Era el hogar de una mujer que solo iba allí a refugiarse del mundo, no a vivir en él. Y al abrir la despensa buscando un vaso de agua, un detalle rompió la simetría perfecta del lugar: tres frascos de medicamentos recetados, escondidos en el fondo, con etiquetas de la clínica privada que Victoria visitaba a mis espaldas. Eran analgésicos.

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Magdalena Petrazzini
Felicitaciones escritora, excelente tu novela!!! Me encantó, escribís muy bien. 🫶🥀😘🫂⭐⭐⭐⭐⭐🌍🇦🇷🇦🇷👏👏👏👏👏👏👏👏👏
Silvina Bello
Hermosa novela 🥰
Maria Kupke Probst
Una historia llena de emociones. Me encantó. Voy por más. Felicitaciones
Maria Kupke Probst
Maravillosa
Maria Kupke Probst
Vieja ridícula no comas ansias. El karma te está alcanzando y vas a pagar todas juntas.
Maria Kupke Probst
Las personas que se creen con derechos de los demás sin haberlo trabajado y sin que les correspondan. Están locas y merecen la cárcel o algo peor. Catalina y su hija no tienen derecho a nada. Creo que la vieja tiene mucho que ver con el suicidio del padre de la verdadera heredera.
Maria Kupke Probst
Que vieja maldita. Y que paciencia tiene como para esperar 30 años para recibir su recompensa. Espero que Victoria se pueda salvar y que a esta vieja y a su hija les de un cáncer terminal peor que el de Victoria.
Maria Kupke Probst
Selene no se da cuenta que quien matar a la gallina de los huevos de oro. Cuando reaccione será tarde para ella y su mamá.
Marisel Nadalsalas
me encantõ
Maria Kupke Probst
Selene es una bruja. Su hermana es la que mantiene a ella y a su madre y encima la odia por in hombre que ni la registra. Que mala hermana y egoísta es. Que se busque un trabajo y se mantenga sola y ahí puede ir detrás del hombre que quiera.
Maria Kupke Probst
Es muy fácil pensar en gastar y divertirse cuando el dinero viene de arriba. No hay que ganarlo. Y encima critican a quien se lo da. Si tuvieran que hacer sacrificios para ganarlo otra sería la historia. Pobre Victoria haciendo todo por su madre y hermana enferma como está y nadie se apiada de ella.
veritoo❤️
definitivamente..está hermana salió loca..totalmente destornillada
veritoo❤️
pero está vieja si q está loca...ya nació chiflada le culpa a la hermana d su miseria está sin tuerca el diminuto cerebro q tene. y la hija loca igual q ella.. definitivamente llevan en los genes esa locura
veritoo❤️
cuando dicen lo q m pertenece refiriéndose a fortunas vidas o personas sabiendo q no es así..m dan unas ganas tremendas d entrar en la novela y darles un sopla moco bien potente para q se reinicie el inútil cerebro q tnen y entender q no les pertenece nada q digan q simplemente qren robar nada mas
veritoo❤️
x su orgullo d porquería lo alejó d ver el proceso d su embarazo y el nacimiento d su bb. tbe derecho a estar no enojado enojadisimo..tomo la desviación x los dos ..fue sumamente egoísta .ahora reconoce q los recursos d el son mejores q los d ella y aún así despidió sola ..no hay justificación ella despidió sola xq así siempre fue nunk le importo nada más q ella y lo q decía ..Sebastián la tne q tratar d la misma manera a ver si aguanta ella...pro q después se reconcilien
veritoo❤️
la falacia?. qbo sospechen la verdad?...esa vieja armó todo para inventar la enfermedad?..o la está envenenando d verdad y no es un canser q tne? q vieja basura😡😡
veritoo❤️
wuou..q eficiente resultó ser la selenita q fue directo al hospital a buscar información y con informante y todo..xq tendría un informante Enel hospital después d todo..si lo único q le importa son las fiestas y los vestidos ..salió inteligente la piba..q era lo qestudio?🤔
Gloribel Torres
Espectacular. Me fascinó 💯
Belkys Natalia Quintero García
excelente trabajo felicidades autora bendiciones
Belkys Natalia Quintero García
el que mal obra ,mal acaba, lo que se siembra eso se recoge, ahí está
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