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Venganza Imperdonable

Venganza Imperdonable

Status: En proceso
Genre:Venganza / Amor-odio / Secuestro y encarcelamiento
Popularitas:1.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Kiary Valverde

Carlos está decidido a cobrar venganza, sin importar que el corazón se le esté partiendo en dos.

Lucia, envuelta en una venganza sin retorno...

Las cenizas serán lo único que quede de aquella guerra.

NovelToon tiene autorización de Kiary Valverde para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

11

Lucia Pereyra

Con mis tacones de aguja ya puestos, enfundada en un vestido negro corto y ceñido que se ajustaba a cada curva de mi cuerpo, el cabello recogido en una coleta alta impecable y un maquillaje nocturno perfecto para la ocasión, me deslicé con sigilo hacia la barandilla.

Tras descender con cuidado por la escalera de emergencia exterior, pisé el suelo firme de la calle y me acomodé la ropa con un suspiro de emoción.

Caminé a paso ligero hacia la salida principal del complejo hotelero, pero me detuve en seco al distinguir la silueta de uno de los guardaespaldas de Carlos apostado en la esquina.

Me vio por un instante con los ojos muy abiertos antes de llevarse la mano al auricular para dar el aviso; sin pensarlo ni un segundo más, eché a correr despavorida hacia la avenida. Vi pasar un taxi libre, me abalancé a media calle y me subí a toda prisa, llevándome por delante a un caballero que intentaba tomarlo al mismo tiempo.

—¡Disculpa, de verdad lo siento mucho, pero necesito este auto con urgencia! —le solté al hombre apuesto que me miraba con una mezcla de sorpresa y diversión.

—Pues qué coincidencia, yo también lo necesito —me respondió con una sonrisa encantadora, y sin dudarlo un segundo, subió al asiento trasero conmigo—. ¡Aléjate de aquí lo más rápido posible, por favor! —le ordenó al taxista, y el vehículo arrancó a toda velocidad justo en el momento en que el guardaespaldas de Carlos doblaba la esquina intentando alcanzarme.

Solté una carcajada aliviada, mirándolo de reojo a través del vidrio templado del automóvil antes de acomodarme en el asiento.

—Dime... ¿estoy compartiendo el asiento trasero con alguna clase de fugitiva o figura pública? —preguntó el chico, escrutándome con una sonrisa traviesa y atractiva.

—Sí, exacto. Soy la tataranieta de la reina Isabel de Inglaterra, un placer conocer a mi súbdito —le contesté con total seriedad fingida, y él ensanchó la sonrisa.

—Oh, vaya... Es un verdadero honor saludarla, su majestad —respondió haciendo una reverencia exagerada y divertida desde su asiento.

—Las reverencias formales no son necesarias en mi presencia —le dije divertida—. La verdad es que me he escapado para poder conocer el lado auténtico de este lugar; mis acompañantes jamás me dejan salir sola a explorar.

—¿No eres de por aquí, verdad? —preguntó, clavando sus ojos castaños en los míos con una chispa de interés evidente.

—Para nada, es mi primera vez pisando Miami —admití, abrochándome el cinturón de seguridad por precaución.

—Entiendo perfectamente... Pues déjame decirte que has tenido una gran suerte, porque conozco el escondite perfecto para disfrutar de estas escapadas clandestinas —aseguró, inclinándose hacia el conductor para cambiar las coordenadas de la ruta.

—Oye... no me vas a secuestrar ni a vender en el mercado negro, ¿verdad? —bromeé, sintiendo un cosquilleo de nerviosismo divertido en el estómago.

—Confía en mí a ciegas, seré tu guía personal de bolsillo esta noche. Me llamo Esteban... Esteban Páez. Y tú, alteza, hija de la nieta de la reina, ¿cómo te llamas? —preguntó extendiendo su mano.

No pude evitar sonreír al recordar mi absurda mentira inicial.

—Me llamo Lucía... Lucía Pereyra —le dije, estrechando su mano en un saludo firme.

—El placer es completamente mío, Lucía.

Quién diría que este desconocido tenía toda la razón del mundo. El lugar al que me llevó era sencillamente increíble para perderse y disfrutar sin pensar en el mañana: la música electrónica vibraba con la intensidad justa, el ambiente era sofisticado pero espacioso, y la energía del sitio te atrapaba.

—Yo tengo que dejarte por aquí un momento, mi deber me llama —avisó Esteban en cuanto llegamos a la zona de la barra principal.

—Espera, ¿dónde trabajas exactamente? —pregunté curiosa, observando su impecable camisa oscura.

Él sonrió con picardía, señalando el interior de la barra con un gesto elegante:

—Soy el barman oficial del turno de noche —dijo antes de guiñarme un ojo y alejarse para atender a los clientes.

Me quedé de pie junto a la barra, pidiendo un trago colorido que el letrero llamaba *Sexo en la Playa*.

La música comenzó a colarse en cada vena de mi cuerpo, y antes de darme cuenta, ya me encontraba bailando al ritmo de las luces estroboscópicas. Quién diría que yo, la solemne Lucía, la chica que aborrecía las multitudes y jamás se mezclaría con extraños, estaba ahora en medio de un mar de gente, riendo y moviéndose al compás de la música como si no hubiera un mañana.

Tras un buen rato de bailar sola y dejarme llevar por la euforia, regresé a la barra con los pies cansados pero el espíritu eufórico. Esteban seguía allí, atendiendo con agilidad a los parroquianos, y me quedé un momento observándolo en silencio.

Era indiscutiblemente guapo; su cabello castaño caía ligeramente largo sobre su frente, dándole un aire bohemio y muy sexy, y esa sonrisa encantadora que regalaba parecía tener el superpoder de generar mariposas revoloteando en el estómago de cualquiera que lo mirara.

Su voz tenía un timbre magnético, y ni hablemos de su complexión física: la forma en que su camisa oscura se ceñía a su torso parecía gritar que iba a estallar en cualquier momento. Jamás me había detenido a detallar con tanta atención a un hombre... bueno, a excepción de Carlos, por supuesto.

Hablando del rey de Roma, mi teléfono en la cartera llevaba vibrando y sonando como loco desde hacía una hora, pero opté por apagarlo por completo para que nada arruinara la noche.

Eso sí, antes de cortar la señal, le había enviado un mensaje rápido a Carlos asegurándole que estaba a salvo y que regresaría al hotel antes de la una de la madrugada. Pero a este ritmo, con el ambiente a tope, ni pensaba en retirarme. Ya pasaban de las dos de la mañana y el lugar seguía encendido.

—¿Te apetece otra ronda, majestad? —preguntó Esteban apoyándose frente a mí con esa sonrisa que desarmaba a cualquiera.

—¡Sí, por favor! Oye, una duda... ¿a qué hora terminas tu turno hoy? —le pregunté, recostando el mentón en las manos mientras lo miraba con curiosidad infantil.

—Hoy, por ser fin de semana largo, me toca cerrar. Salgo exactamente a las seis de la mañana —respondió con una sonrisa divertida mientras me servía un nuevo trago, esta vez algo mucho más suave y frutal.

Se había mostrado tan protector conmigo desde que llegué, cuidando que no pidiera tragos demasiado fuertes y recordándome con una sonrisa socarrona que no era de por allí y que andar bebiendo alcohol pesado sola en la ciudad era peligroso.

—Vaya... es demasiado tarde, me voy a congelar de cansancio —me quejé haciendo un puchero.

—Lo siento mucho, nena, es lo que hay cuando se trabaja en la noche... Pero, ¿qué te parece si nos vemos mañana por la tarde para compensarlo?

Su propuesta directa me encantó y aceleró mis pulsaciones.

—¿A dónde iríamos? —pregunté, sosteniéndole la mirada con intensidad.

—Mmm... Bueno, ¿sigues alojándote en el gran hotel de la costa, verdad?

—Sí... —asentí despacio, dando un sorbo a mi cóctel.

—Perfecto. Entonces mañana pasaré formalmente por ti y te llevaré a conocer un lugar secreto que te dejará sin aliento —prometió, dándome un suave y juguetón golpecito en la punta de la nariz.

—En ese caso, creo que debo retirarme ahora mismo... ya son más de las dos y media —dije, suspirando mientras recogía mi bolso de mano de la barra.

—Déjame acompañarte a la salida como todo un caballero —ofreció de inmediato, guiándome entre la multitud hasta la acera iluminada.

Consiguió detener un taxi libre, me abrió la puerta con delicadeza y le indicó al conductor la dirección exacta de mi hotel.

—Que descanses y tengas una buena noche, Lucía —se despedía, inclinándose para dejar un beso suave y cálido en mi mejilla.

—Tú también, Esteban. Muchas gracias por todo —le respondí con una sonrisa antes de que el auto se pusiera en marcha.

Al llegar al hotel y descender del vehículo frente a la escalinata principal, el ambiente festivo se esfumó de golpe: allí, de pie en la entrada, con el rostro ensombrecido por la ira y envuelto en un abrigo oscuro, estaba Carlos esperándome.

Sabía perfectamente que estaba furioso, que el aire a su alrededor quemaba de rabia contenida... pero nada, absolutamente nada, iba a lograr quitarme la alegría vibrante y la hermosa sensación de libertad que había sentido esa noche. Había valido cada segundo.

1
neumidia ruiz
preguntas la dejara libre?, lo perdonara Lucía ?
neumidia ruiz
ay noooo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary termino la primera temporada pronto volverás con segunda saga Lucia Esteban te rescatara
neumidia ruiz
al leer esto capítulos pienso que a Carlos lo engaño el tío por algún interés y le vendió una mentira que a él le convenia, y Carlos va a pagar con llanto y dolor y lo más triste al volverle la memoria la perdió para siempre
Betty Saavedra Alvarado
Kiary gracias por tu historia
Betty Saavedra Alvarado
Carlos ya la perdiste
Betty Saavedra Alvarado
Lucia ya sabes toda la verdad Carlos está arrepentido es tarde
Betty Saavedra Alvarado
Lucia te va a tener miedo Carlos
Betty Saavedra Alvarado
Carlos está loco y celoso
Betty Saavedra Alvarado
Carlos y tu están envueltos en mentiras
Betty Saavedra Alvarado
Que pasará ahora
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Kiary me gusta la historia
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Betty Saavedra Alvarado
Lucia poco a poco los recuerdos volverán Esteban parece un buen hombre Carlos ojalá se ponga un poquito celoso
Betty Saavedra Alvarado
Lucia relajate vive tu vida Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Carlos tiene una roca de corazón ni un tantito se puso celoso Lucia como.lo conquistaras
Betty Saavedra Alvarado
Competencia a la vista Lucia se divierte Carlos es un amargado
Betty Saavedra Alvarado
Lucia mucho cuidado te puedes caer
Betty Saavedra Alvarado
Un capítulo triste el papá de Lucia de quitó la vida la venganza termino o sigue
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