Jessica estaba a punto de casarse con el hombre que creía amar… hasta que descubrió que Cedric la engañaba con su propia hermana.
Destrozada por la traición, Jessica se cruza con Cristóbal, el padre de Cedric, un poderoso empresario que guarda sus propios secretos. Cuando la madre de Jessica muere inesperadamente, una serie de misterios familiares salen a la luz.
Mientras Cedric, Julieta y la exesposa de Cristóbal conspiran para destruirla y quedarse con una fortuna, Jessica descubre que la persona que menos esperaba podría convertirse en su mayor aliado… y en el amor que jamás imaginó.
Una traición. Una familia llena de secretos. Una fortuna en peligro. Y un amor prohibido que nadie vio venir.
¿Jessica descubrirá la verdad antes de perderlo todo
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Capítulo 17 — La advertencia
La noche cayó pesada sobre la mansión. Me encontraba en mi habitación, revisando una y otra vez los documentos que habíamos copiado del ordenador de Cristóbal, cuando el teléfono que me había prestado —un aparato sin número visible, sin contactos, sin nada que nos pudiera rastrear— comenzó a sonar. El sonido, agudo e inesperado, me heló la sangre.
Nadie tenía ese número. Nadie debía tenerlo.
Respiré hondo y contesté.
—¿Hola?
Al otro lado, silencio. Luego, una voz masculina, baja, distorsionada, como si hablara a través de un dispositivo para ocultar su identidad.
—No vayan mañana a ver al señor Gutiérrez. Es una trampa.
Me puse de un salto, el corazón golpeándome las costillas.
—¿Quién habla? ¿Cómo sabe…?
—Escúcheme bien, señorita Jessica —la voz me cortó, urgente, tensa—. No hay tiempo para preguntas. Saben que van a ir. Saben lo que buscan. El coche que les espera está marcado. La ruta está vigilada. Y el señor Gutiérrez no está solo. Llegaron dos hombres a su casa hace dos horas. No salieron.
—¿Cedric? —susurré, sintiendo cómo el miedo me recorría la espalda—. ¿Él está detrás?
—No solo él —respondió la voz—. Hay alguien más. Alguien que ha estado esperando el momento adecuado para intervenir. Tengan cuidado con quién confían. Incluso dentro de esa casa. No todos los que parecen estar de su lado lo están.
—¡Espere! —exclamé—. ¿Quién es usted? ¿Por qué nos avisa?
Hubo una pausa breve. Y luego, unas últimas palabras que me dejaron helada:
—Porque su madre no merecía lo que le pasó. Y porque la verdad no debe morir con ustedes.
La llamada se cortó. La pantalla se quedó en negro. Me quedé de pie, temblando, con el teléfono aún en la mano, sin saber si acababa de recibir una advertencia… o una amenaza.
Salí corriendo de la habitación y fui directamente al despacho de Cristóbal. Él estaba de pie junto a la ventana, mirando hacia la oscuridad del jardín, y al verme entrar con el rostro desencajado, se giró de inmediato.
—¿Qué pasa? —preguntó, acercándose—. Jessica, ¿te sientes mal?
—Nos saben —dije, sin aliento—. Saben que vamos a ver a Gutiérrez. Saben todo.
Le conté la llamada, palabra por palabra. Mientras hablaba, su rostro se iba endureciendo más y más. Cuando terminé, se quedó en silencio un largo rato, procesando cada detalle.
—¿Crees que es verdad? —preguntó finalmente—. ¿O es una trampa para asustarnos y que no nos movamos?
—No lo sé —admití—. Pero mencionó a mamá. Dijo que no merecía lo que le pasó. Eso… eso no lo sabría cualquiera. Alguien que estuvo cerca. Alguien que conoce la verdad.
Cristóbal caminó hacia su escritorio, tomó las llaves del coche y las dejó sobre la mesa.
—Si es verdad, entonces no podemos ir por la ruta que planeamos. Y no podemos usar el coche de la casa. Si nos esperan… no llegaremos vivos.
—¿Y si es mentira? —pregunté—. ¿Y si solo quieren impedir que hablemos con él?
—Entonces perdemos tiempo —respondió él, mirándome con determinación—. Pero no podemos arriesgarnos. Si hay una sola posibilidad de que sea verdad… debemos cambiar de plan. No podemos ir mañana. Iremos pasado mañana, al amanecer, sin aviso, sin rastro. Y tomaremos un camino diferente.
Se acercó a mí, y su expresión se volvió más suave, aunque seguía siendo seria.
—Lo que dijo sobre la casa… sobre que no todos son de confianza. ¿Has notado algo raro últimamente? ¿Alguien que entra y sale sin explicación?
Pensé en los días anteriores. En el personal de servicio que entraba a limpiar cuando dejábamos los documentos sobre la mesa. En las conversaciones que manteníamos en voz baja, pero no lo suficientemente baja. En la puerta del despacho que estaba entreabierta cuando regresé una tarde.
—No estoy segura —respondí—. Pero no podemos arriesgarnos a hablar de nada importante aquí. No hasta que sepamos quién es.
—Entonces hablaremos fuera —decidió él—. A partir de ahora, nada de papeles a la vista. Nada de conversaciones privadas dentro de estas paredes. Si alguien nos escucha… no le daremos la satisfacción de entender nada.
Me acompañó hasta la puerta, y antes de que saliera, me tomó suavemente del brazo.
—Tienes que prometerme algo —dijo, mirándome fijamente a los ojos—. Si recibes otra llamada, si alguien se acerca a ti con preguntas… me lo dices a mí primero. No hables con nadie. No confíes en nadie. Incluso si crees que es alguien de confianza.
—Te lo prometo —dije—. Pero tú también. Si algo te pasa… si alguien te busca…
—Te lo diré —prometió él—. No nos ocultaremos nada. Estamos juntos en esto, Jessica. Y nadie nos va a separar. Nadie nos va a silenciar.
Regresé a mi habitación, pero el sueño no volvió. Me senté junto a la ventana, mirando las sombras de los árboles, pensando en la voz anónima. ¿Quién era? ¿Un amigo de mi madre? ¿Alguien que trabajó con Leonardo? ¿O alguien que formaba parte del círculo de Cedric y ahora se había vuelto contra él?
Sea quien fuera, había cambiado todo. Sabían que estábamos cerca. Sabían que estábamos investigando. Y eso significaba que el tiempo se nos acababa. Cada minuto que pasábamos sin saber la verdad… era un minuto más de peligro.
La voz me había dicho: «La verdad no debe morir con ustedes.» Y en ese silencio de la noche, comprendí que esa era mi misión. No importaba el precio. No importaba el riesgo. Debo saber la verdad. Y debía contarla. Aunque me costara todo.