Dos vidas entrelazadas por las costuras del destino.
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Capitulo 8
La videollamada comenzó exactamente a las once de la mañana.
Marel se acomodó frente a la pantalla de su computadora mientras Karla terminaba de conectar la reunión.
Segundos después apareció el rostro elegante de Valentina Rossi.
La reconocida directora creativa de la Semana Internacional de la Moda de Milán sonrió apenas la vio.
—Marel, qué gusto verte nuevamente.
—El gusto es mío, Valentina.
—Antes que nada, felicidades.
La última colección de Larcor fue extraordinaria.
Marel sonrió agradecida.
—Gracias por tus palabras.
—No son palabras vacías.
Sabes perfectamente que soy exigente.
Ambas rieron.
Después de varios años colaborando profesionalmente, existía una relación de respeto mutuo entre ellas.
—Voy a ir directamente al punto —continuó Valentina—. Quiero que Larcor participe en la próxima Semana Internacional de la Moda en Milán.
Marel asintió.
Aquello no la sorprendía.
Habían trabajado juntas anteriormente.
Sin embargo, la siguiente propuesta sí logró captar toda su atención.
—Quiero una colección exclusiva.
—¿Cuántas piezas?
—Seis vestidos de noche.
Marel tomó una libreta y comenzó a anotar.
—¿Algún concepto específico?
—Elegancia contemporánea.
Feminidad.
Exclusividad.
Quiero que cuando las modelos salgan a la pasarela, nadie tenga dudas de que están viendo una colección Larcor.
Marel sonrió.
—Eso puedo hacerlo.
—Lo sé.
Por eso te llamé.
Valentina hizo una breve pausa.
—Pero hay una condición.
Marel levantó la mirada.
—¿Cuál?
—Esta vez debes asistir.
El silencio se instaló por unos segundos.
Valentina ya conocía la respuesta habitual.
Durante los últimos años, Marel había rechazado entrevistas, apariciones públicas y eventos sociales.
Prefería mantenerse detrás de sus creaciones.
—Valentina...
—No.
Esta vez no aceptaré una negativa.
Marel soltó una pequeña risa.
—Veo que vienes preparada.
—Mucho.
Porque ya es hora.
—¿Hora de qué?
—De que el mundo conozca a la mujer detrás de Larcor.
Marel apoyó la espalda contra el sillón.
Aquella conversación llegaba tarde o temprano.
Lo sabía.
Durante los años que levanto Larcor había logrado mantenerse lejos de los reflectores.
Pero Larcor ya no era una empresa pequeña.
Se había convertido en una firma internacional.
Y cada vez más personas querían conocer a la diseñadora detrás de aquellos vestidos.
—No me gusta llamar la atención.
—Lo sé.
—Prefiero que hablen de mis diseños.
—Y lo hacen.
Pero también quieren conocerte.
Valentina sonrió.
—Marel, has construido una marca extraordinaria.
Has vestido a mujeres de distintos países.
Tus diseños han cerrado importantes desfiles internacionales.
Y aun así sigues siendo un misterio para la industria.
Creo que ya es momento de cambiar eso.
Marel guardó silencio.
Pensativa.
Finalmente sonrió.
—Me parece una buena idea.
Valentina abrió los ojos sorprendida.
—¿Así de fácil?
—No te acostumbres.
Ambas rieron.
—Entonces aceptas.
—Acepto.
Diseñaré los vestidos.
Y estaré presente en el evento.
Valentina sonrió satisfecha.
—Excelente.
Sabía que tomarías la decisión correcta.
—Gracias por confiar en mí.
—No, Marel.
Gracias a ti por seguir superando todas las expectativas.
La reunión continuó durante varios minutos más mientras definían fechas, entregas y detalles logísticos.
Pero cuando la videollamada terminó, Marel permaneció observando la pantalla apagada.
Por primera vez en años iba a salir de las sombras.
Por primera vez dejaría de ser únicamente un nombre detrás de una marca.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
La reunión con Valentina terminó cerca del mediodía.
Marel cerró la computadora y tomó la carpeta que había preparado para la siguiente actividad del día.
La revisión de la colección primavera-verano.
Sin perder tiempo, salió de su oficina y caminó hacia el área creativa de Larcor.
Aquella era una de sus zonas favoritas dentro de la empresa.
En cuanto entró, varias personas se pusieron de pie.
—Buenos tardes.
—Buenos tardes.
Marel respondió con una sonrisa.
Aunque Larcor había crecido enormemente, seguía prefiriendo un ambiente cercano con sus empleados.
Al final de la sala la esperaba el equipo creativo.
Un grupo de diseñadores, ilustradores técnicos y patronistas cuya función principal era transformar las ideas de Marel en colecciones completas.
Porque todos los diseños nacían de ella.
Ellos los perfeccionaban, desarrollaban y preparaban para producción.
—Comencemos.
Todos tomaron asiento.
Uno de los diseñadores proyectó las imágenes de la colección en una pantalla.
La primera modelo apareció vistiendo un conjunto ligero en tonos marfil y azul cielo.
Marel observó atentamente.
—La estructura está bien.
Pero quiero que la cintura sea más definida.
—Lo corregiremos.
Pasaron al siguiente diseño.
Un vestido fluido confeccionado para climas cálidos.
—La caída funciona perfectamente.
Manténganlo así.
Los miembros del equipo tomaban notas sin descanso.
Acostumbrados a la precisión de Marel.
Porque ella rara vez aprobaba algo sin revisarlo hasta el último detalle.
La siguiente hora transcurrió entre modificaciones, aprobaciones y nuevas propuestas.
—El estampado floral necesita más equilibrio.
—La manga debe ser tres centímetros más corta.
—Cambien los botones por nácar natural.
—Este diseño pasa directamente a producción.
Poco a poco la colección comenzó a tomar forma definitiva.
Cuando llegaron al último diseño, Marel permaneció observándolo durante varios segundos.
Era un vestido elegante.
Sofisticado.
Pero algo faltaba.
—La espalda.
Todos levantaron la vista.
—¿Qué ocurre con ella?
Marel tomó un lápiz y comenzó a dibujar directamente sobre la lámina impresa.
Unos pocos trazos.
Una modificación aparentemente sencilla.
Pero suficiente para transformar completamente la pieza.
—Así.
El silencio llenó la mesa.
Finalmente una de las diseñadoras sonrió.
—Ahora sí parece un Larcor.
Marel también sonrió.
—Exactamente.
Porque esa es la diferencia entre un vestido bonito y uno inolvidable.
Las palabras quedaron grabadas inmediatamente en varias libretas.
No era la primera vez que ocurría.
Muchos dentro de la empresa consideraban aquellas reuniones pequeñas clases magistrales de diseño.
Una hora después, la colección primavera-verano quedó oficialmente aprobada.
Los aplausos surgieron espontáneamente.
Era una tradición interna.
Cada vez que una colección superaba la fase final de revisión.
Marel observó a su equipo con orgullo.
—Buen trabajo a todos.
—Gracias, Marel.
—Ahora comienza la parte difícil.
Varias personas rieron.
Porque sabían que tenía razón.
Diseñar era solo el comienzo.
Después venían las pruebas, los ajustes, la producción y la presentación final.
Pero nadie parecía preocupado.
Porque Larcor se había convertido en lo que era gracias a aquel nivel de exigencia.
Y mientras el equipo comenzaba a recoger los materiales, Marel observó los diseños proyectados por última vez.
Una nueva colección estaba lista para nacer.
Sin embargo, en unos días llegaría una clienta que había insistido en que ella diseñara su vestido llamada Alessia Montenegro.